Mostrando entradas con la etiqueta Dave Malto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dave Malto. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de octubre de 2018

El metro (Dave Malto)


La película no fue lo que él esperaba, sin embargo, salió contento porque nunca antes había
estado en la Cineteca Nacional, le sorprendió y le encantó el ambiente, el edificio, la tarde y
aunque tenía ganas de más películas, tuvo que renunciar e irse porque la lluvia era impetuosa y la
oscuridad de la noche se apoderaba de la tarde.

Del camino al metro Coyoacán sólo recuerda sus pies avanzando entre charcos y pavimento
mojado, la lluvia le impedía levantar la mirada para ver al frente. Llegó con la ropa embebida de
agua, pero sin frío en la piel y a toparse con la grandiosa sorpresa de una incontable multitud
dentro de la estación, los pasillos atascados daban la impresión de que harían caer a las vías a
quienes estaban al filo del pasillo; eran ya las ocho con cuarenta y cinco minutos y los dos trenes
que ya habían pasado parecían latas de sardinas, iban tan saturados de gente que aunque no
quisiera tuvo que esperar.

Para el octavo tren al que no pudo subir Dilan ya estaba cansado, algo desesperado y un tanto
malhumorado, no obstante, hizo acopio de su paciencia para mantenerse de pie, poco a poco se
fue abriendo paso entre la gente hasta llegar al filo del anden, viendo incansablemente las vías y
regularmente volteando hacia el fondo del túnel, esperando que en el siguiente pudiera subirse al
fin.

Todo mundo sabe que el último vagón de cada tren, es donde los hombres se reúnen, algunos
para manosear, otros para dar el tan conocido arrimón, unos, los más ingenuos, para ligarse al
amor de su vida y otros sólo para ver; en horas pico el sexo es infaltable y lo de menos es que a
alguien de a lado, enfrente o detrás de uno le de por masturbarte o acariciarte las nalgas
descaradamente y sin pudor, como sabiendo que nada le dirás porque como él, tú estás ahí para
lo mismo.

A pesar de ello, Dilan no se fue al final del anden para tales acciones, sino más bien por
costumbre y porque se siente más cómodo entre gays, aunque a veces puedan barrerlo con la
mirada de arriba abajo, prefiere esas miradas ya sea de lujuria o de soberbia, que las de hombres
machistas y peleoneros.

La hora no importaba ya, para ese momento Dilan había perdido la noción del tiempo que llevaba
ahí parado, esperando poder subirse a un tren, pero quizá fue para el décimo octavo tren que se
percató de esa persona. Parecía un chico más que se iba al final del anden para encontrarse con
los suyos, y bueno, el hecho de que disimuladamente comenzara a repegarsele, fue lo que lo
evidenció.

Muchos trenes después, finalmente pudieron subir, Dilan buscó quedar muy cerca del chico en
cuestión y la cosa se comenzó a poner más interesante, primero, fue la respiración, el tren iba tan
lleno que inevitablemente sintió la respiración de su ligue en la mejilla, lo tenía de frente y el resto
de su cuerpo literalmente adherido al suyo, todos los demás no importaron en ese momento, su
prioridad fue ese agradable y simpático chico que se le ofrecía disimuladamente.

En cada estación el apretujamiento era mayor, aunque sólo podían subir uno o cuando más dos
personas al vagón, el problema es que nadie salía y el sudor empapaba el cuerpo entero de todos
a su alrededor, aquello fue literalmente un sauna de hombres que desinhibidamente se
manoseaban, se restregaban sus miembros unos contra otros y que estaban ahí precisamente
para tales efectos, en cambio Dilan lejos de agradecerlo, lo sufrió, quizá porque no estaba
acostumbrado a eso, quizá porque es una persona un poco especial para el contacto físico o tal
vez porque lo que menos quería era ser ultrajado y casi violado en un metro.

El caso es que cuando llegaron a Balderas, Dilan ya tenía prensado de sí a un chico del que no
sabía nada; la cosa fue muy sencilla, entre el apretamiento y el poco flujo de personas en el
vagón, cuando quedaron completamente de frente, sin mayor preámbulo se besaron, y el hasta
entonces incógnito, tocaba con beneplácito y descaro el miembro erecto de Dilan; la conversación
comenzó en la estación Hidalgo:

–Hola

–Hola – Respondió Dilan entre una sonrisa lasciva.

–¿A dónde te bajas?

–En Guerrero ¿y tú?

–O sea en la que sigue.

–Sí, de hecho.

–Yo bajaba aquí en Hidalgo.

–Ah ok, aunque se supone que bajo en la siguiente, como tú, yo no creo que pueda salir de aquí.

–Sí, yo también lo dudo – Después de eso siguieron besándose y no repararon en el recorrido.

Fue Potrero la estación donde pudieron salir, casi escupidos de aquel horno de personas,
excitadas y sudorosas que se daban placer unos a otros; para Dilan y su acompañante no fue la
excepción, sin embargo, procuraron durante todo el recorrido que esos enseres fueran únicamente
entre ellos.

Ambos tenían el celular sin batería y ninguno puede decir a ciencia cierta cuanto tiempo se la
pasaron entre fajes, besos, caricias, risitas y coqueteos, recargados en una de las paredes de la
estación en la que bajaron del tren, no obstante, tenían que regresar porque de lo contrario uno se
quedaría sin transporte y el otro no tendría muchas horas de sueño, intercambiaron por escrito en
un papel, sus números telefónicos y tomaron un metro de regreso.

Por fin, de regreso en la estación Guerrero y saliendo del vagón ya casi vacío, recapacitó para sí
mismo recordando que en casa lo esperaba Pedro, su novio, tuvo la sensación de quererse
arrepentir por lo que acababa de permitir, pero no sentía realmente ánimos de eso, sino por el
contrario se sentía muy contento y decidió, por obvias razones, omitir esa parte con su pareja,
nunca le llamó a su ligue ni recibió mensajes o llamadas de él, por lo que la anécdota decidió
guardarla sólo para él y recordarla como una aventura rica y maravillosa que posiblemente nunca
más repita y de la que difícilmente se arrepentirá.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Gracias por el viaje (Dave Malto)



Cuando descubrí que es posible viajar en el tiempo, lo único que quise fue ir a ese día,
uno antes de que todo desapareciera, un día que parecía normal, pero que cambió
todo, mi presente y por supuesto cada día a partir de entonces, no es difícil regresar en
el tiempo, lo difícil es darse cuenta que los detalles que uno tenía en el recuerdo son
diferentes y más difícil aún es encontrarse a uno mismo, pero no como otra persona
sino en tu mismo lugar, sabiendo que estás dentro de ti mismo, es como si el viaje lo
hubiera hecho en alma y no en cuerpo y todo lo que pasó, no le pasó a ese Damir sino
a mí, porque lo difícil es darse cuenta que sigo siendo yo, que no he cambiado, que lo
único que parece diferente es la carcasa, pero todo lo demás sigue casi intacto y es
muy difícil entender que a pesar de todo, el tiempo aún en el pasado, no se detiene,
sigue su irremediable curso, como un presente único e irrepetible, sin embargo, volví a
abrazarte, volví a besarte, volví a tenerte, a estar ahí contigo, con los gatos, que
parecían reencontrarse con un extraño, que parecían conocerme pero sin reconocerme,
que parecían decirme ¿eres tú? ¿y que fue de ti? ¿por qué te fuiste? ¿por qué nos
dejaste? Y saber que aunque fue posible regresar en el tiempo, también es muy duro
darme cuenta que fue la única oportunidad que tuve, que fue un sueño hecho realidad y
que en ese sueño, parece que mi presente nunca me abandonó, porque la tristeza se
apoderó de mis ojos y como un imparable caudal brotaron de nuevo las lagrimas, esas
lagrimas de un presente que no me abandona, de un presente al que quiera o no debí
regresar.

Todo empezó ayer por la tarde, creí que si hacía de cuenta que este tiempo de vacío,
de ausencia, de dolor, de sufrimiento, no existía, era justamente como viajar al pasado
a donde no conocía este presente, lo imaginé tan fuertemente que entonces te busqué,
te pedí que me ayudaras a recordar y al principio pareciste reacio y hasta molesto, pero
conforme pasaba el tiempo pareciste ceder, me dijiste que es imposible regresar el
tiempo, me dijiste que no había marcha atrás y que eso no lo podías cambiar, pero yo
no quería cambiarlo, lo que quería era recordar, era volver a vivir, quería saber cuando
fue el último día que nos besamos, cuando fue que perdí mi vida y todo el sentido de la
misma y sólo tú podías ayudarme, entonces me dijiste:

– vamos, el destino así lo ha querido y aunque sé que no debo, vámonos ya.

– Pero yo no quiero que sea así.

– ¿Así cómo?

– Como a fuerza, como por obligarte.

– No me obligas, simplemente en el fondo también quiero...

Y subimos al autobús y comenzó el viaje, me declaraste tus infidelidades, me dijiste que
estás herido, te rehusaste a voltear a verme, pero el camino fue exactamente como lo
recordaba, tengo que decir que no me sorprendió lo que dijiste, de alguna manera lo
sabía, de alguna manera me dolió reconocer que yo soy tan responsable como tú, me
dolió que tú mismo te lastimaras de esa manera y saber que no pude ayudarte,
entonces también entendí que lo que tú quieres, lo que ansías, de lo que estás ávido es
de probar el mundo y tu juventud, entonces entendí que no puedo privarte ese derecho
y tampoco quiero hacerlo, entonces entendí que no es que no me amaras, es que crees
que eso no es amor, y me dí cuenta que me amas y entonces más que antes, más que
nunca, quise aferrarme a ti y no dejarte ir, pero tampoco me dejaste.

Llegamos entonces a ese día, y todo era exactamente como quería que fuera, tan igual
a mis recuerdos, que no pude sino lamentar que eso ya no existía y que tú no quieres
regresarmelo, ¿sabes? Duele, es un peso inmenso, una opresión sin igual en el
corazón, yo estaba convencido de hacerlo sabiendo que después de ese día, el pasado
no volvería, porque tú no lo quieres, queriendo aceptar que tal vez era mi última
oportunidad, lo que creo que nunca has entendido es que a mí, la vida se me acabó en
un instante, que a mí, la vida simplemente se me desvaneció y con ella toda mi
realidad, toda mi estabilidad, mi confianza, mi razón de ser y de seguir se acabaron ahí,
y quería saber si yendo al pasado podía encontrar una clave para recuperarlo todo, para
recuperarte a ti, pero no pude, busqué incansablemente, busqué entre mis cosas y me
encontré con que mis cosas ya muchas no estaban en el lugar que las dejé, busqué
entre mis papeles con la esperanza de encontrar algo, lo que sea, pero no hallé nada.

Cenamos al lado de tu mamá, así, justamente como me hubiera gustado que fuera, un
deseo más que se me cumplió, y subí a tu cuarto, a nuestro cuarto, al cuarto que fue
mío mientras estuve y que ahora ya no quieres regresarme, subí y abracé a los
hermosos gatos a los que extraño y extrañaré por siempre, y al acostarnos sabía que
quería abrazarte y no soltarte nunca más, sabía que quería que ese falso viaje al
pasado, fuera un presente constante e inacabable, un momento eterno, una mentira
piadosa que se apiadara de mi amor por ti, más que de mí, que se apiadara y me
devolviera todo, pero no fue así.

Y entonces, volvimos a amarnos como nos amamos en ese pasado, me entregué con
todo el corazón con la esperanza de quedarme para siempre, me entregué queriendo
tatuarme en tu piel, en tu hermoso cuerpo, en tus increíbles labios, pero difícilmente me
permitiste hacerlo, sencillamente sentiste como si fuera otro más en la cama contigo,
como si fuera uno de esos amoríos que quieres para aprovechar tu vida, sentí tu muro y
a pesar de eso, no quise dejar de intentarlo, al final, terminaste imaginándote a otro,
porque este que ahora soy, ya no te gusta, al final terminaste tú sólo porque yo ya no
puedo lograrlo, ya no quisiste hacerlo conmigo, al final me lastimó darme cuenta que no
estaba en ese pasado ilusorio al que creí llegar, sino en este presente donde estoy
acabado y maltrecho, donde estoy cansado y adolorido, donde ya ni yo mismo me
reconozco.

No pude sino dormir poco, porque deseaba con toda el alma que el tiempo se detuviera,
que la vida se acabara de verdad ahí, pero no, la vida sigue y tú la quieres seguir sin mí,
y yo no sé como seguir sin ti y regresé al presente, éste donde no estás y a donde te
estaré esperando todos y cada uno de los días de mi vida; no puedo ahora mismo sino
estar inmensamente agradecido por el viaje, porque sí, tú Nolar eres el hombre de mi
vida, porque sí, tú, Nolar Pesut eres mi “pleine lune” y eres el amor de mi vida, porque
sí, tú puedes volver cuando así lo quieras... y yo siempre, todos y cada uno de mis días,
te estaré esperando, porque tengo la seguridad en el corazón de que nuestro viaje
juntos no ha terminado, porque quiero con el alma, que no se acabe nunca.

Atte: tu “pleine lune”, Damir.


viernes, 7 de septiembre de 2018

Lo raro de hoy (Dave Malto)





Cortar un chayote espinoso parece cosa difícil, afortunadamente mi
involuntaria práctica cotidiana me ayuda con la tarea; a veces pienso
que tu mamá me trae estos chayotes porque sabe que me recuerdan
a ti, y no nadamás porque sea ella quien me los trae, sino porque
como el chayote, tienes una carne suave, nutritiva y sabrosa, sin
embargo, igualmente tienes una coraza espinosa que sólo algunos
saben aprovechar, los demás mortales nos deshacemos de ella,
aunque yo procuro que ese deshecho sirva para algo y la echo a la
composta.

¡Ay! si mi madre me viera cortar los chayotes me diría que les quito
media vida, en eso también se parecen a ti, en que por más que
quiero, no puedo sino sólo tener una parte tuya, por más que lo
intente no puedo sino terminar por deshacerme de gran parte de ti,
involuntariamente casi siempre, inevitablemente siempre.
Este año me propuse hacer todas y cada una de las recetas que he
anotado a mano, 457 en total, en un compilado de 5 libretas y un
archivo de Word de 90 páginas, la mayoría son postres porque me
encantan, pero también, porque sé que te encantan a ti, porque cada
que encuentro una receta con un postre que al menos a la vista
parece suculento, me imagino haciéndolo para que lo disfrutes
conmigo.

¿Sabes? quisiera que la cocina me gustara tanto como me gustas tú,
quisiera tener contigo la habilidad que tengo en la cocina, quisiera
que la cocina me distrajera de ti y que tú alimentaras toda mi vida
para seguir cocinando, pero ya no sé si eso sea posible, no sé si un
día me levante ya no queriendo hacerte el desayuno o si me harte
tanto de cocinar que tire todas esas recetas a la basura, no sé si
podré hacerlas todas y tampoco sé si todas sean tan buenas
realmente, así, justamente como me pasa contigo, no sé si en el
futuro nos volvamos a encontrar o si volvamos a ser felices juntos, no
sé si un día me levante y ya no te ame como hasta ahora o si en
algún momento encuentre otro amor por ahí, lo que si sé, es que
para ser 29 de julio el día es extraño, en primera porque el ambiente
tiene ese color ámbar de un día nublado que oculta un poderoso sol,
y al mismo tiempo, que anuncia una lluvia por la tarde, es extraño
porque decidiste que de mí, quieres sólo mi amistad, también lo es
porque como siempre, el chayote me dejó esa rara sensación en las
manos que al principio parece agua y que conforme se seca, se
torna en una capa amarillenta y casi dura; es como cuando de niño
me ponía resistol en las manos para después quitarme la pielecita
que se forma, sólo que en este caso no puedo quitarmela, porque a
pesar de las muchas cosas que sé de cocina, todavía no sé cómo
evitar que se me pegue esa sabia del chayote a las manos, igual que
todavía no sé cómo quitarte de mi corazón, de mi mente, de mi vida;
además, es uno de esos días extraños, también, porque la
incertidumbre de mí, de mis cosas, de mi vida, me tiene al borde del
pánico, de la angustia; para ser 29 de julio no parece verano, sino un
raro, febril y casi seco otoño.

viernes, 24 de agosto de 2018

Decisiones (Dave Malto)


Decidir parece cuestión de simplemente tomar una de las opciones, el verdadero
problema es cuando no tienes opciones o cuando las opciones parecen
imposibles, entonces, no sé si quepa decidir, lo que sí, es que tomé lo que a mi
juicio era lo mejor, tal vez ni siquiera exista algo mejor o puede que eso mejor no
tenga que ver conmigo, sino con él, también es posible que para él tampoco lo
sea, pero, sea o no lo mejor, a veces funciona, o quiero arriesgarme a ver que
en efecto funcione, para recapacitar, para darle frescura a mi mente y entonces
sí, decidir.

