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lunes, 5 de julio de 2021

Políticas del Campo y el Agua contra Sequía y Pobreza en México



Columna Un Nuevo Comienzo

Políticas del Campo y el Agua contra Sequía y Pobreza en México

Alberto Jiménez

Merino


Según datos del INEGI 2021, las tortillas de maíz subieron su precio en promedio

11.3 por ciento en la primera mitad de junio frente a la misma quincena de 2020,

siendo el mayor incremento registrado en los últimos nueve años. El Grupo

Consultor de Mercados Agrícolas vincula el incremento con una menor oferta de

maíz debido a la reducción de la superficie sembrada en Sinaloa y Tamaulipas a

causa de la falta de agua en las principales presas.

De acuerdo con datos de Tláloc Puga, en El Universal, México es el mayor

consumidor de tortillas en el mundo, con un consumo promedio individual anual de

75 kilos. Los precios han variado desde 14.63 pesos por kilo en la Ciudad de

México hasta 27 pesos en Hermosillo, Sonora.

La tortilla es el alimento principal de los mexicanos, especialmente de las familias

más pobres, siendo para estas, en gran medida, su único alimento.

Una larga sequía que ha afectado a dos terceras partes de México, al igual que la

Costa Oeste de Estados Unidos y Canadá, podría empeorar en las próximas

semanas.

Los pronósticos advierten sobre altas temperaturas, daños a los cultivos y escasez

de suministro de agua en varias zonas, incluida la Ciudad de México (FORBES,

2021). La inversión pública en infraestructura disminuyó en 64 por ciento y la

inversión en agua potable 78 por ciento con relación a 2018, según expertos.

De acuerdo con EQUIDE, Investigación de Impacto Social de la Universidad

Iberoamericana, se estima que la pobreza pasó de 52 millones en 2018, a 67

millones de mexicanos a marzo del 2021, casi 15 millones de nuevos pobres

después de la pandemia COVID, y la carencia de acceso a la alimentación se

incrementó de 25.5 a 46.2 millones de personas. Las ayudas sociales no están

cumpliendo su objetivo.

Aunque la sequía podría considerarse normal, ha empeorado debido al cambio

climático que avanza muy rápido a nivel mundial. La falta de maíz es debida a la

reducción de la superficie por escasez de agua y a la falta de apoyos

gubernamentales por una drástica reducción de los presupuestos públicos. Ambos

problemas amenazan la seguridad alimentaria y acrecientan la pobreza de las

familias.


La falta de agua y alimentos son las principales causas de rompimiento de la

convivencia y gobernabilidad de cualquier país. Y no hablamos de intentonas

golpistas internacionales. Son realidades comprobadas muchas veces.

Los principales problemas nacionales son hoy la Pobreza; Inseguridad Pública y

Alimentaria; Salud y falta de Medicinas; Sequía; Falta de Agua y Deterioro

Ambiental; y la gran división que cada día se promueve, desde el poder, entre los

mexicanos.

Por eso sorprende que la prioridad nacional hoy sea una consulta para juzgar a los

expresidentes cuando no hay tortillas para las familias, no hay agua, no hay

medicinas y no hay seguridad pública. La aplicación de la Ley no puede ser motivo

de consulta. Se aplica y ya.

Lo que urge es la búsqueda de soluciones a los problemas nacionales a través de

la implementación de políticas públicas, programas y proyectos que atiendan las

verdaderas necesidades de la población, los programas y ayudas sociales

contienen la pobreza, pero no la resuelven si no se acompañan del fomento

productivo y económico.

Con motivo del inicio de la LXV Legislatura Federal, de varias legislaturas

estatales y de administraciones municipales, en el PRI seguimos comprometidos

con el desarrollo nacional, regional, estatal y municipal. Trabajamos en una

Agenda del Campo y el Agua para identificar, integrar y proponer las Políticas

Públicas que requiere la sociedad mexicana, misma que habrá de concretarse

escuchando a quienes tienen el conocimiento y las soluciones más viables.

Una Agenda Política del Campo y el Agua que considere programas y

presupuestos para fortalecer la Seguridad Alimentaria en Granos Básicos, Leche,

Huevo y Carne, así como el apoyo a la agroindustria.

Políticas de apoyo a los pequeños productores de autoconsumo y desarrollo

integral de las cadenas productivas, desarrollo regional, capacitación y asesoría,

centrales de maquinaria y servicios técnicos, servicios sanitarios y de inocuidad,

financiamiento, comercialización y desarrollo de nuevos mercados.

