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martes, 20 de junio de 2017

Día del Padre, de andar cansado con 60 y tantos años de esperanza por Alberto Jiménez Merino

20 de Junio de 2017

                                                                                 Alberto Jiménez Merino
                                               Director del Centro de Innovaciones Agroalimentarias y Tecnológicas

Soltar los bueyes a las cuatro de la mañana y cuidarlos para que comieran y al llegar el amanecer ponerles el yugo y pegar el arado para iniciar las actividades agrícolas. Lo recuerdo muy bien, esa fue una de las primeras instrucciones y enseñanzas de mi padre, en ese entonces, desde que yo tenía cuatro años, todas fueron relacionadas con el trabajo que realizaba la familia.

No había tiempo para amanecer en el petate; aún no había camas… tampoco había tiempo para jugar, ni había juguetes ni medios para comprarlos. Trabajar, medio comer y descansar y, a partir de mis 7 años, ir a la escuela. Al regresar comenzaban nuevamente las tareas del campo o de la casa.  No había más rutina que esa. De acuerdo con las valoraciones actuales eso podría denominarse explotación infantil, para mí son las prácticas familiares de las que siempre estaré muy agradecido. A la fecha, no encuentro aún otra forma de aprender que no sea haciendo las cosas.

Mi padre fue quien me enseñó los trabajos del campo y el gusto por la agricultura, por la ganadería y mi relación con los peces. Agricultor, cuidador de animales y pescador forman parte de mi currículum de origen. También fui leñador, sembrador, cultivador y cosechador; acarreador de agua, llevar el nixtamal al molino, vendedor de limón, sandía y guaje, se  agregaron después.
Y mi padre también me enseñó a tener fe y  esperanza. A salir adelante aún en la mayor adversidad. La fe, la certeza de que las cosas se pueden lograr, da mucho poder y seguridad. Y la esperanza, la espera optimista, es lo último que se debe perder, lo último que debe morir en un ser humano.

Honrar la palabra, ser leal a lo que piensas y crees para actuar con base a ello y no a lo que piensan, creen o desean los demás, forma parte importante de las enseñanzas recibidas de un hombre que solo pudo llegar con dificultades al segundo año de primaria.
Nació en Tecomatlán, Puebla. Dedicado al trabajo, hombre íntegro y formal. Padre de 11 hijos. De carácter fuerte y bajo circunstancias de presión, un poco salvaje en el trato con sus hijos. Sin tiempo para para un abrazo o un beso cariñoso. Casi sin palabras para expresar alegría o transmitir su amor paterno. Como todos los padres y madres, quería siempre lo mejor para sus hijos. Pero no sabía cómo hacerlo. Y con orientación de amigos, logró varias hazañas.

Uno de los primeros días de junio de 1971 que estábamos desayunando, sentados sobre el surco de un cultivo de cacahuate y debajo de un árbol de guaje verde, me preguntó que si quería seguir estudiando. Ya tenía más de un mes que mi maestro de quinto año lo había llamado, junto con mi madre, para decirles que me apoyaran para seguir haciéndolo.
Fue entonces que le contesté con objetividad, poca fe y reducida esperanza, sabiendo de las limitaciones económicas prevalentes: “si se pudiera, me gustaría”. No dijo nada. Unos minutos después, se paró, me dió instrucciones para el resto del día y se fue. Después de la media noche y tras una “normal” discusión con mi madre, supe que había conseguido una beca para que yo estudiara el sexto año de primaria en el Internado José Amarillas de Tlaxcala. 

Con esa gran gestión de mi padre, el apoyo de mi maestro y el apoyo permanente de mi madre, salí de mi pueblo el 2 de septiembre de 1971. Luego vino la secundaria en Panotla, gestión magistral que mi madre hizo y, después Chapingo, con el apoyo indiscutible de Rubén Sanluis Meneses.
Mi padre ha sido un sembrador. Unas semanas después de mi partida y habiéndose agotado las tierras para sembrar sandía en Tecomatlán, decidió mudarse con la familia a Tehuitzingo, en octubre de 1971. Y fue a ese lugar para convertirse en el primer sembrador de ese fruto en la historia del pueblo, pero también de jitomate. Allí se asentó la familia después de peregrinar por varios campos de Tehuitzingo.

