12 de Mayo 2017
Hoy, al despertar, noté una oscuridad hórrida devorando hasta el fondo de mi pecho. Comprendí que era el vacío, es decir, la esencia de mi Ser, manifestando con todos sus abismos su verdad. Entonces mis temores se disolvieron al mirar mis libros, la tele y el estéreo, tan ajenos a mí, tan distanciados de mí. Reconocí que siempre había estado en blanco desde que nací. Me había "llenado" con pensamientos, imágenes, sonidos, sensaciones y sentimientos ajenos. Estaba distanciado de mi sustancia esencial que es la vacuidad. No era yo. Cuando decía "me siento vacío" y esa sensación de estar en la nada me amedrentaba, era únicamente la resistencia de mi ego a aceptar que no hay razón para "llenar" la esencia vacua.
La convivencia diaria que había tenido con otros seres humanos, hasta ahora no había sido sino un proceso de aislarme de mi Ser e identificarme con mi ego mendigo de compañía, porque temía acariciar mi sombra. Ahora, esta nueva convivencia, en apariencia solitaria, es el proceso unificador con mi vacío, que no busca compañía innecesaria, sino verdadera convivencia por medio de la observación de los espejos que son los otros, sin pervertir ni adular mi reflejo.
Me dispuse a dar un paseo por la ciudad. Al recorrer las calles de esta ciudad fatigada, pensé en lo que es la felicidad. Sentí el calor de los primeros rayos de sol. Olfateé al pasar por una panadería. El viento tarareaba en mi oído. El aire frío contrastaba con el calorcito que emanaba de mi piel. Me llené de paz, de calma, de luz. ¿Era eso felicidad: la paz? Era diferente a cualquier sensación que hubiera tenido. No registré, no atrapé, no me "llene", no buscaba "llenarme". Buscar la felicidad había sido una trampa que me había hecho caer en la miseria.
No era un objeto al cual aferrarse ni una meta que alcanzar, por eso estaba frustrado, porque buscaba algo que no estaba perdido ni estaba alejado de mí. Me refiero a esa felicidad que no es emoción experimentada a través de la memoria, esa felicidad que era o que Es paz.
Ya antes había experimentado sensaciones de placer que aprisionaba en mi memoria para poder reproducirlas y evitar el sufrimiento, lo cual, por supuesto, había sido un error, porque precisamente el sufrimiento advenía al sentir que ese placer se añejaba, se hacía viejo por obra de la memoria. Es imposible experimentar algo como una sensación nueva si la percibimos en términos de memoria. Era como intentar vivir el aquí a través del pasado. Ya no juzgaba ni condenaba, sentía cada partícula de sufrimiento y de placer como una sola cosa, sin registrarlas ni nominarlas. Experimenté el calor, el olor y el sonido como una armonía nueva. Hubo creación. Me reconocí como un ser atemporal.
Después de mi paseo por la ciudad volví a casa, extenuado. Creé un juego de palabras, éstas engendraron pensamientos que generaron ideas, las cuales me adoctrinaron y coartaron mi voluntad de vivir, luego surgió el antagonismo, se encendió en mi interior un fuego pernicioso cuyas primeras chispas nacieron de las palabras. Lo creado destruye al creador. Crear es destruir y destruir es crear; no son procesos opuestos y separados. Por el momento dejé estos "juegos de palabras" que mal merecido tienen el nombre de "juegos", antes bien las palabras son una forma de destruir al hombre y por lo tanto algo serio.
-Dionisio Stone







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