En una habitación de una cabaña junto a un claro en plena noche, Dionisio se sienta frente a un vetusto y prodigioso piano. Cierra los ojos y acaricia con delicadeza las teclas, como se acaricia una rosa de la que hay que cuidarse de las espinas.
El ambiente de la habitación en la que se encuentra enclaustrado es sofocante. Hay un cigarro que se consume solo en un cenicero sobre una mesa de centro junto al piano, y rodeando al cenicero hay velas aromáticas que alumbran con su débil luz y llenan todo la pieza con su aroma a uvas. Da la impresión de respirar un aire envejecido con olor acre.
Las cortinas de la única ventana se corren misteriosamente, obstruyendo el paso a la luz argentada de la luna. Mientras tanto ya se ha acabado la sesión de caricias y Dionisio comienza a ejecutar una melodía de notas alegres desperdiciadas en melancolía, ensimismado, parpados cerrados, se balancea de un lado a otro sintiendo las teclas polvorosas bajo las yemas de los dedos; oliendo; oyendo; y de pronto deja de tocar.
Abre los ojos, se levanta del asiento, acerca su lengua al piano, con suma excitación recorre su superficie y lo lame de cabo a rabo; una melodía abrumante salida de lugares ignotos se esparce por el cuerpo de Dionisio, pasando por las vísceras, los pulmones, la sangre y el corazón. En ese momento solloza y se acuesta de lado sobre el piano, piernas encogidas, en posición fetal, lágrimas que se deslizan alegremente a través de sus mejillas, ojos en blanco. La melodía sigue aplastando las notas contra la piel de Dionisio.
Alguien llama a la entrada de la cabaña, pero es inútil, Dionisio está muerto de goce ridículo, totalmente demencial, muerto de excitación. La música vibra y golpea, como un martillo sobre su alma. Ya no sólo está enclaustrado en la habitación sino en su propia realidad. Por fin fuerzan la entrada y encuentran a Dionisio con un aspecto infantil, en terribles convulsiones, alejado de este mundo. La música adquiere un matiz triste, como si el piano y el pianista se hubieran compenetrado y ahora sus almas se estuvieran despidiendo.







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