miércoles, 25 de julio de 2018

Los sátrapas de AMLO




La palabra sátrapa deriva del persa xšaθrapāprotector de la provincia. Su origen se remonta al s. VI a. C., a la época en la que Ciro destronó al rey medo Astiages, abuelo suyo, y fundó el Imperio Aqueménida el cual en muy poco tiempo se convirtió en el impero más grande conocido hasta entonces, extendiéndose desde la península de los Balcanes hasta el río Indo. Tan grande era el imperio que para administrarlo, Ciro lo dividió en provincias autónomas y dio a sus gobernadores autoridad para actuar en su nombre en lo concerniente a la hacienda, a la justicia, a la política. El poder de estos delegados plenipotenciarios fue tan excesivo y sus escrúpulos tan pocos que la palabra sátrapa se corrompió y quedó permanentemente asociada a los peyorativos dictadortiranodéspota.

Hace unos días, Andrés Manuel López Obrador presentó a sus sátrapas, en el sentido original del término. La propuesta de desaparecer las delegaciones federales y crear coordinaciones estatales, pendiente del trámite para su aprobación en la Cámara de Diputados, peccata minuta, implicaría una reestructuración administrativa y política profunda en la relación entre el gobierno federal y los estados. En lo administrativo, asegura López Obrador, su objetivo sería “reducir la burocracia del gobierno federal”. No es una mala idea considerando que la burocracia federal obesa no solo cuesta muchos pesos al contribuyente sino que, peor, conlleva a la opacidad, a la corrupción y a la poca eficiencia en el manejo de los recursos. En lo político su objetivo sería establecer una conexión directa entre López Obrador y el pueblo, un único intermediario en cuya oficina se concentrarían todas las decisiones tocantes al destino de los recursos federales, por aquello de que  “los gobiernos no están del lado del pueblo porque están desconectados del pueblo”. El delegado, elegido digitalmente, acumularía, pues, un poder político inconmensurable.

En la práctica la cohabitación entre los coordinadores estatales y los gobernadores no pinta sencilla. En política, el timeing nunca es casualidad. López Obrador presentó a sus sátrapas en la víspera de su reunión con la CONAGO. El mensaje interlineado iría en dos sentidos: a la CONAGO, en lo colectivo, le recordaría que su mera existencia es inconstitucional porque atenta contra lo dispuesto por el Artículo 117, el cual señala que los estados no pueden “celebrar alianzas, tratados o coaliciones entre sí”; a los gobernadores, en lo particular, les avisaría que estarían sometidos a la autoridad sus delegados, que es la suya, porque, en efecto, les retiraría la facultad de disponer a su personalísima discreción de los millonarios recursos federales que durante dos décadas les han ayudado a erigirse como caciques locales. La complicidad necesaria entre los muy generosos gobiernos federales y los muy merecedores de abundancia gobernadores ha hecho posible a Borge, a Duarte, al otro Duarte, a Moreira, a Moreno Valle, a Yarrington…

La propuesta de una nueva relación administrativa y política entre el gobierno federal y los estados, por otro lado, abrirá o debería abrir el debate sobre el futuro del pacto federal. Los coordinadores estatales rayarían en la inconstitucionalidad porque, a pesar de que se les ha sido descritos como figuras meramente administrativas y no políticas para librarse de molestas impugnaciones, atentarían contra el espíritu del federalismo, resumido en el Artículo 40 constitucional, el cual señala que los estados son “libres y soberanos”. ¿Qué libertad y soberanía le quedaría a los gobernadores si el presidente gobernara directamente sus estados vía sus delegados? Las anomalías constitucionales resultantes de la imposición de los coordinadores estatales solo podrían resolverse mediante una discusión abierta. La ambigüedad conduciría, irremediablemente, al conflicto…

La lista de sátrapas de Andrés Manuel López Obrador, nuestro moderno Ciro, no incluye perfiles administrativos sino solo políticos, lo cual revela sus verdaderas intenciones. Todos los listados son lealísimos al virtual presidente electo; muchos fueron o son aspirantes al gobierno de sus estados, vgr. Delfina Gómez, en el Estado de México; de Carlos Lomelí, en Jalisco o de Rodrigo Abdala, en Puebla.

A Abdala le están apedreando el rancho. ¿Serán las penúltimas piedras del conflicto postelectoral local o las primeras de la muy adelantada lucha fratricida que se viene? Veremos.

Francisco Baeza [@paco_baeza_]. 25 de julio de 2018.