La mayoría de las personas supone que decidir va en función de las
posibilidades, sin embargo, para mí ya no hay elección, lo hecho, hecho está y
no hay marcha atrás, ahora lo que me resta es afrontar las consecuencias. Para
ser claro debo retroceder y especificar porque siento que se me acabaron las
opciones.

Aunque parezca exagerado llegar a este punto fue casi como una muerte
anunciada, casi como si nuestro destino no fuera otro, todo empezó cuando nos
conocimos, yo estaba sumido en una depresión de esas que lo acaban a uno,
pero de las que uno no puede darse cuenta, mis amigos insistentemente me
visitaban, me invitaban a salir y hasta me proponían actividades que a mí no me
interesaban en lo absoluto, como la danza por ejemplo, y bueno, al final tomé la
clase, no sé exactamente porque, pero fui pensando que no perdía nada y que
posiblemente me ayudaría, aunque en el fondo yo no quería ningún tipo de
ayuda puesto que suponía no necesitarla.

Los primeros meses fueron en definitiva los que me cambiaron la vida, jamás
imaginé tener la capacidad de hacer todo lo que aprendí y mucho menos en algo
como la danza.

Un día, en lo que comenzó a ser una rutinaria vida yendo a practicar, llegó él,
cuando lo vi no pude ignorarlo y mucho menos dejar de sentirme un tanto
apenado y al mismo tiempo tan atraído, como hipnotizado. Él, sentado en el
piso, en segunda posición, con sus vigorosas piernas bien torneadas, me dejó
impresionado, no sólo porque yo ni loco podía abrir tanto mi eje, sino también,
porque esa postura me pareció excitante, yo estaba detrás de él y fue inevitable
ver como la apertura marcaba notablemente sus nalgas, además, supongo que
hacer el calentamiento en mayas ayudó a sentir esa rara conexión.

Los días comenzaron a pasar, sin más que un simple saludo entre nosotros y
para mí, él se convirtió en el principal motivo de no faltar a las clases, al poco
tiempo ambos teníamos ya, rutinas que compartir mientras el profe enseñaba a
los que acababan de llegar, también ayudó el hecho de que en el grupo
estábamos sólo tres personas, él, una chica y yo, así que las rutinas en la tela
comenzaron, él subió y para mí era muy difícil mantener la boca cerrada por la
admiración que me provocaba, con el paso del tiempo desde aquel día, yo me
sentía nervioso a su lado, y por esa, mi ya acostumbrada forma de rechazar a
las personas, trataba por todos los medios de disimular que me gustaba, si me
hacía platica, yo era monosilábico, cortante y lo evitaba a toda costa, aunque por
dentro no podía más que desearlo; si se presentaba la ocasión de estar juntos,
hacía un esfuerzo sobrehumano para no quedármelo mirando embelesado, si a
una clase faltaba, entonces, el interés por estar ahí era nulo y mi participación
mediocre, por el contrario si desde el principio lo encontraba o le veía llegar,
procuraba ser notorio y desempeñarme con astucia para llamar su atención,
poco a poco me auto-convencía de que no podría tenerlo, aunque en el fondo
imaginaba cómo sería estar con él, por momentos caía en cuenta que la realidad
era distinta a mis alucines, y entonces, me resignaba a que fuera sólo un
imaginario amor que habitaba mis pensamientos, lejos de sentir desgano por
esa ilusión, sentí ganas de verlo siempre, sentí necesidad de saber más de él y
de buscar su atención.

El día que pude, por fin, tener su atención, me vi también en la necesidad de
serle sincero y decirle que yo no estaba bien, y no lo estaba porque no podía o
no quería salir de mi depresión, aún con eso, decidimos amarnos, aún así,
decidimos comenzar una relación, tal vez esa es la razón por la que las cosas
realmente nunca funcionaron, porque antes de empezar esta relación, lo que yo
realmente necesitaba era salir de mis problemas, y no sé cómo, pero ignorando
mis miedos, mi inestable situación, mi inseguridad, lo dejé entrar; desde
entonces cada día quería verlo, cada día quería estar con él; hasta que un día
llegó a mi casa, casi para despedirse.

– Me gustas mucho.
– Y tú a mí.
– Pero creo que es mejor que no nos hagamos ilusiones.
– ¿por qué?
– Porque yo me voy de la ciudad...

Y entonces sentí un miedo inexplicable, no sabía si dejarlo ir o no, pero
definitivamente no quería eso, no quería terminar con él porque comenzó a
significar para mí, un salvavidas que me estaba ayudando a flotar en el oceano,
así que tomé la peor decisión, o la locura más grande y más mortal de todas,
irme con él, y fue la peor no porque me arrepienta de haberla tomado, al
contrario, es la decisión que más valoro y agradezco, es hasta ahora y en mi
corazón la más especial, la que no cambiaría por nada en el universo, sin
embargo, resulta la peor porque no era el momento de tomarla.

Llegar a otra ciudad no fue cosa fácil y desafortunadamente mi inseguridad, mis
demonios, mis miedos, terminaron por dominarme, por hacer que se hartara,
pero también, por hacer que yo no me enganchara a nada y a nadie más que a
él, los momentos felices fueron muchos e inolvidables, pero igualmente, después
de un tiempo, las peleas se volvieron complicadas inseguridades de ambos,
celos incontrolables e imposiciones, queriendo que las cosas funcionaran, más
por la fuerza que por amor, y el amor comenzó a hacerse chiquito y el sexo
empezó a ser una especie de obligación ocasional que nos llevó a los dos a la
infidelidad, que nos llevó a los dos a destruirnos y a hundirnos cada uno en su
propio infierno.

¿Amarlo? No he dejado de amarlo desde que lo conozco, tal vez por eso no lo
quiero perder, pero antes necesito amarme a mí mismo, necesito recuperar a
Deian, a ese que era verdaderamente feliz solo, al auténtico, al alegre, al
solidario, al invencible que fui, también por eso lo único que puedo es dejarlo ir,
porque lo amo, porque él también necesita a su manera, sanar las heridas.

Nada deseo más que poderlo tener en mi vida hasta el día que me muera, nada
más, que regresar a su lado, pero también, nada deseo más que reencontrarme
a mí mismo, para lograr darle la felicidad que inútilmente intenté antes de llegar
a este punto, para ya no depender de él y para salir de una vez por todas de mi
miseria; es aquí donde ya no me quedan opciones, él se va, no porque se lo
pida sino porque es él quien ha decidido irse, y yo, ya sin opciones, me quedo
buscándome, es en este punto donde más que una decisión, es una
consecuencia quedarme desolado, solo, triste, enamorado más que nunca, más
que al principio, aunque no dejo de ilusionarme que va a volver, aunque no dejo
de querer que regrese, también no quiero seguir siendo, ni haciéndolo infeliz por
todo lo desarreglado que me encuentro, así que la decisión, o la consecuencia,
de toda esta, mi historia de amor, es dejarlo ir, aunque eso duela más que nada
en el mundo, aunque eso signifique una forma de morir, porque sí, a veces la
muerte también es una opción para seguir viviendo.

Ojalá que esta vez mi decisión sea la correcta y nada deseo más que volvamos
a amarnos, como cuando decidimos hacerlo, como cuando empezó todo esto,
para entonces, deseo con el alma, podamos decidir con verdadero amor, porque
si algo pido a Dios es que decida concederme la bendición de volver a su lado,
no hay otra cosa que pida al universo que decida permitirme regresar con él, no
hay día, ni momento, que anhele que la vida decida regalarme esa oportunidad
de reencontrarnos. Hasta entonces mi amor, hasta que el destino, Dios, la vida,
el universo, decidan, y tal vez, nosotros también decidamos...

viernes, 10 de agosto de 2018

A ratos (Dave Malto)


Estar en esa inmensidad oscura y sofocante, y al mismo tiempo, en la realidad, es
como entender porque hay un universo dentro de mí, que se me desborda, pero que
también me atrapa, me come, me envuelve, es casi como si mirar a mis adentros
fuera asomarme al vacío y cuando vuelvo la mirada hacia fuera, entonces, ya estoy
inmerso en ese abismo, sin embargo, algo pasa, algún sonido, alguna persona, algún
movimiento, me regresan de inmediato para volver a percibir los colores, las formas,
la habitación, las cosas, me doy cuenta de la serie de cosas que tengo por hacer y
trato de calmar mi mente para emprenderlas, pero algo me detiene, algo me obliga a
quedarme sentado frente a un desayuno que se vuelve almuerzo, que se transforma
en comida, como si el tiempo fueran esporádicos lapsos que a ratos no se sienten,
como si la vida pasara igual que en las películas, por etapas, a momentos aislados y
continuos, indetenibles e inteligentes, como si esta soledad tuviese vida y la
voluntad para hacer que todo suceda así, justamente como pasa.

Sí la soledad, esa sensación rara de tu extravío, de tu ausencia, de mi necesidad por
sentirte, por tenerte, por siquiera verte y cuando llega la noche, me meto en la cama,
los pies se congelan, las manos se entumen, el corazón se impacienta, las lagrimas se
vuelven un caudal implacable, cada noche parece más fría que la anterior y al
despertar, cada mañana más desalentadora, cada centímetro de la cama entre más
lejano de mi cuerpo, más solo, más obscuro, más temible y amenazante; peligroso
adentrarse ahí porque de antemano sé que no estarás, de antemano intuyo tu
ausencia, mi incipiente necesidad de tenerte, es ahí en la cama donde vuelvo al
abismo de tu ausencia, cuando regreso a mi mente que me lleva inevitablemente a
esa inmensidad que me da miedo, pero que no puedo evitar.

¿sabes? Uno de estos días la muerte me miró, acechándome, fijamente pero de lejos,
se acercó y a unos pasos se arrepintió, o quizá le vino algo a la mente que la distrajo
y repentinamente volteó para alejarse de nuevo, como si hubiese olvidado algo
detrás de sí, olvidándose de mí, a veces quiero que regrese, pero como tú, ella no
quiere venir conmigo, ¿acaso se pusieron de acuerdo para hacerme sufrir así?
aunque efectivamente, desde que te fuiste comenzó este infierno, entonces, fue el fin
del mundo, o por lo menos de ese mundo perfecto de mis adentros, de mis fantasías,
de mi vida, de mi ilusión; sin embargo, hoy por alguna extraña razón que la vida me
vuelve a abrazar, que la muerte y tú se olvidaroń de mí, que los pendientes se
apelotonan en la mesa y en el fregador de trastes, en el refrigerador, en los pisos y
en las paredes, hoy por esa extraña razón sigo y no sé por cuanto tiempo, pero sigo,
a veces sin querer, sintiendo que doy vueltas y vueltas y que por más que intento
avanzar, regreso siempre al punto de partida, pero no me quiero detener, no por
ahora, no sé si un día me canse de todo esto, no sé si un día me canse de mí mismo o
de seguir, lo que si sé es que en esos pequeños lapsos de inteligible presencia me
doy ánimos, busco fuerzas para seguir, pendiente todos los días por si regresan, tú, o
la muerte, porque la única que se ha enganchado a mis días, volviendolos pedazos
de inconciencia a ratos, es la soledad.

lunes, 6 de agosto de 2018

Eren (Dave Malto)


Quizá su destino siempre fue el abandono, mismo que no llegaría antes de cumplir su misión,
y aunque abandonado, no así en el olvido porque considerando que el olvido es la muerte, él
sigue vivo más que muchos otros...

Quiero hablar sobre Eren, que más que un amigo pasajero, fue un verdadero ángel guardián
que seguramente limpió mi casa y mi vida los días que estuvo conmigo. Cuando lo encontré,
entre la espesura de la noche y el color azabache de su pelo, no podía distinguirlo, atendí a
sus gritos guiado sólo por su trémula y niña voz desesperada.

Tengo que reconocer que su llamado me incitó a sentirme héroe y me propuse no descansar
hasta que lo tuviera entre mis brazos, hasta que me encontrara con sus ojos, unos
maravillosos y cristalinos ojos como entre grises y azules, cargados de una inocencia sin
igual que parecían gritarme que me apurara, que ya llevaba tiempo esperándome.

Lo tuve de frente, al principio sin percibirlo, pero su incesante chillar lo impulsó hacia
adelante para hacerse apenas reconocible, lo escuchaba muy cerca pero no lograba verlo,
una vez que hube ubicado sus ojos, poco a poco mi visión se aclaró para reconocer todo su
cuerpecito, pequeñísimo y frágil, reuniendo esa su actitud de reclamo contra mí.

Pero entonces, tengo que decir también, que fue un momento mágico, me enternecí de tal
manera al ver a semejante niño, flaquísimo, temblorino, hambriento, necesitado; que no
pude sino querer abrazarlo, aunque de momento tomé mis precauciones, porque ante mi
actitud por agarrarlo no quería que saliera corriendo y se alejara a los adentros de aquel
basurero, inmenso comparado con su pequeñez, sin embargo, acerqué mi mano y no corrió,
lo pude tomar por el cuello para asirlo con seguridad y traerlo a mi pecho, su olor a basura y
podredumbre me hizo reaccionar con un gesto de desprecio, mas no por él, sino por pensar
en quién pudo abandonarlo en un basurero, no podía creer que alguien pudo tener esa lesa
actitud ante una vida y ser capaz de abandonar a un ser indefenso a esa situación donde su
único destino sería la muerte segura.

Una vez en casa, busqué cómo alimentarlo puesto que parecía su necesidad más próxima,
luego pensé que era muy noche para darle un baño y decidí, a pesar del olor, dejarlo así hasta
el día siguiente e incluso durmió a mi lado en la cama, después de comer durmió con tal
calma que parecía estar junto a su madre, al día siguiente pensé lo que ahora me pesa, pero
ante lo cual no tenía opciones. Yo no podía mantenerlo, no podía ofrecerle absolutamente
nada, así que comencé a buscarle una familia que quisiera adoptarlo.

Ese segundo abandono, ahora de mi parte, fue menos cruel que el primero, puesto que no lo
abandoné a la muerte sino con una familia, una que no supo cuidarle y que tampoco supo
educarlo, una familia que lo encerraba, que lo desatendía, que lo formó con un carácter
agresivo, un tanto temeroso, aunque lo alimentaron y le dieron un cariño, no así, evitaron el
abandono que representó su descuido, ése es al que yo lo llevé; aunque justifico mi acción
por mi falta de tiempo y de recursos económicos, no puedo sino lamentarlo, ahora que supe
su final destino.

Después de un tiempo de calma con su nueva familia y con otro nombre, al que se
acostumbró, mi Eren, porque para mí siempre se llamará Eren, resultó quedar contento
puesto que creció con una hermana, una que no era de su sangre pero si de su edad y con sus
mismas circunstancias, las de ser abandonados a su suerte.

