jueves, 21 de diciembre de 2017

Autosabotaje (Dave Malto)


Segunda parte

La inseguridad y el miedo de Diego hicieron que la relación no funcionara, un
tanto por su actitud, otro por lo pueril de Jorge, el caso era que cómo madrastra
impositiva y determinante, llegó la vida a realizar el destino.

El autosabotaje comenzó casi al siguiente día, cuando aún no daba crédito a lo
que le estaba pasando, así que ante esa duda que le carcomía las ideas, ante la
incertidumbre de no saber qué hacer, si entregarse sin más a esa nueva
posibilidad, o si no fiarse y mejor rechazarlo; Diego comenzó con actitudes, que
lo llevarían sin remedio a alejar y desinteresar a Jorge.
Habían quedado de verse en el café de Erick; Jorge llegó con unos amigos, que
también acababan de entrar al colegio, Diego ya lo estaba esperando y platicaba
con Erick sobre los pormenores de la noche después del antro, Erick regañaba a
Diego porque veía su negatividad, notaba una insistente actitud por evadir la
posibilidad de enamorarse.
Cuando Jorge llegó, sólo cruzaron las miradas y una sonrisa de complicidad, se
sentó con sus amigos en una mesa, mientras Diego lo veía desde la barra del
café, se quedó ahí esperando, sin quitarle la mirada; Jorge parecía tener una
actitud divertida y relajada con sus amigos.
A los pocos minutos se decidió y fue directamente hasta la barra, saludó a Diego
con un beso en la mejilla y un abrazo; tomando el banco de junto se sentó
mirándolo fijamente con veleidad y seducción, lo sonrojó, ambos sin decir nada,
agacharon la mirada sacando una leve sonrisa con esa actitud de enamorados y
cómplices, exhalaron un suspiro casi al mismo tiempo, regresaron las miradas,
el primero en hablar fue Diego.
–Hola, ¿cómo te fue?
–Bien gracias, pues ya sabes primer semana de clases y mucha tarea, muchas
expectativas, nuevos amigos – señalando a la mesa donde estaban los otros
chicos –Parece que este inicio de clases será muy bueno, quiero que así sea y
más contigo.
Diego volvió a agachar la mirada, cerró por un momento los ojos y volviendo a
suspirar, respondió –Sí, seguro que este inicio será muy bueno para ti, lo tienes
todo, eres guapo, estás chavo y eres muy inteligente, no dudo que harás un
buen trabajo.
–Tú también eres guapo y muy inteligente, por eso me gustas.
Ante la declaración, Diego respondía con negativas, contradiciendo a Jorge, en
parte porque no se creía cómo Jorge lo describía y en parte porque no estaba
acostumbrado a los halagos, por lo tanto, le parecía exagerado lo que
escuchaba.
Entre las negativas y falsa modestia de Diego, Jorge sin más disimulo lo abrazó,
le tomó la mano haciéndole entender que a pesar de su rechazo, estaba
dispuesto a conquistarlo; Diego correspondió dejándose consentir. Esa tarde fue
entretenida y terminó cuando Diego acompañó a la parada del autobús a Jorge;
se despidieron con un largo y apretado abrazo, no se besaron más que las
mejillas, sin dejar de mirarse Jorge subió al autobús y se alejó.

