miércoles, 20 de julio de 2022
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miércoles, 29 de junio de 2022
Cuidar los árboles es calidad de vida
Cuidar los árboles es
calidad de vida
Hace algunos días leía
sobre un programa de reforestación que se está implementando en nuestro país, a
través del cual se contempla la siembra de un millón de hectáreas de árboles
frutales y maderables.
Lo que me pareció más
importante de esta iniciativa es que se habla de que estos ejemplares
permitirán la absorción de casi 4 millones de toneladas de dióxido de
carbono, lo cual es muy relevante, dado el grave contexto del deterioro
medioambiental que atravesamos a nivel regional y mundial.
Precisamente, el próximo
28 de junio se conmemora el Día Mundial del Árbol, con el propósito de recordar
y resaltar la importancia que tienen estos ejemplares en nuestra vida y en la
conservación del medio ambiente, al tiempo de crear conciencia sobre el cuidado
de los recursos provenientes de esta fuente natural.
Los árboles tienen
múltiples funciones con las que participan en el ciclo de la naturaleza. Desde
generar oxígeno hasta ser nuestro mejor aliado contra la crisis climática. Y es
que los árboles son la base de la supervivencia de los seres vivos que habitan
en la Tierra, además de ser el entorno natural perfecto donde se alojan miles
de especies de animales y plantas.
La Comisión Nacional
Forestal (Conafor), ha destacado la importancia de los árboles, ya que de ellos
se obtiene madera y celulosa para crear papel, combustible como leña y carbón,
además de que proporcionan medicina natural.
Pero más allá de ello, los
árboles captan y recargan las fuentes de agua, liberan el oxígeno y capturan el
dióxido de carbono, al tiempo que permiten conservar energía y disminuir la
contaminación.
Un árbol, en un año,
inhala un promedio de 12 kilogramos de bióxido de carbono (CO2) y exhala
oxígeno suficiente para una familia de cuatro personas. Una hectárea de árboles
puede absorber 6 toneladas de bióxido de carbono al año.
Es así que, junto con los
océanos, proteger los bosques supone conservar el método más potente para
absorber CO2. No por nada se les conoce como los pulmones del planeta, incluso
hay estimaciones que establecen que un árbol almacena en promedio unos 22 kilos
de CO2 al año. Las selvas tropicales retienen 250 mil millones de toneladas de
dióxido de carbono, solo en los árboles, lo que equivale a 90 años de emisiones
globales.
Sin embargo, la acción
humana ha destruido ya cerca del 78% de los bosques primarios del planeta y el
22% restante ya se ha visto afectado por la extracción de madera.
Por ello, todas y todos
tenemos en nuestras manos sumarnos a la causa de la reforestación y por
supuesto en la conservación de los recursos naturales.
Sembrar un árbol no es
una cuestión menor, ya que el impacto de esta acción es muy grande. Un ejemplo
de ello es la medición que biólogos y ambientalistas de la Universidad de
California hicieron de los beneficios de que cada persona en el planeta pudiera
sembrar árboles. Al respecto determinaron que si se lograra uno por persona
cada año, en dos décadas tendríamos 160 mil millones de ejemplares nuevos,
reduciendo el impacto ecológico de la actividad humana.
Esto se traduciría en
hojas, tallos y plantas nuevas, que transforman el dióxido de carbono en
carbohidratos para mantenerse fuertes e incluso se podría liberar aire
purificado a la atmósfera.
Por ello, además de tomar
acción inculquemos en las nuevas generaciones el cuidado a los recursos
naturales y al medio ambiente.
Tengamos presente que plantar
un árbol es cultivar la esperanza de una vida mejor por los beneficios que representa
para quienes habitamos este planeta.
miércoles, 22 de junio de 2022
El cambio climático y las lluvias, un gran reto
El
cambio climático y las lluvias, un gran reto
Es
normal que, como cada año, inicie en México la temporada de lluvias, la cual de
la mano de la de huracanes trae consigo precipitaciones pluviales que llaman a
actuar de manera preventiva para evitar contingencias y situaciones que pongan
en peligro a la sociedad.
De
acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) se esperan entre 30 y 40
huracanes en esta temporada. En este sentido, se estima que en el Océano
Pacífico se formen alrededor de 14 a 19 ciclones, mientras que en el Atlántico
se esperan de 16 a 21 fenómenos climáticos de este tipo.
En
este sentido es que Protección Civil, a nivel federal, ha vaticinado que los
meses de agosto y septiembre serán los de mayor lluvia, por lo que Agatha, Blas
y Celia sólo han sido los primeros huracanes de la temporada 2022.
Sin
embargo, a diferencia de otros años, la situación se complica dado el peligro
que representan para la sociedad fenómenos que se podrían presentar de manera
adyacente.
Al
respecto, los meteorólogos especializados aseguran que dentro de este mismo año
habrá una mayor actividad de lluvias en comparación con los demás años, por lo
que será necesario poner mayor atención a las poblaciones que se puedan ver
afectadas.
Hay
que considerar que la manera de llover está cambiando y con ello los riesgos a
los que están expuestas las personas y las comunidades. Se estima que durante
este 2022 habrá hasta un 50% más de actividad fluvial.
Una
investigación dirigida por la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia
(UNSW) examinó los efectos que el cambio climático tendrá en el desarrollo de
tormentas con granizo, y cómo estas varían notablemente según la región.
Los
investigadores señalan que la gravedad en cuanto a la peligrosidad del granizo puede
aumentar en la mayoría de las regiones del mundo.
Este
estudio, publicado en Nature Reviews Earth & Environment, muestra un
resumen global de las tendencias del granizo con observaciones pasadas y las
tendencias futuras proyectadas en modelos con varias simulaciones.
Es
así que se determinó que factores que cambiarían con un clima más cálido y que afectan
al granizo, como una atmósfera inestable, la cantidad de granizo que se derrite
y la cizalladura del viento, darían lugar a tormentas de granizo probablemente
menos frecuentes, pero más intensas.
Si
bien, algunas consecuencias esperadas dentro de esta temporada son las rachas
de viento, deslaves, brotes de dengue, deslaves, crecidas de ríos y arroyos,
entre otras, uno de los efectos más graves es que puede haber inundaciones,
mismas que son resultado del incremento del nivel del agua en superficies donde
usualmente no la hay.
Es
por ello que desafortunadamente, en nuestro país, durante cada temporada de
lluvias tenemos conocimiento de historias lamentables de deslaves, comunidades
incomunicadas, casas que se inundan, cosechas e incluso vidas que se pierden.
Aunado
a ello, la pandemia aún no termina por lo que no debemos dejar de trabajar
juntos, sociedad y gobierno, en las labores preventivas, como son rutas de
evacuación, preparación de albergues, implementación de protocolos de higiene y
sana distancia, con el fin de proporcionar refugio seguro y atención integral a
las familias más vulnerables.
Pero
más allá de ello, debemos en apostarnos como sociedad en mitigar la
contaminación y, por supuesto, el cambio climático. No sólo se trata de no
tirar basura en la calle para evitar que se tape el drenaje, sino de un cambio
integral de hábitos que nos lleve a bajar la producción de basura y por
supuesto a disminuir la utilización de combustibles fósiles que tanto dañan la
capa de ozono.
No
debemos ver como separados los fenómenos climáticos y la contaminación, ya que
el impacto ambiental del cambio climático aumenta la frecuencia y la intensidad
de los fenómenos meteorológicos extremos, así como la degradación de hábitats y
la extinción de especies.
Siempre
habrá en nuestras manos algo por hacer. Necesitamos urgentemente empezar hoy,
mañana podría ser demasiado tarde e implicar daños irreversibles al planeta y,
sin duda, a nuestra calidad de vida.
miércoles, 15 de junio de 2022
Falta de agua, crisis latente en México
Falta de agua, crisis
latente en México
Actualmente el mundo
atraviesa por diversas crisis que ponen en jaque a la humanidad. Se habla de
crisis económicas, ambientales, de seguridad e incluso de valores, las cuales
sin duda son muy importantes. Sin embargo, muchas veces las naciones pasan por
alto una de las crisis más importante y latente para los seres humanos como es
la de la falta del agua, un líquido vital para la propia vida.
De acuerdo a la
Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNICEF, al menos 2 mil 200 millones
de personas en el planeta carecen del acceso a servicios de agua potable,
gestionados de forma segura.
Desafortunadamente en
nuestro país la situación no es distinta. Hace algunos días, la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (CIDH) publicó el V Informe Anual de la Relatoría Especial
sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (REDESCA) 2021 en
el cual advirtió su preocupación por los elevados índices de falta de agua en
México, ya que estima puede provocar una “crisis social sin precedentes”.
La Relatoría Especial ha
tomado nota de un estudio elaborado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua)
en 2019, que precisa que más del 80% de 95 sitios de monitoreo de la calidad superficial
del agua en el estado de Puebla, que incluye ríos, cuencas y presas, se
encuentran en semáforo rojo por “fuerte contaminación” y “contaminación”
provocada por la presencia de altas concentraciones de metales pesados,
químicos tóxicos y materia fecal.
En este mismo sentido,
cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) confirmaron
que sólo la tercera parte de las viviendas (471 mil 226) reciben agua a diario;
302 mil 709, cada tercer día; 259 mil 200, dos veces por semana; 222 mil 851,
una vez por semana; 92 mil 005, de vez en cuando, y más de 170 mil 352 hogares
no reciben agua. Situación que se ve exacerbada en las comunidades rurales.
Es importante destacar
que México ha enfrentado en 2021 una de las sequías más severas y extendidas en
décadas. Más de 50 millones de personas experimentan algún tipo de escasez,
según investigadores científicos de dentro y fuera de México.
