Alberto Jiménez Merino
Ex Rector de la
Universidad Autónoma Chapingo
En Puebla, además de la
inseguridad pública, el robo de combustibles, la pobreza, la desigualdad, la
falta de agua, la contaminación ambiental y el deterioro ecológico, hoy debemos
agregar a nuestra realidad, la polarización social y la división de los
poblanos por el último proceso electoral. Ciertamente, algunos problemas son
ancestrales y a pocos les ha interesado atender.
Hoy, en nuestro estado, hay
parálisis e incertidumbre en los ayuntamientos municipales, que ahora solo
tendrán 3 años y que, con gran pesar, ya ven perdido el primero al no tener con
quién hacer la planeación y definir los presupuestos correspondientes, al
carecer de la autoridad estatal electa y el término de la vigente.
Por donde quiera que se vea,
y sea cual sea el resultado, Puebla ya perdió.
La sociedad se dividió por lo
menos en dos grandes partes que esperan la decisión electoral de un tribunal
federal. Hay mucha incertidumbre, “apuestas” y quinielas sobre el resultado;
algo inaceptable porque sólo se requería respetar los cauces democráticos
establecidos en las leyes.
La indefinición que nos
preocupa, ha generado vacíos que, entre otras cosas, ha propiciado una
percepción de mayor inseguridad, a juzgar por la mayor frecuencia de delitos
contra la población; tema que ha pasado desapercibido en uno de los poderes
constituidos como lo es el Congreso del Estado en donde, lo que más destaca, es
la difusión de confrontaciones y diferencias personales.
Un pueblo pobre, dividido y confrontado, se hace más pobre.
Revertir las ofensas y agravios es muy difícil. Revertir la inseguridad, los
rezagos sociales, ponerse al corriente en atender las necesidades olvidadas y
desatendidas, es un gran reto para las nuevas autoridades. ¡Y, Puebla no lo
merecía!
Y digo un pueblo pobre,
porque la pobreza en Puebla, no obstante los presupuestos históricos que se han
presumido, sigue afectando a más de 60
por ciento de la población, jóvenes, mujeres, tercera edad, campesinos e
incluso profesionistas. Este, junto a la inseguridad, son dos de los grandes
problemas estatales y nacionales. El primero como causa importante del segundo.
Otros de los grandes
problemas estatales son, la escasez de agua en la mayor parte del territorio,
principalmente en los acuíferos de Tecamachalco y Libres-Oriental en donde hay
déficits y, el acuífero Valle de Puebla se encuentra cercano al límite de
disponibilidad. El agua escasea ya y el servicio se está encareciendo. Este es
un problema prioritario.
Adicionalmente a lo
anterior, se ha dado la pérdida de suelo, de bosques, la reducción de
fertilidad de las tierras, el mal manejo de la basura y la falta de tratamiento
de aguas residuales que ha generado, en niños y jóvenes, la idea de que los
ríos son sucios. Ha faltado voluntad política y recursos para revertir la
situación en las diferentes cuencas estatales. Ni la educación ni las políticas
públicas han hecho su parte en estos temas.
Sin duda, se han tenido
avances en la educación, pero a la rehabilitación de escuelas casi nadie quiere
entrarle, ni el gobierno ni los padres de familia. Y a los contenidos
educativos poco se le pone atención. Lo cierto es que no hemos preparado
suficientemente a la población para la vida, el trabajo, el civismo, la ética y el cuidado del medio ambiente.
Hay una tarea pendiente de
la escuela y la política pública como es el ayudar a los jóvenes a tener mayor
conocimiento de sí mismos, de sus talentos y habilidades; falta una verdadera orientación
vocacional. Las personas están decidiendo su destino por necesidad,
desconociendo en lo que son buenos. Esto impacta en la deserción escolar,
cercana al 50 por ciento en bachillerato y un poco más del 30 en niveles
universitarios.
Otro problema es el de los presupuestos
que solo generan bienestar, pero no crean riqueza que haga sustentable ese
bienestar. Después de tener servicios que mejoran las condiciones de vida, las
personas tienen problemas para cubrir los recibos de pago.
La aplicación de esos
presupuestos históricos, a los que los legisladores federales son muy dados, no
siempre corresponde a los problemas prioritarios de la gente, sobre todo si no
hay planeación ni estrategias. En la
búsqueda de honor y gloria, los malos gobernantes concentran las inversiones,
caras y soportadas en endeudamiento a largo plazo, sólo allí donde se ven; en donde propios y
ajenos, más los ajenos, puedan admirarlas. No importa que en las periferias, en
las provincias, donde casi no hay visitantes, sigan con problemas ancestrales.
Solo se atiende lo que luce
políticamente. Se privilegia el apoyo material y económico, sobre los apoyos
intelectuales, la capacitación, la asesoría técnica, la formación de recursos
humanos más pertinentes, la formación de líderes que guíen el desarrollo de
comunidades y regiones. Esto último, casi no se atiende.
Estos son los principales
problemas estatales que a lo largo y ancho del territorio poblano he podido
conocer y escuchar. Por el bien de Puebla ojalá ya se termine esta
incertidumbre y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación
decida ya, lo que más convenga a los
poblanos.







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