No recrimino a su nueva familia, la desatención y mala educación, total, ellos lo recibieron sin
tener la menor idea de cómo cuidarlo, nunca antes habían atendido a alguien con esas
características y debo reconocer que fue loable su acción, que hicieron lo mejor que
pudieron, pero, eso no fue suficiente para evitar el destino de mi Eren.

Hace más de una semana que me enteré y sigo con pesar en el corazón, a Eren lo llevaron
hace algunos meses, apenas en una tempranísima juventud a un lugar donde fue puesto
nuevamente en adopción, sé bien que ese lugar ofrece ayuda, pero también, que si después
de un tiempo no encuentra familia, es sacrificado.

Dicen que cuando un gato llega a tu vida es porque lo necesitas, dicen que cuando lo tomas
por primera vez en tus brazos, se hace una conexión indisoluble entre sus almas, dicen que
un gato limpia tu casa, tu vida, tu alma, que es Dios mismo quien lo manda para ayudarte.

Sé bien que Eren llegó a mi vida porque necesito salir de la depresión que me está llevando
igualmente a la muerte, sé bien que Eren regresó, ahora en la figura de Balam, que esta vez
cumplió muchos más cometidos, sin embargo, regresó sin ser mío, sino de mis inquilinos
amigos, por eso ahora que se han ido y se lo llevaron, regresándome a la más profunda
soledad, el recuerdo de aquella noche en la que lo encontré me lleva a hundirme más en la
depresión.

En ese entonces, cabía perfectamente en mi mano, era tan pequeño que mi puño cerrado era
más grande que todo él y aún con eso, me rescató él a mí y no al revés, me rescató de la
tristeza y la soledad, me devolvió vida y se la devolvió a mi casa, por muy pocos días pero así
fue.

Finalmente entiendo, tratando de aceptar, que tal vez el destino de Eren fue el de ser
abandonado; primero, lo arrebataron de su madre a su suerte en un basurero, posiblemente
ese primer abandono tiene su raíz en el hecho de ser un gato negro, ¡infelices!, después, lo
abandoné a una familia que no supo darle lo que necesitaba y también esa familia terminó
por abandonarló con la esperanza de que pudiera nuevamente ser adoptado, cosa que cada
vez creo menos; lo abandonaron ahora sí, a una irremediable muerte, una digna y tranquila,
como la merecía, pero al final una muerte injusta e innecesaria.

Quizá su destino siempre fue el abandono, mismo que no llegaría antes de cumplir su misión,
y aunque abandonado, no así en el olvido porque considerando que el olvido es la muerte, él
sigue vivo más que muchos otros, más incluso, que yo mismo.


martes, 22 de mayo de 2018

Verdadero Amor (Dave Malto)











 

–Los hay quienes están hechos para eso, para tener un amor duradero, pero no para mí, hasta puedo decir que genéticamente es imposible; mi padre por ejemplo, tuvo muchísimas amantes y anduvo de cabrón teniendo hijos por doquier y ahora no lo veo como un hombre infeliz o lleno de culpa, él sigue en el desmadre y está muy bien; no veo por qué yo deba pensar que el amor es con un único hombre, me parece arcaica y ridícula esa idea de Shakespeare y de las religiones, donde tenemos que resignarnos a estar, a vivir y a aguantar a un solo amor sólo porque es “el amor de tu vida”, me parece que no podemos seguir repitiendo clichés ni estereotipos establecidos hace más de cien años. Ahora, no sólo no quiero eso, sino que no estoy dispuesto a seguirlo buscando y mucho menos a conseguirlo, tengo todo el derecho de ser y hacer todo lo que me proponga sin atarme a alguien y si quiero ahora mismo estar solo, es precisamente porque mis prioridades han cambiado y no van en función de alguien, sino de mí mismo, no van en pro de cumplir expectativas sociales ni de mentiras ideadas por la moral, sino de lograr mis propósitos personales y de ser pleno, estar satisfecho conmigo mismo, con lo que quiero alcanzar. Soy una persona libre y entera, entonces ¿por qué encadenarme a alguien? o ¿por qué pensar o sentir que necesito de otro para ser feliz? Resulta absurdo…

Todo eso y más le decía Enrique a su roomie y mejor amigo, mientras caminaban por la calle rumbo a su casa, Durian lo escuchaba atento y meditaba las cosas que su amigo le decía, aunque de cierta manera le daba la razón, también sabía que sus palabras eran un tanto de coraje, de auto consuelo y sobre todo para justificarse, más que por sentirlo de verdad, era su discurso por engañar a Octavio, su novio, por sentirse mejor que él y hasta por tranquilizar ese miedo de seguir solo.

Además, esa tarde terminaron una relación de apenas un año y Durian sabía que ese enojo se le pasaría o que tal vez terminaría por ignorar su acostumbrado discurso, las posibilidades eran dos, una, que arreglando las cosas regresara con Octavio o la segunda es que en efecto y definitivamente las cosas hubieran terminado entre ellos.

… Al día siguiente llegó Enrique emocionado a la casa.

– ay Dury ¿a que no sabes que me pasó?

– Pues no… ¿qué te pasó?

– ¿Te acuerdas de Armandito?

– ¿El chico guapo que conociste en el gym?

– El mismo.

– Sí claro, cómo olvidarlo, ¿qué con él?

– Pues nada, que me invitó a salir…

Durian sabía muy bien como es su amigo, sabía que más iba a tardar en terminar su discurso sobre el amor y la independencia que en lo que encontraría a alguien con quien salir y hacerse novio, o por lo menos alguien con quien divertirse sexualmente.

Lo inevitable fue que comenzó otra relación de mucho sexo y salidas, de planes en los que Durian a veces terminaba involucrado y no sólo por ser el mejor amigo de Enrique, sin embargo, Durian parecía más bien la otra cara de la moneda, era un chico poco atractivo y no por su físico, más bien por su actitud con los demás, con baja autoestima, con problemas para relacionarse o para mantener noviazgos, era la antítesis de Enrique y posiblemente por eso eran muy buenos amigos, tan opuestos y al mismo tiempo tan iguales, con las mismas necedades y hasta manías, pensaban casi de la misma forma sobre la mayoría de las cosas, como del amor por ejemplo, no obstante a Enrique le podían más sus necesidades físicas que sus ideales, mientras que a Durian le parecía cada vez más lejana la idea de encontrar a ese “verdadero amor” si es que eso en realidad existía.



viernes, 4 de mayo de 2018

El Cine Nacional






















Segunda Parte 

... Después de un rato, me cansé y me senté, fue entonces cuando me comenzó a rodear un chico, su silueta medio iluminada por la luz de la pantalla, no parecía la de un hombre mayor a treinta y cinco años,  de cuerpo definido, no muy alto, al parecer le gusté porque se paró a mi lado y me clavó la mirada, así no más sin más; poco a poco tratando de ser discreto, como quien no quiere la cosa, se fue acercando a mí y yo simulaba ver la película, sin prestarle atención, aunque la realidad era que estaba esperando a ver que hacía.

Finalmente se sentó junto de mí, abrió las piernas para buscar mi contacto, y me dio miedo, me levanté y me alejé de él, no puedo decir que me arrepiento, pero si me hubiera quedado, quizá, como la mayoría, hubiera disfrutado de un momento de sexo en ese lugar prohibido.

Mi recorrido siguió a paso lento, unas veces en la sala de arriba, la que es tipo estadio, otras en la de abajo, la grande, y ya con un poco de mayor familiaridad con el sitio y con el ambiente, entonces busqué a alguien con quien pudiera pasar un buen rato sin tapujos y sin temores, y entre tanta mirada y caminata, entre tantos ambulantes, vi a uno que me pareció atractivo, no tenía mal cuerpo, se veía muy chacal y se me antojó para un buen rato, quise seguirlo pero tampoco me atreví así que comencé a rodearlo sin perderlo de vista.

En algún momento me aburrí y cambié de sala, casi decepcionado comencé nuevamente el ritual deambulatorio entre los pasillos, viendo a hombres semidesnudos, con los pantalones bajados a las rodillas y disfrutando de la felación que su acompañante les daba o uno detrás de otro en indudable estado de penetración.  Cuando volví a ver a mi chacal, estaba ya con un chico, quien le daba unas arremetidas con la boca a su considerable miembro, el placer y entusiasmo que denotaban me excitó, me acerqué a ellos y tuve ganas de masturbarme ahí, viéndolos, pero no lo hice, sólo me senté cerca para seguir la función; el chico entonces, de repente, se bajó los pantalones, se dio la media vuelta y dejó que el chacal lo clavara con cierta desesperación, intentó penetrarlo con fuerza, lo tomó de la cadera y cuando logró entrar, el chico gimió como entre dolor y placer, ahogando un grito, entonces, como insectos que han encontrado comida comenzaron a llegar cada vez más espectadores y cómo los realizadores del espectáculo estaban parados, nada impedía verlos, por un lado un joven siendo poseído por un miembro de unos veinticinco centímetros; porque a pesar de la oscuridad, podía verse un miembro vigoroso  que sin duda quien lo sintiera lo disfrutaría mucho, y yo quería sentirlo.

Mientras mi imaginación se desbordaba soñando que era yo ese chico al que penetraba con fuerza y energía aquel hombre, que en la oscuridad me pareció atractivo, el tiempo pasaba sin importancia ni problemas, mi excitación crecía y mi morbo se alimentaba.

Al salir justo después de que encendieran las luces y se apagara la pantalla, algunos se iban abrochando el pantalón, otros vistiéndose completamente, los demás sencillamente salimos, entonces, encontré a mi amigo quien había desaparecido, me cuestionó si me divertí y me limité a sonreír, caminamos por el mismo pasillo por el que habíamos entrado, volví a ver al alebrije, mentalmente me despedí de él y seguí andando al lado de mi amigo.

En la calle la lluvia caía con fuerza y el día se apagaba con la llegada de la noche, después supe que la calle de la esquina se llama Jesús María y que cerca está el mercado Sonora.

Al final pudo más mi temor que mis ganas, no puedo decir que no he de volver, porque quizá lo haga, ojalá mi experiencia del Cine Nacional hubiera sido placentera, o cuando menos de un buen faje, pero ni uno grande ni uno pequeño, ni uno maduro ni uno joven, no me animé a descararme frente a un hombre desconocido que me pudiera ayudar a dejar un poco la soledad, no me atreví a disfrutar del Cine Nacional, o por lo menos no esta primera vez.

viernes, 20 de abril de 2018

El Cine Nacional




Mucho se puede decir sobre el cine nacional, de su época de oro, sus inolvidables divas y míticos personajes, sin embargo, esta anécdota como de sueño, no será ni sobre las figuras de la gran pantalla ni mucho menos sobre artistas, y sí, si del cine nacional.

Resulta que un día Leonardo, mi amigo, me invitó a comer un huarache a La Merced y pues ya ahí me pedí también un pambazo y dos cocacolas, la cosa es que después, caminamos, yo siempre pensando que hacia el metro, pero en realidad era más al sentido contrario, de repente, mi amigo giró en una especie de local como entrada de centro comercial, amplio; me sorprendí y pensé que tal vez era un estacionamiento. Pasamos una especie de locales con cortinas cerradas, llegamos a un par de escalones donde descansaba un alebrije gigante, colorido y bien hecho, con tres calaveras en la cabeza y bigotes verdes que salían en todas direcciones, con ojos saltones y garras amenazantes, cola larga y abdomen articulado, justo después del personaje que nos dio la bienvenida se encontraba una taquilla.

– Vamos a entrar ¿no?– me dijo Leonardo señalando la taquilla.

– No lo sé, sí, si quieres– respondí un tanto confuso.

y entonces me dio cuarenta y cinco pesos y me pidió que comprara los boletos, la señora de la taquilla se asomó como para verme bien la cara y comprobar que no le estaba vendiendo a un menor de edad, yo le pedí dos y me los dio, no sin que antes yo dejara el dinero sobre la charola metálica debajo del mini cristal de la taquilla. Alrededor de dicha ventanita un sin numero de carteles de todo tipo, desde talleres y cursos, publicidad varia, hasta las películas que se exhibían en ese momento.

La primer sala me parecía mas bien una trampa, porque es tipo estadio y los escalones no se veían, tal vez por que cuesta trabajo acostumbrarse a la oscuridad y esa tarde el sol brillaba tanto que entré deslumbrado. Parecía estar vacío, sin embargo conforme mi vista se aclaraba aparecían unos cuantos bultos apenas divisibles, dispersos por aquí y por allá que se movían poco y comencé a recorrer la sala, poco a poco descubría entre las filas de esas butacas frías y calladas, a parejas que se daban placer entre ellos, bien se masturbaban ambos, uno le hacía sexo oral al otro o se besaban mientras se tocaban con frenesí sus miembros.

Yo caminaba despacio y queriendo observar, no quería que ningún detalle se me escapara, no quería dejar de ver sexo explícito y algo sucio en ese lugar como clandestino. La sala me sorprendió por su tamaño, es amplia, grande, bastante mejor acondicionada que la segunda y en forma de abanico, de paredes altísimas; la mayoría de los ahí presentes, como almas en pena, deambulaban de un lado a otro como buscando al chico indicado, como queriendo encontrar el amor, con ciertas ganas desesperadas de besar unos labios, de acariciar un cuerpo caliente y firme, entonces, comenzó el juego de la seducción.
Del lado derecho de la sala había una especie de salida, una puerta con demasiada iluminación, donde descubrí un baño, a pesar de que su antesala es oscura, aquí la luz blanca sobra, no sé si es exagerada, pero te permite, si no arrepentirte, quizá si desengañarte, porque la oscuridad siempre es, al final, un engaño para sentirse libre y sin prejuicios de entregarse a los placeres del cuerpo, para no avergonzarse, para desinhibirse, puede ser entonces que tenga razón la canción: " el corazón, a media luz, siempre se entregará" o por lo menos si existe algún sitio donde se cumpla la letra de la canción, seguro que es aquí en el Cine Nacional.

En las paredes a cierta distancia unas de otras, y a una altura considerable, había unas lámparas que más bien son sólo los focos y que debajo de ellos dibujan un triangulo de luz, como en las calles a mitad de la noche, que no alumbran pero que dejan ver un poco mejor a quien se encuentra por ahí cuando pasa por debajo. Hubo chicos que se acercaron bajo ellas como para hacerse notar y atraer a alguno que quisiera disfrutar con ellos de sexo clandestino, parecían más bien prostitutos que esperaban clientes; yo me dediqué a observar y a caminar lento.

Como en cada lugar de encuentro como este, nunca fata un anciano que pretende conquistar a un jovenzuelo fácil y dispuesto, aunque aquí abundan de esos viejos lujuriosos que te miran de arriba abajo desnudándote con la mirada, misma que es imposible percibir a media luz entre la oscuridad, pero que se intuye, que se siente, no faltó quien me quiso seguir y hasta quien me insinuó seguirlo o acercarme, tampoco quien entre los pasillos, al cruzarnos, se me acercara intentando provocarme y hasta quien me tocó por encima del pantalón, pero cuando volteaba para tratar de definir sus caras y sus cuerpos entre la penumbra, entrecerrando los ojos como para aclarar mi visión, percibía a hombres que me decepcionaban de inmediato y entonces emprendía la huida; cuando notaba que ya no me seguían volvía a aligerar el paso…

viernes, 6 de abril de 2018

El Aniversario (Dave Malto)


Desde temprano sabía que no sería un día cualquiera, no sólo porque quería que
fuera especial y maravilloso, sino porque como dicen las mujeres, la intuición no
falla; fue un día que comenzó con mucho ánimo y alegría, conecté las bocinas a la
música en la computadora para escuchar fuerte y cantar a garganta abierta, me di
un baño muy entusiasmado y siempre pensando en lo especial que quería fuera
aquel día.

