viernes, 24 de agosto de 2018

Decisiones (Dave Malto)


Decidir parece cuestión de simplemente tomar una de las opciones, el verdadero
problema es cuando no tienes opciones o cuando las opciones parecen
imposibles, entonces, no sé si quepa decidir, lo que sí, es que tomé lo que a mi
juicio era lo mejor, tal vez ni siquiera exista algo mejor o puede que eso mejor no
tenga que ver conmigo, sino con él, también es posible que para él tampoco lo
sea, pero, sea o no lo mejor, a veces funciona, o quiero arriesgarme a ver que
en efecto funcione, para recapacitar, para darle frescura a mi mente y entonces
sí, decidir.

La mayoría de las personas supone que decidir va en función de las
posibilidades, sin embargo, para mí ya no hay elección, lo hecho, hecho está y
no hay marcha atrás, ahora lo que me resta es afrontar las consecuencias. Para
ser claro debo retroceder y especificar porque siento que se me acabaron las
opciones.

Aunque parezca exagerado llegar a este punto fue casi como una muerte
anunciada, casi como si nuestro destino no fuera otro, todo empezó cuando nos
conocimos, yo estaba sumido en una depresión de esas que lo acaban a uno,
pero de las que uno no puede darse cuenta, mis amigos insistentemente me
visitaban, me invitaban a salir y hasta me proponían actividades que a mí no me
interesaban en lo absoluto, como la danza por ejemplo, y bueno, al final tomé la
clase, no sé exactamente porque, pero fui pensando que no perdía nada y que
posiblemente me ayudaría, aunque en el fondo yo no quería ningún tipo de
ayuda puesto que suponía no necesitarla.

Los primeros meses fueron en definitiva los que me cambiaron la vida, jamás
imaginé tener la capacidad de hacer todo lo que aprendí y mucho menos en algo
como la danza.

Un día, en lo que comenzó a ser una rutinaria vida yendo a practicar, llegó él,
cuando lo vi no pude ignorarlo y mucho menos dejar de sentirme un tanto
apenado y al mismo tiempo tan atraído, como hipnotizado. Él, sentado en el
piso, en segunda posición, con sus vigorosas piernas bien torneadas, me dejó
impresionado, no sólo porque yo ni loco podía abrir tanto mi eje, sino también,
porque esa postura me pareció excitante, yo estaba detrás de él y fue inevitable
ver como la apertura marcaba notablemente sus nalgas, además, supongo que
hacer el calentamiento en mayas ayudó a sentir esa rara conexión.

Los días comenzaron a pasar, sin más que un simple saludo entre nosotros y
para mí, él se convirtió en el principal motivo de no faltar a las clases, al poco
tiempo ambos teníamos ya, rutinas que compartir mientras el profe enseñaba a
los que acababan de llegar, también ayudó el hecho de que en el grupo
estábamos sólo tres personas, él, una chica y yo, así que las rutinas en la tela
comenzaron, él subió y para mí era muy difícil mantener la boca cerrada por la
admiración que me provocaba, con el paso del tiempo desde aquel día, yo me
sentía nervioso a su lado, y por esa, mi ya acostumbrada forma de rechazar a
las personas, trataba por todos los medios de disimular que me gustaba, si me
hacía platica, yo era monosilábico, cortante y lo evitaba a toda costa, aunque por
dentro no podía más que desearlo; si se presentaba la ocasión de estar juntos,
hacía un esfuerzo sobrehumano para no quedármelo mirando embelesado, si a
una clase faltaba, entonces, el interés por estar ahí era nulo y mi participación
mediocre, por el contrario si desde el principio lo encontraba o le veía llegar,
procuraba ser notorio y desempeñarme con astucia para llamar su atención,
poco a poco me auto-convencía de que no podría tenerlo, aunque en el fondo
imaginaba cómo sería estar con él, por momentos caía en cuenta que la realidad
era distinta a mis alucines, y entonces, me resignaba a que fuera sólo un
imaginario amor que habitaba mis pensamientos, lejos de sentir desgano por
esa ilusión, sentí ganas de verlo siempre, sentí necesidad de saber más de él y
de buscar su atención.