En concreto, en el país, entre
12.5 y 15 millones de habitantes no tienen acceso a agua potable, esto representa
aproximadamente al 10% de la población, sin embargo, entre quienes sí acceden,
casi un 30% no cuenta con la cantidad ni la calidad suficiente.
Por otra parte, es relevante
que México es uno de los 25 países del mundo que enfrenta un mayor estrés hídrico,
según el Instituto de Recursos Mundiales.
Tomando en consideración
este marco, la Relatoría Especial ha manifestado que el derecho a la vida, a la
alimentación, a la vivienda, a la salud, al agua y a un ambiente sano se están
viendo y se verán cada vez más impactados por la emergencia climática,
provocando una crisis social sin precedentes, que además se suma a la generada
por la pandemia.
Es así que este organismo
mira con preocupación que, dado los elevados índices de falta de dotación de
agua en varios lugares del país, esto pueda verse exacerbado con el incremento
de temperaturas, poniendo en riesgo la garantía de derechos y la posibilidad de
tener una vida digna de millones de personas.
Recordemos que hace un
poco más de una década, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció el
derecho de todos los seres humanos a tener acceso a una cantidad de agua
suficiente para el uso doméstico y personal, segura, aceptable y asequible, así
como accesible físicamente.
Como lo he mencionado en
el pasado en este mismo espacio, es necesario que tengamos presente que sin
agua no hay vida.
Es por ello que insisto
en que el llamado es a actuar y sumar esfuerzos entre todos los sectores:
público, privado, social, académico, especialistas y la ciudadanía en general,
para generar mecanismos que abonen a una estrategia integral a favor de la
adecuada conservación del agua.
miércoles, 8 de junio de 2022
Hambruna, tormenta perfecta dentro de la tormenta perfecta
Hambruna,
tormenta perfecta dentro de la tormenta perfecta
Hace algunos meses expresaba que el país y el mundo
enfrentaban una “tormenta perfecta”, derivada de la recesión económica y las
expectativas negativas en este rubro, lo cual se vio gravemente complicado por
la crisis sanitaria en la que nos sumergió la pandemia por Covid-19. Parecería
que nada más podría sumarse a este pésimo escenario ¿o sí?
Teniendo como marco el Foro Económico Mundial de Davos,
el propio director del Programa Mundial de Alimentos de la Naciones Unidas,
David Beasley, manifestó que el mundo se enfrenta a una "tormenta
perfecta... dentro de una tormenta perfecta", al advertir una inminente crisis
alimentaria a nivel global. En este sentido, dio a conocer que hay 49 millones
de personas en 43 países en la puerta del hambre y que el mundo se enfrentará a
hambrunas, desestabilización y migraciones masivas si no nos adelantamos al
problema.
Hay diversos factores que nos han colocado en esta
grave situación, como son la crisis climática, la pandemia, el aumento en los
costos de los alimentos, fertilizantes y el combustible, sin embargo la guerra
entre Rusia y Ucrania ha contribuido notablemente a complicar la ya
convulsionada etapa en la que estamos. El presidente del Comité de Seguridad
Alimentaria de Naciones Unidas, Gabriel Ferrero, vaticina que incluso podríamos
estar ante la crisis alimentaria "más grave desde la II Guerra
Mundial".
Antes de la guerra, la exportación conjunta de Rusia y
Ucrania suponía el 30% del comercio mundial. Tan sólo Ucrania podía alimentar a
unos 400 millones de personas con su producción de granos. Esto lo colocaba
como quinto exportador mundial de trigo y otros cereales con el 10% del mercado
global, lo que representa unas 20 millones de toneladas. Sin embargo, a raíz de
los conflictos, Rusia ha bloqueado la salida de estos insumos a países de
África, Medio Oriente y Europa. Asimismo, se habla de que las fuerzas rusas
están robando miles de toneladas de granos ucranianos e incluso la maquinaria agrícola
de las granjas y almacenes que van conquistando.
Aunado a ello, Rusia ha atacado a Odesa, el principal
puerto exportador de Ucrania, lo cual lo hace totalmente inaccesible para que
pueda salir el grano y coloca a millones de personas de diversas naciones al
borde de la inanición, un problema que se ha agravado en los últimos años.
Un estudio interagencial de la ONU revela que la
crisis económica de 2020, derivada en gran parte de la pandemia de COVID-19,
detonó uno de los mayores aumentos del hambre en el mundo en décadas, afectando
a casi todos los países de renta baja y media. Fue así que cerca de 193
millones de personas de 53 países sufrieron hambre en “niveles de crisis o
peores”, lo que supone un aumento de 40 millones en el año transcurrido entre
2020 y 2021.
El Estado de la seguridad alimentaria y la nutrición
en el mundo, elaborado de manera conjunta por la Organización de las Naciones
Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de
Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el
Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia (UNICEF), cifra en 811 millones el número de personas subalimentadas
en 2020, cerca de la décima parte de la población mundial.
Del número total de personas desnutridas en 2020, más
de la mitad (418 millones) vive en Asia y más de un tercio (282 millones) en
África, mientras que en América Latina y el Caribe habita el 8% (60 millones).
Aun en América del Norte y Europa, donde se encuentran las tasas más bajas de
inseguridad alimentaria, la incidencia del lastre aumentó por primera vez.
Es así que, hoy más que nunca, debemos sentir cercano
y nuestro el conflicto Rusia-Ucrania, así como la interconexión y fragilidad de
los sistemas alimentarios mundiales, ya que de manera ineludible acarreará consecuencias
para la seguridad alimentaria y nutricional global.
Es necesario cambiar la óptica con que se aborda el
problema. Ninguna nación se puede sentir ajena a estos conflictos, porque tarde
o temprano sufrirá las repercusiones. La paz en el mundo es urgente, no sólo
para vivir en un mejor mundo, sino porque la necesitamos para, incluso,
sobrevivir.
miércoles, 1 de junio de 2022
La embestida de los ultraprocesados en la salud
La embestida de los ultraprocesados en
la salud
Comer es uno de los grandes placeres
del mundo. Es una actividad que se disfruta por la amplia variedad de la
gastronomía, pero también es una necesidad ya que es a través de ésta que el
cuerpo obtiene los nutrimentos necesarios para su correcto funcionamiento.
Es por ello que el comer para el ser
humano se convierte en algo vital, pues más allá de la cantidad, está
supeditado a la calidad de los alimentos, debido al impacto que estos tienen en
el organismo y por ende en la salud.
Desafortunadamente, en la actualidad,
el mundo se encuentra en alerta por la embestida que la llamada “comida
chatarra” está teniendo en el ser humano, un ataque que merma su salud y su
calidad de vida.
De acuerdo a la Encyclopedia
of Junk and Fast Food,
la comida chatarra es una denominación del argot para los alimentos con valor nutricional
limitado. Por lo general, ofrecen poco en términos de proteínas, vitaminas o
minerales y en cambio aportan una gran cantidad de calorías de
azúcar o grasa, lo que se ha denominado con el término de “calorías vacías”.
Los alimentos chatarra tienen un alto
contenido de sal, azúcar, grasas
o calorías, así como un bajo contenido de otros nutrientes. Dentro de estas
comidas chatarra se encuentran los snacks salados, golosinas, goma de mascar, los postres
dulces, la comida frita y las bebidas azucaradas.
Dentro del sistema NOVA, aplicado por la Organización
Panamericana de la Salud (OPS), el cual clasifica los alimentos según la
naturaleza, la finalidad y el grado de procesamiento, se podría decir que la
comida chatarra es parte de los productos denominados como “ultraprocesados”.
Estos son formulaciones industriales fabricadas
íntegra o mayormente con sustancias extraídas de alimentos (aceites, grasas,
azúcar, almidón, proteínas), derivadas de constituyentes de alimentos (grasas
hidrogenadas, almidón modificado) o sintetizadas en laboratorios a partir de materias
orgánicas como petróleo y carbón (colorantes, aromatizantes, resaltadores de
sabor y diversos tipos de aditivos usados para dotar a los productos de
propiedades sensoriales atractivas).
Un informe de la propia OPS revela que la venta per
cápita de los productos ultraprocesados ha ido creciendo rápidamente en América
Latina. Tan sólo entre el 2000 y el 2013, crecieron 26.7% en Argentina,
Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador,
Guatemala, México, Perú, Uruguay y Venezuela.
De acuerdo a la OPS la venta de bebidas azucaradas y
productos ultraprocesados en México es la más alta en toda América Latina, con
una venta de 214 kg. de productos y bebidas per cápita, casi el doble del
promedio de la región, lo que lo coloca a nuestro país en el cuarto escaño a nivel
mundial en estas categorías.
Asimismo, en las últimas tres décadas,
el consumo de ultraprocesados en el país se ha duplicado, por lo que casi un
tercio de la ingesta diaria de energía de los mexicanos proviene de estos
productos, con lo cual incluso se ha reemplazado el de alimentos tradicionales.
Este consumo se ha asociado con el aumento del peso
corporal, lo que indica que estos productos son un impulsor de las crecientes
tasas de sobrepeso y obesidad en la Región.
La Organización Mundial de la Salud
(OMS) confirma que el consumo frecuente de productos ultraprocesados aumenta el
riesgo de sobrepeso, obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y
algunos tipos de cáncer.
Cabe destacar que se estima que actualmente en el mundo hay 2 mil
millones de personas con sobrepeso u obesidad y los médicos vaticinan que para
2030 la mitad de la población mundial tendrá estos padecimientos.