Después del ritual cotidiano del baño y de vestirme, primero con ropa cómoda
para ir de compras, me dispuse a salir. Era nuestro tercer aniversario como novios
y quise hacerle una cena especial, ya me había puesto de acuerdo con él para
verlo cuando saliera del trabajo, seguramente llegaría a las nueve de la noche,
considerando su trayecto, y eran apenas las diez de la mañana así que tenía el
día entero para los preparativos.

Un día antes escogí el menú, así que ya sabía qué comprar; salí de casa con
sonrisa amplia y ánimo para hacer de las compras una experiencia divertida y
tranquila, ya en el mercado busqué con esmero cada ingrediente con la esperanza
de encontrar lo mejor; pasé por las verduras para comprar berenjenas, por las
hierbas pidiendo albahaca y gengibre, puse en la bolsa pimientos y quesos,
después recordé que debía ir a la vinatería para escoger quizá un shiraz, un
carmenere o alguna mezcla de uvas que recordara sabrosa y especial.

El menú consistió para la entrada en una pasta fusili en salsa de pimiento morrón,
luego arroz de jazmín y ensalada con lechugas, jitomatitos cherry y espinaca
sazonados en balsámico, sal, tres pimientas y aceite de oliva; todo como
guarnición para acompañar unas berenjenas a la italiana de plato fuerte, de postre
un chocolate amargo en barra acompañado con cuadritos de un queso “gran
apadana” y ate de guayaba; el pan fue de ajo con pimienta, albahaca y aceite de
oliva. No podían faltar las flores, escogí unas hortensias, agapandos azules y
rosas en color lila.

Ya en la casa preparé los floreros y acomodé la mesa para que estuviera en el
ángulo exacto, donde a la luz de las velas tuviéramos intimidad y romanticismo,
así que la acerqué a la ventana para combinar la luz de la calle y tener un
ambiente maravilloso y dispuse los muebles del comedor para crear un espacio
agradable, por supuesto la música fue una selección tranquila y romántica que
esperaba en el estereo.

Para cuando comencé a cocinar eran ya las seis de la tarde así que me apuré con
la comida y para las ocho y media de la noche estaba ya todo listo y en orden,
pensé que esperar media hora no sería problema así que volví a revisar el sabor
de cada platillo y me dispuse a vestirme, no muy elegante pero tampoco muy
casual, la ropa incluyó un suspensorio para hacer de después de la cena una
noche erótica y apasionada.

Vistiéndome me dieron las nueve con veinticinco minutos por lo que apresuré el
ritmo para que no me ganara mi amor, me atavié con el perfume que sé que le
encanta y estaba más que listo, contentísimo y ansioso a las nueve cuarenta. Me
senté en la sala para esperarlo, pensando que no tardaría.

Encendí las velas, diez minutos después las apagué de nuevo, para que no se
consumieran mucho, volví a revisar la comida y pensé que tal vez sería mejor
servirla, pero me convencí que no, que podría enfriarse y decidí esperarlo.

A las diez con doce minutos comenzó la preocupación y decidí mandarle un
mensaje recordándole que habíamos quedado en vernos en mi casa cuando
saliera del trabajo; para las once de la noche no había recibido respuesta del
mensaje y con los nervios hechos trizas decidí llamarle.

No sólo no respondió a la primer llamada sino que a las doce veinte, con treinta y
cinco llamadas no respuestas, estaba yo hecho un histérico y desesperado animal,
salía a la calle a buscar en el horizonte la figura lejana de él, encontrándome con
la más pesada y fría soledad, marcaba su número y siempre respondía el buzón.
Eran exactamente las doce con cincuenta y nueve minutos cuando, por fin,
respondió.

— Perdón Darío, es que después del trabajo tuvimos junta y no pude safarme.
— No te preocupes, ¿está todo bien?
— Pues sí, sólo que estoy muy cansado, yo creo que mejor te veo mañana, .
— Pero...
— Perdón, es que de verdad estoy muerto, ¿no puedes darme la sorpresa que
me dijiste, mañana por la tarde?
— Ay Jesús, es que ya mañana no va a tener chiste, por favor toma un taxi y
ven, no te quito mucho tiempo y dormimos juntos, anda.
— Es que Darío, por favor, entiende que fue un día pesado y que no tengo
ánimos de nada.
— Bueno, pues entonces mañana no hay sorpresa, no me lo tomes a mal pero
si no vienes ahorita, esto ya valió madres.
— Ay Darío, me caga que te pongas en tu drama, como si yo tuviera la
obligación de cubrir tus pendejos caprichos tontos.

— Pues no Jesús, no tienes ninguna obligación de cubrir mis pendejos
caprichos tontos, pero yo tampoco tengo porqué estarte esperando con una
sorpresa, ni hacer absolutamente nada por ti, ni para ti.
— ¿Ves? A veces me desesperas, me hartas...
Cuando colgué no pude evitar el llanto, mi desilusión fue tal, que eché toda la
comida a la basura, me quité la ropa y quise dormir, aunque me fue imposible,
deseando no quererlo así, deseando con el alma no estar enamorado de él, ni
darle ese poder que tiene sobre mí, esa facilidad de acabarme por completo.
Eran las tres de la mañana con ocho minutos, yo seguía en medio del llanto,
cuando sonó el timbre del departamento, sabía que era él, y me negué a abrirle,
aunque no por mucho tiempo; salí, lo miré de frente y con esa mirada de cabrón
que me conquistó, me tomó primero de las manos, ninguno de los dos dijo nada,
por su aspecto, no parecía venir del trabajo sino de una parranda, además olía a
alocohol, me abrazó y me dijo – A ver pues, dame esa sorpresa que tanto
necesitas darme ahorita.
– Ay Jesús– Exclamé con pesar, abrí más la puerta y le indiqué que pasara,
ya adentro señalé el bote de la basura con mi elegantísima comida dentro y al
voltear a ver el ambiente, la mesa puesta, las velas apagadas y la disposición de
los muebles, soltó una carcajada. Yo, me enojé y continuó la discusión...
Nuestro aniversario fue, como siempre, una pelea más, una noche sin sexo y un
motivo añadido a los anteriores para sentirme insatisfecho, un tanto solo y cada
vez más enamorado.

viernes, 23 de marzo de 2018

Carta de fin de año (Dave Malto)






















Segunda Parte 

Debo reconocer que el tonto baila muy bien y que llama mucho la atención, sí, es bajito, pero tiene buen cuerpo y de cara es agradable, tiene unos labios bien definidos, carnosos, bastante besables, y entre bailes y copas empecé a verlo diferente, no es que estuviera borracho, porque una botella para los seis no representó más que tres vodka-tónic para cada quien, y después de terminada la botella no quisimos una segunda; entonces, poco a poco, con las tonterías de la conversación, los bailes y la convivencia, me fui dando cuenta de que no dejaba de mirarlo y que, cada vez, le encontraba más compatibilidad con el güey al que le escribía por whatsapp, salimos a las seis de la mañana del antro, ya a punto de caer de sueño; pasamos a dejarlo a su casa, el Charly y Eduardo se quedaron conmigo y Paty tomó un taxi con su novia.

Al día siguiente yo tenía clase en la universidad a las nueve y a esa hora me Levanté, llegué tarde a mi clase y con una cara, que ya sabrás; salí de la universidad al medio día y aproximadamente a la una, ya de regreso en mi casa, le mandé mensaje para preguntarle cómo estaba, que si había ido a trabajar.

Llegué a la casa con ganas de caer como tabla en mi cama y dormir toda la tarde, porque para la noche tenía una fiesta más, pero el tonto me respondió diciendo que llegó tarde al trabajo, que salía a las dos y que moría de hambre y de sueño; ahí cometí mi segundo error, le dije que si quería, comíamos juntos, que faltaba poco para que saliera y como su trabajo queda cerca de la casa, pues que, si quería, podía quedarse a dormir conmigo; no creas que tenía ganas de coger con él, no, aunque sé que tal vez no me crees, en realidad quería dormir y sólo eso; lo que pasa que al final de la noche anterior, me cayó tan bien, que de amigos le ofrecí que se quedara en la casa, sin ninguna doble intención, como para hacerme de un buen amigo.

Comimos en una fonda, después, llegamos a la casa y sin más preámbulo nos metimos en mi cuarto, me quité los zapatos y la camisa, me quedé en jeans y me tumbé en la cama, le dije que con su permiso yo dormiría y que él hiciera lo mismo cuando quisiera, que se sintiera en su casa.

Justamente estaba conciliando el sueño cuando "zas" me dio un piquete con el dedo en las costillas, diciéndome que no me dejaría dormir, le regresé el piquete, él consecuentemente siguió y los demás jugueteos ya los debes intuir. A los jugueteos procedieron golpes leves, almohadazos, zapes, forcejeo e interminables risas y miradas, unas veces los iniciaba él, otras tantas yo, seguí quitándole la camisa y entre los jugueteos sexys, me agarró la entrepierna por encima del pantalón mas no para provocarme sino para lastimarme, me apretó diciendo que apretaría más si no lo soltaba y aproveché un descuido suyo para también tomarlo del mismo lugar.

¡Uff!, no sabes lo caliente que fue aquello, entonces le dije que apretara, que yo podía hacer lo mismo, estábamos de frente, retándonos con la mirada, con las manos sobre el tiro del pantalón, apretando cada uno al otro, con el torso desnudo, cuando sin más, me besó, y él fue el primero en aflojar la mano, disminuyó la fuerza pero no la quitó de mi entrepierna, acto seguido, lo imité para después comenzar a frotarnos los miembros erectos, mientras nuestras bocas desesperadas se probaban frenéticamente, y entre fajes, risas, caricias y maldades, es que me fui enamorando. Cuando por fin el cansancio nos venció, dormimos abrazados.

Al despertar, los fajes, besos y caricias, prosiguieron como una canción que para la segunda parte se vuelve más intensa, más profunda, con más sentido; toda esa tarde-noche estuvo lloviendo y el tiempo pasó como una paloma en pleno
vuelo, rápido, sin detenerse, firme, constante e inevitable; estábamos tan metidos en nosotros que cuando miré la hora, ya era momento de despedirme; tenía que bañarme y salir a mi compromiso corriendo, pero no me importó, al poco rato las llamadas empezaron a llegar insistiendo en que no tardara, y yo no quería separarme de él; es que fue todo tan rico, tan único, que llegó la necesaria pregunta de ¿después de eso, que seguiría?, él me dijo que le encantaría tenerme como novio, que le gustaba mucho y que le resultaba perfecto, fue entonces cuando sentí la presencia a mi alrededor del miedo.

Fue un momento incomodo, indeciso, porque sabía que si le contaba que soy portador de VIH su rechazo sería inminente. Tengo que confesarte que estuve, por un minuto, tentado a dejarlo pasar cómo llegó, sin nada más que una amistad allegada al sexo, un amigo con derechos o cómo quieras llamarlo, sin embargo, me sentí con la obligación de serle sincero y decirle de mi situación, porque según su declaración, si no se lo decía, resultaría contraproducente y decidí arriesgarme tratando de resignarme mentalmente a la idea de ser rechazado.

Si tan sólo pudieras saber lo difícil que es temerle a ser rechazado, al miedo de sentirse una basura frente a alguien que bien puede salir corriendo sin volver a buscarte y que sin dudas podría ignorarte si lo topas en cualquier sitio, confieso que pensé en esa posibilidad, dejarlo ir entendiendo su rechazo, pero entonces pasó, entonces volvió a pasar lo que no creía posible, le dije y su respuesta fue que no saldría corriendo y que quería que le contara como había sido, así que tomé aire con un profundo respiro y empecé a contarle mi historia con el pendejo de mi ex, y evidentemente le dije la verdad.

También le conté que lo único que quiero es ser responsable conmigo y con los demás, que por nada podría afectarlo, que podía ofrecerle eso que busca, que puedo ser un novio perfecto y que si él quiere, puedo ofrecerle la estabilidad y la seguridad que necesita, sin embargo, evidentemente tenía que pensárselo y finalmente lo acompañe a la parada de su autobus, lo dejé y me sentí mal, me sentí triste y pensé que tal vez nunca más lo volvería a ver; me bañé, me arreglé y fui a mi compromiso donde la pasé bien, pero extrañándolo.
A partir de entonces tengo una obsesión incesante con él, pienso que posiblemente siga viéndome y buscándome por una especie de lástima o para no hacerme sentir mal, porque al siguiente día me buscó diciendo que quería verme, fuimos al cine y después a comer, así empezaron las dificultades, esas cosas que son obvias en un chico de veintitrés años, que es simpático y hasta interesante; pues nada, que está que se muere por un chico que no le hace caso y que además tiene a otros dos que lo buscan y con quienes le gustaría estar, así, justamente como no podría estar conmigo; como novio.

Ojalá no sepas lo feo que es eso, ojalá nunca te pasen estas cosas que la vida te pone como para que termines suicidándote, o bien, para que seas un cabrón culero que juega con la gente y sus sentimientos.

Como debes suponer no fue la última vez que nos vimos, no lo sé, pero definitivamente verlo me gusta, estar con él es inexplicable, tenerlo a mi lado en la noche es más que romántico, es como un sueño hecho realidad y lo único que hago es disfrutarlo, me gusta cómo nos llevamos y hasta hacerle maldades es de lo más agradable y divertido, sus besos son como ese aparato para los asmáticos que les regresa la tranquilidad en alguna crisis, su mirada es un mar que te hipnotiza horas sin que te percates del tiempo, sus caricias son como estar en pleno orgasmo con el más hermoso y perfecto dios del Olimpo, tiene pies como alguno de esos dioses por cierto, y su piel es tan agradable a mis manos, a mi piel, a mi lengua; es tan deliciosa como el jugo de una fruta exótica que se escurre por los bordes de tu boca cuando la muerdes.

Hemos dormido juntos, pero, el problema es que él no me ve más que como a un amigo; me ha dicho tantas veces que le gusto que ya no sé si es real o sólo lo dice para no hacerme sentir mal, me ha besado tantas veces con tanta lujuría y entrega, nos hemos hemos excitado tanto e innumerables veces, que el otro día tuvimos sexo como ya había olvidado que se puede, con tanta desesperada pasión y frenética calentura, que de verdad que no podré olvidarlo, y evidentemente no pudimos ni quisimos evitarlo, aunque la mayoría de las veces todo se queda en el faje, aquella noche fue un revivir; lo disfruté tanto, que en lo que menos pensé fue en el maldito VIH, simplemente me le entregué; obvio, nos protegimos, bueno, debo decir lo protegí... y así han pasado semanas enteras, donde nos vemos regularmente y nos amamos, a nuestro modo, con nuestras particulares tonterías mentales, con nuestros miedos e inseguridades, pero nos amamos, al menos eso quiero creer, por lo menos eso siento yo.

Ahora que lo sabes, lo único que me gustaría, porque confió en ti, es que tú no me rechaces, tú no vayas a señalarme y mirarme con desprecio; sé bien que me dirás que estoy muy mal, que debo cuidarme y no sólo en el sexo, pero también quiero que sepas que no pienso dejar que el virus me acabe, sé que tengo muchísimas esperanzas de vida y estoy dispuesto a seguir con el calvario que representa ir al seguro social con tal de estar bien, ahora también hago ejercicio y me siento muy contento. Del tonto, aunque lo quiero, soy consciente de que no podré tener una relación estable de noviazgo con él, a pesar de mi enamoramiento y de sus interminables y halagadoras declaraciones por mí, por lo que no te preocupes.

Rubén, amigo mío, espero verte pronto, no sabes cómo te extraño y cómo deseo un abrazo tuyo, espero respuesta, y también espero no seas cruel conmigo en esa respuesta. Te mando todo lo mejor para este nuevo año, espero que esté lleno de éxito porque te lo mereces, que tengas más y mejor sexo con hombres cada vez más guapos y que seas inmensamente feliz, cuídate mucho, te adoro.


Atte: tu amigo del alma y de la vida, Darío.

