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miércoles, 16 de febrero de 2022

La justicia social de todos y para todos

La justicia social de todos y para todos


Muchas veces hemos escuchado que justicia es darle a cada quien lo que le corresponde, lo cual no es del todo incorrecto, sin embargo si nos quedamos solo con esa idea estaremos omitiendo una parte fundamental de la definición. Ciertamente ser justos es dar a cada quien lo que le corresponde, pero ello debe ser de acuerdo con sus derechos, capacidades y necesidades. 


Lo anterior es muy importante ya que pone en perspectiva lo que hacemos unos por otros y se encuentra muy ligado a lo se ha definido como Justicia Social, la cual precisamente se conmemora a nivel mundial el próximo 20 de febrero.


Se atribuye al sacerdote jesuita Luigi Taparelli D'Azeglio haber acuñado a mediados del siglo XIX la expresión "justicia social", definida como "la justicia entre los hombres", haciendo referencia a que todos los humanos son miembros de una misma especie y por lo tanto todos deben ser considerados como iguales en derechos, a pesar de tener diferentes capacidades naturales.


Este concepto es muy importante ya que pone en el centro del foco a una de las más grandes problemáticas de nuestro país, como es la desigualdad y las brechas sociales que de ella emanan. 


De acuerdo al Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO) la desigualdad es entendida como “la condición por la cual las personas tienen un acceso desigual a los recursos de todo tipo, a los servicios y a las posiciones que valoran la sociedad”.


Precisamente, el Banco Mundial (BM) ha informado que México forma parte del 25% de los países con mayores niveles de desigualdad, lo cual concentra la riqueza en el estrato más alto de la pirámide, pero también el más reducido.


Es así que en México solo el 10% de la población acapara el 79% de la riqueza nacional, mientras el 50% de los mexicanos libran día a día una batalla cotidiana contra la pobreza, acorde al Reporte Mundial de la Desigualdad 2022. 


Si pensamos en una analogía de lo anterior, tendríamos que si el país fuera un pastel con 10 rebanadas, una persona se comería 8 rebanadas y las dos restantes serían repartidas entre nueve. 


Este mismo estudio enfatiza que la pandemia por covid-19, y sus diversas variantes y olas, han hecho que la desigualdad se dispare en el mundo, ya que se ha acelerado, aún más, la concentración de la riqueza en unos cuantos. 


Es por ello que hoy, más que nunca, se vuelve vital abordar la justicia social, como aquella condición que pugna por acciones para alcanzar la igualdad de oportunidades y el respecto irrestricto de los derechos humanos, con el fin de que las personas puedan desarrollarse plenamente y a su vez forjar una sociedad en paz. 


Tiene que haber claridad en saber que como sociedad no podremos avanzar mientras algunos sectores de nuestra población se encuentren en situación de desventaja.


Necesitamos tomar acción como sociedad, abanderando esta causa con el ejercicio de la justicia social, tomando perspectiva para hacer lo que nos corresponde con el fin de mermar las desigualdades y ayudar a quienes menos tienen a salir adelante.


Bien lo ha referido el IMCO que en México no basta con “echarle ganas” para salir adelante, ya que existen diversos factores que perpetúan la desigualdad en el país, por ello necesitamos todas y todos abonar desde nuestras diferentes trincheras para que quienes padecen esta desigualdad puedan salir del rezago. 


A veces pensamos que como sociedad civil no somos a quien compete hacer algo al respecto, sin embargo vivir en un país como México en el que la desigualdad es tan recalcitrante nos reclama acción urgente.


Necesitamos ser personas más justas y empáticas con quienes nos rodean e incluso, si está en nuestras posibilidades, ser actores activos de las acciones sociales que permitan a los demás tener mejores oportunidades de desarrollo.


No me cansaré de decir -y en este caso escribir- que todas y todos podemos hacer algo para hacer la diferencia en la sociedad, porque no hay causa perdida más que aquella en la que nuestra actitud es indiferente. 