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miércoles, 25 de julio de 2018

Los sátrapas de AMLO




La palabra sátrapa deriva del persa xšaθrapāprotector de la provincia. Su origen se remonta al s. VI a. C., a la época en la que Ciro destronó al rey medo Astiages, abuelo suyo, y fundó el Imperio Aqueménida el cual en muy poco tiempo se convirtió en el impero más grande conocido hasta entonces, extendiéndose desde la península de los Balcanes hasta el río Indo. Tan grande era el imperio que para administrarlo, Ciro lo dividió en provincias autónomas y dio a sus gobernadores autoridad para actuar en su nombre en lo concerniente a la hacienda, a la justicia, a la política. El poder de estos delegados plenipotenciarios fue tan excesivo y sus escrúpulos tan pocos que la palabra sátrapa se corrompió y quedó permanentemente asociada a los peyorativos dictadortiranodéspota.

Hace unos días, Andrés Manuel López Obrador presentó a sus sátrapas, en el sentido original del término. La propuesta de desaparecer las delegaciones federales y crear coordinaciones estatales, pendiente del trámite para su aprobación en la Cámara de Diputados, peccata minuta, implicaría una reestructuración administrativa y política profunda en la relación entre el gobierno federal y los estados. En lo administrativo, asegura López Obrador, su objetivo sería “reducir la burocracia del gobierno federal”. No es una mala idea considerando que la burocracia federal obesa no solo cuesta muchos pesos al contribuyente sino que, peor, conlleva a la opacidad, a la corrupción y a la poca eficiencia en el manejo de los recursos. En lo político su objetivo sería establecer una conexión directa entre López Obrador y el pueblo, un único intermediario en cuya oficina se concentrarían todas las decisiones tocantes al destino de los recursos federales, por aquello de que  “los gobiernos no están del lado del pueblo porque están desconectados del pueblo”. El delegado, elegido digitalmente, acumularía, pues, un poder político inconmensurable.

En la práctica la cohabitación entre los coordinadores estatales y los gobernadores no pinta sencilla. En política, el timeing nunca es casualidad. López Obrador presentó a sus sátrapas en la víspera de su reunión con la CONAGO. El mensaje interlineado iría en dos sentidos: a la CONAGO, en lo colectivo, le recordaría que su mera existencia es inconstitucional porque atenta contra lo dispuesto por el Artículo 117, el cual señala que los estados no pueden “celebrar alianzas, tratados o coaliciones entre sí”; a los gobernadores, en lo particular, les avisaría que estarían sometidos a la autoridad sus delegados, que es la suya, porque, en efecto, les retiraría la facultad de disponer a su personalísima discreción de los millonarios recursos federales que durante dos décadas les han ayudado a erigirse como caciques locales. La complicidad necesaria entre los muy generosos gobiernos federales y los muy merecedores de abundancia gobernadores ha hecho posible a Borge, a Duarte, al otro Duarte, a Moreira, a Moreno Valle, a Yarrington…

La propuesta de una nueva relación administrativa y política entre el gobierno federal y los estados, por otro lado, abrirá o debería abrir el debate sobre el futuro del pacto federal. Los coordinadores estatales rayarían en la inconstitucionalidad porque, a pesar de que se les ha sido descritos como figuras meramente administrativas y no políticas para librarse de molestas impugnaciones, atentarían contra el espíritu del federalismo, resumido en el Artículo 40 constitucional, el cual señala que los estados son “libres y soberanos”. ¿Qué libertad y soberanía le quedaría a los gobernadores si el presidente gobernara directamente sus estados vía sus delegados? Las anomalías constitucionales resultantes de la imposición de los coordinadores estatales solo podrían resolverse mediante una discusión abierta. La ambigüedad conduciría, irremediablemente, al conflicto…

La lista de sátrapas de Andrés Manuel López Obrador, nuestro moderno Ciro, no incluye perfiles administrativos sino solo políticos, lo cual revela sus verdaderas intenciones. Todos los listados son lealísimos al virtual presidente electo; muchos fueron o son aspirantes al gobierno de sus estados, vgr. Delfina Gómez, en el Estado de México; de Carlos Lomelí, en Jalisco o de Rodrigo Abdala, en Puebla.

A Abdala le están apedreando el rancho. ¿Serán las penúltimas piedras del conflicto postelectoral local o las primeras de la muy adelantada lucha fratricida que se viene? Veremos.

Francisco Baeza [@paco_baeza_]. 25 de julio de 2018.

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