Sin embargo, es muy importante tener
presente que no sólo se trata del físico o la figura de las personas, ya que la
obesidad disminuye la calidad de vida y es un grave problema de salud pública que
está provocando un rápido aumento de la diabetes, las enfermedades
cardiovasculares y el cáncer.
Es así que no extraña saber que más
del 75% de los mexicanos adultos padezcan de sobrepeso u obesidad y que en el 2020
las enfermedades del corazón, relacionadas a la mala alimentación, fueron la
principal causa de muerte en la población con 218 mil 704 pérdidas.
Aunado a ello, los productos
ultraprocesados generan graves impactos en el medio ambiente, desde su
producción hasta su desecho, ya que para su distribución y venta utilizan botellas,
empaques y envolturas plásticas, la mayoría de un sólo uso.
Hoy, más que nunca, necesitamos hacer
consciencia sobre qué es lo que le estamos dando a nuestro cuerpo, así como al
de nuestras familias. Necesitamos preocuparnos de ello, pero sobre todo
ocuparnos de que los alimentos que recibimos realmente nutran y fortalezcan
nuestro organismo.
Tras la pandemia por COVID-19 a todos
nos queda clara la importancia de cuidar la salud. No echemos en saco roto
estas cifras y hagamos lo que corresponde para cuidar nuestra alimentación, que
más allá de comida, se trata de calidad de vida.
miércoles, 25 de mayo de 2022
Proteger el medio ambiente es cuidar nuestro descanso
Proteger el medio
ambiente es cuidar nuestro descanso
A raíz de la vorágine de
cambios que ha provocado en el medio ambiente el calentamiento global, se ha
modificado la forma de ser y estar de los propios seres vivos en el planeta.
Estas repercusiones no
sólo están relacionadas con el propio ecosistema, sino que también tienen una
incidencia muy importante en la salud integral de las personas.
Al respecto, estudios de
la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM, han mostrado evidencia sobre cómo
el cambio climático nos está quitando el sueño, lo cual no aplica solo en un
sentido figurado.
Porque si bien pudiéramos
pensar que la degradación del medio ambiente puede provocar una gran
preocupación entre la humanidad, lo cierto es que el aumento de la temperatura
causada por este fenómeno impide a las personas conciliar el sueño por más de 6
horas continuas.
En este sentido,
especialistas han determinado que el aumento de la temperatura causada por el
cambio climático, repercute en la frecuencia cardiaca, la temperatura corporal
y la oxigenación.
Esto es muy importante,
ya que tener un sueño reparador y agradable no sólo es un placer para el ser
humano, sino que es necesario para su salud y bienestar.
Dormir es un proceso
fisiológico al cual dedicamos -o deberíamos dedicar- un tercio de nuestras
vidas, y es una condición que nos permite pensar claramente, reaccionar rápido
y afianzar la memoria.
De acuerdo con la
Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos, un joven adulto sano debe
dormir un promedio de 7.5 horas, aunque esta cantidad puede variar, pues
depende de factores internos del organismo. Por su parte un niño de preescolar
puede dormir entre 11 o 12 horas y un adulto mayor entre 5 y 6 horas.
Hay estudios que enseñan
que cuando una persona no duerme lo suficiente su habilidad de tomar decisiones
y de asumir ciertos riesgos es diferente. Esto tiene implicaciones importantes
en su trabajo y en su vida. Incluso tiene implicaciones directas para los
estudiantes y su rendimiento académico.
El primer estudio que
investigó y demostró que cuando hace mucho calor las personas no duermen bien, fue
realizado por investigadores encabezados por Nick Obradovich, basado en unos
datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por
sus siglas en inglés) que contaba con información de 765 mil estadounidenses, a
quienes contactaron entre el 2002 y el 2011.
Este estudio fue publicado
en la revista Science Advances y encontró que por cada aumento en un
grado centígrado de temperatura, se producían tres noches adicionales de sueño insuficiente
por cada 100 personas por mes. Lo que se traducía en 110 millones de noches
adicionales de sueño insuficiente por cada grado de elevación cada año en todo
Estados Unidos.
De acuerdo a proyecciones
realizadas por NASA Earth Exchange, si esta relación entre el cambio climático
y el trastorno del sueño persiste, el calor en el futuro podría causar seis
noches adicionales de sueño insuficiente por cada 100 personas para el 2050, y
14 noches adicionales de sueño insuficiente por cada 100 personas para finales
de este milenio.
Ya de por sí en nuestro
país, los investigadores de la UNAM estiman que alrededor del 45% de la
población adulta presenta mala calidad del sueño. Lo anterior se refleja en la
dificultad que las personas tienen para levantarse, así como en constante
somnolencia y cansancio durante las primeras horas de la mañana.
Sin embargo, el no dormir
bien, con calidad y suficiencia, va más allá de simplemente sentirse
descansado. Sin un sueño reparador se tiende a subir de peso, se debilita el
sistema inmunológico y aumenta el riesgo de padecer diabetes, enfermedades
cardiovasculares e hipertensión. Se es más vulnerable a la depresión y a la
ansiedad, la función cognitiva se ve afectada y se acelera el proceso de
envejecimiento.
Es así que se vuelve
imperioso visualizar propuestas de solución ante este grave problema, sin
embargo, la cuestión no es tan fácil como simplemente señalar la necesidad de que
las personas cuenten con sistemas de aire acondicionado que mitiguen el calor
durante sus horas de descanso, ya que sin importar el país, el acceso a estos
aparatos es limitado, dado que su instalación y funcionamiento requiere
recursos económicos adicionales que no todas las familias pueden costear.
No pasemos por alto que
la raíz del problema es el daño al ecosistema, por lo que una verdadera
propuesta que abone a la solución estará en adoptar nuevos hábitos que pongan
freno a la imperante contaminación y explotación de los recursos.
El calentamiento global
requiere de acciones decididas que, literalmente, nos regresen el sueño y sobre
todo contribuyan a mejorar la calidad de vida y un estado general de salud
física, cognitiva y emocional estables. Hoy preguntémonos ¿Qué cambios podemos
emprender para mejorar el ecosistema? y sobre todo llevémoslo a la práctica.
miércoles, 18 de mayo de 2022
Reciclaje, punta del iceberg de la economía circular
Reciclaje, punta del
iceberg de la economía circular
El 17 de mayo a nivel
global se celebró el Día Internacional del Reciclaje, una fecha instaurada por
la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (UNESCO) con el fin de generar conciencia y promover el reciclaje de
todo tipo de residuos, reducir los volúmenes de desechos generados y reutilizar
los materiales para minimizar el impacto de la huella de carbono.
Para muchos de nosotros,
que crecimos con la “regla de las tres R”: reducir, reutilizar y reciclar,
queda clara la importancia del reciclaje, un proceso por el cual una materia o
producto ya utilizado, en principio destinado al desecho, se somete a un
tratamiento para obtener una materia prima o un nuevo producto.
Este proceso contribuye a
disminuir uno de los problemas más graves a los que se enfrenta actualmente la
sociedad como es de la contaminación por basura. Tan solo en Latinoamérica,
cada persona produce un kilo de basura al día y la región en su conjunto,
aproximadamente 541 mil toneladas diarias, lo que representa alrededor de un
10% de la basura mundial.
Tenemos que tener
presente que la contaminación es uno de los claros detonantes de la crisis climática que, de
acuerdo a la propia ONU, es el mayor desafío de nuestro tiempo no sólo contra el
planeta, sino sobre todo contra todos los que lo habitamos.
Los efectos del llamado
cambio climático tienen un alcance mundial con sucesos meteorológicos abruptos
y se manifiestan a través de huracanes, sequías, temperaturas extremas y
lluvias torrenciales, así como inundaciones e incendios, que día a día cobran
altos costos económicos y sociales, además de la vida de cientos de seres
vivos, entre ellos de personas.
Es por ello que el
reciclaje se ha vuelto vital en nuestro tiempo y una práctica que día a día
cobra un mayor auge. De acuerdo a datos de la Asociación Nacional de Industrias
del Plástico (ANIPAC), en el país existen 363 empresas dedicadas al reciclaje
de productos.
La propia ANIPAC da
cuenta que tan sólo en 2021 se reciclaron en México un millón 913 mil toneladas
de residuos plásticos, acción que colocó a la nación como una de las
principales en acciones de economía circular en América Latina.
Precisamente hace algunos
días escribía en este mismo espacio sobre la “economía circular” que, aunque no
es un concepto nuevo, ha ganado gran popularidad en los últimos años como
estrategia para reducir el daño ambiental y promover el desarrollo sustentable
al utilizar y aprovechar al máximo los recursos.
Esta práctica en nuestro
país está sustentada en la recién aprobada Ley General de Economía Circular, a
través de la cual se busca que el valor de los productos, materiales y recursos
se mantengan vigentes dentro del ciclo económico durante el mayor tiempo
posible, para así reducir al mínimo la generación de residuos.
Si bien el reciclaje no
es suficiente para conseguir un modelo productivo respetuoso con el medio
ambiente, sí significa un gran paso en este proceso que abarca -según algunos
conservacionistas-, “nueve R”: repensar, rediseñar, refabricar, reparar,
redistribuir, reducir, reutilizar, reciclar y recuperar energía.
Es por ello que la
economía circular, de la mano del propio reciclaje, tiene la capacidad de
cambiar la realidad de millones de personas en nuestro entorno más cercano y,
por supuesto en todo el planeta.
Incluso la Comisión
Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL), ha recalcado que mejorar la
eficiencia y la vida útil de materiales en nuestra región llevaría a la
creación de cinco millones de empleos.
Algunos pronósticos más positivos
de la firma Dow México, apuntan
hasta 6 millones de empleos en América Latina con una oportunidad de negocio
que ronda los 4.5 billones de dólares.