Sumémonos como actores activos de la justicia, empezando hoy por poner en perspectiva que lo primero es la sociedad más vulnerable. 




martes, 23 de marzo de 2021

Un año después, ¿hacia dónde va la pandemia? Cuarta Parte

23/03/2021

Un año después, ¿hacia dónde va la pandemia? Cuarta Parte


Por: Fernando Manzanilla Prieto Esta es la primera vez en la historia que una amenaza global nos hace sentir vulnerables a todos al mismo tiempo. Nunca la humanidad había vivido y padecido en tiempo real una amenaza que potencialmente pusiera en riesgo la vida de todos. A lo largo de nuestra historia ha habido muchas pandemias, pero esta es la primera que se convierte en una amenaza para todos en todas partes, y que nos hace vivir esa sensación de que todos por igual estamos enfrentando al mismo enemigo común, al mismo tiempo. Este efecto “igualador” ha producido un sentimiento totalmente nuevo en cada uno de nosotros. Una sensación que pocas especies tienen el privilegio de experimentar. Me refiero a ese sentido de pertenencia a una comunidad global, más allá de fronteras y naciones, de razas y credos, de clases sociales y estratos de ingreso. A esa sensación de ser parte de algo más grande y complejo. Estoy convencido de que esta pandemia será recordada precisamente por eso: porque por primera vez nos hará conscientes de que somos parte de una comunidad global que enfrenta amenazas y retos comunes; y que, por lo mismo, está obligada a articular una respuesta común, como especie, ante un evento que amenaza la existencia de todos. La pregunta es, por supuesto, si seremos capaces de lograr una respuesta colectiva ante una amenaza global como la del Covid-19. Es decir, si podremos realmente articular como humanidad una acción común para enfrentar esta y otras amenazas globales que se vislumbran en el corto plazo. Desafortunadamente, por lo que hemos visto, la respuesta no es positiva. Hasta el momento, no hemos sido capaces de adoptar una visión global ante esta amenaza. La realidad es que, como lo he venido mencionando en las entregas anteriores, en la respuesta para enfrentar la pandemia ha prevalecido una visión egoísta y nacionalista, en la que cada persona y cada país, se ha concentrado en velar por su propio interés. Esta pandemia ha evidenciado como nunca antes, la necesidad de desarrollar nuevas formas de cooperación global realmente funcionales, o no habrá manera de que la humanidad pueda lidiar con este tipo de amenazas globales, sobre todo cuando se trate de eventos “nivel extinción”, como es el caso del cambio climático. Coincido con el historiador Yuval Noha Harari en que, a diferencia de las otras pandemias —consideradas como meros desastres naturales— ante los cuales la humanidad no tenía mucho que hacer, hoy que la humanidad cuenta con las capacidades científicas y tecnológicas suficientes para enfrentarlas y controlarlas, no podemos ver las pandemias como meros desastres naturales sino como auténticos desastres o fracasos políticos. Desde mi punto de vista, la clave para desarrollar mejores instrumentos de cooperación entre estados nación para enfrentar este tipo de amenazas es la fraternidad. Solo el poder de la fraternidad terminará con la pandemia. Porque solo a partir de una visión fraterna podremos dar inicio a una nueva era de cooperación y solidaridad que nos permita trabajar juntos, como humanidad, en torno a intereses comunes. Solo a partir de una visión de fraternidad podremos dejar atrás esta falsa disyuntiva entre interés particular e interés común, porque ante cualquier amenaza global es un error pensar que son mutuamente excluyentes. Como lo ha demostrado esta pandemia, el costo de velar primero por el interés nacional amenaza con elevar el costo en vidas y extender indefinidamente el impacto económico del virus. En otras palabras, el tremendo éxito en la cooperación científica global para contar con una vacuna en tiempo récord solo se compara con el tamaño del fracaso en la cooperación política global para garantizar la inmunización a toda la población. Creo que a un año del inicio de la pandemia es claro que la única manera de superar esta y otras amenazas globales que de seguro vendrán, será encontrándonos a nosotros mismos en los demás, a partir del valor de la fraternidad

martes, 16 de marzo de 2021

Un año después, ¿hacia dónde va la pandemia? Tercera Parte


16/03/21

Un año después, ¿hacia dónde va la pandemia? Tercera Parte

Por: Fernando Manzanilla Prieto

Mientras no se descubra un medicamento eficaz y ampliamente probado contra el

Covid-19, pareciera que nuestra única esperanza para superar la pandemia en este

momento es la vacuna. Pero como lo mencioné en las entregas anteriores, el

acaparamiento y la desigualdad en el acceso a las inmunizaciones podría traducirse

en una nueva amenaza para la salud al dejar sin vacuna este año, a gran parte de la

humanidad.

Si el virus sigue circulando libremente, lo más probable es que sigan surgiendo

nuevas variantes más agresivas y letales que, eventualmente, terminen reinfectando

a la población mundial a pesar de haber sido vacunada. ¿Quién nos asegura que en

unos meses no surgirá una variante del virus que supere la eficacia de todas las

vacunas disponibles? De hecho, esto que suena como la peor de nuestras pesadillas,

ya lo estamos empezando a vivir. Algunas de las nuevas variantes identificadas han

logrado superar la eficacia de ciertas vacunas.