Miguel Jiménez Veliz, mi padre, ha sido más recientemente el primer sembrador  de pastizales. Me acompañó cuando propuse al ex gobernador de Puebla, Manuel Bartlet Díaz, el proyecto regional de la Mixteca Poblana en el año 1994. Es también el primer sembrador de bambú, de jatropha, es criador de tilapia y de pescado bagre y, en los últimos 5 años,  el primer cultivador de higos.

Un padre imperfecto como lo somos todos nosotros, pero un gran maestro y guía para formar gente de bien, que reconocemos en el trabajo la única vía valedera para el progreso. Porque si no puedes dar a los demás, por lo menos, no les quites. Si no les puedes ayudar a resolver sus problemas, no les des más.

Por todo lo anterior, un reconocimiento a mi padre, pero también a todos los padres, seres humanos que siempre buscan lo mejor para sus hijos y que son pilares fundamentales para seguir formando personas de bien.   

viernes, 16 de junio de 2017

Celebremos, consiéntanos y tomemos a papá. por Claudia Osorno Bermúdez

16 de Junio de 20117 

Que nos dice el diccionario de ser papá esto es lo que nos dice:
 El padre es, en un contexto biológico, aquel ser vivo de sexo masculino que ha tenido descendencia directa. El término recíproco es hijo.  En el caso de los mamíferos como el ser humano, el padre concibe a su hijo tras la cópula con la futura madre, resultando en la reproducción sexual.

“Sin el espermatozoide que aportan los hombres, las mujeres serían estériles. El espermatozoide es el que aporta toda la fuerza de la vida para poder avanzar por el cuerpo femenino hasta el óvulo y fecundarlo; es ese proceso biológico el que se ve reflejado en todos los aspectos de la vida”.  Mónica Giraldo Paerez 

Pero no es solo eso es mucho más es TOMAR AL PADRE  ES TENER LA FUERZA PARA IR HACIA EL MUNDO.
Es importante tener claridad que nuestra madre, no sería nuestra madre si no existiera nuestro padre y viceversa, esa es la unidad que llamamos PADRES y debemos ser conscientes que somos el resultado de esa unidad, de esa unión perfecta que se dio en el momento perfecto.
Un hijo necesita de padre y madre ya que somos 50% mamá y 50% papá y cada uno de ellos tiene el 50% de sus padres y así todas las generaciones hacía atrás, decir, somos 50% energía masculina y 50% energía femenina. Cuando una madre excluye al padre de su hijo, está borrando ese otro 50% que él tiene y lo que es peor, el inconsciente de ese hijo interpreta que tiene un 50% que no sirve o que no es tan bueno y ese hijo lo va a vivir como bloqueos en su vida profesional por dar un ejemplo. 
Bert Helliger ha sido claro al decir que al padre se le toma a través de la madre, es la madre la que da el permiso para tomar al padre.  
La relación madre e hijo se da desde la gestación y hasta los primeros 12 años de vida del hijo, él está contenido por su madre y lo que implica la energía femenina que lo mantiene cerca del sistema familiar y sistémicamente hablando, estar cerca del sistema familiar significa que está rodeado, protegido por todo lo que ayuda a mantener la vida, es decir, se siente a salvo.
Cuando el hijo crece y empieza a salir  a interactuar con otros sistemas familiares y otras dinámicas de supervivencia, lo que se necesita es  que la relación padre e hijo se dé y de esta manera se involucre la fuerza de la energía masculina que es primordial para salir al mundo, a la vida que a veces se vuelve difícil, competitiva y hasta peligrosa, en la que puede estar comprometida su supervivencia, es importante para que el hijo se reconozca en su padre y en sus ancestros y tenga la fuerza que necesita para ir al mundo y a la vida.
Lo que comúnmente sucede es que la madre no está en disposición de entregarle el hijo al padre, puede ser por alguna historia de dolor que hace que una madre no dé el permiso e impide hacer el movimiento de toma del padre y por ende, el hijo tampoco puede hacer este movimiento. Desde el punto de vista de los hijos cuando este movimiento o este paso no se da, lo que le ocurre al hijo es que es difícil ver al padre y entra en conflicto, se siente dividido o termina por revelarse contra su madre.  No importa lo que yo como madre de mi hijo pienso del padre, si es o no adecuado no importa, lo claro que debo tener es que ese es el padre de mi hijo y sin él no hubiera podido ser madre de ese hijo y la fuerza que él necesita para afrontar la vida viene de ese hombre que yo escogí, no puede haber otro.
Cuando una madre no puede ver a ese hombre como el padre de sus hijos, como aquel que ella escogió, como ese hombre del que recibió su semen, engendró y tuvo un hijo de ese hombre y aun así no puede tomar de ese hombre la vida que él en ella puso y cuando ve a su hijo y no logra ver en él la presencia de ese hombre, es difícil que este hijo pueda ver a su padre. Es a través de la madre que el hijo puede Tomar al Padre.

