Alberto Jiménez Merino
Ex Rector de la
Universidad Autónoma Chapingo
En una revisión de lo que ha
faltado en Puebla para lograr un mayor desarrollo de la población se encuentran
la seguridad pública, el fomento productivo, la formación de líderes
tecnológicos, apoyo al sector agroalimentario, ambiental e hídrico, educación
financiera, orientación vocacional así como valores éticos y cívicos.
Pensar en las próximas
elecciones es algo inherente a los gobiernos como garantía de mantener el
respaldo popular que asegure la implementación de sus políticas, programas,
acciones e incluso, caprichos sin sustento, y nadie escapa a ello.
En épocas electorales, muchos
se vuelven simpáticos, saludadores, audaces y prometedores de paraísos que
saben bien, no podrán cumplir. Son las cosas que a la gente le gusta escuchar.
Después, sólo se dirá “no hay recursos, no se pudo”. Y la vida sigue en un
cuento de nunca acabar.
La política sin principios
nos ha hecho mucho daño. Ganar a cualquier precio se vuelve contra la población
aunque ésta no se dé cuenta. De ello hay múltiples ejemplos.
Con frecuencia se olvida que
la finalidad de la política, es la unión de la gente para impulsar su propio
desarrollo.
Pero entre los actores
políticos, una buena parte está pensando desde el primer día, cómo llegar al siguiente
cargo. Recuerdo aún cuando un director de facultad en Chapingo, en su discurso
de agradecimiento por el triunfo dijo; y de aquí vamos directo a la rectoría.
Así he visto a varios por aquí cerquita tanto en el poder ejecutivo como
legislativo.
El servicio a los demás es
un privilegio para quienes hemos tenido la fortuna de hacerlo, y no tiene que
ver sólo con cargos públicos.
El servicio a nuestros
semejantes es el único sentido que la vida tiene. Ayudar, apoyar, atender,
escuchar u orientar. Aprender y encontrar soluciones conjuntas.
Por eso como poblano, como
hijo del pueblo y producto de la cultura del esfuerzo, como miles de poblanos,
he dedicado varios años a recorrer Puebla y sus comunidades. Así, he aprendido
y conocido directamente lo que los poblanos necesitan.
Mucha gente refiere ahora la
intranquilidad en la que viven, la preocupación por la seguridad de sus hijos,
lo inexplicable de haber cerrado agencias del ministerio público y la
complicación para denunciar, como me lo expresaron en Acatlán; o la desactivación
de células policiacas que hoy sólo hacen funciones de vialidad como en Huejotzingo; y la falta de recursos, equipo, armamento y personal para
las funciones de seguridad que, actualmente, tienen en la mayoría de los municipios.
El fomento productivo
siempre ha padecido de apoyos. No se ha entendido que el bienestar que se ha
apoyado y se apoya en forma suficiente, necesita de un soporte para mantenerse.
El pago de los servicios y su mantenimiento requiere que las familias tengan
ingresos. Ese soporte sólo puede venir
de la riqueza que genera el fomento productivo o el empleo. Y en ese ámbito,
las políticas públicas son muy débiles o ausentes.
Por su parte, la formación
de líderes tecnológicos se ha reducido a esfuerzos particulares de las
empresas. El gobierno está ausente de esta necesidad. La vinculación de la
educación con las necesidades de los sectores productivos, de las necesidades
familiares y comunitarias, es muy escasa. No se están atendiendo en las escuelas
los problemas de la población. Formar líderes en el corto plazo es una opción,
pero nunca hay dinero en el gobierno para las necesidades sociales
fundamentales.
Nunca vi que se tomara con
seriedad la orientación vocacional como política pública. Nos dijeron que
escuelas había, que se estudiaba, en dónde podrías trabajar y hasta cuánto se
ganaba en tal o cual carrera; pero nunca nos dijeron que había que fijarse en
qué éramos buenos, nunca nos dijeron lo que podíamos llegar a ser. Los jóvenes
y las personas en general están decidiendo su destino sin ningún conocimiento
de sí mismos.
Asimismo, la educación
financiera no la vimos ni por equivocación. Ya en la universidad, hablar de
agronegocios en una institución como Chapingo, en donde te formas para ayudar a
los campesinos pobres, de tu mismo origen, era como un pecado.
Los valores éticos y cívicos
también desaparecieron: rendir honores a la bandera, con el tiempo se hizo
innecesario; o decirles a los niños y jóvenes que si algo no es suyo es de alguien
más, también se olvidó, y se ha olvidado, con muy graves consecuencias.
También se nos olvidó
enseñar el conocimiento de los recursos naturales, la forma de cuidarlos y
aprovecharlos racionalmente, cómo conservarlos y acrecentarlos para que no
falten en el futuro. Y fue así que perdimos bosques, suelo, agua, se secaron
manantiales, tiramos la basura por todas partes y echamos nuestras aguas sucias
a los ríos de donde tomábamos agua, sacábamos peces y era nuestra fuente de
vida.
Finalmente, el apoyo al sector
agroalimentario siempre ha sido marginal en los presupuestos públicos. En
Puebla no ha sido la excepción. En los últimos 8 años el campo no tuvo recursos
por parte de estado más que los que la federación envió. Allí vive un tercio de
los poblanos, pero la función en abasto de alimentos, agua para la población,
empleo e ingresos es fundamental para la economía.







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