Diego inmediatamente después suspiró pensando en si quería esa relación o no,
recordó esa libertad que lo caracterizaba y aunque no podía ni quería dejar
pasar a Jorge, tampoco estaba seguro de comenzar una relación.
Los días transcurrieron con esa emoción del nuevo amor a pesar de la reticencia
de Diego que en el fondo estaba deseando que la relación si fuera posible y
entregarse sin sentir miedo, sin embargo, parecía no mostrar esas intenciones,
de repente era serio y frío, de repente callado aunque siempre dispuesto, Jorge
era quien siempre lo buscaba o proponía salidas, era el que iniciaba las
conversaciones de mensajes en el teléfono o Facebook y Diego las respondía
como más por compromiso que por voluntad, así las cosas avanzaban,
entonces, Jorge lo llevó a su casa.
Era la cena de fin de año y aquello parecía más una presentación del novio que
un simple acompañamiento de un amigo, aunque aún no formalizaban el
noviazgo los nervios de Diego eran evidentes, no obstante, no se permitió
quedar mal, a la madre de Jorge le llevó chocolates y al padre una botella de
vino tinto, pensó que saldría de ahí rápidamente justo después de la cena, veía
innecesario quedarse más tiempo, además pensaba pasarla con sus amigos y
llevar a Jorge.
La familia fue de lo más amigable y tranquila, la madre de Jorge ya conocía a
Diego así que era sonriente y buena anfitriona, el padre más serio, aunque un
poco renuente no mostró indiferencia, se portó atento y servicial, en resumen, la
noche pasó agradable, al final resultó que llevaron a ambos a la reunión
posterior donde ya esperaban sus amigos.
Esa noche de inicio de año fue divertida y tranquila, casi al amanecer volvieron a
dormir juntos pero también sin sexo, Diego no estaba seguro de seguir, de
establecer definitivamente una relación y aunque Jorge moría por él, tampoco
quiso presionarlo.
Días después, las ocupaciones de ambos los distanciaron, era casi inevitable,
aunque a decir verdad fue Diego el que no quiso buscar a Jorge dejando que
pasara el tiempo, a su parecer, debía dejar que Jorge se desilusionara y
terminara por hacerlo a un lado, el miedo era fuerte y la inseguridad se
apoderaba de él, como una enfermedad con la que uno en realidad no sabe el
momento justo de la infección sino hasta que se presentan los síntomas.
Una tarde de tantas, cuando la comunicación era mínima y se habían dejado de
ver por más de cuarenta días, Diego encontró a Erick en la calle
–Hola, Dieguito ¿cómo estás?, oye qué bueno que te veo, ¿qué no Jorge anda
contigo?
Diego con asombro e inseguridad, respondió –No, ¿por qué?
–Ah, bueno es que cómo ya anda con un chico para todos lados y hasta se
andan besando y abrazando a donde quiera que van, pues pensé que el Jorge

era un cabrón que te andaba poniendo el cuerno, y pues tú también eres mi
amigo, quería saber que onda.
–No, pues no lo sé, ya casi no nos vemos, pero no, en realidad nunca
anduvimos; nos estuvimos conociendo, y pues nunca formalizamos, así que
somos amigos y nos llevamos muy bien, no sabía que ya tiene novio, pero pues
me da gusto por él.
–Pues si verdad, bueno Dieguito te dejo, que tengas linda tarde, seguimos en
contacto, a ver que día te pasas por el café, ya no has ido.
–Claro hombre, ya sabes que sí.
Diego sintió, con la noticia, que un cubetazo de agua fría le caía en todo el
cuerpo, se creyó el pendejo más grande del mundo, no sabía si llorar o no;
mientras caminaba a su casa experimentaba una especie de desolación
inexplicable en el corazón y cuando llegó, se conectó a Internet, mientras, sacó
su diario para desahogar lo que sentía y continuó:
“...Tal vez el amor sea de esas cosas que nunca pueda tener, quizá el amor ni
siquiera existe, no entiendo por qué me aferro a esta estúpida idea de estar con
alguien para ser feliz, de verdad que siento que caigo en una especie de abismo
infinito, oscuro y frío que me desespera y me consume.”
–¿Cómo estás flaquito?– escribía Jorge, por inbox en Facebook.
–Bien rey, gracias – respondía Diego sin más luego de escribir las primeras
líneas en su diario.
Al cabo de unos minutos volvía a escribir Jorge –¿Qué haces?
–En casa ¿y tú? – Diego también tardaba en responder, en parte por estar
escribiendo sobre su diario, en parte porque no quería hacerlo.
–También – Contestó Jorgé sin más que decir.
Después de eso la conversación se detuvo inevitable y definitivamente.

