Bienestar
y riqueza comunitaria para eliminar pobreza Alberto Jiménez Merino
Desde
que tengo uso de razón, la pobreza, el conjunto de carencias que no permiten
una vida digna, ya era uno de los principales problemas sociales y no ha
cambiado mucho. Estudios del Banco Mundial, refieren que entre 2016 y 2023, la
pobreza en varios países de América Latina afecta entre el 57% y 76% de la
población.
La
falta de ingresos, vivienda apropiada, vías de comunicación, falta de
servicios, acceso a la salud, educación, agua y saneamiento, han afectado a
amplios sectores poblacionales, entre los que se encuentran más de 33 millones
de mexicanos que no saben leer ni escribir.
A
lo anterior, y posiblemente como una consecuencia de la pobreza, hay que
agregar el gran deterioro de los recursos naturales, agua, suelo, fauna y
vegetación, que son la primera y más inmediata fuente de ingresos para las
familias en los entornos rurales.
Recuerdo
que cuando no teníamos otra opción de ingresos, cortábamos leña para venderla
en el pueblo cercano a los panaderos. La venta de leña es todavía una fuente de
ocupación para miles de familias pobres y otras no tan pobres. Tan solo en
Puebla, se calcula que el consumo de leña asciende a 1 millón 200 mil metros
cúbicos (m³) anualmente. Cientos de productos forestales
maderables y no maderables, fauna silvestre, peces, materiales pétreos, entre
otros, se extraen con intensidad y sin reposición.
Otros
ingresos familiares, aunque menores, vinieron de la pesca de bagre que también
fue una fuente de alimento familiar junto a la caza de otras especies. En el
medio rural, el aprovechamiento de recursos naturales, muchas veces excesivo
por desconocimiento derivado de una baja escolaridad o de la desvinculación de
la escuela con la problemática comunitaria, ha sido una de las mayores causas
de su deterioro debido a una cultura extractiva ampliamente arraigada y
acentuada por la pobreza.
México
es un cuerno de la abundancia, hasta en la forma de su territorio. Con 200
millones de hectáreas de superficie terrestre, más de 300 millones de hectáreas
marítimas y, no obstante que más de la mitad son zonas áridas con poca lluvia,
tiene 27 millones de hectáreas de frontera agrícola y 138 millones de hectáreas
de área forestal, de las cuales 65 millones de esta superficie son bosques y
selvas. Más de 108 millones de hectáreas de la superficie nacional, es decir,
una gran proporción de las forestales, son utilizadas para la práctica
ganadera.
Nuestro
país cuenta con 11 mil kilómetros (km) de litorales. Se producen o recolectan
más de 800 especies vegetales y animales, como insectos y peces, tanto para uso
alimenticio, industrial o medicinal, entre otros. La riqueza fisiográfica,
bellezas naturales, paisajes, cuerpos de agua, minerales y áreas recreativas
son muy abundantes.
Y
no queda ninguna duda que para revertir la pobreza hay que generar bienestar,
servicios y apoyos básicos para ayudar a la gente a mejorar sus condiciones de
vida y también impulsar la creación de riqueza para sostener el bienestar.
Por ello, reconozco y felicito al gobernador de Puebla, Alejandro Armenta,
por la visión de incluir entre sus políticas de desarrollo la creación de Riqueza
Comunitaria.
La
creación de Riqueza Comunitaria inicia con el conocimiento de los
recursos naturales existentes, las experiencias de acciones aplicadas, la
demanda del mercado de productos y servicios, así como de conocer, preguntando,
lo que los habitantes quieren y proponen hacer.
Paul
Pollack, en su libro Como eliminar la pobreza, deja muy claro que si
quieres ayudar a alguien, pregúntale cómo. No adivines, no supongas y no
impongas. El éxito humano requiere de identificar y atender una necesidad del
mundo.
En
el proceso de conocimiento de los recursos existentes y las posibilidades
productivas para crear Riqueza Comunitaria, es la escuela el
eslabón indispensable para lograrlo a través de vincular los contenidos
educativos con las necesidades de las familias en cada comunidad. Desafortunadamente,
en mi vida de escuela esto no sucedió.
También
ayudan al proceso de conocimiento de recursos y oportunidades existentes, las
instituciones de educación informal y los programas de capacitación y extensionismo.
Pero el nivel de pobreza existente ha obligado a las políticas públicas a
privilegiar los apoyos materiales sobre apoyos intelectuales. Un apoyo material
sin capacitación ni acompañamiento está destinado a perderse lamentablemente.
La
vinculación educativa con las necesidades de las comunidades debe continuar con
el impulso al emprendimiento, desde la secundaria y,
especialmente, en el nivel bachillerato, porque en esta etapa los
jóvenes eligen carrera y con ello, eligen su destino. Actualmente, al igual que
nos sucedió, la mayoría de los jóvenes están eligiendo carrera y destino sin
ningún conocimiento de sí mismos, ni de los recursos naturales o necesidades de
su entorno. La riqueza de sus comunidades y regiones, así como sus potencialidades,
es desconocida y desaprovechada.
En
el proceso de emprendimiento y una vez conocido lo anterior, es
recomendable empezar por atender las necesidades familiares, comunitarias y
regionales, a través del servicio social y los procesos de titulación
profesional. Es deseable que cada profesionista, desde nivel técnico, haya
atendido al menos un problema de su comunidad antes egresar.
Quien
no haya resuelto un problema de su entorno cercano, no podrá resolver los
problemas del mundo. Atender servicios básicos y de la producción es una gran
necesidad actual en las comunidades contra la improductividad y la migración. Generar bienestar y crear riqueza comunitaria
es una gran fórmula de desarrollo social que ya aplica con gran esperanza el Gobierno
de Puebla.







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