El día que pude, por fin, tener su atención, me vi también en la necesidad de
serle sincero y decirle que yo no estaba bien, y no lo estaba porque no podía o
no quería salir de mi depresión, aún con eso, decidimos amarnos, aún así,
decidimos comenzar una relación, tal vez esa es la razón por la que las cosas
realmente nunca funcionaron, porque antes de empezar esta relación, lo que yo
realmente necesitaba era salir de mis problemas, y no sé cómo, pero ignorando
mis miedos, mi inestable situación, mi inseguridad, lo dejé entrar; desde
entonces cada día quería verlo, cada día quería estar con él; hasta que un día
llegó a mi casa, casi para despedirse.

– Me gustas mucho.
– Y tú a mí.
– Pero creo que es mejor que no nos hagamos ilusiones.
– ¿por qué?
– Porque yo me voy de la ciudad...

Y entonces sentí un miedo inexplicable, no sabía si dejarlo ir o no, pero
definitivamente no quería eso, no quería terminar con él porque comenzó a
significar para mí, un salvavidas que me estaba ayudando a flotar en el oceano,
así que tomé la peor decisión, o la locura más grande y más mortal de todas,
irme con él, y fue la peor no porque me arrepienta de haberla tomado, al
contrario, es la decisión que más valoro y agradezco, es hasta ahora y en mi
corazón la más especial, la que no cambiaría por nada en el universo, sin
embargo, resulta la peor porque no era el momento de tomarla.

Llegar a otra ciudad no fue cosa fácil y desafortunadamente mi inseguridad, mis
demonios, mis miedos, terminaron por dominarme, por hacer que se hartara,
pero también, por hacer que yo no me enganchara a nada y a nadie más que a
él, los momentos felices fueron muchos e inolvidables, pero igualmente, después
de un tiempo, las peleas se volvieron complicadas inseguridades de ambos,
celos incontrolables e imposiciones, queriendo que las cosas funcionaran, más
por la fuerza que por amor, y el amor comenzó a hacerse chiquito y el sexo
empezó a ser una especie de obligación ocasional que nos llevó a los dos a la
infidelidad, que nos llevó a los dos a destruirnos y a hundirnos cada uno en su
propio infierno.

¿Amarlo? No he dejado de amarlo desde que lo conozco, tal vez por eso no lo
quiero perder, pero antes necesito amarme a mí mismo, necesito recuperar a
Deian, a ese que era verdaderamente feliz solo, al auténtico, al alegre, al
solidario, al invencible que fui, también por eso lo único que puedo es dejarlo ir,
porque lo amo, porque él también necesita a su manera, sanar las heridas.

Nada deseo más que poderlo tener en mi vida hasta el día que me muera, nada
más, que regresar a su lado, pero también, nada deseo más que reencontrarme
a mí mismo, para lograr darle la felicidad que inútilmente intenté antes de llegar
a este punto, para ya no depender de él y para salir de una vez por todas de mi
miseria; es aquí donde ya no me quedan opciones, él se va, no porque se lo
pida sino porque es él quien ha decidido irse, y yo, ya sin opciones, me quedo
buscándome, es en este punto donde más que una decisión, es una
consecuencia quedarme desolado, solo, triste, enamorado más que nunca, más
que al principio, aunque no dejo de ilusionarme que va a volver, aunque no dejo
de querer que regrese, también no quiero seguir siendo, ni haciéndolo infeliz por
todo lo desarreglado que me encuentro, así que la decisión, o la consecuencia,
de toda esta, mi historia de amor, es dejarlo ir, aunque eso duela más que nada
en el mundo, aunque eso signifique una forma de morir, porque sí, a veces la
muerte también es una opción para seguir viviendo.

Ojalá que esta vez mi decisión sea la correcta y nada deseo más que volvamos
a amarnos, como cuando decidimos hacerlo, como cuando empezó todo esto,
para entonces, deseo con el alma, podamos decidir con verdadero amor, porque
si algo pido a Dios es que decida concederme la bendición de volver a su lado,
no hay otra cosa que pida al universo que decida permitirme regresar con él, no
hay día, ni momento, que anhele que la vida decida regalarme esa oportunidad
de reencontrarnos. Hasta entonces mi amor, hasta que el destino, Dios, la vida,
el universo, decidan, y tal vez, nosotros también decidamos...

