martes, 6 de febrero de 2018

La pachanga de los independientes


 

Los procesos de recaudación de firmas /avales para participar en la elección de julio como candidatos independientes van tocando a su fin, en general, con resultados desalentadores. Los aspirantes a candidatos independientes, todos, cada cual en mayor o menor medida, le tomaron la palabra a Umberto Eco y se construyeron un enemigo “respecto al cual medir sus sistemas de valores”: ¡los partidos políticos! En lo general, la ola de la participación ciudadana se transformó en una mêlée contra los molinos de viento partidistas. Los independientes confundieron su propósito: surgidos como respuesta al reclamo genuino de un sector de la sociedad que no se siente representado por los partidos políticos, los independientes deberían establecerse como alternativas electorales a ellos, ¡no como sus substitutos! Planteándose así, ¡qué difícil disputarle el voto del hartazgo social a MORENA! ¡Con Sansón, a los guamazos!

En lo general, también, los independientes, en su necedad de conservar su virginidad ciudadana, omitieron que una vez que pasaron a la acción política se volvieron agentes políticos, además de ciudadanos; tendieron, pues, a despreciar los componentes que hacen de los partidos políticos maquinas electorales eficientes y a desplazar a los elementos que les hubieran podido aportar expertise, es decir, las habilidades, los conocimientos y la experiencia indispensables para la participación política. Lo de animar el debate, despertar las conciencias y mover los corazones, ¡muy bien!, pero el objetivo de la acción política no es dejar testimonio del esfuerzo, ¡es asaltar el poder! —Si los independientes no saben hacer un simple trámite —concluyó alguien, con dolorosa razón —¡no merecen ser gobierno!

En Puebla, Enrique Cárdenas, uno de los más aventajados de su clase, tampoco resistió la tentación de construirse un enemigo. El cambio en su speech le desvió de su único objetivo, ¡recabar firmas!, y se interpretó, desde fuera, como señal de desesperación. El exrector de la UDLAP finalizará lejos, lejísimos de la meta de recabar las firmas equivalentes al 3% de la lista nominal que exige la ley (~130 mil). Si se hubiera situado por encima del 1%, el fracaso hubiera sido achacable al régimen caciquil; situándose por debajo, no se vale echarle la culpa al de enfrente. A Cárdenas no lo bloqueó el régimen —aunque lo intentó— sino la incapacidad propia para generar una expectativa real de éxito. La naturaleza pesimista/victimista de su movimiento colocó al aspirante a mitad de camino entre el martirio, una estratagema útil para construir un capital político, y la rendición por imposibilidad, de la cual derivó la evidente dificultad para conseguir los avíos para, por ejemplo, armar una estructura en tierra paralela a la de sus voluntarios, muchos, pero ineficientes. Los números invitan a la reflexión: Cárdenas recabará las firmas equivalentes al ~0.3% de la lista nominal (~13 mil), insuficiente para participar en la elección en Puebla o en cualquier otro estado —no nos comparemos con Francia o Chile, por favor—; a ese ritmo, hubiera requerido una prórroga de 9 meses.

A Luis Miguel Barbosa, el fracaso de la aventura independiente no ha de haberle sentado bien. El (pre)candidato de MORENA al gobierno de Puebla la emprendió contra su otrora competidor cuando éste sugirió a que su elección no se debió a una encuesta sino a algún tipo de “acuerdo cupular” entre Andrés Manuel López Obrador y Rafael Moreno Valle: —Es un político chisimoso y chiquito —dijo, gruñón, para deleite de sus amigos periodistas. Sin embargo, el nuevo hombre fuerte del Movimiento en el estado, viejo zorro, también señaló que puesta la elección local “entre el PAN y MORENA”, la participación del coahuilense ayudaría a su causa: —Si logra consolidar su candidatura, le quitará votos al PAN —dijo, más amigable, invitando a la especulación. ¿Acaso los carmines, en un ejercicio de realpolitik, hubieran ayudado al independiente a llegar a la boleta? ¡Quién sabe!…

La fiesta de los independientes ha concluido, pues, por ahora, en pachanga.

En lo que toca a Enrique Cárdenas, concluida su aventura con números electoralmente poco rentables, lo deseable sería que se repescara en un eventual gabinete lopezobradorista. C.c.p. Irma Sandoval de Ackerman.


Francisco Baeza [@paco_baeza_]. 6 de febrero de 2018.