Asimismo, apoyo a la agricultura de conservación para recuperar el suelo y agua,

agricultura protegida para reducir los impactos del clima y agricultura orgánica

para fortalecer la sanidad de alimentos y cuidado del ambiente, seguros para la

protección de las cosechas y fortalecimiento de la ganadería, pesca y acuacultura,

para una mayor productividad.

Destinar mayores inversiones para el abasto, tratamiento y reúso de aguas

residuales. Fortalecer el uso de energía solar para el bombeo de agua, que

resuelva el problema de las altas tarifas existentes que hoy asfixian

financieramente a los sistemas municipales y a las sociedades de riego agrícola.


Además, se debe vincular la Reforestación con la protección de los acuíferos y

mejorar su recarga. Aplicar programas de recarga artificial de acuíferos que

reviertan la sobreexplotación y recuperen los volúmenes perdidos de agua de los

pozos y manantiales. Recuperar el apoyo para tecnificación del riego agrícola,

mejorar la productividad agroalimentaria y liberar volúmenes para uso público en

centros de población, entre otros.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Formación de Líderes contra la Pobreza en México


Columna Un Nuevo Comienzo

Formación de Líderes contra la Pobreza en México

                                                                                               Alberto Jiménez Merino

                                                                                         Secretario Ejecutivo del Consejo

                                                                                                Técnico Nacional Consultivo de la CNC

De acuerdo con Stephen Covey, en su libro El Líder Interior, solo tenemos una oportunidad de formar a nuestros jóvenes para un futuro incierto que nadie puede predecir. Y se pregunta ¿qué estamos haciendo con esa oportunidad?

Según registros oficiales, la matrícula total del Sistema Educativo Mexicano en el ciclo escolar 2019-2020 es de 36.6 millones de estudiantes, atendidos en 265 mil escuelas por 2.1 millones de profesores.

Aproximadamente, 222 mil 350 son escuelas de educación básica, 5 mil 660 son escuelas de capacitación para el trabajo, 14 mil 103 son de educación media superior y 4 mil 228 son escuelas de educación superior. Del total de estas, más de 20 mil están ubicadas en el medio rural con su respectiva parcela escolar.

El Sistema Nacional de Investigadores (SIN), dependiente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), cuenta con más de 14 mil investigadores, cifra a la que hay que restar aquellos que se dedican a la biotecnología, porque por estos días es posible que se elimine esa área al no ser considerada prioritaria para el país por la 4t.

No obstante, esta gran riqueza humana, infraestructura, biodiversidad y cuantiosos recursos del presupuesto nacional a la educación, los principales problemas nacionales siguen siendo la pobreza, la baja productividad de las actividades económicas, la desnutrición, la obesidad, el sobrepeso, el deterioro de los recursos naturales, la contaminación ambiental, la inseguridad pública y ciertamente la corrupción de anteriores y actuales gobiernos.

Hoy, la pandemia de COVID-19, además de la lamentable pérdida de vidas humanas que hoy supera ya la cifra de 75 mil mexicanos, está dejando grandes pérdidas a la economía que ya, desde antes de su inicio, estaba muy mermada.

La pobreza, según los expertos, se ha duplicado en México al pasar de 5 millones de familias a más de 10 millones.

Tradicionalmente, la política pública nacional ha estado orientada hacia la implementación de programas asistenciales, hacia la atención del bienestar de la población para cubrir necesidades y deseos de corto plazo con una lógica francamente electoral de propios y ajenos. Muy lejos ha quedado la atención al fomento productivo generador de riqueza duradera. Una transición gradual y equilibrada en este aspecto se ve casi imposible actualmente.

La Cámara de Diputados, encargada de aprobar el presupuesto nacional a propuesta del ejecutivo federal, no cuenta con un modelo definido porque se abandonó la planeación hace ya varias décadas. Aquella frase de que “el ejecutivo propone y el legislativo dispone” es solo una falsa ilusión, más ahora donde el ejecutivo propone y dispone. 

En el ámbito educativo, ya hemos comentado las tareas pendientes que la escuela tiene. No hay educación alimentaria, financiera, ambiental ni educación para la vida y el trabajo no obstante las más de 5 mil 660 escuelas existentes.

No existe una relación entre los problemas nacionales y los contenidos educativos; los problemas de las familias más pobres y de los sectores productivos micro, pequeños y medianos no están incluidos en la currícula educativa nacional. La formación agronómica no considera al minifundio ni las áreas de temporal que son más del 80 por ciento del sector agropecuario mexicano.

