El 27 de mayo de 1937 zarpó el Mexique, desde el
puerto de Burdeos, Francia, llevando a varios cientos de niños, hijos de
republicanos españoles, hacia su exilio mexicano. La aventura debía durar unos
pocos meses, pero la victoria de los rebeldes y el inicio de la guerra europea
la prolongarían indefinidamente. Muchos de ellos no regresarían a casa. Su
rescate fue el gesto de generosidad enorme que Lázaro y Amalia tuvieron con
España y con la Humanidad toda…
Cuauhtémoc es digno hijo de su padre,
Lázaro; quizá, menos enérgico el ingeniero que el general. Si no, ¡otra cosa
hubiera sido en 1988! Tantos años después de aquello, Cuauhtémoc Cárdenas sigue
vigente, envuelto en cierta aura de moralidad producto de una vida congruente. El sábado, en el Centro
Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE), en Puebla, Cárdenas inauguró una serie de
foros regionales a través de los cuales intentará construir una mayoría de la
que emane la propuesta de un nuevo contrato social, una nueva Constitución
política. El producto terminado lo los debates redescubriría el hilo negro “de
las nuevas garantías y derechos sociales”, es decir, sería no un tratado
técnico que reuniera las leyes fundamentales aplicables al ejercicio del poder
sino un tratado sentimentaloide que recogería un popurrí de banderas sociales,
imitando la experiencia mexiqueña. La Constitución política de la Ciudad de
México, que entrará en vigor en septiembre de 2018, por ejemplo, señala en su
Artículo 66 que en la ciudad “los servidores públicos son responsables de los
delitos que cometan durante su encargo”. Retirar el fuero a los servidores
públicos empata con el sentir social, pero atenta contra la gobernabilidad. En
cualquier régimen, máxime en aquellos corruptos donde los gobernantes tienden
hacia el autoritarismo, el fuero es imprescindible para fortalecer la
separación de poderes y, por ende, la democracia.
El esfuerzo de Cárdenas tiene, también,
un propósito político-electoral de cara a 2018. Respaldado por la mayoría
construida en torno a su figura carismática aunque deliberadamente secundaria,
intentará incorporar sus propuestas a la plataforma política del candidato que
prometa su cumplimiento. No le está poniendo la mesa a nadie, pero casi. En
principio, a Andrés Manuel López Obrador. Dice Cárdenas que impulsará “al candidato que adopte nuestras propuestas y resulte elegido
democráticamente”. López Obrador podría aceptar suscribir un paquete de
propuestas de talante muy revolucionario, pero no someterse él mismo o a sus
cuadros a un proceso de elección interno. El tabasqueño condiciona el diálogo
al reconocimiento dogmático de su liderazgo, cosa difícil teniendo enfrente al
michoacano. Lázaro Cárdenas Batel, mientras, se deja ver con aquel, en
Washington…
El México de 1937 era refugio. En los
siguientes años, hasta 30 mil españoles se instalarían en nuestros país; entre
ellos, el pleno del gobierno republicano.
Cuauhtémoc Cárdenas es el penúltimo en
sumar su esfuerzo a la reordenación de la transición en un país que, hoy, no es
seguro para nadie







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