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jueves, 21 de diciembre de 2017

Autosabotaje (Dave Malto)


Segunda parte

La inseguridad y el miedo de Diego hicieron que la relación no funcionara, un
tanto por su actitud, otro por lo pueril de Jorge, el caso era que cómo madrastra
impositiva y determinante, llegó la vida a realizar el destino.

El autosabotaje comenzó casi al siguiente día, cuando aún no daba crédito a lo
que le estaba pasando, así que ante esa duda que le carcomía las ideas, ante la
incertidumbre de no saber qué hacer, si entregarse sin más a esa nueva
posibilidad, o si no fiarse y mejor rechazarlo; Diego comenzó con actitudes, que
lo llevarían sin remedio a alejar y desinteresar a Jorge.
Habían quedado de verse en el café de Erick; Jorge llegó con unos amigos, que
también acababan de entrar al colegio, Diego ya lo estaba esperando y platicaba
con Erick sobre los pormenores de la noche después del antro, Erick regañaba a
Diego porque veía su negatividad, notaba una insistente actitud por evadir la
posibilidad de enamorarse.
Cuando Jorge llegó, sólo cruzaron las miradas y una sonrisa de complicidad, se
sentó con sus amigos en una mesa, mientras Diego lo veía desde la barra del
café, se quedó ahí esperando, sin quitarle la mirada; Jorge parecía tener una
actitud divertida y relajada con sus amigos.
A los pocos minutos se decidió y fue directamente hasta la barra, saludó a Diego
con un beso en la mejilla y un abrazo; tomando el banco de junto se sentó
mirándolo fijamente con veleidad y seducción, lo sonrojó, ambos sin decir nada,
agacharon la mirada sacando una leve sonrisa con esa actitud de enamorados y
cómplices, exhalaron un suspiro casi al mismo tiempo, regresaron las miradas,
el primero en hablar fue Diego.
–Hola, ¿cómo te fue?
–Bien gracias, pues ya sabes primer semana de clases y mucha tarea, muchas
expectativas, nuevos amigos – señalando a la mesa donde estaban los otros
chicos –Parece que este inicio de clases será muy bueno, quiero que así sea y
más contigo.
Diego volvió a agachar la mirada, cerró por un momento los ojos y volviendo a
suspirar, respondió –Sí, seguro que este inicio será muy bueno para ti, lo tienes
todo, eres guapo, estás chavo y eres muy inteligente, no dudo que harás un
buen trabajo.
–Tú también eres guapo y muy inteligente, por eso me gustas.
Ante la declaración, Diego respondía con negativas, contradiciendo a Jorge, en
parte porque no se creía cómo Jorge lo describía y en parte porque no estaba
acostumbrado a los halagos, por lo tanto, le parecía exagerado lo que
escuchaba.
Entre las negativas y falsa modestia de Diego, Jorge sin más disimulo lo abrazó,
le tomó la mano haciéndole entender que a pesar de su rechazo, estaba
dispuesto a conquistarlo; Diego correspondió dejándose consentir. Esa tarde fue
entretenida y terminó cuando Diego acompañó a la parada del autobús a Jorge;
se despidieron con un largo y apretado abrazo, no se besaron más que las
mejillas, sin dejar de mirarse Jorge subió al autobús y se alejó.