Mostrando entradas con la etiqueta Dave Malto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dave Malto. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de octubre de 2018

El metro (Dave Malto)


La película no fue lo que él esperaba, sin embargo, salió contento porque nunca antes había
estado en la Cineteca Nacional, le sorprendió y le encantó el ambiente, el edificio, la tarde y
aunque tenía ganas de más películas, tuvo que renunciar e irse porque la lluvia era impetuosa y la
oscuridad de la noche se apoderaba de la tarde.

Del camino al metro Coyoacán sólo recuerda sus pies avanzando entre charcos y pavimento
mojado, la lluvia le impedía levantar la mirada para ver al frente. Llegó con la ropa embebida de
agua, pero sin frío en la piel y a toparse con la grandiosa sorpresa de una incontable multitud
dentro de la estación, los pasillos atascados daban la impresión de que harían caer a las vías a
quienes estaban al filo del pasillo; eran ya las ocho con cuarenta y cinco minutos y los dos trenes
que ya habían pasado parecían latas de sardinas, iban tan saturados de gente que aunque no
quisiera tuvo que esperar.

Para el octavo tren al que no pudo subir Dilan ya estaba cansado, algo desesperado y un tanto
malhumorado, no obstante, hizo acopio de su paciencia para mantenerse de pie, poco a poco se
fue abriendo paso entre la gente hasta llegar al filo del anden, viendo incansablemente las vías y
regularmente volteando hacia el fondo del túnel, esperando que en el siguiente pudiera subirse al
fin.

Todo mundo sabe que el último vagón de cada tren, es donde los hombres se reúnen, algunos
para manosear, otros para dar el tan conocido arrimón, unos, los más ingenuos, para ligarse al
amor de su vida y otros sólo para ver; en horas pico el sexo es infaltable y lo de menos es que a
alguien de a lado, enfrente o detrás de uno le de por masturbarte o acariciarte las nalgas
descaradamente y sin pudor, como sabiendo que nada le dirás porque como él, tú estás ahí para
lo mismo.

A pesar de ello, Dilan no se fue al final del anden para tales acciones, sino más bien por
costumbre y porque se siente más cómodo entre gays, aunque a veces puedan barrerlo con la
mirada de arriba abajo, prefiere esas miradas ya sea de lujuria o de soberbia, que las de hombres
machistas y peleoneros.

La hora no importaba ya, para ese momento Dilan había perdido la noción del tiempo que llevaba
ahí parado, esperando poder subirse a un tren, pero quizá fue para el décimo octavo tren que se
percató de esa persona. Parecía un chico más que se iba al final del anden para encontrarse con
los suyos, y bueno, el hecho de que disimuladamente comenzara a repegarsele, fue lo que lo
evidenció.

Muchos trenes después, finalmente pudieron subir, Dilan buscó quedar muy cerca del chico en
cuestión y la cosa se comenzó a poner más interesante, primero, fue la respiración, el tren iba tan
lleno que inevitablemente sintió la respiración de su ligue en la mejilla, lo tenía de frente y el resto
de su cuerpo literalmente adherido al suyo, todos los demás no importaron en ese momento, su
prioridad fue ese agradable y simpático chico que se le ofrecía disimuladamente.

En cada estación el apretujamiento era mayor, aunque sólo podían subir uno o cuando más dos
personas al vagón, el problema es que nadie salía y el sudor empapaba el cuerpo entero de todos
a su alrededor, aquello fue literalmente un sauna de hombres que desinhibidamente se
manoseaban, se restregaban sus miembros unos contra otros y que estaban ahí precisamente
para tales efectos, en cambio Dilan lejos de agradecerlo, lo sufrió, quizá porque no estaba
acostumbrado a eso, quizá porque es una persona un poco especial para el contacto físico o tal
vez porque lo que menos quería era ser ultrajado y casi violado en un metro.

El caso es que cuando llegaron a Balderas, Dilan ya tenía prensado de sí a un chico del que no
sabía nada; la cosa fue muy sencilla, entre el apretamiento y el poco flujo de personas en el
vagón, cuando quedaron completamente de frente, sin mayor preámbulo se besaron, y el hasta
entonces incógnito, tocaba con beneplácito y descaro el miembro erecto de Dilan; la conversación
comenzó en la estación Hidalgo:

–Hola

–Hola – Respondió Dilan entre una sonrisa lasciva.

–¿A dónde te bajas?

–En Guerrero ¿y tú?

–O sea en la que sigue.

–Sí, de hecho.

–Yo bajaba aquí en Hidalgo.

–Ah ok, aunque se supone que bajo en la siguiente, como tú, yo no creo que pueda salir de aquí.

–Sí, yo también lo dudo – Después de eso siguieron besándose y no repararon en el recorrido.

Fue Potrero la estación donde pudieron salir, casi escupidos de aquel horno de personas,
excitadas y sudorosas que se daban placer unos a otros; para Dilan y su acompañante no fue la
excepción, sin embargo, procuraron durante todo el recorrido que esos enseres fueran únicamente
entre ellos.

Ambos tenían el celular sin batería y ninguno puede decir a ciencia cierta cuanto tiempo se la
pasaron entre fajes, besos, caricias, risitas y coqueteos, recargados en una de las paredes de la
estación en la que bajaron del tren, no obstante, tenían que regresar porque de lo contrario uno se
quedaría sin transporte y el otro no tendría muchas horas de sueño, intercambiaron por escrito en
un papel, sus números telefónicos y tomaron un metro de regreso.

Por fin, de regreso en la estación Guerrero y saliendo del vagón ya casi vacío, recapacitó para sí
mismo recordando que en casa lo esperaba Pedro, su novio, tuvo la sensación de quererse
arrepentir por lo que acababa de permitir, pero no sentía realmente ánimos de eso, sino por el
contrario se sentía muy contento y decidió, por obvias razones, omitir esa parte con su pareja,
nunca le llamó a su ligue ni recibió mensajes o llamadas de él, por lo que la anécdota decidió
guardarla sólo para él y recordarla como una aventura rica y maravillosa que posiblemente nunca
más repita y de la que difícilmente se arrepentirá.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Gracias por el viaje (Dave Malto)



Cuando descubrí que es posible viajar en el tiempo, lo único que quise fue ir a ese día,
uno antes de que todo desapareciera, un día que parecía normal, pero que cambió
todo, mi presente y por supuesto cada día a partir de entonces, no es difícil regresar en
el tiempo, lo difícil es darse cuenta que los detalles que uno tenía en el recuerdo son
diferentes y más difícil aún es encontrarse a uno mismo, pero no como otra persona
sino en tu mismo lugar, sabiendo que estás dentro de ti mismo, es como si el viaje lo
hubiera hecho en alma y no en cuerpo y todo lo que pasó, no le pasó a ese Damir sino
a mí, porque lo difícil es darse cuenta que sigo siendo yo, que no he cambiado, que lo
único que parece diferente es la carcasa, pero todo lo demás sigue casi intacto y es
muy difícil entender que a pesar de todo, el tiempo aún en el pasado, no se detiene,
sigue su irremediable curso, como un presente único e irrepetible, sin embargo, volví a
abrazarte, volví a besarte, volví a tenerte, a estar ahí contigo, con los gatos, que
parecían reencontrarse con un extraño, que parecían conocerme pero sin reconocerme,
que parecían decirme ¿eres tú? ¿y que fue de ti? ¿por qué te fuiste? ¿por qué nos
dejaste? Y saber que aunque fue posible regresar en el tiempo, también es muy duro
darme cuenta que fue la única oportunidad que tuve, que fue un sueño hecho realidad y
que en ese sueño, parece que mi presente nunca me abandonó, porque la tristeza se
apoderó de mis ojos y como un imparable caudal brotaron de nuevo las lagrimas, esas
lagrimas de un presente que no me abandona, de un presente al que quiera o no debí
regresar.

Todo empezó ayer por la tarde, creí que si hacía de cuenta que este tiempo de vacío,
de ausencia, de dolor, de sufrimiento, no existía, era justamente como viajar al pasado
a donde no conocía este presente, lo imaginé tan fuertemente que entonces te busqué,
te pedí que me ayudaras a recordar y al principio pareciste reacio y hasta molesto, pero
conforme pasaba el tiempo pareciste ceder, me dijiste que es imposible regresar el
tiempo, me dijiste que no había marcha atrás y que eso no lo podías cambiar, pero yo
no quería cambiarlo, lo que quería era recordar, era volver a vivir, quería saber cuando
fue el último día que nos besamos, cuando fue que perdí mi vida y todo el sentido de la
misma y sólo tú podías ayudarme, entonces me dijiste:

– vamos, el destino así lo ha querido y aunque sé que no debo, vámonos ya.

– Pero yo no quiero que sea así.

– ¿Así cómo?

– Como a fuerza, como por obligarte.

– No me obligas, simplemente en el fondo también quiero...

Y subimos al autobús y comenzó el viaje, me declaraste tus infidelidades, me dijiste que
estás herido, te rehusaste a voltear a verme, pero el camino fue exactamente como lo
recordaba, tengo que decir que no me sorprendió lo que dijiste, de alguna manera lo
sabía, de alguna manera me dolió reconocer que yo soy tan responsable como tú, me
dolió que tú mismo te lastimaras de esa manera y saber que no pude ayudarte,
entonces también entendí que lo que tú quieres, lo que ansías, de lo que estás ávido es
de probar el mundo y tu juventud, entonces entendí que no puedo privarte ese derecho
y tampoco quiero hacerlo, entonces entendí que no es que no me amaras, es que crees
que eso no es amor, y me dí cuenta que me amas y entonces más que antes, más que
nunca, quise aferrarme a ti y no dejarte ir, pero tampoco me dejaste.

Llegamos entonces a ese día, y todo era exactamente como quería que fuera, tan igual
a mis recuerdos, que no pude sino lamentar que eso ya no existía y que tú no quieres
regresarmelo, ¿sabes? Duele, es un peso inmenso, una opresión sin igual en el
corazón, yo estaba convencido de hacerlo sabiendo que después de ese día, el pasado
no volvería, porque tú no lo quieres, queriendo aceptar que tal vez era mi última
oportunidad, lo que creo que nunca has entendido es que a mí, la vida se me acabó en
un instante, que a mí, la vida simplemente se me desvaneció y con ella toda mi
realidad, toda mi estabilidad, mi confianza, mi razón de ser y de seguir se acabaron ahí,
y quería saber si yendo al pasado podía encontrar una clave para recuperarlo todo, para
recuperarte a ti, pero no pude, busqué incansablemente, busqué entre mis cosas y me
encontré con que mis cosas ya muchas no estaban en el lugar que las dejé, busqué
entre mis papeles con la esperanza de encontrar algo, lo que sea, pero no hallé nada.

Cenamos al lado de tu mamá, así, justamente como me hubiera gustado que fuera, un
deseo más que se me cumplió, y subí a tu cuarto, a nuestro cuarto, al cuarto que fue
mío mientras estuve y que ahora ya no quieres regresarme, subí y abracé a los
hermosos gatos a los que extraño y extrañaré por siempre, y al acostarnos sabía que
quería abrazarte y no soltarte nunca más, sabía que quería que ese falso viaje al
pasado, fuera un presente constante e inacabable, un momento eterno, una mentira
piadosa que se apiadara de mi amor por ti, más que de mí, que se apiadara y me
devolviera todo, pero no fue así.

Y entonces, volvimos a amarnos como nos amamos en ese pasado, me entregué con
todo el corazón con la esperanza de quedarme para siempre, me entregué queriendo
tatuarme en tu piel, en tu hermoso cuerpo, en tus increíbles labios, pero difícilmente me
permitiste hacerlo, sencillamente sentiste como si fuera otro más en la cama contigo,
como si fuera uno de esos amoríos que quieres para aprovechar tu vida, sentí tu muro y
a pesar de eso, no quise dejar de intentarlo, al final, terminaste imaginándote a otro,
porque este que ahora soy, ya no te gusta, al final terminaste tú sólo porque yo ya no
puedo lograrlo, ya no quisiste hacerlo conmigo, al final me lastimó darme cuenta que no
estaba en ese pasado ilusorio al que creí llegar, sino en este presente donde estoy
acabado y maltrecho, donde estoy cansado y adolorido, donde ya ni yo mismo me
reconozco.

No pude sino dormir poco, porque deseaba con toda el alma que el tiempo se detuviera,
que la vida se acabara de verdad ahí, pero no, la vida sigue y tú la quieres seguir sin mí,
y yo no sé como seguir sin ti y regresé al presente, éste donde no estás y a donde te
estaré esperando todos y cada uno de los días de mi vida; no puedo ahora mismo sino
estar inmensamente agradecido por el viaje, porque sí, tú Nolar eres el hombre de mi
vida, porque sí, tú, Nolar Pesut eres mi “pleine lune” y eres el amor de mi vida, porque
sí, tú puedes volver cuando así lo quieras... y yo siempre, todos y cada uno de mis días,
te estaré esperando, porque tengo la seguridad en el corazón de que nuestro viaje
juntos no ha terminado, porque quiero con el alma, que no se acabe nunca.

Atte: tu “pleine lune”, Damir.


viernes, 7 de septiembre de 2018

Lo raro de hoy (Dave Malto)





Cortar un chayote espinoso parece cosa difícil, afortunadamente mi
involuntaria práctica cotidiana me ayuda con la tarea; a veces pienso
que tu mamá me trae estos chayotes porque sabe que me recuerdan
a ti, y no nadamás porque sea ella quien me los trae, sino porque
como el chayote, tienes una carne suave, nutritiva y sabrosa, sin
embargo, igualmente tienes una coraza espinosa que sólo algunos
saben aprovechar, los demás mortales nos deshacemos de ella,
aunque yo procuro que ese deshecho sirva para algo y la echo a la
composta.

¡Ay! si mi madre me viera cortar los chayotes me diría que les quito
media vida, en eso también se parecen a ti, en que por más que
quiero, no puedo sino sólo tener una parte tuya, por más que lo
intente no puedo sino terminar por deshacerme de gran parte de ti,
involuntariamente casi siempre, inevitablemente siempre.
Este año me propuse hacer todas y cada una de las recetas que he
anotado a mano, 457 en total, en un compilado de 5 libretas y un
archivo de Word de 90 páginas, la mayoría son postres porque me
encantan, pero también, porque sé que te encantan a ti, porque cada
que encuentro una receta con un postre que al menos a la vista
parece suculento, me imagino haciéndolo para que lo disfrutes
conmigo.

¿Sabes? quisiera que la cocina me gustara tanto como me gustas tú,
quisiera tener contigo la habilidad que tengo en la cocina, quisiera
que la cocina me distrajera de ti y que tú alimentaras toda mi vida
para seguir cocinando, pero ya no sé si eso sea posible, no sé si un
día me levante ya no queriendo hacerte el desayuno o si me harte
tanto de cocinar que tire todas esas recetas a la basura, no sé si
podré hacerlas todas y tampoco sé si todas sean tan buenas
realmente, así, justamente como me pasa contigo, no sé si en el
futuro nos volvamos a encontrar o si volvamos a ser felices juntos, no
sé si un día me levante y ya no te ame como hasta ahora o si en
algún momento encuentre otro amor por ahí, lo que si sé, es que
para ser 29 de julio el día es extraño, en primera porque el ambiente
tiene ese color ámbar de un día nublado que oculta un poderoso sol,
y al mismo tiempo, que anuncia una lluvia por la tarde, es extraño
porque decidiste que de mí, quieres sólo mi amistad, también lo es
porque como siempre, el chayote me dejó esa rara sensación en las
manos que al principio parece agua y que conforme se seca, se
torna en una capa amarillenta y casi dura; es como cuando de niño
me ponía resistol en las manos para después quitarme la pielecita
que se forma, sólo que en este caso no puedo quitarmela, porque a
pesar de las muchas cosas que sé de cocina, todavía no sé cómo
evitar que se me pegue esa sabia del chayote a las manos, igual que
todavía no sé cómo quitarte de mi corazón, de mi mente, de mi vida;
además, es uno de esos días extraños, también, porque la
incertidumbre de mí, de mis cosas, de mi vida, me tiene al borde del
pánico, de la angustia; para ser 29 de julio no parece verano, sino un
raro, febril y casi seco otoño.

viernes, 24 de agosto de 2018

Decisiones (Dave Malto)


Decidir parece cuestión de simplemente tomar una de las opciones, el verdadero
problema es cuando no tienes opciones o cuando las opciones parecen
imposibles, entonces, no sé si quepa decidir, lo que sí, es que tomé lo que a mi
juicio era lo mejor, tal vez ni siquiera exista algo mejor o puede que eso mejor no
tenga que ver conmigo, sino con él, también es posible que para él tampoco lo
sea, pero, sea o no lo mejor, a veces funciona, o quiero arriesgarme a ver que
en efecto funcione, para recapacitar, para darle frescura a mi mente y entonces
sí, decidir.