Tengamos presente que el
reciclaje es la punta del iceberg de toda una serie de movimientos que se
pueden hacer no sólo para apuntalar una industria y con ello la propia economía
de millones de personas, sino sobre todo para actuar ante la urgente crisis
climática.
Promovamos el reciclaje
desde nuestros hogares, también exijámoslo en todas las industrias bajo un
consumo responsable y desde luego actuemos a favor del cuidado del
medioambiente, lo cual nos permitirá poder disfrutar de una mejor calidad de
vida para nosotros y para las nuevas generaciones.
miércoles, 11 de mayo de 2022
miércoles, 27 de abril de 2022
Urgente activar las alarmas por el cambio climático
Urgente activar las alarmas por el cambio climático
Hace algunos días un científico de la NASA se hizo
viral por su conmovedora protesta tras encadenarse con algunos de sus colegas a
un edificio del banco JPMorgan Chase en Los Ángeles. El objetivo de la
manifestación fue llamar la atención sobre el cambio climático en el mundo.
Se trata de Peter Kalmus, científico del Laboratorio
de Propulsión a Chorro de la NASA quien, con lágrimas en los ojos, pide a la
gente que les escuche, diciendo: “Hemos tratado de advertirles por muchas
décadas que nos estamos acercando a una catástrofe y hemos sido ignorados, los
científicos del mundo han sido ignorados y eso tiene que parar”.
Estas escenas, que circularon en un corto video en
redes como Twitter o TikTok llaman mucho la atención y no sólo porque se
asemejan a la trama de la película “Don´t Look Up”, en la que dos
astrónomos intentan sin éxito advertir a la humanidad a través de los medios de
comunicación, del peligro que se avecina tras descubrir que un meteorito
destruirá el planeta Tierra en pocos meses. Más allá de ello, esta protesta se
vuelve relevante por la evidencia que la investigación científica ha aportado para
no subestimar la gravedad del asunto.
El propio Kalmus, en una publicación titulada “Climate
Change: Humanity at a Crossroads”, da cuenta de los peligros a los que como
humanidad estamos expuestos por el cambio climático,
provocado principalmente por las emisiones de dióxido de carbono, el cual es producido por el propio ser humano al utilizar
combustibles fósiles y por la deforestación.
La cifra de dióxido de carbono (CO2) ha incrementado de forma exponencial y constante a
un ritmo del 2.2% anual desde aproximadamente 1790, partiendo de un nivel
preindustrial de 280 ppm. En junio de 2018, la cifra de CO2 atmosférico que
se midió en el observatorio hawaiano de Mauna Loa fue de 411 ppm, frente a las
388 ppm de junio de 2008.
Para muestra de ello, la última década incluyó siete
de los diez años más cálidos de los que se tiene constancia. Estudios vaticinan
que si la temperatura global continúa subiendo a este ritmo, en torno al año
2035 se alcanzará un incremento del 1.5°C y de 2°C para el año 2060.
Este cambio tan sólo en la última década ha producido
el deshielo de los glaciares de montaña, el incremento de los días de calor
extremo, el adelanto de la primavera y la mayor frecuencia de fenómenos como la
sequía, los incendios forestales y otras transformaciones ecológicas, como los
ciclones tropicales y las inundaciones.
Asimismo, las proyecciones indican que el
nivel del mar habrá subido entre 26 y 77 cm en el año 2100 si el calentamiento
es de 1.5°C y 10 cm más si es de 2°C. Aunque este aumento parezca escaso, es
probable que obligue el desplazamiento de 10 millones de personas en todo el
mundo.
Desde el punto de vista alimentario, se
calcula que las pérdidas económicas se situarán en 10 billones de dólares con
un calentamiento de 1.5 °C y de 12 billones si es de 2 °C.
Los riesgos sanitarios aumentan con la
temperatura. Se cree que la proclividad de las zonas secas a la trasmisión de
la malaria aumentará en el 19% con un calentamiento de 1.5°C y el 27% con un
calentamiento de 2°C. Cuanto más aumenten las temperaturas, más proliferarán
los mosquitos Aedes, con lo que se acrecentará la incidencia del dengue, la
chikungunya, la fiebre amarilla y el virus del Zika.
Con un calentamiento de 1.5°C, es probable
que sufran estrés térmico el doble de megalópolis que ahora, con lo que en año 2050
otros 350 millones de personas podrían sufrir olas de calor mortales.
En el año 2100 las cosechas de maíz del mundo
se habrán reducido el 6% con un calentamiento de 1.5 °C y el 9% con un
calentamiento de 2 °C. En este sentido se prevé que la pobreza global aumente
por la situación climática.
Lo anterior son sólo algunos datos que
muestran la gran relevancia del llamado que realiza Kalmus y sus colegas
científicos, exhortando a la humanidad a convertir la acción climática en la
principal prioridad y ponerla incluso por delante del crecimiento económico.
Hoy por hoy esta encrucijada pone en nuestras
manos el dilema, no sólo de analizar lo que están haciendo los gobiernos o el
sector privado al respecto, sino sobre todo a cuestionarnos si nuestro estilo
de vida está abonando o no a combatir esta crisis que tiene en jaque la
supervivencia de todos los seres que habitamos la Tierra.
Hagamos un balance al respecto y tomemos conciencia
de que el clima está cambiando y, por lo mismo, nosotros también deberíamos
hacerlo.
miércoles, 6 de abril de 2022
El bienestar integral empieza por la salud
El bienestar integral empieza por la salud
Ya está en puerta la celebración del Día Mundial de la Salud el próximo
7 de abril. Una fecha que fue instituida en el marco de la conmemoración de la
fundación de la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) y que este año
nos recuerda la importancia de tomar medidas urgentes para mantener la salud de
las personas y del planeta, así como incentivar un cambio para que las
sociedades se preocupen del bienestar.
En ocasiones anteriores, dentro de este mismo espacio, he tocado el tema
del bienestar integral, aquella condición que nos permite estar y sentirnos
bien a través del cuidado de los diferentes ámbitos de la persona, como son el
físico, mental, emocional y espiritual.
Queda claro que es importante trabajar en todos estos aspectos, ante lo
cual puede surgir la duda sobre cómo podemos empezar a materializar este
bienestar. Desde mi perspectiva un aspecto vital es el cuidado de la propia
salud física y muy en concreto apostarle a la prevención de las enfermedades.
De manera consciente sabemos que la salud es uno de los temas más
importantes de la vida, sin embargo en la práctica, muchas personas no se
ocupan de ella hasta que no se presenta un malestar, o como dice el dicho:
“Después del niño ahogado, tapan el pozo”.
Como ejemplo de lo anterior, es muy desafortunado que en nuestro país,
desde hace varios años, la mayoría de las
causas de muerte sean las enfermedades prevenibles, con la salvedad que después
de la llegada de la pandemia las defunciones por covid-19 se colocaron en el
primer sitio.
Sin embargo, tan sólo en 2021, afectaciones
prevenibles como las enfermedades del corazón fueron la segunda causa de muerte
en México, tan solo después de las causadas por el virus y seguidas de las
provocadas por la diabetes mellitus, tanto en hombres como para mujeres.
De acuerdo a las cifras oficiales, las enfermedades cardiovasculares,
provocaron en 2020 más de 218 mil 885 decesos. De ese total, el 76.3% se
debieron a enfermedades isquémicas del corazón, es decir a la reducción del
flujo sanguíneo al corazón por bloqueo parcial o total de las arterias por la
acumulación de grasa.
La propia Organización Panamericana de la Salud (OPS) informa que el
riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular (ECV) aumenta por una
alimentación poco saludable, la cual se caracteriza por un bajo consumo de
frutas y verduras y un consumo elevado de sal, azúcares y grasas. Esto contribuye
a la obesidad y el sobrepeso, los cuales a su vez son factores de riesgo para
las ECV.
Aunado a ello, las personas que no hacen actividad física suficiente
tienen entre un 20% y un 30% más de probabilidades de morir prematuramente que
aquellas que hacen actividad física suficiente. Por tanto, la inactividad
física es un factor de riesgo clave para la aparición de las ECV, cáncer y
diabetes. Asimismo. se estima que la exposición a productos derivados del
tabaco es la responsable del 10% de todas las muertes ocasionadas por ECV.
Además de todos los estragos en el organismo, la falta
de atención en el cuidado de la salud, afecta el ámbito económico y productivo.
Se calcula que en México las enfermedades cardíacas tiene un costo total de 6.1
mil millones de dólares y ocupan el 4% de todo el gasto en salud.
Sobre los pacientes con diabetes, el Instituto
Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO) calcula que los costos sociales hacienden
a más de 85 mil millones de pesos al año. De esta
cifra, 73% corresponde a gastos por tratamiento médico, 15% a pérdidas de
ingreso por ausentismo laboral y 12% a pérdidas de ingreso por mortalidad
prematura.
No echemos en saco roto esta información, mejor apostemos a la salud
desde la prevención de estas enfermedades a través de tres ejes prioritarios: comer
bien, moverse más y cuidar los pensamientos.
Para ello, procuremos comer alimentos altos en fibra y bajos en
colesterol como son las verduras y las frutas, en general cuidar una adecuada nutrición.
También hagamos actividad física de forma regular y por supuesto cuidemos las
emociones para evitar situaciones de estrés, dentro de lo cual resultará ideal
explorar nuestra propia espiritualidad. Asimismo, no sacrifiquemos las horas de
descanso, como es dormir las horas suficientes, ya que un adecuado sueño
permite al cuerpo renovarse y reponerse.