Con nuestro padre, tomamos toda aquella energía del mundo exterior, es la energía que nos hace ir hacia afuera, hacía el logro de nuestras metas, hacía los objetivos que nos trazamos en la vida; es esa energía que viene de nuestro padre la que nos ayuda a poner límites en todos los ámbitos de nuestra vida. Cuando solo tomamos a nuestra madre, hay soledad y aislamiento.
Cuando se Toma a Papá estamos tomando la energía masculina que debemos integrar junto con la energía femenina que viene de nuestra madre y que hemos tomado de ella. En el instante que hacemos la toma de ambos padres, estamos equilibrando la energía en nuestro interior y a partir es más fácil poder fluir en la vida de manera adecuada y sintiéndonos bien con nosotros mismos.
Para contextualizar un poco más, debemos recordar que la mujer es mas de retener (en el útero las madres contienen e igual sigue siendo afuera) y el hombre es mas de soltar, el hombre es el encargado de darle la fuerza al hijo para ir a la vida con todo lo que se necesita.  El padre es quien empuja para ir hacía el mundo con fuerza y seguridad.
“Muchos problemas con los niños también se producen porque no pueden acceder al padre. Solamente la madre puede abrir el camino al padre, con lo cual tiene un poder tremendo. Pero nadie más puede franquear el camino al padre”.  Bert Hellinger

Tomar al padre implica, igualmente que como con la madre, tomarlo como es, sin juzgar, porque cuando lo juzgamos perdemos la fuerza que viene él. Lo que hay que hacer es pararse en el aquí y ahora, desde el adulto y hacerse responsable de su propia vida.
Cuando una persona toma la vida como es, cuando entiende y comprende que la vida es como es y honra la vida que vino a través de sus padres y que ellos son como son y agradece lo que le toca, entonces está dando gracias desde lo profundo, que es estar vivo y se permite estar al servicio de la vida, logrando con ello ser creativo e ir hacía la vida con la fuerza necesaria.
Elegir en el aquí y el ahora y de esta manera experimentar vivir diferente mis relaciones conmigo mismo, con los otros y hasta con mi propia historia, hace que me abra a la vida y desde el adulto que ya soy, honrar y aceptar lo que fue y lo que es, de esta manera puedo evolucionar,  de lo contrario sigo estando en el niño que vive de juzgar, exigir  y reprochar a sus padres y con ellos a la vida misma.
Es importante tener conciencia que todos tenemos obstáculos en la vida pero que de nosotros depende elegir algo diferente y con ello lograr abrirnos a la vida, esto solo lo puede desde el hijo adulto y no desde el hijo niño.
En resumen, qué viene con la toma del padre?
·         Podemos tener la fuerza para tomar decisiones
·         Logramos trazarnos objetivos y metas y alcanzarlas
·         Nos aporta la capacidad de sentirnos cómodos con nosotros mismos
·         Tener claridad mental
·         Tener la capacidad de conocer y poner limites
·         Podemos asumir con fuerza las tareas que nos trazamos

·         Claridad matemática
·         Capacidad para emprender negocios
·         Tener realización profesional

Espero que esta columna les ayude a Tomar al Padre es tan importante para nuestras vidas y la de nuestras futuras generaciones.
No juzguemos no seamos jueces solo demos gracias por existir y que cena parte de nuestra vida.
 A AGRADECELO.

Gracias Don Rafales Osorno González por existir, por ser parte de mí.
Gracias Don Luis Bermúdez Galicia por tu amor, educación, sentimientos, amor y tú legado.
Gracias Don Raymundo Bermúdez y Campos por su apoyo a mi madre.
Gracias Don Julio y Eutiquio Bermúdez Peñuela por su amor incondicional siempre.

Que tengan unos días llenos de letras y de sentimientos hermosos.

Dios les bendiga.


