2ª. Parte
Alberto Jiménez
Merino
Ex Rector de la Universidad
Autónoma Chapingo
De acuerdo con las cifras del Consejo
Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), desde que inició el programa de
becas en 1971, México ha perdido a más de 2 mil 100 científicos y una inversión
de poco más mil 140 millones de pesos pues, según las inversiones de este
organismo en 2004, la formación de cada uno de ellos costó al país 225 mil
pesos anuales durante un promedio de tres años.
Entre las razones por las que los jóvenes se
quedan en países con mayor desarrollo que México, están los mejores salarios
que les ofrecen en instituciones, centros de investigación, hospitales,
oficinas de gobierno, organizaciones no gubernamentales y empresas. De igual
manera, en la mayoría de los casos está la posibilidad de trabajar en
laboratorios equipados con tecnología de punta en proyectos de investigación de
vanguardia mundial.
Es importante mencionar que las
circunstancias que enfrentan los innovadores en México, no dista mucho de ser similar
a la de los científicos ya que, al no existir incentivos ni apoyos
para ellos, la alternativa es buscar en otras naciones el respaldo académico e
institucional para la implementación de sus propuestas.
México
no puede continuar con esta política de menosprecio y olvido ante la demanda de
la población innovadora de mecanismos e instituciones que les permitan
desarrollar todo el potencial del cual son capaces.
El
Ejecutivo Federal debe asumir el papel de promotor de acciones encaminadas a
fortalecer y aprovechar la inventiva de la sociedad. No podemos continuar
marginando la inversión en investigación y desarrollo; es fundamental dar el
paso que nos permita avanzar para dejar de ser un país maquilador para ser una
nación con la capacidad de exportar mejores productos y tecnología.
Desafortunadamente,
la falta de mecanismos de vinculación social que incentiven la transferencia y
adopción tecnológica, todavía provoca que miles de investigaciones sigan
guardadas en las bibliotecas o solo publicándose en revistas especializadas,
con o sin arbitraje, mientras la pobreza y el deterioro ambiental sigue
creciendo en forma preocupante.
El
Sistema Nacional de Innovadores (SNIN), presentado
por un servidor en un puto de acuerdo ante la Cámara de Diputados, durante la LXI Legislatura, proponía
crear similares incentivos que el Sistema Nacional de Investigadores (SIN),
pero en donde la escolaridad sea un requisito secundario, dando mayor valor a
la aportación del participante en la solución de los problemas locales,
regionales y nacionales.
Es
un hecho que la mayoría de las innovaciones surgen del ámbito tecnológico o
científico, pero no son la única fuente, puesto que muchas innovaciones surgen
de la práctica diaria, de los productores, de los obreros y de los
consumidores.
Este
Sistema ayudaría a impulsar el espacio en que se puedan desarrollar con mayor
facilidad las innovaciones, como son las escuelas, universidades tecnológicas o
centros de investigación, así como su relación con los lugares de trabajo, como
serían las comunidades, instituciones y empresas,
Es
fundamental apoyar la innovación, incluyendo aquella que va dirigida a las PYMES,
pues no debemos olvidar que más del 60
por ciento de éstas se dedican a actividades secundarias y no están innovando,
situación que favorece a su desaparición temprana, ya que su promedio de vida
son dos años..
Es
necesario establecer vinculación entre los centros de educación e investigación
y el mercado laboral, que aumente la pertinencia de profesionistas e investigadores
con su futuro trabajo o emprendimiento que seguramente contribuirá al desarrollo del país.
Se proponía también, que el incentivo para
los innovadores se ubique en un rango que va de uno a 5 salarios mínimos vigentes,
pudiéndose incrementar el monto de apoyo de acuerdo con el tipo de proyecto a
realizar y a convocatorias para resolver problemas específicos de comunidades,
empresas y regiones.
Derivado de esta inquietud, establecí durante
mi estancia como delegado federal en la Secretaría de Agricultura, Ganadería,
Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) en el Estado de Puebla, la Presea Evangelina Villegas Moreno, al
Mérito sobre Seguridad Alimentaria, con la que se premiaron a más de 30
innovadores. Actualmente, en la Comisión Nacional del Agua (COAGUA), se entregó
la Presea Tláloc, al Mérito Hídrico,
con igual fin.
Incentivar a los innovadores es muy rentable
para resolver muchos de los problemas que tenemos.
Espero que esta modesta aportación, motivada
por la propuesta del presidente López Obrador acerca del Plan Nacional de
Innovación 2018-2024 tenga alguna utilidad.
Reitero mi deseo de que, si le va bien al
presidente, le va bien a México.







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