El problema es que seguimos sabiendo muy poco de este virus. No sabemos por qué

afecta más a unos que a otros. No sabemos por qué a algunos les deja secuelas en

ciertos órganos mientras que a otros los deja intactos. Este virus sigue sorprendiendo

a los científicos por su alta eficiencia para mutar y generar versiones más resistentes

de sí mismo. La realidad es que seguimos en la dinámica de prueba y error y aún no

estamos 100% seguros de cómo se va a comportar el virus ni qué tan eficaz va a ser

el antídoto que logremos desarrollar para las nuevas variantes.

Si bien es cierto que la nueva tecnología que usan las vacunas se ha venido

desarrollando desde hace décadas --por eso fue posible contar con ellas en tan poco

tiempo-- también es verdad que esta es la primera vez que se utiliza en forma masiva

en seres humanos. En otras palabras, a pesar de haber sido “probadas” en

voluntarios antes de autorizar su uso de emergencia, la realidad es que la verdadera

prueba se está realizando al aplicarlas masivamente a nivel global.

Esa es la razón por la que unas marcas son más eficaces que otras. Algunas

funcionan mejor en adultos mayores, otras solo aminoran los efectos graves del

virus, en tanto que otras evitan mejor el contagio. En fin, también con las vacunas

estamos en medio de un proceso de prueba y error. Muestra de ello es el temor que

en los últimos días ha obligado a casi toda Europa ha suspender preventivamente la

aplicación de la vacuna de AstraZeneca-Oxford ante los efectos adversos que

supuestamente ha provocado en algunas personas.


El hecho es que, entre que no conocemos totalmente al virus, no estamos 100%

seguros de la eficacia y seguridad de todas las vacunas, y no hay voluntad de parte

de los países ricos para que toda la población esté en posibilidades de recibir al

menos una dosis este mismo año, la humanidad corre el riesgo de perder la carrera

contra las nuevas variantes.

Insisto, la única manera de controlar la pandemia en el corto plazo implica llegar a

un gran acuerdo a nivel mundial para declarar la vacuna como un bien global, sumar

esfuerzos para multiplicar al menos por cuatro la producción anual de vacunas --que

actualmente es de 4 mil millones de dosis-- y que los países ricos aporten los

recursos necesarios para financiar una distribución adecuada de la vacuna que

mejores resultados haya dado, en todos los países del planeta.

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miércoles, 16 de febrero de 2022

La justicia social de todos y para todos

La justicia social de todos y para todos


Muchas veces hemos escuchado que justicia es darle a cada quien lo que le corresponde, lo cual no es del todo incorrecto, sin embargo si nos quedamos solo con esa idea estaremos omitiendo una parte fundamental de la definición. Ciertamente ser justos es dar a cada quien lo que le corresponde, pero ello debe ser de acuerdo con sus derechos, capacidades y necesidades. 


Lo anterior es muy importante ya que pone en perspectiva lo que hacemos unos por otros y se encuentra muy ligado a lo se ha definido como Justicia Social, la cual precisamente se conmemora a nivel mundial el próximo 20 de febrero.


Se atribuye al sacerdote jesuita Luigi Taparelli D'Azeglio haber acuñado a mediados del siglo XIX la expresión "justicia social", definida como "la justicia entre los hombres", haciendo referencia a que todos los humanos son miembros de una misma especie y por lo tanto todos deben ser considerados como iguales en derechos, a pesar de tener diferentes capacidades naturales.


Este concepto es muy importante ya que pone en el centro del foco a una de las más grandes problemáticas de nuestro país, como es la desigualdad y las brechas sociales que de ella emanan. 


De acuerdo al Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO) la desigualdad es entendida como “la condición por la cual las personas tienen un acceso desigual a los recursos de todo tipo, a los servicios y a las posiciones que valoran la sociedad”.


Precisamente, el Banco Mundial (BM) ha informado que México forma parte del 25% de los países con mayores niveles de desigualdad, lo cual concentra la riqueza en el estrato más alto de la pirámide, pero también el más reducido.


Es así que en México solo el 10% de la población acapara el 79% de la riqueza nacional, mientras el 50% de los mexicanos libran día a día una batalla cotidiana contra la pobreza, acorde al Reporte Mundial de la Desigualdad 2022. 


Si pensamos en una analogía de lo anterior, tendríamos que si el país fuera un pastel con 10 rebanadas, una persona se comería 8 rebanadas y las dos restantes serían repartidas entre nueve. 


Este mismo estudio enfatiza que la pandemia por covid-19, y sus diversas variantes y olas, han hecho que la desigualdad se dispare en el mundo, ya que se ha acelerado, aún más, la concentración de la riqueza en unos cuantos. 


