Los
procesos de recaudación de firmas /avales para participar en la elección de
julio como candidatos independientes van tocando a su fin, en general, con
resultados desalentadores. Los aspirantes a candidatos independientes, todos,
cada cual en mayor o menor medida, le tomaron la palabra a Umberto Eco y se
construyeron un enemigo “respecto al cual medir sus sistemas de valores”: ¡los
partidos políticos! En lo general, la ola de la participación ciudadana se
transformó en una mêlée contra los molinos de viento
partidistas. Los independientes confundieron su propósito: surgidos como
respuesta al reclamo genuino de un sector de la sociedad que no se siente
representado por los partidos políticos, los independientes deberían
establecerse como alternativas electorales a ellos, ¡no como sus substitutos!
Planteándose así, ¡qué difícil disputarle el voto del hartazgo social a MORENA!
¡Con Sansón, a los guamazos!
En lo
general, también, los independientes, en su necedad de conservar su virginidad
ciudadana, omitieron que una vez que pasaron a la acción política se volvieron
agentes políticos, además de ciudadanos; tendieron, pues, a despreciar los
componentes que hacen de los partidos políticos maquinas electorales eficientes
y a desplazar a los elementos que les hubieran podido aportar expertise,
es decir, las habilidades, los conocimientos y la experiencia indispensables
para la participación política. Lo de animar el debate, despertar las
conciencias y mover los corazones, ¡muy bien!, pero el objetivo de la acción política
no es dejar testimonio del esfuerzo, ¡es asaltar el poder! —Si los
independientes no saben hacer un simple trámite —concluyó alguien, con dolorosa
razón —¡no merecen ser gobierno!
En Puebla, Enrique Cárdenas, uno de los más aventajados de su
clase, tampoco resistió la tentación de construirse un enemigo.
El cambio en su speech le desvió de su único objetivo,
¡recabar firmas!, y se interpretó, desde fuera, como señal de desesperación. El
exrector de la UDLAP finalizará lejos, lejísimos de la meta de recabar las
firmas equivalentes al 3% de la lista nominal que exige la ley (~130 mil). Si
se hubiera situado por encima del 1%, el fracaso hubiera sido achacable al
régimen caciquil; situándose por debajo, no se vale echarle la culpa al de
enfrente. A Cárdenas no lo bloqueó el régimen —aunque lo intentó— sino
la incapacidad propia para generar una expectativa real de éxito. La naturaleza
pesimista/victimista de su movimiento colocó al aspirante a mitad de camino
entre el martirio, una estratagema útil para construir un capital político, y
la rendición por imposibilidad, de la cual derivó la evidente dificultad para
conseguir los avíos para, por ejemplo, armar una estructura en tierra paralela
a la de sus voluntarios, muchos, pero ineficientes. Los números invitan a la
reflexión: Cárdenas recabará las firmas equivalentes al ~0.3% de la lista
nominal (~13 mil), insuficiente para participar en la elección en Puebla o en
cualquier otro estado —no nos comparemos con Francia o Chile, por favor—; a ese
ritmo, hubiera requerido una prórroga de 9 meses.
A Luis
Miguel Barbosa, el fracaso de la aventura independiente no ha de haberle
sentado bien. El (pre)candidato de MORENA al gobierno de Puebla la emprendió
contra su otrora competidor cuando éste sugirió a que su elección no se debió a
una encuesta sino a algún tipo de “acuerdo cupular” entre Andrés Manuel López
Obrador y Rafael Moreno Valle: —Es un político chisimoso y chiquito —dijo,
gruñón, para deleite de sus amigos periodistas. Sin embargo, el nuevo hombre
fuerte del Movimiento en el estado, viejo zorro, también señaló que puesta la
elección local “entre el PAN y MORENA”, la participación del coahuilense
ayudaría a su causa: —Si logra consolidar su candidatura, le quitará votos al PAN —dijo,
más amigable, invitando a la especulación. ¿Acaso los carmines, en un ejercicio
de realpolitik, hubieran ayudado al independiente
a llegar a la boleta? ¡Quién sabe!…
La
fiesta de los independientes ha concluido, pues, por ahora, en pachanga.
En lo
que toca a Enrique Cárdenas, concluida su aventura con números electoralmente
poco rentables, lo deseable sería que se repescara en un eventual gabinete lopezobradorista.
C.c.p. Irma Sandoval de Ackerman.







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