Mostrando entradas con la etiqueta Donald Trump. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Donald Trump. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de mayo de 2021

Los Presidentes con peor manejo de la pandemia En primer lugar Donald Trump; AMLO está en la lista

 

SIN LÍMITES 18 DE MAYO

Los Presidentes con peor manejo de la pandemia

En primer lugar Donald Trump; AMLO está en la lista

Por Raúl Torres Salmerón

Una pandemia catastrófica y una Presidencia desastrosa se combinaron para darle a Estados

Unidos la peor cifra de fallecimientos en el mundo durante la crisis sanitaria. Los países y los

Presidentes con el peor manejo de la pandemia son además de EU, Nicaragua, Brasil, México,

Bielorrusia, Turkmenistán, Camboya, Argentina, Tanzania, Venezuela y la India.

Deborah Birx, Coordinadora del Grupo de Trabajo sobre Covid-19 del ex Presidente

estadounidense Donald Trump, admitió en la cadena de noticias CNN que la mayoría de las

muertes en EU podrían haberse evitado.

Pero hay otros que posiblemente manejaron la crisis peor que Trump. La lista de gobernantes

revela mucho sobre el estado actual de la situación de la gobernanza mundial. He aquí, la lista de

los malos gobernantes respecto al manejo de la pandemia que escribió Frida Ghitis en el diario The

Washington Post en el mes de abril.

El casi eterno Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y su esposa, quienes reaccionaron a la

noticia de la pandemia convocando a la gente a la calle para que participaran en un desfile festivo

al que llamaron Amor en Tiempos del Covid-19. La irresponsable medida horrorizó tanto a

activistas de derechos humanos como a la comunidad científica.

Jair Bolsonaro, Presidente de Brasil, en donde el sistema de salud está al borde del colapso y la

propagación descontrolada del virus ha engendrado nuevas variantes que ahora amenazan a otros

países en dificultades, se hizo eco de las declaraciones de Trump sobre la hidroxicloroquina y ha

desperdiciado fondos de emergencia pandémica en el inútil tratamiento. Ha despedido Ministros

de Salud por no aceptar su negación del Covid-19 y afirmó que la gente en Brasil podría ser

inmune a la pequeña gripe porque suelen nadar en aguas residuales y no les pasa nada.

La pandemia sigue haciendo estragos por todo Brasil, donde miles de personas mueren cada día,

Bolsonaro recientemente les dijo a los brasileños que dejaran de lloriquear por eso.

Otro Presidente que se contagió del virus mientras lo minimizaba, fue el mexicano Andrés Manuel

López Obrador. Al principio, aconsejó a los mexicanos que siguieran haciendo la vida normal.

Incluso después de infectarse, rechazó las peticiones para que utilizara un cubrebocas. Dice que

utilizará uno cuando la corrupción sea erradicada en México, una perspectiva bastante lejana.

Hace poco, las autoridades mexicanas publicaron de manera discreta un informe que revela que el

recuento real de muertes es 60 % más alto que la cifra oficial, lo que coloca a México a la par con


Brasil en el segundo lugar mundial de cantidad de muertes por la pandemia, detrás de Estados

Unidos.

La coincidencia es que el populismo parece ser una comorbilidad en una pandemia, aumentando

su cifra de muertes en el proceso.

Luego siguen los dictadores. Aleksandr Lukashenko de Bielorrusia, quien describió la pandemia

como una psicosis y recetó vodka y saunas para prevenirla. Tiene meses con protestas masivas

tras unas elecciones controvertidas el verano pasado, ha bloqueado las medidas de sentido común

para frenar el virus en casi todo momento.

Muchos bielorrusos han resistido a su enfoque negligente y su dictadura. La ciudadanía ha

practicado el distanciamiento social, realizado campañas de financiamiento colectivo para

comprar suministros a los hospitales y al final, probablemente han ayudado a evitar que el virus y

la cifra de muertes en Bielorrusia se salieran de control.

En Turkmenistán, otra dictadura postsoviética, el gobierno ha bajado aún más la vara en la escala

de la negación al prohibir el uso de cubrebocas y cualquier discusión sobre la pandemia. Según

informes, los medios de comunicación y los materiales de información sanitaria tienen prohibido

el uso de la palabra coronavirus. Turkmenistán todavía asegura que no ha tenido ningún caso de

Covid-19, una afirmación que nadie le cree al Presidente Gurbanguly Berdimuhamedow.

