miércoles, 20 de diciembre de 2017

Enrique Cárdenas: Construir al enemigo


Cierta vez, en Nueva York, Umberto Eco se topó con un taxista paquistaní y muy platicador. El chofer, curioso, quería saber todo sobre los italianos, qué idioma hablaban, cuántos eran, quiénes eran sus enemigos. La última pregunta tomó desprevenido al autor. ¿Enemigos? ¡Los italianos no tenían enemigos! Los habían tenido antes, pero de aquello hacía mucho tiempo; su última guerra databa de hacía medio siglo y la habían empezado con un adversario y terminado con otro. Aquel episodio condujo a Eco a una reflexión profunda: ¡qué desgracia para su pueblo no tener enemigos! Escribió: —Tener uno es importante para definir nuestra identidad y para procurarnos un obstáculo respecto a cual medir nuestro sistema de valores. —Y añadió: —Si no existe, es preciso construirlo.
Durante una década larga, desde los días del desafuero, Andrés Manuel López Obrador ha ido construyéndose un enemigo claro e inequívoco pero, a la vez, tan abstracto que puede asociarse con cualquiera de sus rivales políticos y tan subjetivo que puede reivindicársele en el momento más electoralmente oportuno. El fenómeno López Obrador no sería posible sin la mafia del poder; la esperanza del cambio verdadero, del gobierno honesto, transparente, austero que anuncia sería inocua si los otros no representaran lo opuesto, el statu quo indeseable, el régimen caracterizado por sus corruptelas, por sus engaños, por sus excesos. La esquematización simplista resulta bien comprensible para un electorado despolitizado cuyo razonamiento tiende al maniqueísmo. La estrategia de confrontación hinchará las urnas del tabasqueño, casi por inercia, con los votos del enojo social, del hartazgo, de la frustración.
Si hubiera ganado la encuesta de MORENA [sic, por la duda existencial], Enrique Cárdenas hubiera podido servirse electoralmente de la mafia del poder por principio de transitividad. Reinventado como aspirante a candidato independiente a la gubernatura de Puebla, sin embargo, el exrector de la UDLAP enfrenta el reto de construirse un enemigo propio, más concreto. Es cierto que el villano está clara e inequívocamente identificado pero sus fechorías son difíciles de explicar o no le parecen tan graves al gran público apantallado por “la transformación de Puebla”. A ras de pavimento, el morenovallismo no se entiende o no molesta. Luego, cambiar, ¿para qué? ¿Cómo explicarle el saqueo que se cuenta en cifras de doce dígitos o la ingeniaría financiera engañosa de Evercore? ¿Cómo educarle que no se vale “robar poquito” o que el desarrollo económico no justifica que la plataforma Audi se construyera con huachicol? ¿Cómo capitalizar —y es en éste punto en el que los teóricos políticos perdemos los papeles— la chingadera de que un solo grupo haya monopolizado los accesos y el reparto del poder durante tanto tiempo?
Precisamente para abortar cualquier forma de debate político que pudiera poner en duda su legitimidad y su hegemonía, el régimen caciquil ha impuesto condiciones draconianas a los únicos actores político-electorales que por su naturaleza pueden escapar de su esfera de influencia. En 2015, un Congreso local sumiso aprobó una reforma al Código de Instituciones y Procesos electorales que, entre otras cosas, fijó como prerrequisito para participar en el proceso electoral que los aspirantes a candidatos independientes deberían conseguir las firmas equivalentes al 3% del padrón electoral repartidas en dos terceras partes de los municipios o secciones y en un plazo de 20 días. Luego de analizar la inconstitucional de la reforma, la Suprema Corte de Justicia de la Nación fijó el 3% sobre la lista nominal y amplió el plazo a 30 días. ¡Atole con el dedo!…
Dice Lisa, la perspicaz hija de Homero y Marge Simpson, parafraseando a Umberto Eco: —Todos necesitamos un némesis. Sherlock Holmes tenía al Dr. Moriarty, Superman tenía a El Pingüino, ¡incluso Maggie tiene un bebé que la ve feo!
Los italianos tuvieron al increscioso alemanno, al despreciable alemán, decía Giovanni Berchet; Andrés Manuel López Obrador tiene a la mafia del poder, la protesta social tiene a Enrique Peña Nieto. ¿A quién tenemos los poblanos?

Francisco Baeza [@paco_baeza_]. 20 de diciembre de 2017.

