miércoles, 2 de mayo de 2018

Puebla 2018. México 2024




Iniciaron las campañas en Puebla. Iniciaron, ¡por fin!, luego de un mes de difícil convivencia entre los candidatos nacionales, ya pidiendo el voto, y los candidatos locales, cuidándose de no incurrir en actos anticipados de campaña. Compiten con más o menos ganas Martha Erika Alonso de Moreno Valle, de la coalición PAN-PRD-MC, heredera de la monarquía camotera e impuesta para consolidar el régimen caciquil por la vía conyugal; Luis Miguel Barbosa, de la aberrante coalición MORENA- PT-PES, antiguo aliado del esposo de la primera en su carrera hacia la gubernatura del estado y beneficiario, luego, de toda suerte de prebendas de parte de la administración de aquel; y Enrique Doger, del PRI, el más listo de los tres y cuyo sacrificio en los generosos altares del priísmo deberá ser recompensado con una embajada en algún lugar más pintoresco que Bogotá. Funcionales al régimen, los otros candidatos, cuyos nombres olvidaremos pronto, van por la libre para dividir el voto de la oposición.

La elección local de 2018 tendrá implicaciones en la elección nacional de 2024. En Puebla, Rafael Moreno Valle se lo juega todo. Escribía Erich von Ludendorff, a partir de los apuntes de Carl von Clausewitz, que ningún comandante debería aventurarse a una campaña militar de largo alcance sin asegurar antes su propio territorio, “fuente de los recursos materiales y humanos indispensables para sostener el esfuerzo bélico”. Para Moreno Valle no retener su propio territorio significaría no contar más con el patrocinio indispensable para sostener el esfuerzo bélico a escala nacional, cortesía de las inagotables arcas del estado, y, peor, significaría el desmantelamiento del morenovallismo en tanto que a sus generales no los cohesiona ningún principio ideológico sino el mero culto a Mammón. Si el (ex)gobernador y futuro senador por la vía plurinominal fuera incapaz de retener su estado, por la fuerza electoral o por la fuerza de la coacción, ¡que se olvide de la presidencia de la República en 2024! Moreno Valle —léase enfáticamente —no puede perder Puebla.

El próximo presidente municipal de Puebla, una ciudad cargada de simbolismo y clave en la matemática electoral de Moreno Valle —con 1.2 millones de votantes, aporta una cuarta parte de sus votos: ~290 mil, en 2010 (el 26% del total) y ~240 mil, en 2016 (30%)— se apellidará Rivera. Eduardo y Claudia —sin parentesco— inician la campaña con diferente mood: él, acusando, de rebote, el desgate normal de la marca RMV, que ¡quién sabe si sea determinante en el resultado de la elección!; ella, arrastrada por la ola AMLO, de alcances inciertos pero naturalmente tendiente a debilitarse según su protagonista pague el golpeteo de la campaña. El emparejamiento es bien interesante:

A favor de Eduardo juegan el alto posicionamiento y la experiencia de ya haber sido gobierno, lo cual, por otro lado, permitirá al electorado hacer un balance muy preciso de su trabajo —¿y las mil calles que pavimentaste, a’pá? —; el equipo con el que gobernó, dicho sea de paso, sobrevivió al exilio, cosa casi heroica. En contra de Claudia juegan el bajo posicionamiento y la inexperiencia en campaña y, por supuesto, en gobierno, lo cual, no obstante, podría volverse a su favor si logra transmitir la imagen de una candidata joven, fresca y genuina y, sobre todo, sin carga negativa —y de paso, y a lo mejor ahí está  la clave de la elección, contrastarla con la imagen aburrida, acartonada y falsa de Alonso de Moreno Valle—; su equipo ha sido confeccionado ex professo para la campaña así que aún deberá superar una curva de aprendizaje. Eduardo es un tipo decente al que Moreno Valle persiguió so pretexto de unas cuentas públicas que hoy están guardadas en el cajón. El acuerdo político que le permitió participar en la elección y librarse de la cárcel o del destierro debería dar munición a Claudia para una campaña de contraste demoledora…

Andrés Manuel López Obrador cerrará campaña en la Puebla de Rafael Moreno Valle. Los intereses de uno y otro no se empatan. ¿Pa’qué pelearse, entonces? ¿Pa’qué, si, además, el poblano podría ser un factor de gobernabilidad desde su flamante curul de senador?

¡No, no escuches a esas sirenas, Andrés Manuel!