En Camboya, el primer ministro Hun Sen ha ocupado el poder desde 1985, negó la existencia del

virus y le dio la bienvenida a los pasajeros de cruceros que habían sido rechazados por otros

países por miedo a la pandemia. Gradualmente, su respuesta se convirtió en represión,

prohibiendo las críticas y arrestando a quienes se quejaran. Terminó utilizando la emergencia para

reforzar el control del régimen.

En África, otro populista autoritario, el presidente John Magufuli de Tanzania desestimó las

conversaciones sobre una emergencia global. Le dijo a la población que no se molestara en utilizar

cubrebocas y afirmó que tres días de oración erradicaban el virus en Tanzania. Magufuli falleció en

marzo de Covid-19.

La columnista del Washington Post se disculpó por no mencionar otros casos. Pero están

presentes los casos de Argentina, Venezuela e India.

El Presidente argentino, Alberto Fernández, enfermó a principios de abril de coronavirus y se

informó que solo le provocó síntomas menores. De 62 años, recibió la vacuna para el Covid-19 al

inicio de año. Su contagio se conoció poco antes de que se desatara una tremenda segunda ola de

la enfermedad en el país, que amenaza con generar estragos.

Nicolás Maduro, Presidente de Venezuela destacó hace más de un año que el virus de Wuhan era

arma biológica de guerra contra China porque habría que alzar la voz, llamar la atención y tocar la

campana. Anunció hace un año una supuesta cura del Covid-19, un brebaje de hierbas de

malojillo, sauco, limón y jengibre que curaría la enfermedad.


Maduro ha presumido otras terapias experimentales sin evidencia científica como el Interferon

alfa 2b desarrollado por Cuba, el plasma de personas convalecientes, unas gotas homeopáticas

cubanas, la ozonoterapia y la medicina natural.

En octubre de 2020 Maduro afirmó que científicos venezolanos hallaron una molécula llamada DR-

10, capaz de aniquilar al coronavirus, sin presentar respaldos científicos. La última medicina que

ha promovido es el carvativir, conocido en Venezuela como las gotas milagrosas del Doctor José

Gregorio Hernández, un producto a base de tomillo que neutraliza las células del virus.

En la India, debido a los permisos del gobierno del Primer Ministro Narendra Modi, para salir del

confinamiento para asistir a fiestas religiosas y celebrar elecciones, se desató una gigantesca ola

del Covid-19, con miles de muertos y millones de contagios.

Aunque la fuerza de la pandemia ha disminuido un poco en las grandes ciudades se extiende a

zonas rurales. La India, llena de pobres, con escasez de doctores y medicamentos, el coronavirus

está causando estragos, al obligar a muchos a abandonar a sus muertos en los ríos.

De verdad da pena estar como país en los primeros lugares más negativos.

En fin, como escribió Segundo Cernuda (España, 1886-1910) en Coplas de un Periodista:

La libertad es un mito,

como es un mito el progreso.

¡Progreso y libertad! Eso

no vale hoy en día un pito.

Hasta la patriotería

de que tanto alarde hacemos,

sólo son falsos extremos

de cursi pedantería.

No hay creencias, no hay principios,

no hay gobierno, no hay Estado,

y... el buen lector, fatigado,

reniega de tantos ripios*.

*Palabras superfluas.

raultorress@hotmail.com



miércoles, 11 de noviembre de 2020

Estados Unidos: la tragedia de ser una democracia próspera pero dividida



Estados Unidos: la tragedia de ser una democracia próspera pero dividida 

 

Por: Fernando Manzanilla Prieto 

 

A raíz del resultado tan cerrado de la elección norteamericana, ha surgido un interesante debate sobre el grado de división la peligrosa polarización entre el electorado de aquel país.  

 

De acuerdo a números recientesel candidato demócrata Joe Biden habría obtenido 76.4 millones de votos populares, contra 71.5 millones de Trump. El problema es que en Estados Unidos no gana el candidato que obtiene el mayor número de votos populares. Recordemos que allá prevalece un sistema de democracia indirecta en el que los ciudadanos no eligen directamente a su Presidente, sino que votan para elegir una lista de “electores”.  

 

Cada uno de los 50 estados de la Unión Americana tiene un número determinado de electores en función del tamaño de su población. Por ejemplo, California tiene 55 electoresTexas tiene 38 y Florida 29en cambio Nuevo México tiene 5, Alaska solo tiene 3, igual que MontanaWyoming. La suma de todos los votos electores es de 538.  

