Totaler kriege, la guerra total, el
concepto desarrollado por Erich Ludendorff a partir de los apuntes de Carl von
Clausewitz, supone que en un conflicto cada partido utilizará todos los medios
a su alcance para destruir totalmente la capacidad del otro
para hacer la guerra. La estrategia sugiere que un comandante no puede
aventurarse a una campaña militar de largo alcance sin antes asegurar su propio
territorio: —Éste —escribió Ludendorff, refiriéndose a la cuenca del Rin, el
corazón del reich, donde descansaban sus reservas estratégicas de
acero y de carbón —es la fuente de los recursos humanos y materiales
indispensables para sostener el esfuerzo bélico. Ludendorff nunca se
aventuraría a la conquista de nuevos territorios sin haber asegurado, antes, su
retaguardia.
Rafael Moreno Valle, comandante de un ejército en una
saliente, expuesto en sus flancos al bombardeo político y al mediático, aguantó
su posición tanto como pudo antes de replegarse. Moreno Valle no podía
aventurarse a la conquista del poder total sin asegurar, antes, su retaguardia.
Hace algunos meses contábamos el cuento del Ícaro morenovallista, el político
ambicioso que acumuló un poder desmesurado; contábamos su vuelo estratosférico
más o menos serio directo al Sol, alentado por una cohorte de aduladores y
aconsejado por supuestos expertos y el derretimiento de sus altas cuando en lo más alto de su
vuelo comenzó a perder el control del estado, ocupando otros los espacios que
iba dejando libres. A partir de ahora, tocará contar el
cuento de la construcción del maximato o del minimato, según los acuerdos
políticos se lo permitan.
Moreno Valle ha conseguido nominar a su esposa como
candidata al gobierno de Puebla. Martha Erika Alonso es la mejor carta para
asegurarle a su grupo la continuidad a largo plazo, aunque ¿qué otras opciones
habían? El morenovallismo se ha empeñado tanto en monopolizar los accesos y el
reparto del poder que ha bloqueado el surgimiento de nuevos liderazgos. La venia
del panismo nacional a Alonso despeja el camino para la consolidación del
régimen caciquil por la vía conyugal, para elección de Estado y para el saqueo
transexenal, y, peor, para garantizar la impunidad a su esposo, señalado como
el responsable de un expolio al patrimonio público medible en cifras de doce
dígitos. No hay que perder de vista, sin embargo, que la ex primera dama tiene
aspiraciones políticas personales y que la acompañan un capital y un equipo
propios, forjados durante su paso por el DIF estatal, y, acaso, que quizá
arrastre alguno que otro agravio por cobrar. No le pesa el Moreno Valle,
asegura, “pero su apellido es Alonso”. En la primera
familia del estado aplica aquello que decía Henry Temple: que no hay amores ni
odios permanentes, “solo intereses permanentes”.
A Moreno Valle la instauración de la monarquía
camotera le ha costado más de lo que hubiera querido pagar. Ha conseguido
retener el poder por la vía conyugal pero a un costo tan alto que tal vez no
pueda ejercerlo a placer, al menos, durante los próximos tres años. No ha
podido imponerse por la fuerza, sino gracias a su habilidad política; ha sabido
ceder: su estructura, que no se restringe a los límites territoriales del
estado, para éste; la candidatura presidencial y el partido, del cual es
comisionado político, para aquel; espacios para unos y para otros. La parte más
visible de las negociaciones es el espacio conseguido por Eduardo Rivera, un
tipo decente al que el (ex)gobernador persiguió política y judicialmente so
pretexto de unas cuentas públicas que hoy están guardadas en el cajón. Menos
visibles son las negociaciones en curso y en fase de forcejeo con José Antonio
Gali, quien no se conformará con trascender políticamente en una senaduría por
la vía filial…
Erich Ludendorff observaba con preocupación el
estancamiento del frente occidental. ¡Un descuido de los suyos y los franceses
y británicos saltarían sobre el Ruhr! El general era prudente: —Nuestro
ejército es fuerte —escribió. —No obstante, pienso que es aconsejable firmar la
paz para que en el futuro podamos encarar una nueva guerra sin correr tantos
riesgos.
Rafael Moreno Valle es un político prudente: ha
firmado la paz a cambio de conservar su plaza.







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