No menospreciemos que el bienestar integral empieza por la salud y su
cuidado está en nuestras manos.
miércoles, 20 de julio de 2022
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miércoles, 29 de junio de 2022
Cuidar los árboles es calidad de vida
Cuidar los árboles es
calidad de vida
Hace algunos días leía
sobre un programa de reforestación que se está implementando en nuestro país, a
través del cual se contempla la siembra de un millón de hectáreas de árboles
frutales y maderables.
Lo que me pareció más
importante de esta iniciativa es que se habla de que estos ejemplares
permitirán la absorción de casi 4 millones de toneladas de dióxido de
carbono, lo cual es muy relevante, dado el grave contexto del deterioro
medioambiental que atravesamos a nivel regional y mundial.
Precisamente, el próximo
28 de junio se conmemora el Día Mundial del Árbol, con el propósito de recordar
y resaltar la importancia que tienen estos ejemplares en nuestra vida y en la
conservación del medio ambiente, al tiempo de crear conciencia sobre el cuidado
de los recursos provenientes de esta fuente natural.
Los árboles tienen
múltiples funciones con las que participan en el ciclo de la naturaleza. Desde
generar oxígeno hasta ser nuestro mejor aliado contra la crisis climática. Y es
que los árboles son la base de la supervivencia de los seres vivos que habitan
en la Tierra, además de ser el entorno natural perfecto donde se alojan miles
de especies de animales y plantas.
La Comisión Nacional
Forestal (Conafor), ha destacado la importancia de los árboles, ya que de ellos
se obtiene madera y celulosa para crear papel, combustible como leña y carbón,
además de que proporcionan medicina natural.
Pero más allá de ello, los
árboles captan y recargan las fuentes de agua, liberan el oxígeno y capturan el
dióxido de carbono, al tiempo que permiten conservar energía y disminuir la
contaminación.
Un árbol, en un año,
inhala un promedio de 12 kilogramos de bióxido de carbono (CO2) y exhala
oxígeno suficiente para una familia de cuatro personas. Una hectárea de árboles
puede absorber 6 toneladas de bióxido de carbono al año.
Es así que, junto con los
océanos, proteger los bosques supone conservar el método más potente para
absorber CO2. No por nada se les conoce como los pulmones del planeta, incluso
hay estimaciones que establecen que un árbol almacena en promedio unos 22 kilos
de CO2 al año. Las selvas tropicales retienen 250 mil millones de toneladas de
dióxido de carbono, solo en los árboles, lo que equivale a 90 años de emisiones
globales.
Sin embargo, la acción
humana ha destruido ya cerca del 78% de los bosques primarios del planeta y el
22% restante ya se ha visto afectado por la extracción de madera.
Por ello, todas y todos
tenemos en nuestras manos sumarnos a la causa de la reforestación y por
supuesto en la conservación de los recursos naturales.
Sembrar un árbol no es
una cuestión menor, ya que el impacto de esta acción es muy grande. Un ejemplo
de ello es la medición que biólogos y ambientalistas de la Universidad de
California hicieron de los beneficios de que cada persona en el planeta pudiera
sembrar árboles. Al respecto determinaron que si se lograra uno por persona
cada año, en dos décadas tendríamos 160 mil millones de ejemplares nuevos,
reduciendo el impacto ecológico de la actividad humana.
Esto se traduciría en
hojas, tallos y plantas nuevas, que transforman el dióxido de carbono en
carbohidratos para mantenerse fuertes e incluso se podría liberar aire
purificado a la atmósfera.
Por ello, además de tomar
acción inculquemos en las nuevas generaciones el cuidado a los recursos
naturales y al medio ambiente.
Tengamos presente que plantar
un árbol es cultivar la esperanza de una vida mejor por los beneficios que representa
para quienes habitamos este planeta.
miércoles, 22 de junio de 2022
El cambio climático y las lluvias, un gran reto
El
cambio climático y las lluvias, un gran reto
Es
normal que, como cada año, inicie en México la temporada de lluvias, la cual de
la mano de la de huracanes trae consigo precipitaciones pluviales que llaman a
actuar de manera preventiva para evitar contingencias y situaciones que pongan
en peligro a la sociedad.
De
acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) se esperan entre 30 y 40
huracanes en esta temporada. En este sentido, se estima que en el Océano
Pacífico se formen alrededor de 14 a 19 ciclones, mientras que en el Atlántico
se esperan de 16 a 21 fenómenos climáticos de este tipo.
En
este sentido es que Protección Civil, a nivel federal, ha vaticinado que los
meses de agosto y septiembre serán los de mayor lluvia, por lo que Agatha, Blas
y Celia sólo han sido los primeros huracanes de la temporada 2022.
Sin
embargo, a diferencia de otros años, la situación se complica dado el peligro
que representan para la sociedad fenómenos que se podrían presentar de manera
adyacente.
Al
respecto, los meteorólogos especializados aseguran que dentro de este mismo año
habrá una mayor actividad de lluvias en comparación con los demás años, por lo
que será necesario poner mayor atención a las poblaciones que se puedan ver
afectadas.
Hay
que considerar que la manera de llover está cambiando y con ello los riesgos a
los que están expuestas las personas y las comunidades. Se estima que durante
este 2022 habrá hasta un 50% más de actividad fluvial.
Una
investigación dirigida por la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia
(UNSW) examinó los efectos que el cambio climático tendrá en el desarrollo de
tormentas con granizo, y cómo estas varían notablemente según la región.
Los
investigadores señalan que la gravedad en cuanto a la peligrosidad del granizo puede
aumentar en la mayoría de las regiones del mundo.
Este
estudio, publicado en Nature Reviews Earth & Environment, muestra un
resumen global de las tendencias del granizo con observaciones pasadas y las
tendencias futuras proyectadas en modelos con varias simulaciones.
Es
así que se determinó que factores que cambiarían con un clima más cálido y que afectan
al granizo, como una atmósfera inestable, la cantidad de granizo que se derrite
y la cizalladura del viento, darían lugar a tormentas de granizo probablemente
menos frecuentes, pero más intensas.
Si
bien, algunas consecuencias esperadas dentro de esta temporada son las rachas
de viento, deslaves, brotes de dengue, deslaves, crecidas de ríos y arroyos,
entre otras, uno de los efectos más graves es que puede haber inundaciones,
mismas que son resultado del incremento del nivel del agua en superficies donde
usualmente no la hay.
Es
por ello que desafortunadamente, en nuestro país, durante cada temporada de
lluvias tenemos conocimiento de historias lamentables de deslaves, comunidades
incomunicadas, casas que se inundan, cosechas e incluso vidas que se pierden.
Aunado
a ello, la pandemia aún no termina por lo que no debemos dejar de trabajar
juntos, sociedad y gobierno, en las labores preventivas, como son rutas de
evacuación, preparación de albergues, implementación de protocolos de higiene y
sana distancia, con el fin de proporcionar refugio seguro y atención integral a
las familias más vulnerables.
Pero
más allá de ello, debemos en apostarnos como sociedad en mitigar la
contaminación y, por supuesto, el cambio climático. No sólo se trata de no
tirar basura en la calle para evitar que se tape el drenaje, sino de un cambio
integral de hábitos que nos lleve a bajar la producción de basura y por
supuesto a disminuir la utilización de combustibles fósiles que tanto dañan la
capa de ozono.
No
debemos ver como separados los fenómenos climáticos y la contaminación, ya que
el impacto ambiental del cambio climático aumenta la frecuencia y la intensidad
de los fenómenos meteorológicos extremos, así como la degradación de hábitats y
la extinción de especies.
Siempre
habrá en nuestras manos algo por hacer. Necesitamos urgentemente empezar hoy,
mañana podría ser demasiado tarde e implicar daños irreversibles al planeta y,
sin duda, a nuestra calidad de vida.
miércoles, 15 de junio de 2022
Falta de agua, crisis latente en México
Falta de agua, crisis
latente en México
Actualmente el mundo
atraviesa por diversas crisis que ponen en jaque a la humanidad. Se habla de
crisis económicas, ambientales, de seguridad e incluso de valores, las cuales
sin duda son muy importantes. Sin embargo, muchas veces las naciones pasan por
alto una de las crisis más importante y latente para los seres humanos como es
la de la falta del agua, un líquido vital para la propia vida.
De acuerdo a la
Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNICEF, al menos 2 mil 200 millones
de personas en el planeta carecen del acceso a servicios de agua potable,
gestionados de forma segura.
Desafortunadamente en
nuestro país la situación no es distinta. Hace algunos días, la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (CIDH) publicó el V Informe Anual de la Relatoría Especial
sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (REDESCA) 2021 en
el cual advirtió su preocupación por los elevados índices de falta de agua en
México, ya que estima puede provocar una “crisis social sin precedentes”.
La Relatoría Especial ha
tomado nota de un estudio elaborado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua)
en 2019, que precisa que más del 80% de 95 sitios de monitoreo de la calidad superficial
del agua en el estado de Puebla, que incluye ríos, cuencas y presas, se
encuentran en semáforo rojo por “fuerte contaminación” y “contaminación”
provocada por la presencia de altas concentraciones de metales pesados,
químicos tóxicos y materia fecal.
En este mismo sentido,
cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) confirmaron
que sólo la tercera parte de las viviendas (471 mil 226) reciben agua a diario;
302 mil 709, cada tercer día; 259 mil 200, dos veces por semana; 222 mil 851,
una vez por semana; 92 mil 005, de vez en cuando, y más de 170 mil 352 hogares
no reciben agua. Situación que se ve exacerbada en las comunidades rurales.
Es importante destacar
que México ha enfrentado en 2021 una de las sequías más severas y extendidas en
décadas. Más de 50 millones de personas experimentan algún tipo de escasez,
según investigadores científicos de dentro y fuera de México.
