viernes, 4 de noviembre de 2016

Make America great again… and again! Por Francisco Baeza



 [@paco_baeza_]

La semana pasada, Tony Blair, un político al que podríamos cuestionar su toma de decisiones pero nunca su compromiso con el orden institucional y con los valores democráticos, desconoció el resultado del Brexit: —Debemos aceptar que nosotros somos la resistencia —dijo —Nuestro propósito es deslegitimar y revertir [el resultado del referendo]—. ¿Sería justo compararle con Donald Trump?…

En las últimas semanas se ha hecho deporte comparar a Donald Trump con Andrés Manuel López Obrador. Lejos de los análisis superficiales y oportunistas cuyo propósito es dañar la imagen del tabasqueño, podemos encontrar similitudes. La principal, que ambos son resultado del hartazgo social.

En su recorrido por La América de Trump, Marc Bassets señala que “el mérito del candidato es haber detectado un malestar profundo con las instituciones y con los políticos tradicionales”. En su caso, también han influido la crisis migratoria y el complejo mosaico cultural estadounidense. El neoyorquino representa los intereses de un sector del electorado que quisiera levantar muros en el río Bravo o el Caribe y en Birmingham o Ferguson

En la práctica, la elección de 2016 se ha convertido en un plebiscito: Trump, ¿Sí o no? Las casas de apuestas pagan caro el Sí: 11/4, US$2.75/1. Si se cumplen los pronósticos, el neoyorquino despertará el próximo miércoles derrotado pero con un capital político enorme. ¿Qué hará con él?

Al advertir que podría desconocer el resultado de la elección, Trump estaría preparándose no para gestionar la derrota sino para capitalizarla, para pasar a la resistencia. Para tal efecto habría fichado a Nigel Farage, el líder histórico del UKIP (United Kingdom Independence Party). La experiencia de Farage en el desarrollo de expresiones de corte anti-Sistema —una docena de ellas agrupadas en la EFD (Europe of Freedom and Democracy), la alianza parlamentaria que lidera el londinense— podría ayudar a transformar Make America great again en un movimiento de masas que disputaría el voto a los políticos tradicionales.

The Wall Street Journal recuerda que Trump ganó las primarias en la mayoría de los condados más afectados por la competencia china; también lo hizo en la mayoría de las ciudades con una población predominantemente latina o hispana y en las ciudades más conservadores. En suma, arrasó a sus rivales: ganó 14 millones de votos, equivalentes al 44,9% de la votación —rompió el récord de George W. Bush: 12 millones de votos—; 1,441 de 2,472 delegados, 37 de 50 estados. En el camino quedaron dieciséis aspirantes; todos, vapuleados. La mayoría de ellos terminaron levantándole la mano.

Trump ha dominado la agenda pública durante todo el año; el candidato, gusta: —Tal vez no sea bueno para Estados Unidos, pero es muy bueno para la CBS —celebraba el patrón de la cadena. Nadie podrá ignorar al 45-47% de los votantes estadounidenses que habrán preferido al excéntrico protagonista de The Apprentice sobre la tradicionalísima ex primera dama.

En el corto plazo, los efectos dañinos de su campaña seguirán provocando náuseas. El discurso de odio, la perorata racista y xenófoba importada de la Europa ultramontana donde Orban, Kaczyński, Putin o Le Pen juegan a los inquisidores, ha probado ser electoralmente rentable. Luego, será imitado. A fuerza de repetición, quedará definitivamente instalado en los debates venideros…

Si Trump le ha cogido gusto a la política, lo veremos again… and again! ¡Y que sigan las comparaciones!

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viernes, 4 de noviembre de 2016

Make America great again… and again! Por Francisco Baeza



 [@paco_baeza_]

La semana pasada, Tony Blair, un político al que podríamos cuestionar su toma de decisiones pero nunca su compromiso con el orden institucional y con los valores democráticos, desconoció el resultado del Brexit: —Debemos aceptar que nosotros somos la resistencia —dijo —Nuestro propósito es deslegitimar y revertir [el resultado del referendo]—. ¿Sería justo compararle con Donald Trump?…

En las últimas semanas se ha hecho deporte comparar a Donald Trump con Andrés Manuel López Obrador. Lejos de los análisis superficiales y oportunistas cuyo propósito es dañar la imagen del tabasqueño, podemos encontrar similitudes. La principal, que ambos son resultado del hartazgo social.

En su recorrido por La América de Trump, Marc Bassets señala que “el mérito del candidato es haber detectado un malestar profundo con las instituciones y con los políticos tradicionales”. En su caso, también han influido la crisis migratoria y el complejo mosaico cultural estadounidense. El neoyorquino representa los intereses de un sector del electorado que quisiera levantar muros en el río Bravo o el Caribe y en Birmingham o Ferguson

En la práctica, la elección de 2016 se ha convertido en un plebiscito: Trump, ¿Sí o no? Las casas de apuestas pagan caro el Sí: 11/4, US$2.75/1. Si se cumplen los pronósticos, el neoyorquino despertará el próximo miércoles derrotado pero con un capital político enorme. ¿Qué hará con él?

Al advertir que podría desconocer el resultado de la elección, Trump estaría preparándose no para gestionar la derrota sino para capitalizarla, para pasar a la resistencia. Para tal efecto habría fichado a Nigel Farage, el líder histórico del UKIP (United Kingdom Independence Party). La experiencia de Farage en el desarrollo de expresiones de corte anti-Sistema —una docena de ellas agrupadas en la EFD (Europe of Freedom and Democracy), la alianza parlamentaria que lidera el londinense— podría ayudar a transformar Make America great again en un movimiento de masas que disputaría el voto a los políticos tradicionales.

The Wall Street Journal recuerda que Trump ganó las primarias en la mayoría de los condados más afectados por la competencia china; también lo hizo en la mayoría de las ciudades con una población predominantemente latina o hispana y en las ciudades más conservadores. En suma, arrasó a sus rivales: ganó 14 millones de votos, equivalentes al 44,9% de la votación —rompió el récord de George W. Bush: 12 millones de votos—; 1,441 de 2,472 delegados, 37 de 50 estados. En el camino quedaron dieciséis aspirantes; todos, vapuleados. La mayoría de ellos terminaron levantándole la mano.

Trump ha dominado la agenda pública durante todo el año; el candidato, gusta: —Tal vez no sea bueno para Estados Unidos, pero es muy bueno para la CBS —celebraba el patrón de la cadena. Nadie podrá ignorar al 45-47% de los votantes estadounidenses que habrán preferido al excéntrico protagonista de The Apprentice sobre la tradicionalísima ex primera dama.

En el corto plazo, los efectos dañinos de su campaña seguirán provocando náuseas. El discurso de odio, la perorata racista y xenófoba importada de la Europa ultramontana donde Orban, Kaczyński, Putin o Le Pen juegan a los inquisidores, ha probado ser electoralmente rentable. Luego, será imitado. A fuerza de repetición, quedará definitivamente instalado en los debates venideros…

Si Trump le ha cogido gusto a la política, lo veremos again… and again! ¡Y que sigan las comparaciones!

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