Espero sus comentarios.
cob_661104@hotmail.com

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martes, 20 de junio de 2017

Día del Padre, de andar cansado con 60 y tantos años de esperanza por Alberto Jiménez Merino

20 de Junio de 2017

                                                                                 Alberto Jiménez Merino
                                               Director del Centro de Innovaciones Agroalimentarias y Tecnológicas

Soltar los bueyes a las cuatro de la mañana y cuidarlos para que comieran y al llegar el amanecer ponerles el yugo y pegar el arado para iniciar las actividades agrícolas. Lo recuerdo muy bien, esa fue una de las primeras instrucciones y enseñanzas de mi padre, en ese entonces, desde que yo tenía cuatro años, todas fueron relacionadas con el trabajo que realizaba la familia.

No había tiempo para amanecer en el petate; aún no había camas… tampoco había tiempo para jugar, ni había juguetes ni medios para comprarlos. Trabajar, medio comer y descansar y, a partir de mis 7 años, ir a la escuela. Al regresar comenzaban nuevamente las tareas del campo o de la casa.  No había más rutina que esa. De acuerdo con las valoraciones actuales eso podría denominarse explotación infantil, para mí son las prácticas familiares de las que siempre estaré muy agradecido. A la fecha, no encuentro aún otra forma de aprender que no sea haciendo las cosas.

Mi padre fue quien me enseñó los trabajos del campo y el gusto por la agricultura, por la ganadería y mi relación con los peces. Agricultor, cuidador de animales y pescador forman parte de mi currículum de origen. También fui leñador, sembrador, cultivador y cosechador; acarreador de agua, llevar el nixtamal al molino, vendedor de limón, sandía y guaje, se  agregaron después.
Y mi padre también me enseñó a tener fe y  esperanza. A salir adelante aún en la mayor adversidad. La fe, la certeza de que las cosas se pueden lograr, da mucho poder y seguridad. Y la esperanza, la espera optimista, es lo último que se debe perder, lo último que debe morir en un ser humano.

Honrar la palabra, ser leal a lo que piensas y crees para actuar con base a ello y no a lo que piensan, creen o desean los demás, forma parte importante de las enseñanzas recibidas de un hombre que solo pudo llegar con dificultades al segundo año de primaria.
Nació en Tecomatlán, Puebla. Dedicado al trabajo, hombre íntegro y formal. Padre de 11 hijos. De carácter fuerte y bajo circunstancias de presión, un poco salvaje en el trato con sus hijos. Sin tiempo para para un abrazo o un beso cariñoso. Casi sin palabras para expresar alegría o transmitir su amor paterno. Como todos los padres y madres, quería siempre lo mejor para sus hijos. Pero no sabía cómo hacerlo. Y con orientación de amigos, logró varias hazañas.

Uno de los primeros días de junio de 1971 que estábamos desayunando, sentados sobre el surco de un cultivo de cacahuate y debajo de un árbol de guaje verde, me preguntó que si quería seguir estudiando. Ya tenía más de un mes que mi maestro de quinto año lo había llamado, junto con mi madre, para decirles que me apoyaran para seguir haciéndolo.
Fue entonces que le contesté con objetividad, poca fe y reducida esperanza, sabiendo de las limitaciones económicas prevalentes: “si se pudiera, me gustaría”. No dijo nada. Unos minutos después, se paró, me dió instrucciones para el resto del día y se fue. Después de la media noche y tras una “normal” discusión con mi madre, supe que había conseguido una beca para que yo estudiara el sexto año de primaria en el Internado José Amarillas de Tlaxcala. 

Con esa gran gestión de mi padre, el apoyo de mi maestro y el apoyo permanente de mi madre, salí de mi pueblo el 2 de septiembre de 1971. Luego vino la secundaria en Panotla, gestión magistral que mi madre hizo y, después Chapingo, con el apoyo indiscutible de Rubén Sanluis Meneses.
Mi padre ha sido un sembrador. Unas semanas después de mi partida y habiéndose agotado las tierras para sembrar sandía en Tecomatlán, decidió mudarse con la familia a Tehuitzingo, en octubre de 1971. Y fue a ese lugar para convertirse en el primer sembrador de ese fruto en la historia del pueblo, pero también de jitomate. Allí se asentó la familia después de peregrinar por varios campos de Tehuitzingo.

