miércoles, 13 de diciembre de 2017

¿Quién gobierna México?


Los relevos presidenciales se caracterizan por la inestabilidad que resulta de la coincidencia del presidente saliente y el presidente entrante. Enrique Krauze lo explica así: —El sistema tiene una falla política localizada justamente en el sexto año de gobierno —escribe. —Una vez destapado su sucesor, el presidente saliente asiste a la disminución ineluctable de su poder frente al poder creciente de aquel. El autor de La presidencia imperial (Tusquets, 1997) lo ilustra con el año en el que coincidieron Adolfo Ruíz Cortines y Adolfo López Mateos. Ese año pasó todo lo que no pasó los cinco anteriores, se rebelaron los maestros, los electricistas, los telegrafistas, los ferrocarrileros. ¿Por qué? Porque en éstas horas grises del calendario político “existe cierta confusión que favorece el reacomodo de otros poderes ávidos por ganar posiciones para el siguiente sexenio”.
“El presidente saliente asiste a la disminución ineluctable de su poder…” Enrique Peña Nieto entró en sus horas grises muy, muy temprano; los escándalos políticos que arrastra desde el inicio de su administración lo han mantenido contra las cuerdas y la lucha fratricida por el control de la relación bilateral México-Estados Unidos y de la sucesión presidencial ha anulado su capacidad de interlocución. Decía Daniel Cosío Villegas que el presidente se reservaba para sí dos atribuciones, la de elegir a su sucesor y la de elegir a los miembros de su gabinete. Políticamente arruinado, el presidente en turno ni lo uno ni lo otro. El 23 de noviembre, Luis Videgaray destapó al simpatizante externo José Antonio Meade, asegurando que el pentasecretario “conducirá a México con rumbo y claridad”. ¡De nada sirvió que su jefe quisiera guardar las formas invitando a no despistarnos! EL 27, Carlos Salinas de Gortari movió ficha: José Antonio González Anaya y Otto Granados se instalaron en las secretarías de Hacienda y Crédito público y de Educación y Aurelio Nuño, a quien también ubicamos en la esfera de influencia del expresidente, asumió la coordinación de la campaña del PRI. ¡Ay, la culebra!
“…frente al poder creciente [de su sucesor]”. En la situación atípica en que el presidente no halla la manera de controlar su propia sucesión, Andrés Manuel López Obrador se percibe y es percibido como sucesor aparente. La afirmación no es una especulación chaira sino un escenario real, tanto que en los últimos días, Paul Krugman y Standard and poor’s han debido enviar mensajes tranquilizadores a los mercados asegurándoles que el susodicho no es tan peligroso como lo pintan. López Obrador ordena la sucesión. Los dichos y las acciones del tabasqueño condicionan la agenda mediática, el discurso presidencial, el comportamiento de los otros actores políticos, la configuración de la boleta electoral. El 12 de diciembre, se registró como precandidato a la presidencia. La realización del trámite inocuo tuvo, por supuesto, un impacto mediático desproporcionado. ¡Y, de paso, al carajo la izquierda aconfesional! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!
Aprovechándose de la confusión, advirtiendo de una sucesión presidencial descontrolada y adivinando un vacío de poder inédito, y percibiendo, también, que uno que no está en su ánimo es el favorito para convertirse en su nuevo comandante en jefe, las Fuerzas Armadas han dado un paso al frente. La línea entre lo militar y lo civil se ha esfumado; los militares participan en la vida política del país de una manera protagónica, declarando y exigiendo en su castrense conveniencia. El estado de excepción de facto que proponen se formalizará en el momento en que los legisladores aprueben la Ley de seguridad interior. La nueva ley contempla, entre otros puntos, que “las manifestaciones de protesta social o político-electorales que se realicen pacíficamente no serán consideradas una amenaza a la seguridad interior”. En el papel, sería el presidente quien determinaría si tal o cual manifestación entra en el rango de lo pacífico. Ésta ambigüedad deliberada permitiría a los milicos utilizar su fuerza para desconectar la protesta social de la elección presidencial…
México navega al garete, disputándose su timón un presidente débil y un aspirante que se percibe imparable. Los soldados, “atentos y vigorosos”, vigilan que el viaje sea según su paz.
¿Quién gobernará México en sus horas más críticas?

Francisco Baeza [@paco_baeza_]. 