0 comentarios:

Publicar un comentario

viernes, 24 de agosto de 2018

Decisiones (Dave Malto)


Decidir parece cuestión de simplemente tomar una de las opciones, el verdadero
problema es cuando no tienes opciones o cuando las opciones parecen
imposibles, entonces, no sé si quepa decidir, lo que sí, es que tomé lo que a mi
juicio era lo mejor, tal vez ni siquiera exista algo mejor o puede que eso mejor no
tenga que ver conmigo, sino con él, también es posible que para él tampoco lo
sea, pero, sea o no lo mejor, a veces funciona, o quiero arriesgarme a ver que
en efecto funcione, para recapacitar, para darle frescura a mi mente y entonces
sí, decidir.

La mayoría de las personas supone que decidir va en función de las
posibilidades, sin embargo, para mí ya no hay elección, lo hecho, hecho está y
no hay marcha atrás, ahora lo que me resta es afrontar las consecuencias. Para
ser claro debo retroceder y especificar porque siento que se me acabaron las
opciones.

Aunque parezca exagerado llegar a este punto fue casi como una muerte
anunciada, casi como si nuestro destino no fuera otro, todo empezó cuando nos
conocimos, yo estaba sumido en una depresión de esas que lo acaban a uno,
pero de las que uno no puede darse cuenta, mis amigos insistentemente me
visitaban, me invitaban a salir y hasta me proponían actividades que a mí no me
interesaban en lo absoluto, como la danza por ejemplo, y bueno, al final tomé la
clase, no sé exactamente porque, pero fui pensando que no perdía nada y que
posiblemente me ayudaría, aunque en el fondo yo no quería ningún tipo de
ayuda puesto que suponía no necesitarla.

Los primeros meses fueron en definitiva los que me cambiaron la vida, jamás
imaginé tener la capacidad de hacer todo lo que aprendí y mucho menos en algo
como la danza.

Un día, en lo que comenzó a ser una rutinaria vida yendo a practicar, llegó él,
cuando lo vi no pude ignorarlo y mucho menos dejar de sentirme un tanto
apenado y al mismo tiempo tan atraído, como hipnotizado. Él, sentado en el
piso, en segunda posición, con sus vigorosas piernas bien torneadas, me dejó
impresionado, no sólo porque yo ni loco podía abrir tanto mi eje, sino también,
porque esa postura me pareció excitante, yo estaba detrás de él y fue inevitable
ver como la apertura marcaba notablemente sus nalgas, además, supongo que
hacer el calentamiento en mayas ayudó a sentir esa rara conexión.

Los días comenzaron a pasar, sin más que un simple saludo entre nosotros y
para mí, él se convirtió en el principal motivo de no faltar a las clases, al poco
tiempo ambos teníamos ya, rutinas que compartir mientras el profe enseñaba a
los que acababan de llegar, también ayudó el hecho de que en el grupo
estábamos sólo tres personas, él, una chica y yo, así que las rutinas en la tela
comenzaron, él subió y para mí era muy difícil mantener la boca cerrada por la
admiración que me provocaba, con el paso del tiempo desde aquel día, yo me
sentía nervioso a su lado, y por esa, mi ya acostumbrada forma de rechazar a
las personas, trataba por todos los medios de disimular que me gustaba, si me
hacía platica, yo era monosilábico, cortante y lo evitaba a toda costa, aunque por
dentro no podía más que desearlo; si se presentaba la ocasión de estar juntos,
hacía un esfuerzo sobrehumano para no quedármelo mirando embelesado, si a
una clase faltaba, entonces, el interés por estar ahí era nulo y mi participación
mediocre, por el contrario si desde el principio lo encontraba o le veía llegar,
procuraba ser notorio y desempeñarme con astucia para llamar su atención,
poco a poco me auto-convencía de que no podría tenerlo, aunque en el fondo
imaginaba cómo sería estar con él, por momentos caía en cuenta que la realidad
era distinta a mis alucines, y entonces, me resignaba a que fuera sólo un
imaginario amor que habitaba mis pensamientos, lejos de sentir desgano por
esa ilusión, sentí ganas de verlo siempre, sentí necesidad de saber más de él y
de buscar su atención.