En concreto, en el país, entre
12.5 y 15 millones de habitantes no tienen acceso a agua potable, esto representa
aproximadamente al 10% de la población, sin embargo, entre quienes sí acceden,
casi un 30% no cuenta con la cantidad ni la calidad suficiente.
Por otra parte, es relevante
que México es uno de los 25 países del mundo que enfrenta un mayor estrés hídrico,
según el Instituto de Recursos Mundiales.
Tomando en consideración
este marco, la Relatoría Especial ha manifestado que el derecho a la vida, a la
alimentación, a la vivienda, a la salud, al agua y a un ambiente sano se están
viendo y se verán cada vez más impactados por la emergencia climática,
provocando una crisis social sin precedentes, que además se suma a la generada
por la pandemia.
Es así que este organismo
mira con preocupación que, dado los elevados índices de falta de dotación de
agua en varios lugares del país, esto pueda verse exacerbado con el incremento
de temperaturas, poniendo en riesgo la garantía de derechos y la posibilidad de
tener una vida digna de millones de personas.
Recordemos que hace un
poco más de una década, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció el
derecho de todos los seres humanos a tener acceso a una cantidad de agua
suficiente para el uso doméstico y personal, segura, aceptable y asequible, así
como accesible físicamente.
Como lo he mencionado en
el pasado en este mismo espacio, es necesario que tengamos presente que sin
agua no hay vida.
Es por ello que insisto
en que el llamado es a actuar y sumar esfuerzos entre todos los sectores:
público, privado, social, académico, especialistas y la ciudadanía en general,
para generar mecanismos que abonen a una estrategia integral a favor de la
adecuada conservación del agua.
miércoles, 8 de junio de 2022
Hambruna, tormenta perfecta dentro de la tormenta perfecta
Hambruna,
tormenta perfecta dentro de la tormenta perfecta
Hace algunos meses expresaba que el país y el mundo
enfrentaban una “tormenta perfecta”, derivada de la recesión económica y las
expectativas negativas en este rubro, lo cual se vio gravemente complicado por
la crisis sanitaria en la que nos sumergió la pandemia por Covid-19. Parecería
que nada más podría sumarse a este pésimo escenario ¿o sí?
Teniendo como marco el Foro Económico Mundial de Davos,
el propio director del Programa Mundial de Alimentos de la Naciones Unidas,
David Beasley, manifestó que el mundo se enfrenta a una "tormenta
perfecta... dentro de una tormenta perfecta", al advertir una inminente crisis
alimentaria a nivel global. En este sentido, dio a conocer que hay 49 millones
de personas en 43 países en la puerta del hambre y que el mundo se enfrentará a
hambrunas, desestabilización y migraciones masivas si no nos adelantamos al
problema.
Hay diversos factores que nos han colocado en esta
grave situación, como son la crisis climática, la pandemia, el aumento en los
costos de los alimentos, fertilizantes y el combustible, sin embargo la guerra
entre Rusia y Ucrania ha contribuido notablemente a complicar la ya
convulsionada etapa en la que estamos. El presidente del Comité de Seguridad
Alimentaria de Naciones Unidas, Gabriel Ferrero, vaticina que incluso podríamos
estar ante la crisis alimentaria "más grave desde la II Guerra
Mundial".
Antes de la guerra, la exportación conjunta de Rusia y
Ucrania suponía el 30% del comercio mundial. Tan sólo Ucrania podía alimentar a
unos 400 millones de personas con su producción de granos. Esto lo colocaba
como quinto exportador mundial de trigo y otros cereales con el 10% del mercado
global, lo que representa unas 20 millones de toneladas. Sin embargo, a raíz de
los conflictos, Rusia ha bloqueado la salida de estos insumos a países de
África, Medio Oriente y Europa. Asimismo, se habla de que las fuerzas rusas
están robando miles de toneladas de granos ucranianos e incluso la maquinaria agrícola
de las granjas y almacenes que van conquistando.
Aunado a ello, Rusia ha atacado a Odesa, el principal
puerto exportador de Ucrania, lo cual lo hace totalmente inaccesible para que
pueda salir el grano y coloca a millones de personas de diversas naciones al
borde de la inanición, un problema que se ha agravado en los últimos años.
Un estudio interagencial de la ONU revela que la
crisis económica de 2020, derivada en gran parte de la pandemia de COVID-19,
detonó uno de los mayores aumentos del hambre en el mundo en décadas, afectando
a casi todos los países de renta baja y media. Fue así que cerca de 193
millones de personas de 53 países sufrieron hambre en “niveles de crisis o
peores”, lo que supone un aumento de 40 millones en el año transcurrido entre
2020 y 2021.
El Estado de la seguridad alimentaria y la nutrición
en el mundo, elaborado de manera conjunta por la Organización de las Naciones
Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de
Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el
Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia (UNICEF), cifra en 811 millones el número de personas subalimentadas
en 2020, cerca de la décima parte de la población mundial.
Del número total de personas desnutridas en 2020, más
de la mitad (418 millones) vive en Asia y más de un tercio (282 millones) en
África, mientras que en América Latina y el Caribe habita el 8% (60 millones).
Aun en América del Norte y Europa, donde se encuentran las tasas más bajas de
inseguridad alimentaria, la incidencia del lastre aumentó por primera vez.
Es así que, hoy más que nunca, debemos sentir cercano
y nuestro el conflicto Rusia-Ucrania, así como la interconexión y fragilidad de
los sistemas alimentarios mundiales, ya que de manera ineludible acarreará consecuencias
para la seguridad alimentaria y nutricional global.
Es necesario cambiar la óptica con que se aborda el
problema. Ninguna nación se puede sentir ajena a estos conflictos, porque tarde
o temprano sufrirá las repercusiones. La paz en el mundo es urgente, no sólo
para vivir en un mejor mundo, sino porque la necesitamos para, incluso,
sobrevivir.
miércoles, 1 de junio de 2022
La embestida de los ultraprocesados en la salud
La embestida de los ultraprocesados en
la salud
Comer es uno de los grandes placeres
del mundo. Es una actividad que se disfruta por la amplia variedad de la
gastronomía, pero también es una necesidad ya que es a través de ésta que el
cuerpo obtiene los nutrimentos necesarios para su correcto funcionamiento.
Es por ello que el comer para el ser
humano se convierte en algo vital, pues más allá de la cantidad, está
supeditado a la calidad de los alimentos, debido al impacto que estos tienen en
el organismo y por ende en la salud.
Desafortunadamente, en la actualidad,
el mundo se encuentra en alerta por la embestida que la llamada “comida
chatarra” está teniendo en el ser humano, un ataque que merma su salud y su
calidad de vida.
De acuerdo a la Encyclopedia
of Junk and Fast Food,
la comida chatarra es una denominación del argot para los alimentos con valor nutricional
limitado. Por lo general, ofrecen poco en términos de proteínas, vitaminas o
minerales y en cambio aportan una gran cantidad de calorías de
azúcar o grasa, lo que se ha denominado con el término de “calorías vacías”.
Los alimentos chatarra tienen un alto
contenido de sal, azúcar, grasas
o calorías, así como un bajo contenido de otros nutrientes. Dentro de estas
comidas chatarra se encuentran los snacks salados, golosinas, goma de mascar, los postres
dulces, la comida frita y las bebidas azucaradas.
Dentro del sistema NOVA, aplicado por la Organización
Panamericana de la Salud (OPS), el cual clasifica los alimentos según la
naturaleza, la finalidad y el grado de procesamiento, se podría decir que la
comida chatarra es parte de los productos denominados como “ultraprocesados”.
Estos son formulaciones industriales fabricadas
íntegra o mayormente con sustancias extraídas de alimentos (aceites, grasas,
azúcar, almidón, proteínas), derivadas de constituyentes de alimentos (grasas
hidrogenadas, almidón modificado) o sintetizadas en laboratorios a partir de materias
orgánicas como petróleo y carbón (colorantes, aromatizantes, resaltadores de
sabor y diversos tipos de aditivos usados para dotar a los productos de
propiedades sensoriales atractivas).
Un informe de la propia OPS revela que la venta per
cápita de los productos ultraprocesados ha ido creciendo rápidamente en América
Latina. Tan sólo entre el 2000 y el 2013, crecieron 26.7% en Argentina,
Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador,
Guatemala, México, Perú, Uruguay y Venezuela.
De acuerdo a la OPS la venta de bebidas azucaradas y
productos ultraprocesados en México es la más alta en toda América Latina, con
una venta de 214 kg. de productos y bebidas per cápita, casi el doble del
promedio de la región, lo que lo coloca a nuestro país en el cuarto escaño a nivel
mundial en estas categorías.
Asimismo, en las últimas tres décadas,
el consumo de ultraprocesados en el país se ha duplicado, por lo que casi un
tercio de la ingesta diaria de energía de los mexicanos proviene de estos
productos, con lo cual incluso se ha reemplazado el de alimentos tradicionales.
Este consumo se ha asociado con el aumento del peso
corporal, lo que indica que estos productos son un impulsor de las crecientes
tasas de sobrepeso y obesidad en la Región.
La Organización Mundial de la Salud
(OMS) confirma que el consumo frecuente de productos ultraprocesados aumenta el
riesgo de sobrepeso, obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y
algunos tipos de cáncer.
Cabe destacar que se estima que actualmente en el mundo hay 2 mil
millones de personas con sobrepeso u obesidad y los médicos vaticinan que para
2030 la mitad de la población mundial tendrá estos padecimientos.