 

En cada Estado de la Unión el electorado vota por el candidato de su preferencia y el que obtiene la mayoría de votos populares gana el total de votos electorales de la lista que le corresponden a cada estado. El candidato que acumule 270 votos electorales gana la elección presidencial. 

 

Según los recuentos al día de hoy, Donald Trump habría ganado un total de 204 votos electorales, mientras que Joe Biden habría alcanzado 290, superando los 270 votos suficientes para ser el ganador. Este triunfo se habría derivado del resultado en estados llamados “columpio” como Wisconsin (con 10 votos electorales), Michigan (16) y Pennsylvania (20); y otros como Arizona (11) y Nevada (6) que dieron la sorpresa.  

 

El tema es que en esta ocasión, estos estados clave se inclinaron a favor de Biden, aunque por un margen muy reducido. El equipo de campaña del Presidente argumenta que en esos y otros estados hubo anomalías en el conteo de votos y, aunque no ha exhibido pruebas contundentes de ello, exige un recuento y una exhaustiva investigación de todo el proceso. 

 

Recordemos que en Estados Unidos no hay un Instituto Nacional Electoral como aquí, encargado de realizar el conteo de todo el país y cantar un ganador de la elección. Allá, cada estado tiene sus propias reglas para emitir y contar los votos. Esto ha abierto un largo compás de espera ante la posibilidad de que el candidato republicano logre obtener legalmente la aprobación para un recuento de votos estado por estado y condado por condado, primero ante un juez estatal y, en caso de negativo, ante la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos. 

 

Esta situación, desde mi punto de vista, ha puesto en tela de juicio la confianza centenaria en las instituciones democráticas norteamericanas y puede ser muestra de que el sistema político de aquel país ha llegado a su límite.  

 

Independientemente del resultado final, es claro que la sociedad norteamericana y su democracia, quedarán muy lastimadas y divididas. Creo que ha llegado el momento de hacer ajustes al sistema de partidos norteamericano y, por supuesto, al esquema de votación indirectaYa han sido varias elecciones en las que el candidato demócrata obtiene la mayoría de los votos populares y, sin embargo, pierde la elección en el colegio electoral. Si esto no cambia pronto, no habrá manera de impedir la decadencia de la democracia estadounidense que por más de 200 años ha sido ejemplo a seguir a nivel global. 

 

Mostrando entradas con la etiqueta Donald Trump. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Donald Trump. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de mayo de 2021

Los Presidentes con peor manejo de la pandemia En primer lugar Donald Trump; AMLO está en la lista

 

SIN LÍMITES 18 DE MAYO

Los Presidentes con peor manejo de la pandemia

En primer lugar Donald Trump; AMLO está en la lista

Por Raúl Torres Salmerón

Una pandemia catastrófica y una Presidencia desastrosa se combinaron para darle a Estados

Unidos la peor cifra de fallecimientos en el mundo durante la crisis sanitaria. Los países y los

Presidentes con el peor manejo de la pandemia son además de EU, Nicaragua, Brasil, México,

Bielorrusia, Turkmenistán, Camboya, Argentina, Tanzania, Venezuela y la India.

Deborah Birx, Coordinadora del Grupo de Trabajo sobre Covid-19 del ex Presidente

estadounidense Donald Trump, admitió en la cadena de noticias CNN que la mayoría de las

muertes en EU podrían haberse evitado.

Pero hay otros que posiblemente manejaron la crisis peor que Trump. La lista de gobernantes

revela mucho sobre el estado actual de la situación de la gobernanza mundial. He aquí, la lista de

los malos gobernantes respecto al manejo de la pandemia que escribió Frida Ghitis en el diario The

Washington Post en el mes de abril.

El casi eterno Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y su esposa, quienes reaccionaron a la

noticia de la pandemia convocando a la gente a la calle para que participaran en un desfile festivo

al que llamaron Amor en Tiempos del Covid-19. La irresponsable medida horrorizó tanto a

activistas de derechos humanos como a la comunidad científica.

Jair Bolsonaro, Presidente de Brasil, en donde el sistema de salud está al borde del colapso y la

propagación descontrolada del virus ha engendrado nuevas variantes que ahora amenazan a otros

países en dificultades, se hizo eco de las declaraciones de Trump sobre la hidroxicloroquina y ha

desperdiciado fondos de emergencia pandémica en el inútil tratamiento. Ha despedido Ministros

de Salud por no aceptar su negación del Covid-19 y afirmó que la gente en Brasil podría ser

inmune a la pequeña gripe porque suelen nadar en aguas residuales y no les pasa nada.