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miércoles, 20 de diciembre de 2017

Enrique Cárdenas: Construir al enemigo


Cierta vez, en Nueva York, Umberto Eco se topó con un taxista paquistaní y muy platicador. El chofer, curioso, quería saber todo sobre los italianos, qué idioma hablaban, cuántos eran, quiénes eran sus enemigos. La última pregunta tomó desprevenido al autor. ¿Enemigos? ¡Los italianos no tenían enemigos! Los habían tenido antes, pero de aquello hacía mucho tiempo; su última guerra databa de hacía medio siglo y la habían empezado con un adversario y terminado con otro. Aquel episodio condujo a Eco a una reflexión profunda: ¡qué desgracia para su pueblo no tener enemigos! Escribió: —Tener uno es importante para definir nuestra identidad y para procurarnos un obstáculo respecto a cual medir nuestro sistema de valores. —Y añadió: —Si no existe, es preciso construirlo.
Durante una década larga, desde los días del desafuero, Andrés Manuel López Obrador ha ido construyéndose un enemigo claro e inequívoco pero, a la vez, tan abstracto que puede asociarse con cualquiera de sus rivales políticos y tan subjetivo que puede reivindicársele en el momento más electoralmente oportuno. El fenómeno López Obrador no sería posible sin la mafia del poder; la esperanza del cambio verdadero, del gobierno honesto, transparente, austero que anuncia sería inocua si los otros no representaran lo opuesto, el statu quo indeseable, el régimen caracterizado por sus corruptelas, por sus engaños, por sus excesos. La esquematización simplista resulta bien comprensible para un electorado despolitizado cuyo razonamiento tiende al maniqueísmo. La estrategia de confrontación hinchará las urnas del tabasqueño, casi por inercia, con los votos del enojo social, del hartazgo, de la frustración.
Si hubiera ganado la encuesta de MORENA [sic, por la duda existencial], Enrique Cárdenas hubiera podido servirse electoralmente de la mafia del poder por principio de transitividad. Reinventado como aspirante a candidato independiente a la gubernatura de Puebla, sin embargo, el exrector de la UDLAP enfrenta el reto de construirse un enemigo propio, más concreto. Es cierto que el villano está clara e inequívocamente identificado pero sus fechorías son difíciles de explicar o no le parecen tan graves al gran público apantallado por “la transformación de Puebla”. A ras de pavimento, el morenovallismo no se entiende o no molesta. Luego, cambiar, ¿para qué? ¿Cómo explicarle el saqueo que se cuenta en cifras de doce dígitos o la ingeniaría financiera engañosa de Evercore? ¿Cómo educarle que no se vale “robar poquito” o que el desarrollo económico no justifica que la plataforma Audi se construyera con huachicol? ¿Cómo capitalizar —y es en éste punto en el que los teóricos políticos perdemos los papeles— la chingadera de que un solo grupo haya monopolizado los accesos y el reparto del poder durante tanto tiempo?
Precisamente para abortar cualquier forma de debate político que pudiera poner en duda su legitimidad y su hegemonía, el régimen caciquil ha impuesto condiciones draconianas a los únicos actores político-electorales que por su naturaleza pueden escapar de su esfera de influencia. En 2015, un Congreso local sumiso aprobó una reforma al Código de Instituciones y Procesos electorales que, entre otras cosas, fijó como prerrequisito para participar en el proceso electoral que los aspirantes a candidatos independientes deberían conseguir las firmas equivalentes al 3% del padrón electoral repartidas en dos terceras partes de los municipios o secciones y en un plazo de 20 días. Luego de analizar la inconstitucional de la reforma, la Suprema Corte de Justicia de la Nación fijó el 3% sobre la lista nominal y amplió el plazo a 30 días. ¡Atole con el dedo!…
Dice Lisa, la perspicaz hija de Homero y Marge Simpson, parafraseando a Umberto Eco: —Todos necesitamos un némesis. Sherlock Holmes tenía al Dr. Moriarty, Superman tenía a El Pingüino, ¡incluso Maggie tiene un bebé que la ve feo!
Los italianos tuvieron al increscioso alemanno, al despreciable alemán, decía Giovanni Berchet; Andrés Manuel López Obrador tiene a la mafia del poder, la protesta social tiene a Enrique Peña Nieto. ¿A quién tenemos los poblanos?

Francisco Baeza [@paco_baeza_]. 20 de diciembre de 2017.

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