Miguel Jiménez Veliz, mi padre, ha sido más recientemente el primer sembrador  de pastizales. Me acompañó cuando propuse al ex gobernador de Puebla, Manuel Bartlet Díaz, el proyecto regional de la Mixteca Poblana en el año 1994. Es también el primer sembrador de bambú, de jatropha, es criador de tilapia y de pescado bagre y, en los últimos 5 años,  el primer cultivador de higos.

Un padre imperfecto como lo somos todos nosotros, pero un gran maestro y guía para formar gente de bien, que reconocemos en el trabajo la única vía valedera para el progreso. Porque si no puedes dar a los demás, por lo menos, no les quites. Si no les puedes ayudar a resolver sus problemas, no les des más.

Por todo lo anterior, un reconocimiento a mi padre, pero también a todos los padres, seres humanos que siempre buscan lo mejor para sus hijos y que son pilares fundamentales para seguir formando personas de bien.   

viernes, 16 de junio de 2017

Celebremos, consiéntanos y tomemos a papá. por Claudia Osorno Bermúdez

16 de Junio de 20117 

Que nos dice el diccionario de ser papá esto es lo que nos dice:
 El padre es, en un contexto biológico, aquel ser vivo de sexo masculino que ha tenido descendencia directa. El término recíproco es hijo.  En el caso de los mamíferos como el ser humano, el padre concibe a su hijo tras la cópula con la futura madre, resultando en la reproducción sexual.

“Sin el espermatozoide que aportan los hombres, las mujeres serían estériles. El espermatozoide es el que aporta toda la fuerza de la vida para poder avanzar por el cuerpo femenino hasta el óvulo y fecundarlo; es ese proceso biológico el que se ve reflejado en todos los aspectos de la vida”.  Mónica Giraldo Paerez 

Pero no es solo eso es mucho más es TOMAR AL PADRE  ES TENER LA FUERZA PARA IR HACIA EL MUNDO.
Es importante tener claridad que nuestra madre, no sería nuestra madre si no existiera nuestro padre y viceversa, esa es la unidad que llamamos PADRES y debemos ser conscientes que somos el resultado de esa unidad, de esa unión perfecta que se dio en el momento perfecto.
Un hijo necesita de padre y madre ya que somos 50% mamá y 50% papá y cada uno de ellos tiene el 50% de sus padres y así todas las generaciones hacía atrás, decir, somos 50% energía masculina y 50% energía femenina. Cuando una madre excluye al padre de su hijo, está borrando ese otro 50% que él tiene y lo que es peor, el inconsciente de ese hijo interpreta que tiene un 50% que no sirve o que no es tan bueno y ese hijo lo va a vivir como bloqueos en su vida profesional por dar un ejemplo. 
Bert Helliger ha sido claro al decir que al padre se le toma a través de la madre, es la madre la que da el permiso para tomar al padre.  
La relación madre e hijo se da desde la gestación y hasta los primeros 12 años de vida del hijo, él está contenido por su madre y lo que implica la energía femenina que lo mantiene cerca del sistema familiar y sistémicamente hablando, estar cerca del sistema familiar significa que está rodeado, protegido por todo lo que ayuda a mantener la vida, es decir, se siente a salvo.
Cuando el hijo crece y empieza a salir  a interactuar con otros sistemas familiares y otras dinámicas de supervivencia, lo que se necesita es  que la relación padre e hijo se dé y de esta manera se involucre la fuerza de la energía masculina que es primordial para salir al mundo, a la vida que a veces se vuelve difícil, competitiva y hasta peligrosa, en la que puede estar comprometida su supervivencia, es importante para que el hijo se reconozca en su padre y en sus ancestros y tenga la fuerza que necesita para ir al mundo y a la vida.
Lo que comúnmente sucede es que la madre no está en disposición de entregarle el hijo al padre, puede ser por alguna historia de dolor que hace que una madre no dé el permiso e impide hacer el movimiento de toma del padre y por ende, el hijo tampoco puede hacer este movimiento. Desde el punto de vista de los hijos cuando este movimiento o este paso no se da, lo que le ocurre al hijo es que es difícil ver al padre y entra en conflicto, se siente dividido o termina por revelarse contra su madre.  No importa lo que yo como madre de mi hijo pienso del padre, si es o no adecuado no importa, lo claro que debo tener es que ese es el padre de mi hijo y sin él no hubiera podido ser madre de ese hijo y la fuerza que él necesita para afrontar la vida viene de ese hombre que yo escogí, no puede haber otro.
Cuando una madre no puede ver a ese hombre como el padre de sus hijos, como aquel que ella escogió, como ese hombre del que recibió su semen, engendró y tuvo un hijo de ese hombre y aun así no puede tomar de ese hombre la vida que él en ella puso y cuando ve a su hijo y no logra ver en él la presencia de ese hombre, es difícil que este hijo pueda ver a su padre. Es a través de la madre que el hijo puede Tomar al Padre.