Es por ello que hoy, más que nunca, se vuelve vital abordar la justicia social, como aquella condición que pugna por acciones para alcanzar la igualdad de oportunidades y el respecto irrestricto de los derechos humanos, con el fin de que las personas puedan desarrollarse plenamente y a su vez forjar una sociedad en paz. 


Tiene que haber claridad en saber que como sociedad no podremos avanzar mientras algunos sectores de nuestra población se encuentren en situación de desventaja.


Necesitamos tomar acción como sociedad, abanderando esta causa con el ejercicio de la justicia social, tomando perspectiva para hacer lo que nos corresponde con el fin de mermar las desigualdades y ayudar a quienes menos tienen a salir adelante.


Bien lo ha referido el IMCO que en México no basta con “echarle ganas” para salir adelante, ya que existen diversos factores que perpetúan la desigualdad en el país, por ello necesitamos todas y todos abonar desde nuestras diferentes trincheras para que quienes padecen esta desigualdad puedan salir del rezago. 


A veces pensamos que como sociedad civil no somos a quien compete hacer algo al respecto, sin embargo vivir en un país como México en el que la desigualdad es tan recalcitrante nos reclama acción urgente.


Necesitamos ser personas más justas y empáticas con quienes nos rodean e incluso, si está en nuestras posibilidades, ser actores activos de las acciones sociales que permitan a los demás tener mejores oportunidades de desarrollo.


No me cansaré de decir -y en este caso escribir- que todas y todos podemos hacer algo para hacer la diferencia en la sociedad, porque no hay causa perdida más que aquella en la que nuestra actitud es indiferente. 


Sumémonos como actores activos de la justicia, empezando hoy por poner en perspectiva que lo primero es la sociedad más vulnerable. 




martes, 23 de marzo de 2021

Un año después, ¿hacia dónde va la pandemia? Cuarta Parte

23/03/2021

Un año después, ¿hacia dónde va la pandemia? Cuarta Parte


Por: Fernando Manzanilla Prieto Esta es la primera vez en la historia que una amenaza global nos hace sentir vulnerables a todos al mismo tiempo. Nunca la humanidad había vivido y padecido en tiempo real una amenaza que potencialmente pusiera en riesgo la vida de todos. A lo largo de nuestra historia ha habido muchas pandemias, pero esta es la primera que se convierte en una amenaza para todos en todas partes, y que nos hace vivir esa sensación de que todos por igual estamos enfrentando al mismo enemigo común, al mismo tiempo. Este efecto “igualador” ha producido un sentimiento totalmente nuevo en cada uno de nosotros. Una sensación que pocas especies tienen el privilegio de experimentar. Me refiero a ese sentido de pertenencia a una comunidad global, más allá de fronteras y naciones, de razas y credos, de clases sociales y estratos de ingreso. A esa sensación de ser parte de algo más grande y complejo. Estoy convencido de que esta pandemia será recordada precisamente por eso: porque por primera vez nos hará conscientes de que somos parte de una comunidad global que enfrenta amenazas y retos comunes; y que, por lo mismo, está obligada a articular una respuesta común, como especie, ante un evento que amenaza la existencia de todos. La pregunta es, por supuesto, si seremos capaces de lograr una respuesta colectiva ante una amenaza global como la del Covid-19. Es decir, si podremos realmente articular como humanidad una acción común para enfrentar esta y otras amenazas globales que se vislumbran en el corto plazo. Desafortunadamente, por lo que hemos visto, la respuesta no es positiva. Hasta el momento, no hemos sido capaces de adoptar una visión global ante esta amenaza. La realidad es que, como lo he venido mencionando en las entregas anteriores, en la respuesta para enfrentar la pandemia ha prevalecido una visión egoísta y nacionalista, en la que cada persona y cada país, se ha concentrado en velar por su propio interés. Esta pandemia ha evidenciado como nunca antes, la necesidad de desarrollar nuevas formas de cooperación global realmente funcionales, o no habrá manera de que la humanidad pueda lidiar con este tipo de amenazas globales, sobre todo cuando se trate de eventos “nivel extinción”, como es el caso del cambio climático. Coincido con el historiador Yuval Noha Harari en que, a diferencia de las otras pandemias —consideradas como meros desastres naturales— ante los cuales la humanidad no tenía mucho que hacer, hoy que la humanidad cuenta con las capacidades científicas y tecnológicas suficientes para enfrentarlas y controlarlas, no podemos ver las pandemias como meros desastres naturales sino como auténticos desastres o fracasos políticos. Desde mi punto de vista, la clave para desarrollar mejores instrumentos de cooperación entre estados nación para enfrentar este tipo de amenazas es la fraternidad. Solo el poder de la fraternidad terminará con la pandemia. Porque solo a partir de una visión fraterna podremos dar inicio a una nueva era de cooperación y solidaridad que nos permita trabajar juntos, como humanidad, en torno a intereses comunes. Solo a partir de una visión de fraternidad podremos dejar atrás esta falsa disyuntiva entre interés particular e interés común, porque ante cualquier amenaza global es un error pensar que son mutuamente excluyentes. Como lo ha demostrado esta pandemia, el costo de velar primero por el interés nacional amenaza con elevar el costo en vidas y extender indefinidamente el impacto económico del virus. En otras palabras, el tremendo éxito en la cooperación científica global para contar con una vacuna en tiempo récord solo se compara con el tamaño del fracaso en la cooperación política global para garantizar la inmunización a toda la población. Creo que a un año del inicio de la pandemia es claro que la única manera de superar esta y otras amenazas globales que de seguro vendrán, será encontrándonos a nosotros mismos en los demás, a partir del valor de la fraternidad