Sin embargo, es muy importante tener
presente que no sólo se trata del físico o la figura de las personas, ya que la
obesidad disminuye la calidad de vida y es un grave problema de salud pública que
está provocando un rápido aumento de la diabetes, las enfermedades
cardiovasculares y el cáncer.
Es así que no extraña saber que más
del 75% de los mexicanos adultos padezcan de sobrepeso u obesidad y que en el 2020
las enfermedades del corazón, relacionadas a la mala alimentación, fueron la
principal causa de muerte en la población con 218 mil 704 pérdidas.
Aunado a ello, los productos
ultraprocesados generan graves impactos en el medio ambiente, desde su
producción hasta su desecho, ya que para su distribución y venta utilizan botellas,
empaques y envolturas plásticas, la mayoría de un sólo uso.
Hoy, más que nunca, necesitamos hacer
consciencia sobre qué es lo que le estamos dando a nuestro cuerpo, así como al
de nuestras familias. Necesitamos preocuparnos de ello, pero sobre todo
ocuparnos de que los alimentos que recibimos realmente nutran y fortalezcan
nuestro organismo.
Tras la pandemia por COVID-19 a todos
nos queda clara la importancia de cuidar la salud. No echemos en saco roto
estas cifras y hagamos lo que corresponde para cuidar nuestra alimentación, que
más allá de comida, se trata de calidad de vida.
miércoles, 25 de mayo de 2022
Proteger el medio ambiente es cuidar nuestro descanso
Proteger el medio
ambiente es cuidar nuestro descanso
A raíz de la vorágine de
cambios que ha provocado en el medio ambiente el calentamiento global, se ha
modificado la forma de ser y estar de los propios seres vivos en el planeta.
Estas repercusiones no
sólo están relacionadas con el propio ecosistema, sino que también tienen una
incidencia muy importante en la salud integral de las personas.
Al respecto, estudios de
la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM, han mostrado evidencia sobre cómo
el cambio climático nos está quitando el sueño, lo cual no aplica solo en un
sentido figurado.
Porque si bien pudiéramos
pensar que la degradación del medio ambiente puede provocar una gran
preocupación entre la humanidad, lo cierto es que el aumento de la temperatura
causada por este fenómeno impide a las personas conciliar el sueño por más de 6
horas continuas.
En este sentido,
especialistas han determinado que el aumento de la temperatura causada por el
cambio climático, repercute en la frecuencia cardiaca, la temperatura corporal
y la oxigenación.
Esto es muy importante,
ya que tener un sueño reparador y agradable no sólo es un placer para el ser
humano, sino que es necesario para su salud y bienestar.
Dormir es un proceso
fisiológico al cual dedicamos -o deberíamos dedicar- un tercio de nuestras
vidas, y es una condición que nos permite pensar claramente, reaccionar rápido
y afianzar la memoria.
De acuerdo con la
Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos, un joven adulto sano debe
dormir un promedio de 7.5 horas, aunque esta cantidad puede variar, pues
depende de factores internos del organismo. Por su parte un niño de preescolar
puede dormir entre 11 o 12 horas y un adulto mayor entre 5 y 6 horas.
Hay estudios que enseñan
que cuando una persona no duerme lo suficiente su habilidad de tomar decisiones
y de asumir ciertos riesgos es diferente. Esto tiene implicaciones importantes
en su trabajo y en su vida. Incluso tiene implicaciones directas para los
estudiantes y su rendimiento académico.
El primer estudio que
investigó y demostró que cuando hace mucho calor las personas no duermen bien, fue
realizado por investigadores encabezados por Nick Obradovich, basado en unos
datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por
sus siglas en inglés) que contaba con información de 765 mil estadounidenses, a
quienes contactaron entre el 2002 y el 2011.
Este estudio fue publicado
en la revista Science Advances y encontró que por cada aumento en un
grado centígrado de temperatura, se producían tres noches adicionales de sueño insuficiente
por cada 100 personas por mes. Lo que se traducía en 110 millones de noches
adicionales de sueño insuficiente por cada grado de elevación cada año en todo
Estados Unidos.
De acuerdo a proyecciones
realizadas por NASA Earth Exchange, si esta relación entre el cambio climático
y el trastorno del sueño persiste, el calor en el futuro podría causar seis
noches adicionales de sueño insuficiente por cada 100 personas para el 2050, y
14 noches adicionales de sueño insuficiente por cada 100 personas para finales
de este milenio.
Ya de por sí en nuestro
país, los investigadores de la UNAM estiman que alrededor del 45% de la
población adulta presenta mala calidad del sueño. Lo anterior se refleja en la
dificultad que las personas tienen para levantarse, así como en constante
somnolencia y cansancio durante las primeras horas de la mañana.
Sin embargo, el no dormir
bien, con calidad y suficiencia, va más allá de simplemente sentirse
descansado. Sin un sueño reparador se tiende a subir de peso, se debilita el
sistema inmunológico y aumenta el riesgo de padecer diabetes, enfermedades
cardiovasculares e hipertensión. Se es más vulnerable a la depresión y a la
ansiedad, la función cognitiva se ve afectada y se acelera el proceso de
envejecimiento.
Es así que se vuelve
imperioso visualizar propuestas de solución ante este grave problema, sin
embargo, la cuestión no es tan fácil como simplemente señalar la necesidad de que
las personas cuenten con sistemas de aire acondicionado que mitiguen el calor
durante sus horas de descanso, ya que sin importar el país, el acceso a estos
aparatos es limitado, dado que su instalación y funcionamiento requiere
recursos económicos adicionales que no todas las familias pueden costear.
No pasemos por alto que
la raíz del problema es el daño al ecosistema, por lo que una verdadera
propuesta que abone a la solución estará en adoptar nuevos hábitos que pongan
freno a la imperante contaminación y explotación de los recursos.
El calentamiento global
requiere de acciones decididas que, literalmente, nos regresen el sueño y sobre
todo contribuyan a mejorar la calidad de vida y un estado general de salud
física, cognitiva y emocional estables. Hoy preguntémonos ¿Qué cambios podemos
emprender para mejorar el ecosistema? y sobre todo llevémoslo a la práctica.
miércoles, 18 de mayo de 2022
Reciclaje, punta del iceberg de la economía circular
Reciclaje, punta del
iceberg de la economía circular
El 17 de mayo a nivel
global se celebró el Día Internacional del Reciclaje, una fecha instaurada por
la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (UNESCO) con el fin de generar conciencia y promover el reciclaje de
todo tipo de residuos, reducir los volúmenes de desechos generados y reutilizar
los materiales para minimizar el impacto de la huella de carbono.
Para muchos de nosotros,
que crecimos con la “regla de las tres R”: reducir, reutilizar y reciclar,
queda clara la importancia del reciclaje, un proceso por el cual una materia o
producto ya utilizado, en principio destinado al desecho, se somete a un
tratamiento para obtener una materia prima o un nuevo producto.
Este proceso contribuye a
disminuir uno de los problemas más graves a los que se enfrenta actualmente la
sociedad como es de la contaminación por basura. Tan solo en Latinoamérica,
cada persona produce un kilo de basura al día y la región en su conjunto,
aproximadamente 541 mil toneladas diarias, lo que representa alrededor de un
10% de la basura mundial.
Tenemos que tener
presente que la contaminación es uno de los claros detonantes de la crisis climática que, de
acuerdo a la propia ONU, es el mayor desafío de nuestro tiempo no sólo contra el
planeta, sino sobre todo contra todos los que lo habitamos.
Los efectos del llamado
cambio climático tienen un alcance mundial con sucesos meteorológicos abruptos
y se manifiestan a través de huracanes, sequías, temperaturas extremas y
lluvias torrenciales, así como inundaciones e incendios, que día a día cobran
altos costos económicos y sociales, además de la vida de cientos de seres
vivos, entre ellos de personas.
Es por ello que el
reciclaje se ha vuelto vital en nuestro tiempo y una práctica que día a día
cobra un mayor auge. De acuerdo a datos de la Asociación Nacional de Industrias
del Plástico (ANIPAC), en el país existen 363 empresas dedicadas al reciclaje
de productos.
La propia ANIPAC da
cuenta que tan sólo en 2021 se reciclaron en México un millón 913 mil toneladas
de residuos plásticos, acción que colocó a la nación como una de las
principales en acciones de economía circular en América Latina.
Precisamente hace algunos
días escribía en este mismo espacio sobre la “economía circular” que, aunque no
es un concepto nuevo, ha ganado gran popularidad en los últimos años como
estrategia para reducir el daño ambiental y promover el desarrollo sustentable
al utilizar y aprovechar al máximo los recursos.
Esta práctica en nuestro
país está sustentada en la recién aprobada Ley General de Economía Circular, a
través de la cual se busca que el valor de los productos, materiales y recursos
se mantengan vigentes dentro del ciclo económico durante el mayor tiempo
posible, para así reducir al mínimo la generación de residuos.
Si bien el reciclaje no
es suficiente para conseguir un modelo productivo respetuoso con el medio
ambiente, sí significa un gran paso en este proceso que abarca -según algunos
conservacionistas-, “nueve R”: repensar, rediseñar, refabricar, reparar,
redistribuir, reducir, reutilizar, reciclar y recuperar energía.
Es por ello que la
economía circular, de la mano del propio reciclaje, tiene la capacidad de
cambiar la realidad de millones de personas en nuestro entorno más cercano y,
por supuesto en todo el planeta.
Incluso la Comisión
Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL), ha recalcado que mejorar la
eficiencia y la vida útil de materiales en nuestra región llevaría a la
creación de cinco millones de empleos.
Algunos pronósticos más positivos
de la firma Dow México, apuntan
hasta 6 millones de empleos en América Latina con una oportunidad de negocio
que ronda los 4.5 billones de dólares.