La mayoría de las personas supone que decidir va en función de las
posibilidades, sin embargo, para mí ya no hay elección, lo hecho, hecho está y
no hay marcha atrás, ahora lo que me resta es afrontar las consecuencias. Para
ser claro debo retroceder y especificar porque siento que se me acabaron las
opciones.

Aunque parezca exagerado llegar a este punto fue casi como una muerte
anunciada, casi como si nuestro destino no fuera otro, todo empezó cuando nos
conocimos, yo estaba sumido en una depresión de esas que lo acaban a uno,
pero de las que uno no puede darse cuenta, mis amigos insistentemente me
visitaban, me invitaban a salir y hasta me proponían actividades que a mí no me
interesaban en lo absoluto, como la danza por ejemplo, y bueno, al final tomé la
clase, no sé exactamente porque, pero fui pensando que no perdía nada y que
posiblemente me ayudaría, aunque en el fondo yo no quería ningún tipo de
ayuda puesto que suponía no necesitarla.

Los primeros meses fueron en definitiva los que me cambiaron la vida, jamás
imaginé tener la capacidad de hacer todo lo que aprendí y mucho menos en algo
como la danza.

Un día, en lo que comenzó a ser una rutinaria vida yendo a practicar, llegó él,
cuando lo vi no pude ignorarlo y mucho menos dejar de sentirme un tanto
apenado y al mismo tiempo tan atraído, como hipnotizado. Él, sentado en el
piso, en segunda posición, con sus vigorosas piernas bien torneadas, me dejó
impresionado, no sólo porque yo ni loco podía abrir tanto mi eje, sino también,
porque esa postura me pareció excitante, yo estaba detrás de él y fue inevitable
ver como la apertura marcaba notablemente sus nalgas, además, supongo que
hacer el calentamiento en mayas ayudó a sentir esa rara conexión.

Los días comenzaron a pasar, sin más que un simple saludo entre nosotros y
para mí, él se convirtió en el principal motivo de no faltar a las clases, al poco
tiempo ambos teníamos ya, rutinas que compartir mientras el profe enseñaba a
los que acababan de llegar, también ayudó el hecho de que en el grupo
estábamos sólo tres personas, él, una chica y yo, así que las rutinas en la tela
comenzaron, él subió y para mí era muy difícil mantener la boca cerrada por la
admiración que me provocaba, con el paso del tiempo desde aquel día, yo me
sentía nervioso a su lado, y por esa, mi ya acostumbrada forma de rechazar a
las personas, trataba por todos los medios de disimular que me gustaba, si me
hacía platica, yo era monosilábico, cortante y lo evitaba a toda costa, aunque por
dentro no podía más que desearlo; si se presentaba la ocasión de estar juntos,
hacía un esfuerzo sobrehumano para no quedármelo mirando embelesado, si a
una clase faltaba, entonces, el interés por estar ahí era nulo y mi participación
mediocre, por el contrario si desde el principio lo encontraba o le veía llegar,
procuraba ser notorio y desempeñarme con astucia para llamar su atención,
poco a poco me auto-convencía de que no podría tenerlo, aunque en el fondo
imaginaba cómo sería estar con él, por momentos caía en cuenta que la realidad
era distinta a mis alucines, y entonces, me resignaba a que fuera sólo un
imaginario amor que habitaba mis pensamientos, lejos de sentir desgano por
esa ilusión, sentí ganas de verlo siempre, sentí necesidad de saber más de él y
de buscar su atención.

El día que pude, por fin, tener su atención, me vi también en la necesidad de
serle sincero y decirle que yo no estaba bien, y no lo estaba porque no podía o
no quería salir de mi depresión, aún con eso, decidimos amarnos, aún así,
decidimos comenzar una relación, tal vez esa es la razón por la que las cosas
realmente nunca funcionaron, porque antes de empezar esta relación, lo que yo
realmente necesitaba era salir de mis problemas, y no sé cómo, pero ignorando
mis miedos, mi inestable situación, mi inseguridad, lo dejé entrar; desde
entonces cada día quería verlo, cada día quería estar con él; hasta que un día
llegó a mi casa, casi para despedirse.

– Me gustas mucho.
– Y tú a mí.
– Pero creo que es mejor que no nos hagamos ilusiones.
– ¿por qué?
– Porque yo me voy de la ciudad...

Y entonces sentí un miedo inexplicable, no sabía si dejarlo ir o no, pero
definitivamente no quería eso, no quería terminar con él porque comenzó a
significar para mí, un salvavidas que me estaba ayudando a flotar en el oceano,
así que tomé la peor decisión, o la locura más grande y más mortal de todas,
irme con él, y fue la peor no porque me arrepienta de haberla tomado, al
contrario, es la decisión que más valoro y agradezco, es hasta ahora y en mi
corazón la más especial, la que no cambiaría por nada en el universo, sin
embargo, resulta la peor porque no era el momento de tomarla.

Llegar a otra ciudad no fue cosa fácil y desafortunadamente mi inseguridad, mis
demonios, mis miedos, terminaron por dominarme, por hacer que se hartara,
pero también, por hacer que yo no me enganchara a nada y a nadie más que a
él, los momentos felices fueron muchos e inolvidables, pero igualmente, después
de un tiempo, las peleas se volvieron complicadas inseguridades de ambos,
celos incontrolables e imposiciones, queriendo que las cosas funcionaran, más
por la fuerza que por amor, y el amor comenzó a hacerse chiquito y el sexo
empezó a ser una especie de obligación ocasional que nos llevó a los dos a la
infidelidad, que nos llevó a los dos a destruirnos y a hundirnos cada uno en su
propio infierno.

¿Amarlo? No he dejado de amarlo desde que lo conozco, tal vez por eso no lo
quiero perder, pero antes necesito amarme a mí mismo, necesito recuperar a
Deian, a ese que era verdaderamente feliz solo, al auténtico, al alegre, al
solidario, al invencible que fui, también por eso lo único que puedo es dejarlo ir,
porque lo amo, porque él también necesita a su manera, sanar las heridas.

Nada deseo más que poderlo tener en mi vida hasta el día que me muera, nada
más, que regresar a su lado, pero también, nada deseo más que reencontrarme
a mí mismo, para lograr darle la felicidad que inútilmente intenté antes de llegar
a este punto, para ya no depender de él y para salir de una vez por todas de mi
miseria; es aquí donde ya no me quedan opciones, él se va, no porque se lo
pida sino porque es él quien ha decidido irse, y yo, ya sin opciones, me quedo
buscándome, es en este punto donde más que una decisión, es una
consecuencia quedarme desolado, solo, triste, enamorado más que nunca, más
que al principio, aunque no dejo de ilusionarme que va a volver, aunque no dejo
de querer que regrese, también no quiero seguir siendo, ni haciéndolo infeliz por
todo lo desarreglado que me encuentro, así que la decisión, o la consecuencia,
de toda esta, mi historia de amor, es dejarlo ir, aunque eso duela más que nada
en el mundo, aunque eso signifique una forma de morir, porque sí, a veces la
muerte también es una opción para seguir viviendo.

Ojalá que esta vez mi decisión sea la correcta y nada deseo más que volvamos
a amarnos, como cuando decidimos hacerlo, como cuando empezó todo esto,
para entonces, deseo con el alma, podamos decidir con verdadero amor, porque
si algo pido a Dios es que decida concederme la bendición de volver a su lado,
no hay otra cosa que pida al universo que decida permitirme regresar con él, no
hay día, ni momento, que anhele que la vida decida regalarme esa oportunidad
de reencontrarnos. Hasta entonces mi amor, hasta que el destino, Dios, la vida,
el universo, decidan, y tal vez, nosotros también decidamos...

viernes, 10 de agosto de 2018

A ratos (Dave Malto)


Estar en esa inmensidad oscura y sofocante, y al mismo tiempo, en la realidad, es
como entender porque hay un universo dentro de mí, que se me desborda, pero que
también me atrapa, me come, me envuelve, es casi como si mirar a mis adentros
fuera asomarme al vacío y cuando vuelvo la mirada hacia fuera, entonces, ya estoy
inmerso en ese abismo, sin embargo, algo pasa, algún sonido, alguna persona, algún
movimiento, me regresan de inmediato para volver a percibir los colores, las formas,
la habitación, las cosas, me doy cuenta de la serie de cosas que tengo por hacer y
trato de calmar mi mente para emprenderlas, pero algo me detiene, algo me obliga a
quedarme sentado frente a un desayuno que se vuelve almuerzo, que se transforma
en comida, como si el tiempo fueran esporádicos lapsos que a ratos no se sienten,
como si la vida pasara igual que en las películas, por etapas, a momentos aislados y
continuos, indetenibles e inteligentes, como si esta soledad tuviese vida y la
voluntad para hacer que todo suceda así, justamente como pasa.

Sí la soledad, esa sensación rara de tu extravío, de tu ausencia, de mi necesidad por
sentirte, por tenerte, por siquiera verte y cuando llega la noche, me meto en la cama,
los pies se congelan, las manos se entumen, el corazón se impacienta, las lagrimas se
vuelven un caudal implacable, cada noche parece más fría que la anterior y al
despertar, cada mañana más desalentadora, cada centímetro de la cama entre más
lejano de mi cuerpo, más solo, más obscuro, más temible y amenazante; peligroso
adentrarse ahí porque de antemano sé que no estarás, de antemano intuyo tu
ausencia, mi incipiente necesidad de tenerte, es ahí en la cama donde vuelvo al
abismo de tu ausencia, cuando regreso a mi mente que me lleva inevitablemente a
esa inmensidad que me da miedo, pero que no puedo evitar.

¿sabes? Uno de estos días la muerte me miró, acechándome, fijamente pero de lejos,
se acercó y a unos pasos se arrepintió, o quizá le vino algo a la mente que la distrajo
y repentinamente volteó para alejarse de nuevo, como si hubiese olvidado algo
detrás de sí, olvidándose de mí, a veces quiero que regrese, pero como tú, ella no
quiere venir conmigo, ¿acaso se pusieron de acuerdo para hacerme sufrir así?
aunque efectivamente, desde que te fuiste comenzó este infierno, entonces, fue el fin
del mundo, o por lo menos de ese mundo perfecto de mis adentros, de mis fantasías,
de mi vida, de mi ilusión; sin embargo, hoy por alguna extraña razón que la vida me
vuelve a abrazar, que la muerte y tú se olvidaroń de mí, que los pendientes se
apelotonan en la mesa y en el fregador de trastes, en el refrigerador, en los pisos y
en las paredes, hoy por esa extraña razón sigo y no sé por cuanto tiempo, pero sigo,
a veces sin querer, sintiendo que doy vueltas y vueltas y que por más que intento
avanzar, regreso siempre al punto de partida, pero no me quiero detener, no por
ahora, no sé si un día me canse de todo esto, no sé si un día me canse de mí mismo o
de seguir, lo que si sé es que en esos pequeños lapsos de inteligible presencia me
doy ánimos, busco fuerzas para seguir, pendiente todos los días por si regresan, tú, o
la muerte, porque la única que se ha enganchado a mis días, volviendolos pedazos
de inconciencia a ratos, es la soledad.

lunes, 6 de agosto de 2018

Eren (Dave Malto)


Quizá su destino siempre fue el abandono, mismo que no llegaría antes de cumplir su misión,
y aunque abandonado, no así en el olvido porque considerando que el olvido es la muerte, él
sigue vivo más que muchos otros...

Quiero hablar sobre Eren, que más que un amigo pasajero, fue un verdadero ángel guardián
que seguramente limpió mi casa y mi vida los días que estuvo conmigo. Cuando lo encontré,
entre la espesura de la noche y el color azabache de su pelo, no podía distinguirlo, atendí a
sus gritos guiado sólo por su trémula y niña voz desesperada.

Tengo que reconocer que su llamado me incitó a sentirme héroe y me propuse no descansar
hasta que lo tuviera entre mis brazos, hasta que me encontrara con sus ojos, unos
maravillosos y cristalinos ojos como entre grises y azules, cargados de una inocencia sin
igual que parecían gritarme que me apurara, que ya llevaba tiempo esperándome.

Lo tuve de frente, al principio sin percibirlo, pero su incesante chillar lo impulsó hacia
adelante para hacerse apenas reconocible, lo escuchaba muy cerca pero no lograba verlo,
una vez que hube ubicado sus ojos, poco a poco mi visión se aclaró para reconocer todo su
cuerpecito, pequeñísimo y frágil, reuniendo esa su actitud de reclamo contra mí.

Pero entonces, tengo que decir también, que fue un momento mágico, me enternecí de tal
manera al ver a semejante niño, flaquísimo, temblorino, hambriento, necesitado; que no
pude sino querer abrazarlo, aunque de momento tomé mis precauciones, porque ante mi
actitud por agarrarlo no quería que saliera corriendo y se alejara a los adentros de aquel
basurero, inmenso comparado con su pequeñez, sin embargo, acerqué mi mano y no corrió,
lo pude tomar por el cuello para asirlo con seguridad y traerlo a mi pecho, su olor a basura y
podredumbre me hizo reaccionar con un gesto de desprecio, mas no por él, sino por pensar
en quién pudo abandonarlo en un basurero, no podía creer que alguien pudo tener esa lesa
actitud ante una vida y ser capaz de abandonar a un ser indefenso a esa situación donde su
único destino sería la muerte segura.

Una vez en casa, busqué cómo alimentarlo puesto que parecía su necesidad más próxima,
luego pensé que era muy noche para darle un baño y decidí, a pesar del olor, dejarlo así hasta
el día siguiente e incluso durmió a mi lado en la cama, después de comer durmió con tal
calma que parecía estar junto a su madre, al día siguiente pensé lo que ahora me pesa, pero
ante lo cual no tenía opciones. Yo no podía mantenerlo, no podía ofrecerle absolutamente
nada, así que comencé a buscarle una familia que quisiera adoptarlo.

Ese segundo abandono, ahora de mi parte, fue menos cruel que el primero, puesto que no lo
abandoné a la muerte sino con una familia, una que no supo cuidarle y que tampoco supo
educarlo, una familia que lo encerraba, que lo desatendía, que lo formó con un carácter
agresivo, un tanto temeroso, aunque lo alimentaron y le dieron un cariño, no así, evitaron el
abandono que representó su descuido, ése es al que yo lo llevé; aunque justifico mi acción
por mi falta de tiempo y de recursos económicos, no puedo sino lamentarlo, ahora que supe
su final destino.

Después de un tiempo de calma con su nueva familia y con otro nombre, al que se
acostumbró, mi Eren, porque para mí siempre se llamará Eren, resultó quedar contento
puesto que creció con una hermana, una que no era de su sangre pero si de su edad y con sus
mismas circunstancias, las de ser abandonados a su suerte.