martes, 16 de marzo de 2021

Un año después, ¿hacia dónde va la pandemia? Tercera Parte


16/03/21

Un año después, ¿hacia dónde va la pandemia? Tercera Parte

Por: Fernando Manzanilla Prieto

Mientras no se descubra un medicamento eficaz y ampliamente probado contra el

Covid-19, pareciera que nuestra única esperanza para superar la pandemia en este

momento es la vacuna. Pero como lo mencioné en las entregas anteriores, el

acaparamiento y la desigualdad en el acceso a las inmunizaciones podría traducirse

en una nueva amenaza para la salud al dejar sin vacuna este año, a gran parte de la

humanidad.

Si el virus sigue circulando libremente, lo más probable es que sigan surgiendo

nuevas variantes más agresivas y letales que, eventualmente, terminen reinfectando

a la población mundial a pesar de haber sido vacunada. ¿Quién nos asegura que en

unos meses no surgirá una variante del virus que supere la eficacia de todas las

vacunas disponibles? De hecho, esto que suena como la peor de nuestras pesadillas,

ya lo estamos empezando a vivir. Algunas de las nuevas variantes identificadas han

logrado superar la eficacia de ciertas vacunas.

El problema es que seguimos sabiendo muy poco de este virus. No sabemos por qué

afecta más a unos que a otros. No sabemos por qué a algunos les deja secuelas en

ciertos órganos mientras que a otros los deja intactos. Este virus sigue sorprendiendo

a los científicos por su alta eficiencia para mutar y generar versiones más resistentes

de sí mismo. La realidad es que seguimos en la dinámica de prueba y error y aún no

estamos 100% seguros de cómo se va a comportar el virus ni qué tan eficaz va a ser

el antídoto que logremos desarrollar para las nuevas variantes.

Si bien es cierto que la nueva tecnología que usan las vacunas se ha venido

desarrollando desde hace décadas --por eso fue posible contar con ellas en tan poco

tiempo-- también es verdad que esta es la primera vez que se utiliza en forma masiva

en seres humanos. En otras palabras, a pesar de haber sido “probadas” en

voluntarios antes de autorizar su uso de emergencia, la realidad es que la verdadera

prueba se está realizando al aplicarlas masivamente a nivel global.

Esa es la razón por la que unas marcas son más eficaces que otras. Algunas

funcionan mejor en adultos mayores, otras solo aminoran los efectos graves del

virus, en tanto que otras evitan mejor el contagio. En fin, también con las vacunas

estamos en medio de un proceso de prueba y error. Muestra de ello es el temor que

en los últimos días ha obligado a casi toda Europa ha suspender preventivamente la

aplicación de la vacuna de AstraZeneca-Oxford ante los efectos adversos que

supuestamente ha provocado en algunas personas.


El hecho es que, entre que no conocemos totalmente al virus, no estamos 100%

seguros de la eficacia y seguridad de todas las vacunas, y no hay voluntad de parte

de los países ricos para que toda la población esté en posibilidades de recibir al

menos una dosis este mismo año, la humanidad corre el riesgo de perder la carrera

contra las nuevas variantes.

Insisto, la única manera de controlar la pandemia en el corto plazo implica llegar a

un gran acuerdo a nivel mundial para declarar la vacuna como un bien global, sumar

esfuerzos para multiplicar al menos por cuatro la producción anual de vacunas --que

actualmente es de 4 mil millones de dosis-- y que los países ricos aporten los

recursos necesarios para financiar una distribución adecuada de la vacuna que

mejores resultados haya dado, en todos los países del planeta.