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¿Quién gobierna México?


Los relevos presidenciales se caracterizan por la inestabilidad que resulta de la coincidencia del presidente saliente y el presidente entrante. Enrique Krauze lo explica así: —El sistema tiene una falla política localizada justamente en el sexto año de gobierno —escribe. —Una vez destapado su sucesor, el presidente saliente asiste a la disminución ineluctable de su poder frente al poder creciente de aquel. El autor de La presidencia imperial (Tusquets, 1997) lo ilustra con el año en el que coincidieron Adolfo Ruíz Cortines y Adolfo López Mateos. Ese año pasó todo lo que no pasó los cinco anteriores, se rebelaron los maestros, los electricistas, los telegrafistas, los ferrocarrileros. ¿Por qué? Porque en éstas horas grises del calendario político “existe cierta confusión que favorece el reacomodo de otros poderes ávidos por ganar posiciones para el siguiente sexenio”.
“El presidente saliente asiste a la disminución ineluctable de su poder…” Enrique Peña Nieto entró en sus horas grises muy, muy temprano; los escándalos políticos que arrastra desde el inicio de su administración lo han mantenido contra las cuerdas y la lucha fratricida por el control de la relación bilateral México-Estados Unidos y de la sucesión presidencial ha anulado su capacidad de interlocución. Decía Daniel Cosío Villegas que el presidente se reservaba para sí dos atribuciones, la de elegir a su sucesor y la de elegir a los miembros de su gabinete. Políticamente arruinado, el presidente en turno ni lo uno ni lo otro. El 23 de noviembre, Luis Videgaray destapó al simpatizante externo José Antonio Meade, asegurando que el pentasecretario “conducirá a México con rumbo y claridad”. ¡De nada sirvió que su jefe quisiera guardar las formas invitando a no despistarnos! EL 27, Carlos Salinas de Gortari movió ficha: José Antonio González Anaya y Otto Granados se instalaron en las secretarías de Hacienda y Crédito público y de Educación y Aurelio Nuño, a quien también ubicamos en la esfera de influencia del expresidente, asumió la coordinación de la campaña del PRI. ¡Ay, la culebra!
“…frente al poder creciente [de su sucesor]”. En la situación atípica en que el presidente no halla la manera de controlar su propia sucesión, Andrés Manuel López Obrador se percibe y es percibido como sucesor aparente. La afirmación no es una especulación chaira sino un escenario real, tanto que en los últimos días, Paul Krugman y Standard and poor’s han debido enviar mensajes tranquilizadores a los mercados asegurándoles que el susodicho no es tan peligroso como lo pintan. López Obrador ordena la sucesión. Los dichos y las acciones del tabasqueño condicionan la agenda mediática, el discurso presidencial, el comportamiento de los otros actores políticos, la configuración de la boleta electoral. El 12 de diciembre, se registró como precandidato a la presidencia. La realización del trámite inocuo tuvo, por supuesto, un impacto mediático desproporcionado. ¡Y, de paso, al carajo la izquierda aconfesional! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!
Aprovechándose de la confusión, advirtiendo de una sucesión presidencial descontrolada y adivinando un vacío de poder inédito, y percibiendo, también, que uno que no está en su ánimo es el favorito para convertirse en su nuevo comandante en jefe, las Fuerzas Armadas han dado un paso al frente. La línea entre lo militar y lo civil se ha esfumado; los militares participan en la vida política del país de una manera protagónica, declarando y exigiendo en su castrense conveniencia. El estado de excepción de facto que proponen se formalizará en el momento en que los legisladores aprueben la Ley de seguridad interior. La nueva ley contempla, entre otros puntos, que “las manifestaciones de protesta social o político-electorales que se realicen pacíficamente no serán consideradas una amenaza a la seguridad interior”. En el papel, sería el presidente quien determinaría si tal o cual manifestación entra en el rango de lo pacífico. Ésta ambigüedad deliberada permitiría a los milicos utilizar su fuerza para desconectar la protesta social de la elección presidencial…
México navega al garete, disputándose su timón un presidente débil y un aspirante que se percibe imparable. Los soldados, “atentos y vigorosos”, vigilan que el viaje sea según su paz.
¿Quién gobernará México en sus horas más críticas?

Francisco Baeza [@paco_baeza_]. 

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