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martes, 6 de febrero de 2018

La pachanga de los independientes


 

Los procesos de recaudación de firmas /avales para participar en la elección de julio como candidatos independientes van tocando a su fin, en general, con resultados desalentadores. Los aspirantes a candidatos independientes, todos, cada cual en mayor o menor medida, le tomaron la palabra a Umberto Eco y se construyeron un enemigo “respecto al cual medir sus sistemas de valores”: ¡los partidos políticos! En lo general, la ola de la participación ciudadana se transformó en una mêlée contra los molinos de viento partidistas. Los independientes confundieron su propósito: surgidos como respuesta al reclamo genuino de un sector de la sociedad que no se siente representado por los partidos políticos, los independientes deberían establecerse como alternativas electorales a ellos, ¡no como sus substitutos! Planteándose así, ¡qué difícil disputarle el voto del hartazgo social a MORENA! ¡Con Sansón, a los guamazos!

En lo general, también, los independientes, en su necedad de conservar su virginidad ciudadana, omitieron que una vez que pasaron a la acción política se volvieron agentes políticos, además de ciudadanos; tendieron, pues, a despreciar los componentes que hacen de los partidos políticos maquinas electorales eficientes y a desplazar a los elementos que les hubieran podido aportar expertise, es decir, las habilidades, los conocimientos y la experiencia indispensables para la participación política. Lo de animar el debate, despertar las conciencias y mover los corazones, ¡muy bien!, pero el objetivo de la acción política no es dejar testimonio del esfuerzo, ¡es asaltar el poder! —Si los independientes no saben hacer un simple trámite —concluyó alguien, con dolorosa razón —¡no merecen ser gobierno!

En Puebla, Enrique Cárdenas, uno de los más aventajados de su clase, tampoco resistió la tentación de construirse un enemigo. El cambio en su speech le desvió de su único objetivo, ¡recabar firmas!, y se interpretó, desde fuera, como señal de desesperación. El exrector de la UDLAP finalizará lejos, lejísimos de la meta de recabar las firmas equivalentes al 3% de la lista nominal que exige la ley (~130 mil). Si se hubiera situado por encima del 1%, el fracaso hubiera sido achacable al régimen caciquil; situándose por debajo, no se vale echarle la culpa al de enfrente. A Cárdenas no lo bloqueó el régimen —aunque lo intentó— sino la incapacidad propia para generar una expectativa real de éxito. La naturaleza pesimista/victimista de su movimiento colocó al aspirante a mitad de camino entre el martirio, una estratagema útil para construir un capital político, y la rendición por imposibilidad, de la cual derivó la evidente dificultad para conseguir los avíos para, por ejemplo, armar una estructura en tierra paralela a la de sus voluntarios, muchos, pero ineficientes. Los números invitan a la reflexión: Cárdenas recabará las firmas equivalentes al ~0.3% de la lista nominal (~13 mil), insuficiente para participar en la elección en Puebla o en cualquier otro estado —no nos comparemos con Francia o Chile, por favor—; a ese ritmo, hubiera requerido una prórroga de 9 meses.

A Luis Miguel Barbosa, el fracaso de la aventura independiente no ha de haberle sentado bien. El (pre)candidato de MORENA al gobierno de Puebla la emprendió contra su otrora competidor cuando éste sugirió a que su elección no se debió a una encuesta sino a algún tipo de “acuerdo cupular” entre Andrés Manuel López Obrador y Rafael Moreno Valle: —Es un político chisimoso y chiquito —dijo, gruñón, para deleite de sus amigos periodistas. Sin embargo, el nuevo hombre fuerte del Movimiento en el estado, viejo zorro, también señaló que puesta la elección local “entre el PAN y MORENA”, la participación del coahuilense ayudaría a su causa: —Si logra consolidar su candidatura, le quitará votos al PAN —dijo, más amigable, invitando a la especulación. ¿Acaso los carmines, en un ejercicio de realpolitik, hubieran ayudado al independiente a llegar a la boleta? ¡Quién sabe!…

La fiesta de los independientes ha concluido, pues, por ahora, en pachanga.

En lo que toca a Enrique Cárdenas, concluida su aventura con números electoralmente poco rentables, lo deseable sería que se repescara en un eventual gabinete lopezobradorista. C.c.p. Irma Sandoval de Ackerman.


Francisco Baeza [@paco_baeza_]. 6 de febrero de 2018.

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