El día que pude, por fin, tener su atención, me vi también en la necesidad de
serle sincero y decirle que yo no estaba bien, y no lo estaba porque no podía o
no quería salir de mi depresión, aún con eso, decidimos amarnos, aún así,
decidimos comenzar una relación, tal vez esa es la razón por la que las cosas
realmente nunca funcionaron, porque antes de empezar esta relación, lo que yo
realmente necesitaba era salir de mis problemas, y no sé cómo, pero ignorando
mis miedos, mi inestable situación, mi inseguridad, lo dejé entrar; desde
entonces cada día quería verlo, cada día quería estar con él; hasta que un día
llegó a mi casa, casi para despedirse.

– Me gustas mucho.
– Y tú a mí.
– Pero creo que es mejor que no nos hagamos ilusiones.
– ¿por qué?
– Porque yo me voy de la ciudad...

Y entonces sentí un miedo inexplicable, no sabía si dejarlo ir o no, pero
definitivamente no quería eso, no quería terminar con él porque comenzó a
significar para mí, un salvavidas que me estaba ayudando a flotar en el oceano,
así que tomé la peor decisión, o la locura más grande y más mortal de todas,
irme con él, y fue la peor no porque me arrepienta de haberla tomado, al
contrario, es la decisión que más valoro y agradezco, es hasta ahora y en mi
corazón la más especial, la que no cambiaría por nada en el universo, sin
embargo, resulta la peor porque no era el momento de tomarla.

Llegar a otra ciudad no fue cosa fácil y desafortunadamente mi inseguridad, mis
demonios, mis miedos, terminaron por dominarme, por hacer que se hartara,
pero también, por hacer que yo no me enganchara a nada y a nadie más que a
él, los momentos felices fueron muchos e inolvidables, pero igualmente, después
de un tiempo, las peleas se volvieron complicadas inseguridades de ambos,
celos incontrolables e imposiciones, queriendo que las cosas funcionaran, más
por la fuerza que por amor, y el amor comenzó a hacerse chiquito y el sexo
empezó a ser una especie de obligación ocasional que nos llevó a los dos a la
infidelidad, que nos llevó a los dos a destruirnos y a hundirnos cada uno en su
propio infierno.

¿Amarlo? No he dejado de amarlo desde que lo conozco, tal vez por eso no lo
quiero perder, pero antes necesito amarme a mí mismo, necesito recuperar a
Deian, a ese que era verdaderamente feliz solo, al auténtico, al alegre, al
solidario, al invencible que fui, también por eso lo único que puedo es dejarlo ir,
porque lo amo, porque él también necesita a su manera, sanar las heridas.

Nada deseo más que poderlo tener en mi vida hasta el día que me muera, nada
más, que regresar a su lado, pero también, nada deseo más que reencontrarme
a mí mismo, para lograr darle la felicidad que inútilmente intenté antes de llegar
a este punto, para ya no depender de él y para salir de una vez por todas de mi
miseria; es aquí donde ya no me quedan opciones, él se va, no porque se lo
pida sino porque es él quien ha decidido irse, y yo, ya sin opciones, me quedo
buscándome, es en este punto donde más que una decisión, es una
consecuencia quedarme desolado, solo, triste, enamorado más que nunca, más
que al principio, aunque no dejo de ilusionarme que va a volver, aunque no dejo
de querer que regrese, también no quiero seguir siendo, ni haciéndolo infeliz por
todo lo desarreglado que me encuentro, así que la decisión, o la consecuencia,
de toda esta, mi historia de amor, es dejarlo ir, aunque eso duela más que nada
en el mundo, aunque eso signifique una forma de morir, porque sí, a veces la
muerte también es una opción para seguir viviendo.

Ojalá que esta vez mi decisión sea la correcta y nada deseo más que volvamos
a amarnos, como cuando decidimos hacerlo, como cuando empezó todo esto,
para entonces, deseo con el alma, podamos decidir con verdadero amor, porque
si algo pido a Dios es que decida concederme la bendición de volver a su lado,
no hay otra cosa que pida al universo que decida permitirme regresar con él, no
hay día, ni momento, que anhele que la vida decida regalarme esa oportunidad
de reencontrarnos. Hasta entonces mi amor, hasta que el destino, Dios, la vida,
el universo, decidan, y tal vez, nosotros también decidamos...

No hay comentarios:

Publicar un comentario