Con nuestro padre, tomamos toda aquella energía del mundo exterior, es la energía que nos hace ir hacia afuera, hacía el logro de nuestras metas, hacía los objetivos que nos trazamos en la vida; es esa energía que viene de nuestro padre la que nos ayuda a poner límites en todos los ámbitos de nuestra vida. Cuando solo tomamos a nuestra madre, hay soledad y aislamiento.
Cuando se Toma a Papá estamos tomando la energía masculina que debemos integrar junto con la energía femenina que viene de nuestra madre y que hemos tomado de ella. En el instante que hacemos la toma de ambos padres, estamos equilibrando la energía en nuestro interior y a partir es más fácil poder fluir en la vida de manera adecuada y sintiéndonos bien con nosotros mismos.
Para contextualizar un poco más, debemos recordar que la mujer es mas de retener (en el útero las madres contienen e igual sigue siendo afuera) y el hombre es mas de soltar, el hombre es el encargado de darle la fuerza al hijo para ir a la vida con todo lo que se necesita.  El padre es quien empuja para ir hacía el mundo con fuerza y seguridad.
“Muchos problemas con los niños también se producen porque no pueden acceder al padre. Solamente la madre puede abrir el camino al padre, con lo cual tiene un poder tremendo. Pero nadie más puede franquear el camino al padre”.  Bert Hellinger

Tomar al padre implica, igualmente que como con la madre, tomarlo como es, sin juzgar, porque cuando lo juzgamos perdemos la fuerza que viene él. Lo que hay que hacer es pararse en el aquí y ahora, desde el adulto y hacerse responsable de su propia vida.
Cuando una persona toma la vida como es, cuando entiende y comprende que la vida es como es y honra la vida que vino a través de sus padres y que ellos son como son y agradece lo que le toca, entonces está dando gracias desde lo profundo, que es estar vivo y se permite estar al servicio de la vida, logrando con ello ser creativo e ir hacía la vida con la fuerza necesaria.
Elegir en el aquí y el ahora y de esta manera experimentar vivir diferente mis relaciones conmigo mismo, con los otros y hasta con mi propia historia, hace que me abra a la vida y desde el adulto que ya soy, honrar y aceptar lo que fue y lo que es, de esta manera puedo evolucionar,  de lo contrario sigo estando en el niño que vive de juzgar, exigir  y reprochar a sus padres y con ellos a la vida misma.
Es importante tener conciencia que todos tenemos obstáculos en la vida pero que de nosotros depende elegir algo diferente y con ello lograr abrirnos a la vida, esto solo lo puede desde el hijo adulto y no desde el hijo niño.
En resumen, qué viene con la toma del padre?
·         Podemos tener la fuerza para tomar decisiones
·         Logramos trazarnos objetivos y metas y alcanzarlas
·         Nos aporta la capacidad de sentirnos cómodos con nosotros mismos
·         Tener claridad mental
·         Tener la capacidad de conocer y poner limites
·         Podemos asumir con fuerza las tareas que nos trazamos

·         Claridad matemática
·         Capacidad para emprender negocios
·         Tener realización profesional

Espero que esta columna les ayude a Tomar al Padre es tan importante para nuestras vidas y la de nuestras futuras generaciones.
No juzguemos no seamos jueces solo demos gracias por existir y que cena parte de nuestra vida.
 A AGRADECELO.

Gracias Don Rafales Osorno González por existir, por ser parte de mí.
Gracias Don Luis Bermúdez Galicia por tu amor, educación, sentimientos, amor y tú legado.
Gracias Don Raymundo Bermúdez y Campos por su apoyo a mi madre.
Gracias Don Julio y Eutiquio Bermúdez Peñuela por su amor incondicional siempre.

Que tengan unos días llenos de letras y de sentimientos hermosos.

Dios les bendiga.


Espero sus comentarios.
cob_661104@hotmail.com