Diego inmediatamente después suspiró pensando en si quería esa relación o no,
recordó esa libertad que lo caracterizaba y aunque no podía ni quería dejar
pasar a Jorge, tampoco estaba seguro de comenzar una relación.
Los días transcurrieron con esa emoción del nuevo amor a pesar de la reticencia
de Diego que en el fondo estaba deseando que la relación si fuera posible y
entregarse sin sentir miedo, sin embargo, parecía no mostrar esas intenciones,
de repente era serio y frío, de repente callado aunque siempre dispuesto, Jorge
era quien siempre lo buscaba o proponía salidas, era el que iniciaba las
conversaciones de mensajes en el teléfono o Facebook y Diego las respondía
como más por compromiso que por voluntad, así las cosas avanzaban,
entonces, Jorge lo llevó a su casa.
Era la cena de fin de año y aquello parecía más una presentación del novio que
un simple acompañamiento de un amigo, aunque aún no formalizaban el
noviazgo los nervios de Diego eran evidentes, no obstante, no se permitió
quedar mal, a la madre de Jorge le llevó chocolates y al padre una botella de
vino tinto, pensó que saldría de ahí rápidamente justo después de la cena, veía
innecesario quedarse más tiempo, además pensaba pasarla con sus amigos y
llevar a Jorge.
La familia fue de lo más amigable y tranquila, la madre de Jorge ya conocía a
Diego así que era sonriente y buena anfitriona, el padre más serio, aunque un
poco renuente no mostró indiferencia, se portó atento y servicial, en resumen, la
noche pasó agradable, al final resultó que llevaron a ambos a la reunión
posterior donde ya esperaban sus amigos.
Esa noche de inicio de año fue divertida y tranquila, casi al amanecer volvieron a
dormir juntos pero también sin sexo, Diego no estaba seguro de seguir, de
establecer definitivamente una relación y aunque Jorge moría por él, tampoco
quiso presionarlo.
Días después, las ocupaciones de ambos los distanciaron, era casi inevitable,
aunque a decir verdad fue Diego el que no quiso buscar a Jorge dejando que
pasara el tiempo, a su parecer, debía dejar que Jorge se desilusionara y
terminara por hacerlo a un lado, el miedo era fuerte y la inseguridad se
apoderaba de él, como una enfermedad con la que uno en realidad no sabe el
momento justo de la infección sino hasta que se presentan los síntomas.
Una tarde de tantas, cuando la comunicación era mínima y se habían dejado de
ver por más de cuarenta días, Diego encontró a Erick en la calle
–Hola, Dieguito ¿cómo estás?, oye qué bueno que te veo, ¿qué no Jorge anda
contigo?
Diego con asombro e inseguridad, respondió –No, ¿por qué?
–Ah, bueno es que cómo ya anda con un chico para todos lados y hasta se
andan besando y abrazando a donde quiera que van, pues pensé que el Jorge

era un cabrón que te andaba poniendo el cuerno, y pues tú también eres mi
amigo, quería saber que onda.
–No, pues no lo sé, ya casi no nos vemos, pero no, en realidad nunca
anduvimos; nos estuvimos conociendo, y pues nunca formalizamos, así que
somos amigos y nos llevamos muy bien, no sabía que ya tiene novio, pero pues
me da gusto por él.
–Pues si verdad, bueno Dieguito te dejo, que tengas linda tarde, seguimos en
contacto, a ver que día te pasas por el café, ya no has ido.
–Claro hombre, ya sabes que sí.
Diego sintió, con la noticia, que un cubetazo de agua fría le caía en todo el
cuerpo, se creyó el pendejo más grande del mundo, no sabía si llorar o no;
mientras caminaba a su casa experimentaba una especie de desolación
inexplicable en el corazón y cuando llegó, se conectó a Internet, mientras, sacó
su diario para desahogar lo que sentía y continuó:
“...Tal vez el amor sea de esas cosas que nunca pueda tener, quizá el amor ni
siquiera existe, no entiendo por qué me aferro a esta estúpida idea de estar con
alguien para ser feliz, de verdad que siento que caigo en una especie de abismo
infinito, oscuro y frío que me desespera y me consume.”
–¿Cómo estás flaquito?– escribía Jorge, por inbox en Facebook.
–Bien rey, gracias – respondía Diego sin más luego de escribir las primeras
líneas en su diario.
Al cabo de unos minutos volvía a escribir Jorge –¿Qué haces?
–En casa ¿y tú? – Diego también tardaba en responder, en parte por estar
escribiendo sobre su diario, en parte porque no quería hacerlo.
–También – Contestó Jorgé sin más que decir.
Después de eso la conversación se detuvo inevitable y definitivamente.

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