La pandemia sigue haciendo estragos por todo Brasil, donde miles de personas mueren cada día,

Bolsonaro recientemente les dijo a los brasileños que dejaran de lloriquear por eso.

Otro Presidente que se contagió del virus mientras lo minimizaba, fue el mexicano Andrés Manuel

López Obrador. Al principio, aconsejó a los mexicanos que siguieran haciendo la vida normal.

Incluso después de infectarse, rechazó las peticiones para que utilizara un cubrebocas. Dice que

utilizará uno cuando la corrupción sea erradicada en México, una perspectiva bastante lejana.

Hace poco, las autoridades mexicanas publicaron de manera discreta un informe que revela que el

recuento real de muertes es 60 % más alto que la cifra oficial, lo que coloca a México a la par con


Brasil en el segundo lugar mundial de cantidad de muertes por la pandemia, detrás de Estados

Unidos.

La coincidencia es que el populismo parece ser una comorbilidad en una pandemia, aumentando

su cifra de muertes en el proceso.

Luego siguen los dictadores. Aleksandr Lukashenko de Bielorrusia, quien describió la pandemia

como una psicosis y recetó vodka y saunas para prevenirla. Tiene meses con protestas masivas

tras unas elecciones controvertidas el verano pasado, ha bloqueado las medidas de sentido común

para frenar el virus en casi todo momento.

Muchos bielorrusos han resistido a su enfoque negligente y su dictadura. La ciudadanía ha

practicado el distanciamiento social, realizado campañas de financiamiento colectivo para

comprar suministros a los hospitales y al final, probablemente han ayudado a evitar que el virus y

la cifra de muertes en Bielorrusia se salieran de control.

En Turkmenistán, otra dictadura postsoviética, el gobierno ha bajado aún más la vara en la escala

de la negación al prohibir el uso de cubrebocas y cualquier discusión sobre la pandemia. Según

informes, los medios de comunicación y los materiales de información sanitaria tienen prohibido

el uso de la palabra coronavirus. Turkmenistán todavía asegura que no ha tenido ningún caso de

Covid-19, una afirmación que nadie le cree al Presidente Gurbanguly Berdimuhamedow.

En Camboya, el primer ministro Hun Sen ha ocupado el poder desde 1985, negó la existencia del

virus y le dio la bienvenida a los pasajeros de cruceros que habían sido rechazados por otros

países por miedo a la pandemia. Gradualmente, su respuesta se convirtió en represión,

prohibiendo las críticas y arrestando a quienes se quejaran. Terminó utilizando la emergencia para

reforzar el control del régimen.

En África, otro populista autoritario, el presidente John Magufuli de Tanzania desestimó las

conversaciones sobre una emergencia global. Le dijo a la población que no se molestara en utilizar

cubrebocas y afirmó que tres días de oración erradicaban el virus en Tanzania. Magufuli falleció en

marzo de Covid-19.

La columnista del Washington Post se disculpó por no mencionar otros casos. Pero están

presentes los casos de Argentina, Venezuela e India.

El Presidente argentino, Alberto Fernández, enfermó a principios de abril de coronavirus y se

informó que solo le provocó síntomas menores. De 62 años, recibió la vacuna para el Covid-19 al

inicio de año. Su contagio se conoció poco antes de que se desatara una tremenda segunda ola de

la enfermedad en el país, que amenaza con generar estragos.

Nicolás Maduro, Presidente de Venezuela destacó hace más de un año que el virus de Wuhan era

arma biológica de guerra contra China porque habría que alzar la voz, llamar la atención y tocar la

campana. Anunció hace un año una supuesta cura del Covid-19, un brebaje de hierbas de

malojillo, sauco, limón y jengibre que curaría la enfermedad.


Maduro ha presumido otras terapias experimentales sin evidencia científica como el Interferon

alfa 2b desarrollado por Cuba, el plasma de personas convalecientes, unas gotas homeopáticas

cubanas, la ozonoterapia y la medicina natural.

En octubre de 2020 Maduro afirmó que científicos venezolanos hallaron una molécula llamada DR-

10, capaz de aniquilar al coronavirus, sin presentar respaldos científicos. La última medicina que

ha promovido es el carvativir, conocido en Venezuela como las gotas milagrosas del Doctor José

Gregorio Hernández, un producto a base de tomillo que neutraliza las células del virus.

En la India, debido a los permisos del gobierno del Primer Ministro Narendra Modi, para salir del

confinamiento para asistir a fiestas religiosas y celebrar elecciones, se desató una gigantesca ola

del Covid-19, con miles de muertos y millones de contagios.