Francisco Baeza [@paco_baeza_]. 2 de mayo de 2018

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miércoles, 2 de mayo de 2018

Puebla 2018. México 2024




Iniciaron las campañas en Puebla. Iniciaron, ¡por fin!, luego de un mes de difícil convivencia entre los candidatos nacionales, ya pidiendo el voto, y los candidatos locales, cuidándose de no incurrir en actos anticipados de campaña. Compiten con más o menos ganas Martha Erika Alonso de Moreno Valle, de la coalición PAN-PRD-MC, heredera de la monarquía camotera e impuesta para consolidar el régimen caciquil por la vía conyugal; Luis Miguel Barbosa, de la aberrante coalición MORENA- PT-PES, antiguo aliado del esposo de la primera en su carrera hacia la gubernatura del estado y beneficiario, luego, de toda suerte de prebendas de parte de la administración de aquel; y Enrique Doger, del PRI, el más listo de los tres y cuyo sacrificio en los generosos altares del priísmo deberá ser recompensado con una embajada en algún lugar más pintoresco que Bogotá. Funcionales al régimen, los otros candidatos, cuyos nombres olvidaremos pronto, van por la libre para dividir el voto de la oposición.

La elección local de 2018 tendrá implicaciones en la elección nacional de 2024. En Puebla, Rafael Moreno Valle se lo juega todo. Escribía Erich von Ludendorff, a partir de los apuntes de Carl von Clausewitz, que ningún comandante debería aventurarse a una campaña militar de largo alcance sin asegurar antes su propio territorio, “fuente de los recursos materiales y humanos indispensables para sostener el esfuerzo bélico”. Para Moreno Valle no retener su propio territorio significaría no contar más con el patrocinio indispensable para sostener el esfuerzo bélico a escala nacional, cortesía de las inagotables arcas del estado, y, peor, significaría el desmantelamiento del morenovallismo en tanto que a sus generales no los cohesiona ningún principio ideológico sino el mero culto a Mammón. Si el (ex)gobernador y futuro senador por la vía plurinominal fuera incapaz de retener su estado, por la fuerza electoral o por la fuerza de la coacción, ¡que se olvide de la presidencia de la República en 2024! Moreno Valle —léase enfáticamente —no puede perder Puebla.

El próximo presidente municipal de Puebla, una ciudad cargada de simbolismo y clave en la matemática electoral de Moreno Valle —con 1.2 millones de votantes, aporta una cuarta parte de sus votos: ~290 mil, en 2010 (el 26% del total) y ~240 mil, en 2016 (30%)— se apellidará Rivera. Eduardo y Claudia —sin parentesco— inician la campaña con diferente mood: él, acusando, de rebote, el desgate normal de la marca RMV, que ¡quién sabe si sea determinante en el resultado de la elección!; ella, arrastrada por la ola AMLO, de alcances inciertos pero naturalmente tendiente a debilitarse según su protagonista pague el golpeteo de la campaña. El emparejamiento es bien interesante:

A favor de Eduardo juegan el alto posicionamiento y la experiencia de ya haber sido gobierno, lo cual, por otro lado, permitirá al electorado hacer un balance muy preciso de su trabajo —¿y las mil calles que pavimentaste, a’pá? —; el equipo con el que gobernó, dicho sea de paso, sobrevivió al exilio, cosa casi heroica. En contra de Claudia juegan el bajo posicionamiento y la inexperiencia en campaña y, por supuesto, en gobierno, lo cual, no obstante, podría volverse a su favor si logra transmitir la imagen de una candidata joven, fresca y genuina y, sobre todo, sin carga negativa —y de paso, y a lo mejor ahí está  la clave de la elección, contrastarla con la imagen aburrida, acartonada y falsa de Alonso de Moreno Valle—; su equipo ha sido confeccionado ex professo para la campaña así que aún deberá superar una curva de aprendizaje. Eduardo es un tipo decente al que Moreno Valle persiguió so pretexto de unas cuentas públicas que hoy están guardadas en el cajón. El acuerdo político que le permitió participar en la elección y librarse de la cárcel o del destierro debería dar munición a Claudia para una campaña de contraste demoledora…

Andrés Manuel López Obrador cerrará campaña en la Puebla de Rafael Moreno Valle. Los intereses de uno y otro no se empatan. ¿Pa’qué pelearse, entonces? ¿Pa’qué, si, además, el poblano podría ser un factor de gobernabilidad desde su flamante curul de senador?

¡No, no escuches a esas sirenas, Andrés Manuel!

Francisco Baeza [@paco_baeza_]. 2 de mayo de 2018

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