No recrimino a su nueva familia, la desatención y mala educación, total, ellos lo recibieron sin
tener la menor idea de cómo cuidarlo, nunca antes habían atendido a alguien con esas
características y debo reconocer que fue loable su acción, que hicieron lo mejor que
pudieron, pero, eso no fue suficiente para evitar el destino de mi Eren.

Hace más de una semana que me enteré y sigo con pesar en el corazón, a Eren lo llevaron
hace algunos meses, apenas en una tempranísima juventud a un lugar donde fue puesto
nuevamente en adopción, sé bien que ese lugar ofrece ayuda, pero también, que si después
de un tiempo no encuentra familia, es sacrificado.

Dicen que cuando un gato llega a tu vida es porque lo necesitas, dicen que cuando lo tomas
por primera vez en tus brazos, se hace una conexión indisoluble entre sus almas, dicen que
un gato limpia tu casa, tu vida, tu alma, que es Dios mismo quien lo manda para ayudarte.

Sé bien que Eren llegó a mi vida porque necesito salir de la depresión que me está llevando
igualmente a la muerte, sé bien que Eren regresó, ahora en la figura de Balam, que esta vez
cumplió muchos más cometidos, sin embargo, regresó sin ser mío, sino de mis inquilinos
amigos, por eso ahora que se han ido y se lo llevaron, regresándome a la más profunda
soledad, el recuerdo de aquella noche en la que lo encontré me lleva a hundirme más en la
depresión.

En ese entonces, cabía perfectamente en mi mano, era tan pequeño que mi puño cerrado era
más grande que todo él y aún con eso, me rescató él a mí y no al revés, me rescató de la
tristeza y la soledad, me devolvió vida y se la devolvió a mi casa, por muy pocos días pero así
fue.

Finalmente entiendo, tratando de aceptar, que tal vez el destino de Eren fue el de ser
abandonado; primero, lo arrebataron de su madre a su suerte en un basurero, posiblemente
ese primer abandono tiene su raíz en el hecho de ser un gato negro, ¡infelices!, después, lo
abandoné a una familia que no supo darle lo que necesitaba y también esa familia terminó
por abandonarló con la esperanza de que pudiera nuevamente ser adoptado, cosa que cada
vez creo menos; lo abandonaron ahora sí, a una irremediable muerte, una digna y tranquila,
como la merecía, pero al final una muerte injusta e innecesaria.

Quizá su destino siempre fue el abandono, mismo que no llegaría antes de cumplir su misión,
y aunque abandonado, no así en el olvido porque considerando que el olvido es la muerte, él
sigue vivo más que muchos otros, más incluso, que yo mismo.


martes, 22 de mayo de 2018

Verdadero Amor (Dave Malto)











 

–Los hay quienes están hechos para eso, para tener un amor duradero, pero no para mí, hasta puedo decir que genéticamente es imposible; mi padre por ejemplo, tuvo muchísimas amantes y anduvo de cabrón teniendo hijos por doquier y ahora no lo veo como un hombre infeliz o lleno de culpa, él sigue en el desmadre y está muy bien; no veo por qué yo deba pensar que el amor es con un único hombre, me parece arcaica y ridícula esa idea de Shakespeare y de las religiones, donde tenemos que resignarnos a estar, a vivir y a aguantar a un solo amor sólo porque es “el amor de tu vida”, me parece que no podemos seguir repitiendo clichés ni estereotipos establecidos hace más de cien años. Ahora, no sólo no quiero eso, sino que no estoy dispuesto a seguirlo buscando y mucho menos a conseguirlo, tengo todo el derecho de ser y hacer todo lo que me proponga sin atarme a alguien y si quiero ahora mismo estar solo, es precisamente porque mis prioridades han cambiado y no van en función de alguien, sino de mí mismo, no van en pro de cumplir expectativas sociales ni de mentiras ideadas por la moral, sino de lograr mis propósitos personales y de ser pleno, estar satisfecho conmigo mismo, con lo que quiero alcanzar. Soy una persona libre y entera, entonces ¿por qué encadenarme a alguien? o ¿por qué pensar o sentir que necesito de otro para ser feliz? Resulta absurdo…

Todo eso y más le decía Enrique a su roomie y mejor amigo, mientras caminaban por la calle rumbo a su casa, Durian lo escuchaba atento y meditaba las cosas que su amigo le decía, aunque de cierta manera le daba la razón, también sabía que sus palabras eran un tanto de coraje, de auto consuelo y sobre todo para justificarse, más que por sentirlo de verdad, era su discurso por engañar a Octavio, su novio, por sentirse mejor que él y hasta por tranquilizar ese miedo de seguir solo.

Además, esa tarde terminaron una relación de apenas un año y Durian sabía que ese enojo se le pasaría o que tal vez terminaría por ignorar su acostumbrado discurso, las posibilidades eran dos, una, que arreglando las cosas regresara con Octavio o la segunda es que en efecto y definitivamente las cosas hubieran terminado entre ellos.

… Al día siguiente llegó Enrique emocionado a la casa.

– ay Dury ¿a que no sabes que me pasó?

– Pues no… ¿qué te pasó?

– ¿Te acuerdas de Armandito?

– ¿El chico guapo que conociste en el gym?

– El mismo.

– Sí claro, cómo olvidarlo, ¿qué con él?

– Pues nada, que me invitó a salir…

Durian sabía muy bien como es su amigo, sabía que más iba a tardar en terminar su discurso sobre el amor y la independencia que en lo que encontraría a alguien con quien salir y hacerse novio, o por lo menos alguien con quien divertirse sexualmente.

Lo inevitable fue que comenzó otra relación de mucho sexo y salidas, de planes en los que Durian a veces terminaba involucrado y no sólo por ser el mejor amigo de Enrique, sin embargo, Durian parecía más bien la otra cara de la moneda, era un chico poco atractivo y no por su físico, más bien por su actitud con los demás, con baja autoestima, con problemas para relacionarse o para mantener noviazgos, era la antítesis de Enrique y posiblemente por eso eran muy buenos amigos, tan opuestos y al mismo tiempo tan iguales, con las mismas necedades y hasta manías, pensaban casi de la misma forma sobre la mayoría de las cosas, como del amor por ejemplo, no obstante a Enrique le podían más sus necesidades físicas que sus ideales, mientras que a Durian le parecía cada vez más lejana la idea de encontrar a ese “verdadero amor” si es que eso en realidad existía.



viernes, 4 de mayo de 2018

El Cine Nacional






















Segunda Parte 

... Después de un rato, me cansé y me senté, fue entonces cuando me comenzó a rodear un chico, su silueta medio iluminada por la luz de la pantalla, no parecía la de un hombre mayor a treinta y cinco años,  de cuerpo definido, no muy alto, al parecer le gusté porque se paró a mi lado y me clavó la mirada, así no más sin más; poco a poco tratando de ser discreto, como quien no quiere la cosa, se fue acercando a mí y yo simulaba ver la película, sin prestarle atención, aunque la realidad era que estaba esperando a ver que hacía.

Finalmente se sentó junto de mí, abrió las piernas para buscar mi contacto, y me dio miedo, me levanté y me alejé de él, no puedo decir que me arrepiento, pero si me hubiera quedado, quizá, como la mayoría, hubiera disfrutado de un momento de sexo en ese lugar prohibido.

Mi recorrido siguió a paso lento, unas veces en la sala de arriba, la que es tipo estadio, otras en la de abajo, la grande, y ya con un poco de mayor familiaridad con el sitio y con el ambiente, entonces busqué a alguien con quien pudiera pasar un buen rato sin tapujos y sin temores, y entre tanta mirada y caminata, entre tantos ambulantes, vi a uno que me pareció atractivo, no tenía mal cuerpo, se veía muy chacal y se me antojó para un buen rato, quise seguirlo pero tampoco me atreví así que comencé a rodearlo sin perderlo de vista.

En algún momento me aburrí y cambié de sala, casi decepcionado comencé nuevamente el ritual deambulatorio entre los pasillos, viendo a hombres semidesnudos, con los pantalones bajados a las rodillas y disfrutando de la felación que su acompañante les daba o uno detrás de otro en indudable estado de penetración.  Cuando volví a ver a mi chacal, estaba ya con un chico, quien le daba unas arremetidas con la boca a su considerable miembro, el placer y entusiasmo que denotaban me excitó, me acerqué a ellos y tuve ganas de masturbarme ahí, viéndolos, pero no lo hice, sólo me senté cerca para seguir la función; el chico entonces, de repente, se bajó los pantalones, se dio la media vuelta y dejó que el chacal lo clavara con cierta desesperación, intentó penetrarlo con fuerza, lo tomó de la cadera y cuando logró entrar, el chico gimió como entre dolor y placer, ahogando un grito, entonces, como insectos que han encontrado comida comenzaron a llegar cada vez más espectadores y cómo los realizadores del espectáculo estaban parados, nada impedía verlos, por un lado un joven siendo poseído por un miembro de unos veinticinco centímetros; porque a pesar de la oscuridad, podía verse un miembro vigoroso  que sin duda quien lo sintiera lo disfrutaría mucho, y yo quería sentirlo.

Mientras mi imaginación se desbordaba soñando que era yo ese chico al que penetraba con fuerza y energía aquel hombre, que en la oscuridad me pareció atractivo, el tiempo pasaba sin importancia ni problemas, mi excitación crecía y mi morbo se alimentaba.

Al salir justo después de que encendieran las luces y se apagara la pantalla, algunos se iban abrochando el pantalón, otros vistiéndose completamente, los demás sencillamente salimos, entonces, encontré a mi amigo quien había desaparecido, me cuestionó si me divertí y me limité a sonreír, caminamos por el mismo pasillo por el que habíamos entrado, volví a ver al alebrije, mentalmente me despedí de él y seguí andando al lado de mi amigo.

En la calle la lluvia caía con fuerza y el día se apagaba con la llegada de la noche, después supe que la calle de la esquina se llama Jesús María y que cerca está el mercado Sonora.

Al final pudo más mi temor que mis ganas, no puedo decir que no he de volver, porque quizá lo haga, ojalá mi experiencia del Cine Nacional hubiera sido placentera, o cuando menos de un buen faje, pero ni uno grande ni uno pequeño, ni uno maduro ni uno joven, no me animé a descararme frente a un hombre desconocido que me pudiera ayudar a dejar un poco la soledad, no me atreví a disfrutar del Cine Nacional, o por lo menos no esta primera vez.

viernes, 20 de abril de 2018

El Cine Nacional




Mucho se puede decir sobre el cine nacional, de su época de oro, sus inolvidables divas y míticos personajes, sin embargo, esta anécdota como de sueño, no será ni sobre las figuras de la gran pantalla ni mucho menos sobre artistas, y sí, si del cine nacional.

Resulta que un día Leonardo, mi amigo, me invitó a comer un huarache a La Merced y pues ya ahí me pedí también un pambazo y dos cocacolas, la cosa es que después, caminamos, yo siempre pensando que hacia el metro, pero en realidad era más al sentido contrario, de repente, mi amigo giró en una especie de local como entrada de centro comercial, amplio; me sorprendí y pensé que tal vez era un estacionamiento. Pasamos una especie de locales con cortinas cerradas, llegamos a un par de escalones donde descansaba un alebrije gigante, colorido y bien hecho, con tres calaveras en la cabeza y bigotes verdes que salían en todas direcciones, con ojos saltones y garras amenazantes, cola larga y abdomen articulado, justo después del personaje que nos dio la bienvenida se encontraba una taquilla.

– Vamos a entrar ¿no?– me dijo Leonardo señalando la taquilla.

– No lo sé, sí, si quieres– respondí un tanto confuso.

y entonces me dio cuarenta y cinco pesos y me pidió que comprara los boletos, la señora de la taquilla se asomó como para verme bien la cara y comprobar que no le estaba vendiendo a un menor de edad, yo le pedí dos y me los dio, no sin que antes yo dejara el dinero sobre la charola metálica debajo del mini cristal de la taquilla. Alrededor de dicha ventanita un sin numero de carteles de todo tipo, desde talleres y cursos, publicidad varia, hasta las películas que se exhibían en ese momento.

La primer sala me parecía mas bien una trampa, porque es tipo estadio y los escalones no se veían, tal vez por que cuesta trabajo acostumbrarse a la oscuridad y esa tarde el sol brillaba tanto que entré deslumbrado. Parecía estar vacío, sin embargo conforme mi vista se aclaraba aparecían unos cuantos bultos apenas divisibles, dispersos por aquí y por allá que se movían poco y comencé a recorrer la sala, poco a poco descubría entre las filas de esas butacas frías y calladas, a parejas que se daban placer entre ellos, bien se masturbaban ambos, uno le hacía sexo oral al otro o se besaban mientras se tocaban con frenesí sus miembros.

Yo caminaba despacio y queriendo observar, no quería que ningún detalle se me escapara, no quería dejar de ver sexo explícito y algo sucio en ese lugar como clandestino. La sala me sorprendió por su tamaño, es amplia, grande, bastante mejor acondicionada que la segunda y en forma de abanico, de paredes altísimas; la mayoría de los ahí presentes, como almas en pena, deambulaban de un lado a otro como buscando al chico indicado, como queriendo encontrar el amor, con ciertas ganas desesperadas de besar unos labios, de acariciar un cuerpo caliente y firme, entonces, comenzó el juego de la seducción.
Del lado derecho de la sala había una especie de salida, una puerta con demasiada iluminación, donde descubrí un baño, a pesar de que su antesala es oscura, aquí la luz blanca sobra, no sé si es exagerada, pero te permite, si no arrepentirte, quizá si desengañarte, porque la oscuridad siempre es, al final, un engaño para sentirse libre y sin prejuicios de entregarse a los placeres del cuerpo, para no avergonzarse, para desinhibirse, puede ser entonces que tenga razón la canción: " el corazón, a media luz, siempre se entregará" o por lo menos si existe algún sitio donde se cumpla la letra de la canción, seguro que es aquí en el Cine Nacional.

En las paredes a cierta distancia unas de otras, y a una altura considerable, había unas lámparas que más bien son sólo los focos y que debajo de ellos dibujan un triangulo de luz, como en las calles a mitad de la noche, que no alumbran pero que dejan ver un poco mejor a quien se encuentra por ahí cuando pasa por debajo. Hubo chicos que se acercaron bajo ellas como para hacerse notar y atraer a alguno que quisiera disfrutar con ellos de sexo clandestino, parecían más bien prostitutos que esperaban clientes; yo me dediqué a observar y a caminar lento.

Como en cada lugar de encuentro como este, nunca fata un anciano que pretende conquistar a un jovenzuelo fácil y dispuesto, aunque aquí abundan de esos viejos lujuriosos que te miran de arriba abajo desnudándote con la mirada, misma que es imposible percibir a media luz entre la oscuridad, pero que se intuye, que se siente, no faltó quien me quiso seguir y hasta quien me insinuó seguirlo o acercarme, tampoco quien entre los pasillos, al cruzarnos, se me acercara intentando provocarme y hasta quien me tocó por encima del pantalón, pero cuando volteaba para tratar de definir sus caras y sus cuerpos entre la penumbra, entrecerrando los ojos como para aclarar mi visión, percibía a hombres que me decepcionaban de inmediato y entonces emprendía la huida; cuando notaba que ya no me seguían volvía a aligerar el paso…

viernes, 6 de abril de 2018

El Aniversario (Dave Malto)


Desde temprano sabía que no sería un día cualquiera, no sólo porque quería que
fuera especial y maravilloso, sino porque como dicen las mujeres, la intuición no
falla; fue un día que comenzó con mucho ánimo y alegría, conecté las bocinas a la
música en la computadora para escuchar fuerte y cantar a garganta abierta, me di
un baño muy entusiasmado y siempre pensando en lo especial que quería fuera
aquel día.