Aunque la fuerza de la pandemia ha disminuido un poco en las grandes ciudades se extiende a

zonas rurales. La India, llena de pobres, con escasez de doctores y medicamentos, el coronavirus

está causando estragos, al obligar a muchos a abandonar a sus muertos en los ríos.

De verdad da pena estar como país en los primeros lugares más negativos.

En fin, como escribió Segundo Cernuda (España, 1886-1910) en Coplas de un Periodista:

La libertad es un mito,

como es un mito el progreso.

¡Progreso y libertad! Eso

no vale hoy en día un pito.

Hasta la patriotería

de que tanto alarde hacemos,

sólo son falsos extremos

de cursi pedantería.

No hay creencias, no hay principios,

no hay gobierno, no hay Estado,

y... el buen lector, fatigado,

reniega de tantos ripios*.

*Palabras superfluas.

raultorress@hotmail.com



miércoles, 11 de noviembre de 2020

Estados Unidos: la tragedia de ser una democracia próspera pero dividida



Estados Unidos: la tragedia de ser una democracia próspera pero dividida 

 

Por: Fernando Manzanilla Prieto 

 

A raíz del resultado tan cerrado de la elección norteamericana, ha surgido un interesante debate sobre el grado de división la peligrosa polarización entre el electorado de aquel país.  

 

De acuerdo a números recientesel candidato demócrata Joe Biden habría obtenido 76.4 millones de votos populares, contra 71.5 millones de Trump. El problema es que en Estados Unidos no gana el candidato que obtiene el mayor número de votos populares. Recordemos que allá prevalece un sistema de democracia indirecta en el que los ciudadanos no eligen directamente a su Presidente, sino que votan para elegir una lista de “electores”.  

 

Cada uno de los 50 estados de la Unión Americana tiene un número determinado de electores en función del tamaño de su población. Por ejemplo, California tiene 55 electoresTexas tiene 38 y Florida 29en cambio Nuevo México tiene 5, Alaska solo tiene 3, igual que MontanaWyoming. La suma de todos los votos electores es de 538.  

 

En cada Estado de la Unión el electorado vota por el candidato de su preferencia y el que obtiene la mayoría de votos populares gana el total de votos electorales de la lista que le corresponden a cada estado. El candidato que acumule 270 votos electorales gana la elección presidencial. 

 

Según los recuentos al día de hoy, Donald Trump habría ganado un total de 204 votos electorales, mientras que Joe Biden habría alcanzado 290, superando los 270 votos suficientes para ser el ganador. Este triunfo se habría derivado del resultado en estados llamados “columpio” como Wisconsin (con 10 votos electorales), Michigan (16) y Pennsylvania (20); y otros como Arizona (11) y Nevada (6) que dieron la sorpresa.  

 

El tema es que en esta ocasión, estos estados clave se inclinaron a favor de Biden, aunque por un margen muy reducido. El equipo de campaña del Presidente argumenta que en esos y otros estados hubo anomalías en el conteo de votos y, aunque no ha exhibido pruebas contundentes de ello, exige un recuento y una exhaustiva investigación de todo el proceso. 

 

Recordemos que en Estados Unidos no hay un Instituto Nacional Electoral como aquí, encargado de realizar el conteo de todo el país y cantar un ganador de la elección. Allá, cada estado tiene sus propias reglas para emitir y contar los votos. Esto ha abierto un largo compás de espera ante la posibilidad de que el candidato republicano logre obtener legalmente la aprobación para un recuento de votos estado por estado y condado por condado, primero ante un juez estatal y, en caso de negativo, ante la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos. 

 

Esta situación, desde mi punto de vista, ha puesto en tela de juicio la confianza centenaria en las instituciones democráticas norteamericanas y puede ser muestra de que el sistema político de aquel país ha llegado a su límite.  

 

Independientemente del resultado final, es claro que la sociedad norteamericana y su democracia, quedarán muy lastimadas y divididas. Creo que ha llegado el momento de hacer ajustes al sistema de partidos norteamericano y, por supuesto, al esquema de votación indirectaYa han sido varias elecciones en las que el candidato demócrata obtiene la mayoría de los votos populares y, sin embargo, pierde la elección en el colegio electoral. Si esto no cambia pronto, no habrá manera de impedir la decadencia de la democracia estadounidense que por más de 200 años ha sido ejemplo a seguir a nivel global.