Tengamos presente que el
reciclaje es la punta del iceberg de toda una serie de movimientos que se
pueden hacer no sólo para apuntalar una industria y con ello la propia economía
de millones de personas, sino sobre todo para actuar ante la urgente crisis
climática.
Promovamos el reciclaje
desde nuestros hogares, también exijámoslo en todas las industrias bajo un
consumo responsable y desde luego actuemos a favor del cuidado del
medioambiente, lo cual nos permitirá poder disfrutar de una mejor calidad de
vida para nosotros y para las nuevas generaciones.
miércoles, 11 de mayo de 2022
miércoles, 27 de abril de 2022
Urgente activar las alarmas por el cambio climático
Urgente activar las alarmas por el cambio climático
Hace algunos días un científico de la NASA se hizo
viral por su conmovedora protesta tras encadenarse con algunos de sus colegas a
un edificio del banco JPMorgan Chase en Los Ángeles. El objetivo de la
manifestación fue llamar la atención sobre el cambio climático en el mundo.
Se trata de Peter Kalmus, científico del Laboratorio
de Propulsión a Chorro de la NASA quien, con lágrimas en los ojos, pide a la
gente que les escuche, diciendo: “Hemos tratado de advertirles por muchas
décadas que nos estamos acercando a una catástrofe y hemos sido ignorados, los
científicos del mundo han sido ignorados y eso tiene que parar”.
Estas escenas, que circularon en un corto video en
redes como Twitter o TikTok llaman mucho la atención y no sólo porque se
asemejan a la trama de la película “Don´t Look Up”, en la que dos
astrónomos intentan sin éxito advertir a la humanidad a través de los medios de
comunicación, del peligro que se avecina tras descubrir que un meteorito
destruirá el planeta Tierra en pocos meses. Más allá de ello, esta protesta se
vuelve relevante por la evidencia que la investigación científica ha aportado para
no subestimar la gravedad del asunto.
El propio Kalmus, en una publicación titulada “Climate
Change: Humanity at a Crossroads”, da cuenta de los peligros a los que como
humanidad estamos expuestos por el cambio climático,
provocado principalmente por las emisiones de dióxido de carbono, el cual es producido por el propio ser humano al utilizar
combustibles fósiles y por la deforestación.
La cifra de dióxido de carbono (CO2) ha incrementado de forma exponencial y constante a
un ritmo del 2.2% anual desde aproximadamente 1790, partiendo de un nivel
preindustrial de 280 ppm. En junio de 2018, la cifra de CO2 atmosférico que
se midió en el observatorio hawaiano de Mauna Loa fue de 411 ppm, frente a las
388 ppm de junio de 2008.
Para muestra de ello, la última década incluyó siete
de los diez años más cálidos de los que se tiene constancia. Estudios vaticinan
que si la temperatura global continúa subiendo a este ritmo, en torno al año
2035 se alcanzará un incremento del 1.5°C y de 2°C para el año 2060.
Este cambio tan sólo en la última década ha producido
el deshielo de los glaciares de montaña, el incremento de los días de calor
extremo, el adelanto de la primavera y la mayor frecuencia de fenómenos como la
sequía, los incendios forestales y otras transformaciones ecológicas, como los
ciclones tropicales y las inundaciones.
Asimismo, las proyecciones indican que el
nivel del mar habrá subido entre 26 y 77 cm en el año 2100 si el calentamiento
es de 1.5°C y 10 cm más si es de 2°C. Aunque este aumento parezca escaso, es
probable que obligue el desplazamiento de 10 millones de personas en todo el
mundo.
Desde el punto de vista alimentario, se
calcula que las pérdidas económicas se situarán en 10 billones de dólares con
un calentamiento de 1.5 °C y de 12 billones si es de 2 °C.
Los riesgos sanitarios aumentan con la
temperatura. Se cree que la proclividad de las zonas secas a la trasmisión de
la malaria aumentará en el 19% con un calentamiento de 1.5°C y el 27% con un
calentamiento de 2°C. Cuanto más aumenten las temperaturas, más proliferarán
los mosquitos Aedes, con lo que se acrecentará la incidencia del dengue, la
chikungunya, la fiebre amarilla y el virus del Zika.
Con un calentamiento de 1.5°C, es probable
que sufran estrés térmico el doble de megalópolis que ahora, con lo que en año 2050
otros 350 millones de personas podrían sufrir olas de calor mortales.
En el año 2100 las cosechas de maíz del mundo
se habrán reducido el 6% con un calentamiento de 1.5 °C y el 9% con un
calentamiento de 2 °C. En este sentido se prevé que la pobreza global aumente
por la situación climática.
Lo anterior son sólo algunos datos que
muestran la gran relevancia del llamado que realiza Kalmus y sus colegas
científicos, exhortando a la humanidad a convertir la acción climática en la
principal prioridad y ponerla incluso por delante del crecimiento económico.
Hoy por hoy esta encrucijada pone en nuestras
manos el dilema, no sólo de analizar lo que están haciendo los gobiernos o el
sector privado al respecto, sino sobre todo a cuestionarnos si nuestro estilo
de vida está abonando o no a combatir esta crisis que tiene en jaque la
supervivencia de todos los seres que habitamos la Tierra.
Hagamos un balance al respecto y tomemos conciencia
de que el clima está cambiando y, por lo mismo, nosotros también deberíamos
hacerlo.
miércoles, 6 de abril de 2022
El bienestar integral empieza por la salud
El bienestar integral empieza por la salud
Ya está en puerta la celebración del Día Mundial de la Salud el próximo
7 de abril. Una fecha que fue instituida en el marco de la conmemoración de la
fundación de la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) y que este año
nos recuerda la importancia de tomar medidas urgentes para mantener la salud de
las personas y del planeta, así como incentivar un cambio para que las
sociedades se preocupen del bienestar.
En ocasiones anteriores, dentro de este mismo espacio, he tocado el tema
del bienestar integral, aquella condición que nos permite estar y sentirnos
bien a través del cuidado de los diferentes ámbitos de la persona, como son el
físico, mental, emocional y espiritual.
Queda claro que es importante trabajar en todos estos aspectos, ante lo
cual puede surgir la duda sobre cómo podemos empezar a materializar este
bienestar. Desde mi perspectiva un aspecto vital es el cuidado de la propia
salud física y muy en concreto apostarle a la prevención de las enfermedades.
De manera consciente sabemos que la salud es uno de los temas más
importantes de la vida, sin embargo en la práctica, muchas personas no se
ocupan de ella hasta que no se presenta un malestar, o como dice el dicho:
“Después del niño ahogado, tapan el pozo”.
Como ejemplo de lo anterior, es muy desafortunado que en nuestro país,
desde hace varios años, la mayoría de las
causas de muerte sean las enfermedades prevenibles, con la salvedad que después
de la llegada de la pandemia las defunciones por covid-19 se colocaron en el
primer sitio.
Sin embargo, tan sólo en 2021, afectaciones
prevenibles como las enfermedades del corazón fueron la segunda causa de muerte
en México, tan solo después de las causadas por el virus y seguidas de las
provocadas por la diabetes mellitus, tanto en hombres como para mujeres.
De acuerdo a las cifras oficiales, las enfermedades cardiovasculares,
provocaron en 2020 más de 218 mil 885 decesos. De ese total, el 76.3% se
debieron a enfermedades isquémicas del corazón, es decir a la reducción del
flujo sanguíneo al corazón por bloqueo parcial o total de las arterias por la
acumulación de grasa.
La propia Organización Panamericana de la Salud (OPS) informa que el
riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular (ECV) aumenta por una
alimentación poco saludable, la cual se caracteriza por un bajo consumo de
frutas y verduras y un consumo elevado de sal, azúcares y grasas. Esto contribuye
a la obesidad y el sobrepeso, los cuales a su vez son factores de riesgo para
las ECV.
Aunado a ello, las personas que no hacen actividad física suficiente
tienen entre un 20% y un 30% más de probabilidades de morir prematuramente que
aquellas que hacen actividad física suficiente. Por tanto, la inactividad
física es un factor de riesgo clave para la aparición de las ECV, cáncer y
diabetes. Asimismo. se estima que la exposición a productos derivados del
tabaco es la responsable del 10% de todas las muertes ocasionadas por ECV.
Además de todos los estragos en el organismo, la falta
de atención en el cuidado de la salud, afecta el ámbito económico y productivo.
Se calcula que en México las enfermedades cardíacas tiene un costo total de 6.1
mil millones de dólares y ocupan el 4% de todo el gasto en salud.
Sobre los pacientes con diabetes, el Instituto
Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO) calcula que los costos sociales hacienden
a más de 85 mil millones de pesos al año. De esta
cifra, 73% corresponde a gastos por tratamiento médico, 15% a pérdidas de
ingreso por ausentismo laboral y 12% a pérdidas de ingreso por mortalidad
prematura.
No echemos en saco roto esta información, mejor apostemos a la salud
desde la prevención de estas enfermedades a través de tres ejes prioritarios: comer
bien, moverse más y cuidar los pensamientos.
Para ello, procuremos comer alimentos altos en fibra y bajos en
colesterol como son las verduras y las frutas, en general cuidar una adecuada nutrición.
También hagamos actividad física de forma regular y por supuesto cuidemos las
emociones para evitar situaciones de estrés, dentro de lo cual resultará ideal
explorar nuestra propia espiritualidad. Asimismo, no sacrifiquemos las horas de
descanso, como es dormir las horas suficientes, ya que un adecuado sueño
permite al cuerpo renovarse y reponerse.
No menospreciemos que el bienestar integral empieza por la salud y su
cuidado está en nuestras manos.










