Panem et circenses, Pan y circo. —El pueblo ha perdido
interés en la política —escribió Juvenal, poeta romano del siglo I a. C. —Los
ciudadanos sólo desean dos cosas: ¡pan y juegos de circo! Nerón, sabedor de la
apatía de sus súbditos, organizó los espectáculos más grandiosos. Según
Suetonio, mientras los romanos se entretenían con banalidades el emperador se
entregaba a sus corruptelas; por la noche, disfrazado de liberto, gozaba de
“atacar a los transeúntes y lanzarlos a las cloacas y de saquear y destrozar
las tiendas”…
El sábado, autoridades
mexicanas y guatemeltecas arrestaron a Javier Duarte, uno de los bad-hombres que reclamaba el anaranjado, luego de
seis meses prófugo —un tiempo minúsculo comparado con los años que estuvo
fugado Tomás Yarrington, otro bad-hombre, disfrutando de
escolta gubernamental y del cuidado de
sus amigos de la Ndrangheta—. La detención del
exgobernador de Veracruz se enmarca en el esfuerzo del Ejecutivo peñista por
recuperar el control de la sucesión presidencial. La persecución a gobernadores
y exgobernadores, la cancelación de la sana distancia entre el gobierno y el
partido, el regreso del delfín al gabinete presidencial y el consecuente
rompimiento con el salinismo sirven a un único propósito, el de recordarnos
que, a pesar del deterioro de la investidura presidencial y de sus índices de aprobación
raquíticos, “el que manda es
el presidente y nadie más”.
El circo que ha
montado Enrique Peña Nieto, no obstante, no entretiene a un público más
interesado y mejor informado que aquel romano. El arresto del criminal [sic, por la presunción de inocencia], ocurrido en medio de un proceso
electoral que llevará al límite la amistad entre el PRI y el PAN en el Estado
de México, bastión del tricolor, serviría para reafirmar el compromiso del
Ejecutivo peñista con el combate contra la corrupción y para distraer la
atención mediática de las otras tragedias del sexenio —incluida la que
protagoniza Yarrington, de alcances insospechados—, pero, al mismo tiempo,
devolverá a las primeras planas la complicidad entre Peña Nieto y Duarte, el financiamiento ilegal de la campaña presidencial
del primero por el segundo, la protección del primero al segundo. En lo electoral, los daños colaterales
del escándalo podrían salpicar a Margarita Zavala, por la vía
conyugal, debido a que su
esposo hizo caso omiso al desfalco veracruzano, entre 2010 y 2012 y mojar a Andrés Manuel López Obrador, debido a los
supuestos acuerdos que habrían ayudado a su partido convertirse en la
segunda fuerza política en Veracruz, en 2016…
Probablemente, a los
romanos no les divirtieran tanto los juegos de circo, los cuales terminaban
siempre con una exhibición de la “divina voz” de Nerón, como los ad bestias.
En un acto
ejemplarizante, pero inútil, el sistema ha arrojado a uno de los suyos a los
leones. El sacrificado, el chivo expiatorio de los pecados de una clase
política corrupta y excesiva le devuelve una sonrisa estúpida.







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