Después del ritual cotidiano del baño y de vestirme, primero con ropa cómoda
para ir de compras, me dispuse a salir. Era nuestro tercer aniversario como novios
y quise hacerle una cena especial, ya me había puesto de acuerdo con él para
verlo cuando saliera del trabajo, seguramente llegaría a las nueve de la noche,
considerando su trayecto, y eran apenas las diez de la mañana así que tenía el
día entero para los preparativos.

Un día antes escogí el menú, así que ya sabía qué comprar; salí de casa con
sonrisa amplia y ánimo para hacer de las compras una experiencia divertida y
tranquila, ya en el mercado busqué con esmero cada ingrediente con la esperanza
de encontrar lo mejor; pasé por las verduras para comprar berenjenas, por las
hierbas pidiendo albahaca y gengibre, puse en la bolsa pimientos y quesos,
después recordé que debía ir a la vinatería para escoger quizá un shiraz, un
carmenere o alguna mezcla de uvas que recordara sabrosa y especial.

El menú consistió para la entrada en una pasta fusili en salsa de pimiento morrón,
luego arroz de jazmín y ensalada con lechugas, jitomatitos cherry y espinaca
sazonados en balsámico, sal, tres pimientas y aceite de oliva; todo como
guarnición para acompañar unas berenjenas a la italiana de plato fuerte, de postre
un chocolate amargo en barra acompañado con cuadritos de un queso “gran
apadana” y ate de guayaba; el pan fue de ajo con pimienta, albahaca y aceite de
oliva. No podían faltar las flores, escogí unas hortensias, agapandos azules y
rosas en color lila.

Ya en la casa preparé los floreros y acomodé la mesa para que estuviera en el
ángulo exacto, donde a la luz de las velas tuviéramos intimidad y romanticismo,
así que la acerqué a la ventana para combinar la luz de la calle y tener un
ambiente maravilloso y dispuse los muebles del comedor para crear un espacio
agradable, por supuesto la música fue una selección tranquila y romántica que
esperaba en el estereo.

Para cuando comencé a cocinar eran ya las seis de la tarde así que me apuré con
la comida y para las ocho y media de la noche estaba ya todo listo y en orden,
pensé que esperar media hora no sería problema así que volví a revisar el sabor
de cada platillo y me dispuse a vestirme, no muy elegante pero tampoco muy
casual, la ropa incluyó un suspensorio para hacer de después de la cena una
noche erótica y apasionada.

Vistiéndome me dieron las nueve con veinticinco minutos por lo que apresuré el
ritmo para que no me ganara mi amor, me atavié con el perfume que sé que le
encanta y estaba más que listo, contentísimo y ansioso a las nueve cuarenta. Me
senté en la sala para esperarlo, pensando que no tardaría.

Encendí las velas, diez minutos después las apagué de nuevo, para que no se
consumieran mucho, volví a revisar la comida y pensé que tal vez sería mejor
servirla, pero me convencí que no, que podría enfriarse y decidí esperarlo.

A las diez con doce minutos comenzó la preocupación y decidí mandarle un
mensaje recordándole que habíamos quedado en vernos en mi casa cuando
saliera del trabajo; para las once de la noche no había recibido respuesta del
mensaje y con los nervios hechos trizas decidí llamarle.

No sólo no respondió a la primer llamada sino que a las doce veinte, con treinta y
cinco llamadas no respuestas, estaba yo hecho un histérico y desesperado animal,
salía a la calle a buscar en el horizonte la figura lejana de él, encontrándome con
la más pesada y fría soledad, marcaba su número y siempre respondía el buzón.
Eran exactamente las doce con cincuenta y nueve minutos cuando, por fin,
respondió.

— Perdón Darío, es que después del trabajo tuvimos junta y no pude safarme.
— No te preocupes, ¿está todo bien?
— Pues sí, sólo que estoy muy cansado, yo creo que mejor te veo mañana, .
— Pero...
— Perdón, es que de verdad estoy muerto, ¿no puedes darme la sorpresa que
me dijiste, mañana por la tarde?
— Ay Jesús, es que ya mañana no va a tener chiste, por favor toma un taxi y
ven, no te quito mucho tiempo y dormimos juntos, anda.
— Es que Darío, por favor, entiende que fue un día pesado y que no tengo
ánimos de nada.
— Bueno, pues entonces mañana no hay sorpresa, no me lo tomes a mal pero
si no vienes ahorita, esto ya valió madres.
— Ay Darío, me caga que te pongas en tu drama, como si yo tuviera la
obligación de cubrir tus pendejos caprichos tontos.

— Pues no Jesús, no tienes ninguna obligación de cubrir mis pendejos
caprichos tontos, pero yo tampoco tengo porqué estarte esperando con una
sorpresa, ni hacer absolutamente nada por ti, ni para ti.
— ¿Ves? A veces me desesperas, me hartas...
Cuando colgué no pude evitar el llanto, mi desilusión fue tal, que eché toda la
comida a la basura, me quité la ropa y quise dormir, aunque me fue imposible,
deseando no quererlo así, deseando con el alma no estar enamorado de él, ni
darle ese poder que tiene sobre mí, esa facilidad de acabarme por completo.
Eran las tres de la mañana con ocho minutos, yo seguía en medio del llanto,
cuando sonó el timbre del departamento, sabía que era él, y me negué a abrirle,
aunque no por mucho tiempo; salí, lo miré de frente y con esa mirada de cabrón
que me conquistó, me tomó primero de las manos, ninguno de los dos dijo nada,
por su aspecto, no parecía venir del trabajo sino de una parranda, además olía a
alocohol, me abrazó y me dijo – A ver pues, dame esa sorpresa que tanto
necesitas darme ahorita.
– Ay Jesús– Exclamé con pesar, abrí más la puerta y le indiqué que pasara,
ya adentro señalé el bote de la basura con mi elegantísima comida dentro y al
voltear a ver el ambiente, la mesa puesta, las velas apagadas y la disposición de
los muebles, soltó una carcajada. Yo, me enojé y continuó la discusión...
Nuestro aniversario fue, como siempre, una pelea más, una noche sin sexo y un
motivo añadido a los anteriores para sentirme insatisfecho, un tanto solo y cada
vez más enamorado.

viernes, 23 de marzo de 2018

Carta de fin de año (Dave Malto)






















Segunda Parte 

Debo reconocer que el tonto baila muy bien y que llama mucho la atención, sí, es bajito, pero tiene buen cuerpo y de cara es agradable, tiene unos labios bien definidos, carnosos, bastante besables, y entre bailes y copas empecé a verlo diferente, no es que estuviera borracho, porque una botella para los seis no representó más que tres vodka-tónic para cada quien, y después de terminada la botella no quisimos una segunda; entonces, poco a poco, con las tonterías de la conversación, los bailes y la convivencia, me fui dando cuenta de que no dejaba de mirarlo y que, cada vez, le encontraba más compatibilidad con el güey al que le escribía por whatsapp, salimos a las seis de la mañana del antro, ya a punto de caer de sueño; pasamos a dejarlo a su casa, el Charly y Eduardo se quedaron conmigo y Paty tomó un taxi con su novia.

Al día siguiente yo tenía clase en la universidad a las nueve y a esa hora me Levanté, llegué tarde a mi clase y con una cara, que ya sabrás; salí de la universidad al medio día y aproximadamente a la una, ya de regreso en mi casa, le mandé mensaje para preguntarle cómo estaba, que si había ido a trabajar.

Llegué a la casa con ganas de caer como tabla en mi cama y dormir toda la tarde, porque para la noche tenía una fiesta más, pero el tonto me respondió diciendo que llegó tarde al trabajo, que salía a las dos y que moría de hambre y de sueño; ahí cometí mi segundo error, le dije que si quería, comíamos juntos, que faltaba poco para que saliera y como su trabajo queda cerca de la casa, pues que, si quería, podía quedarse a dormir conmigo; no creas que tenía ganas de coger con él, no, aunque sé que tal vez no me crees, en realidad quería dormir y sólo eso; lo que pasa que al final de la noche anterior, me cayó tan bien, que de amigos le ofrecí que se quedara en la casa, sin ninguna doble intención, como para hacerme de un buen amigo.

Comimos en una fonda, después, llegamos a la casa y sin más preámbulo nos metimos en mi cuarto, me quité los zapatos y la camisa, me quedé en jeans y me tumbé en la cama, le dije que con su permiso yo dormiría y que él hiciera lo mismo cuando quisiera, que se sintiera en su casa.

Justamente estaba conciliando el sueño cuando "zas" me dio un piquete con el dedo en las costillas, diciéndome que no me dejaría dormir, le regresé el piquete, él consecuentemente siguió y los demás jugueteos ya los debes intuir. A los jugueteos procedieron golpes leves, almohadazos, zapes, forcejeo e interminables risas y miradas, unas veces los iniciaba él, otras tantas yo, seguí quitándole la camisa y entre los jugueteos sexys, me agarró la entrepierna por encima del pantalón mas no para provocarme sino para lastimarme, me apretó diciendo que apretaría más si no lo soltaba y aproveché un descuido suyo para también tomarlo del mismo lugar.

¡Uff!, no sabes lo caliente que fue aquello, entonces le dije que apretara, que yo podía hacer lo mismo, estábamos de frente, retándonos con la mirada, con las manos sobre el tiro del pantalón, apretando cada uno al otro, con el torso desnudo, cuando sin más, me besó, y él fue el primero en aflojar la mano, disminuyó la fuerza pero no la quitó de mi entrepierna, acto seguido, lo imité para después comenzar a frotarnos los miembros erectos, mientras nuestras bocas desesperadas se probaban frenéticamente, y entre fajes, risas, caricias y maldades, es que me fui enamorando. Cuando por fin el cansancio nos venció, dormimos abrazados.

Al despertar, los fajes, besos y caricias, prosiguieron como una canción que para la segunda parte se vuelve más intensa, más profunda, con más sentido; toda esa tarde-noche estuvo lloviendo y el tiempo pasó como una paloma en pleno
vuelo, rápido, sin detenerse, firme, constante e inevitable; estábamos tan metidos en nosotros que cuando miré la hora, ya era momento de despedirme; tenía que bañarme y salir a mi compromiso corriendo, pero no me importó, al poco rato las llamadas empezaron a llegar insistiendo en que no tardara, y yo no quería separarme de él; es que fue todo tan rico, tan único, que llegó la necesaria pregunta de ¿después de eso, que seguiría?, él me dijo que le encantaría tenerme como novio, que le gustaba mucho y que le resultaba perfecto, fue entonces cuando sentí la presencia a mi alrededor del miedo.

Fue un momento incomodo, indeciso, porque sabía que si le contaba que soy portador de VIH su rechazo sería inminente. Tengo que confesarte que estuve, por un minuto, tentado a dejarlo pasar cómo llegó, sin nada más que una amistad allegada al sexo, un amigo con derechos o cómo quieras llamarlo, sin embargo, me sentí con la obligación de serle sincero y decirle de mi situación, porque según su declaración, si no se lo decía, resultaría contraproducente y decidí arriesgarme tratando de resignarme mentalmente a la idea de ser rechazado.

Si tan sólo pudieras saber lo difícil que es temerle a ser rechazado, al miedo de sentirse una basura frente a alguien que bien puede salir corriendo sin volver a buscarte y que sin dudas podría ignorarte si lo topas en cualquier sitio, confieso que pensé en esa posibilidad, dejarlo ir entendiendo su rechazo, pero entonces pasó, entonces volvió a pasar lo que no creía posible, le dije y su respuesta fue que no saldría corriendo y que quería que le contara como había sido, así que tomé aire con un profundo respiro y empecé a contarle mi historia con el pendejo de mi ex, y evidentemente le dije la verdad.

También le conté que lo único que quiero es ser responsable conmigo y con los demás, que por nada podría afectarlo, que podía ofrecerle eso que busca, que puedo ser un novio perfecto y que si él quiere, puedo ofrecerle la estabilidad y la seguridad que necesita, sin embargo, evidentemente tenía que pensárselo y finalmente lo acompañe a la parada de su autobus, lo dejé y me sentí mal, me sentí triste y pensé que tal vez nunca más lo volvería a ver; me bañé, me arreglé y fui a mi compromiso donde la pasé bien, pero extrañándolo.
A partir de entonces tengo una obsesión incesante con él, pienso que posiblemente siga viéndome y buscándome por una especie de lástima o para no hacerme sentir mal, porque al siguiente día me buscó diciendo que quería verme, fuimos al cine y después a comer, así empezaron las dificultades, esas cosas que son obvias en un chico de veintitrés años, que es simpático y hasta interesante; pues nada, que está que se muere por un chico que no le hace caso y que además tiene a otros dos que lo buscan y con quienes le gustaría estar, así, justamente como no podría estar conmigo; como novio.

Ojalá no sepas lo feo que es eso, ojalá nunca te pasen estas cosas que la vida te pone como para que termines suicidándote, o bien, para que seas un cabrón culero que juega con la gente y sus sentimientos.

Como debes suponer no fue la última vez que nos vimos, no lo sé, pero definitivamente verlo me gusta, estar con él es inexplicable, tenerlo a mi lado en la noche es más que romántico, es como un sueño hecho realidad y lo único que hago es disfrutarlo, me gusta cómo nos llevamos y hasta hacerle maldades es de lo más agradable y divertido, sus besos son como ese aparato para los asmáticos que les regresa la tranquilidad en alguna crisis, su mirada es un mar que te hipnotiza horas sin que te percates del tiempo, sus caricias son como estar en pleno orgasmo con el más hermoso y perfecto dios del Olimpo, tiene pies como alguno de esos dioses por cierto, y su piel es tan agradable a mis manos, a mi piel, a mi lengua; es tan deliciosa como el jugo de una fruta exótica que se escurre por los bordes de tu boca cuando la muerdes.

Hemos dormido juntos, pero, el problema es que él no me ve más que como a un amigo; me ha dicho tantas veces que le gusto que ya no sé si es real o sólo lo dice para no hacerme sentir mal, me ha besado tantas veces con tanta lujuría y entrega, nos hemos hemos excitado tanto e innumerables veces, que el otro día tuvimos sexo como ya había olvidado que se puede, con tanta desesperada pasión y frenética calentura, que de verdad que no podré olvidarlo, y evidentemente no pudimos ni quisimos evitarlo, aunque la mayoría de las veces todo se queda en el faje, aquella noche fue un revivir; lo disfruté tanto, que en lo que menos pensé fue en el maldito VIH, simplemente me le entregué; obvio, nos protegimos, bueno, debo decir lo protegí... y así han pasado semanas enteras, donde nos vemos regularmente y nos amamos, a nuestro modo, con nuestras particulares tonterías mentales, con nuestros miedos e inseguridades, pero nos amamos, al menos eso quiero creer, por lo menos eso siento yo.

Ahora que lo sabes, lo único que me gustaría, porque confió en ti, es que tú no me rechaces, tú no vayas a señalarme y mirarme con desprecio; sé bien que me dirás que estoy muy mal, que debo cuidarme y no sólo en el sexo, pero también quiero que sepas que no pienso dejar que el virus me acabe, sé que tengo muchísimas esperanzas de vida y estoy dispuesto a seguir con el calvario que representa ir al seguro social con tal de estar bien, ahora también hago ejercicio y me siento muy contento. Del tonto, aunque lo quiero, soy consciente de que no podré tener una relación estable de noviazgo con él, a pesar de mi enamoramiento y de sus interminables y halagadoras declaraciones por mí, por lo que no te preocupes.

Rubén, amigo mío, espero verte pronto, no sabes cómo te extraño y cómo deseo un abrazo tuyo, espero respuesta, y también espero no seas cruel conmigo en esa respuesta. Te mando todo lo mejor para este nuevo año, espero que esté lleno de éxito porque te lo mereces, que tengas más y mejor sexo con hombres cada vez más guapos y que seas inmensamente feliz, cuídate mucho, te adoro.


Atte: tu amigo del alma y de la vida, Darío.