La
ciencia pública y los problemas públicos
Alberto
Jiménez Merino
Con la apertura económica y la
adopción del modelo neoliberal en los años 80 del siglo pasado, México dejó de
concebir el conocimiento como herramienta del desarrollo productivo. La nueva
planta industrial se configuró bajo control extranjero, con empresas
trasnacionales que conservaron sus centros de investigación en los países de
origen. Contar con un aparato científico nacional vinculado al aparato productivo
dejó de ser necesario. (José Romero; La Jornada, 18 de junio de 2025)
El mismo autor señala que “desde
entonces: ciencia, tecnología, industria y pensamiento social, siguieron
caminos separados. Mientras la estructura productiva se subordinaba a cadenas
globales de bajo valor agregado, el sistema científico se replegó hacia la
academia”.
“Desde la creación del Sistema
Nacional de Investigadores (SIN) en 1984, con 1,396 integrantes, la política
científica giró en torno al reconocimiento externo. La ciencia se volvió una
carrera individualista, enfocada en hacer publicaciones especializadas y no en
resolver problemas públicos. Las universidades y centros de investigación se encerraron
sobre sí mismos, amparados en una noción de autonomía desvinculada del interés
nacional”.
“La excelencia funcionó como
escudo contra cualquier transformación. Emergió así una élite académica dorada,
financiada por el estado, pero alejada de las necesidades del país. Actualmente
hay 46 mil investigadores, sin reflejarse en el desarrollo o la innovación
tecnológica nacional”. Aunque no toda la responsabilidad la tiene la ciencia,
porque la educación y las políticas públicas tienen tareas conductoras, no
podemos dejar de destacar su ausencia en el desarrollo nacional.
Con relación a lo anterior,
solo basta revisar que los grandes problemas nacionales, desde hace décadas,
siguen siendo la pobreza, el deterioro ambiental por prácticas extractivas de
recursos naturales, las aguas residuales
sin tratamiento, los residuos sólidos sin manejo, la pérdida de vegetación,
acuíferos agotados y problemas de abasto de agua, la falta de apoyo para la identificación de
vocaciones y el talento de nuestros jóvenes, sobre peso, obesidad y
enfermedades crónicas, baja productividad del campo y altos niveles de
importaciones alimentarias, afectaciones meteorológicas, sequía y cambio
climático, abasto de energía, migración
e inseguridad pública.
México
tiene 1 millón 964 mil 375 km² (196,
437, 500 has) de territorio y 3 millones 149 mil 920 km² (314, 992, 200 has) de mares, con 11 mil kilómetros
de litoral. Existen 2 mil 462 municipios y 16 alcaldías; hay más de 199 mil
comunidades, 36 regiones hidrológicas, 750 microrregiones, 5 millones de
unidades productivas, de las que la mitad son menores a 5 has. La mitad del
territorio nacional son zonas áridas, montañoso con alta dispersión
poblacional.
Con
estas realidades hay elementos suficientes para asegurar que la educación y la
ciencia pública en México, han estado ausentes de los problemas públicos. Se
enseñan e investigan unas cosas, pero se necesitan otras. Los problemas de
familias y comunidades no han estado debidamente integradas a contenidos
educativos y programas de investigación. Los principales problemas de México aún
no están en las aulas.
En
el estado de Puebla existe un débil desarrollo de capacidades humanas en el
ámbito laboral con enfoque inclusivo y de bioética social, que constituye uno
de los principales retos estructurales para el desarrollo económico y ambiental
(Plan Estatal de Desarrollo 2024 -2030)
Habiendo
nacido en Xantoxtla, Tecomatlán, en el estado de Puebla, y siendo esta una
comunidad rural, conocí de primera mano más de 30 actividades que realizaba por
la mañana y por la tarde, después de ir a la escuela. Lo que hacíamos en la
vida diaria no era parte de las clases y mucho menos de las tareas. Afirmo con
responsabilidad que así fue en primaria, secundaria, preparatoria y
universidad.
Después,
llegó el momento de ser profesor en 1982. En varios cursos que impartí no había
programa. Todas mis clases eran teóricas con información tomada de libros. Por
eso me inicié como investigador en la línea producción de semillas de especies forrajeras;
para 1986 ya era famoso y hasta un poco importante, con 25 tesis dirigidas y
estudiantes titulados, participando en congresos.
En ese
año mi padre se fue de bracero a Estados Unidos cruzando el Río Bravo, buscando
una mejor oportunidad de vida, porque su investigador famoso de Chapingo, no
había creado ninguna. Este golpe, cambió drásticamente mi forma de ver la
investigación y la academia. No hay otra forma de ubicarse y aprender.
Independiente
de ideologías, creo que en la educación y la investigación hay que meter los
problemas comunitarios a las aulas para atenderlos, promover que cada
estudiante identifique, priorice y atienda al menos un problema de su comunidad
en cada etapa de estudio y en su tesis o reporte final de servicio social o
estancia.
Se
requiere desarrollar prototipos, proyectos modelos y micro proyectos de
solución a problemas sociales, ambientales, económicos y tecnológicos a nivel
de vivienda, colonia o barrio, unidad productiva, escuela, comunidad,
municipio, microrregión y región, antes de su masificación como programa o
política pública.
Aunque
hay muchas experiencias y esfuerzos extraordinarios, muy poco está documentado.
Se requiere que la educación y la ciencia pública estén al servicio de los
problemas y necesidades públicas.



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