Más grave aún es que nos hemos esforzado en formar profesionistas y no en la formación de líderes. Se le ha dado mucha importancia a los contenidos teóricos y muy reducida atención a la práctica, porque esta última requiere de mayores inversiones, trabajo y experiencia de los profesores.

En 1940 se instituyó la Parcela Escolar como una política nacional y, a partir de ese año, se formalizó la práctica, esto es, que las escuelas rurales contaran con una parcela que se destinara para la enseñanza de las actividades agrícolas y contribuyera con las necesidades materiales de la escuela. Hoy, esta política es letra muerta que a nadie importa en las más de 20 mil escuelas rurales del país.

Las parcelas escolares, los proyectos demostrativos internos o externos a la escuela, los casos comunitarios de éxito y su socialización entre los alumnos, son el camino para formar líderes en lugar de solo profesionistas.

La vinculación y atención de los problemas de las comunidades de origen por los estudiantes, son fundamentales para luego resolver los problemas del mundo. Esta vinculación no es mucho pedir, solo hay que orientar al estudiante y darle las facilidades básicas.

El Sistema Educativo Nacional tiene en las aulas a 36 millones de potenciales líderes mexicanos. Junto con el Sistema Nacional de Investigadores tiene ante sí la gran responsabilidad de resolver los principales problemas nacionales o por lo menos de formar a los líderes que puedan lograrlo.

Y, sin amargura, hay que reconocer que nuestras generaciones no han podido o querido hacerlo porque nos han faltado líderes.

lunes, 27 de enero de 2020

Seguridad Alimentaria y Proyectos Comunitarios contra la Pobreza.


Columna Un Nuevo Comienzo

Seguridad Alimentaria y Proyectos Comunitarios contra la Pobreza.

Alberto Jiménez Merino
                                        Director Centro de Innovaciones Agroalimentarias
                                                                        y Tecnológicas (CIAT) Puebla

Diversos estudios indican que en México,  80 de cada 100 personas que se dedican a la agricultura y ganadería lo hacen sólo para el autoconsumo y no alcanzan a cubrir sus necesidades anuales, debiendo comprar parte de los alimentos a precios más altos que como los vendieron durante la época de cosecha.

Los campesinos de autoconsumo venden una parte importante de su producción, muchas veces antes de cosecharla, por una grave descapitalización que los ha agobiado siempre y no ha tenido respuesta.

No existe un sistema de micro financiamiento, microcréditos para los pequeños productores, artesanos, comerciantes y todas aquellas actividades económicas de la microeconomía, tan menospreciada por gobiernos conservadores como liberales.

Este vacío es cubierto por la los usureros de las comunidades rurales y urbanas, y por aquellos que prestan para pagar en abonos chiquitos, que terminan siendo súper abonos que asfixian la economía de las familias. Los intereses promedian el 10 por ciento mensual en los pueblos. A la banca privada nunca le ha interesado el microcrédito.

Los campesinos venden también parte de la cosecha porque no aprendieron a hacer las cuentas de la vida y no saben planear sus necesidades anuales. Pero más grave aún es que venden, porque no tienen donde almacenar lo cosechado.

Al carecer de infraestructura para almacenar las escasas cosechas, los pequeños productores pierden hasta el 40 por ciento de lo obtenido, por problemas de plagas, con lo que se agrava aún más el problema de la seguridad alimentaria familiar.

La educación agropecuaria y la investigación han contribuido al agravamiento de la falta de alimentos para las familias más pobres en la medida que no tienen una vinculación real, no han incorporado estas necesidades de las familias a sus contenidos educativos, preparan profesionistas sólo para trabajar en condiciones favorables y continúa con la formación  fragmentada y teórica de los egresados.

La capacitación y la asesoría son lo más menospreciado de los apoyos técnicos, superados notoriamente por los apoyos materiales. La capacitación ha carecido de apoyo con medios de producción que permitan su aplicación por los receptores de conocimientos. 

La falta de tecnología y servicios logísticos para la agricultura familiar ha limitado que quienes la practican, puedan continuar cuando los apoyos gubernamentales se terminan. La gente ya no sabe qué hacer después porque no se desarrolló la siguiente etapa.

Hay un problema de pobreza y de inseguridad alimentaria que afecta a casi dos tercios de la población nacional misma que ha derivado en otros problemas mayores como la inseguridad pública que ya agobia a 9 de cada 10 mexicanos según diversas fuentes, aceptado o no oficialmente.

Y todavía vemos  que muchos gobernantes y legisladores traen como fórmula para resolver la pobreza el destinar apoyos a proyectos productivos, olvidando que hay un escalón faltante en la escalera del desarrollo que es garantizar la alimentación de las familias, lo que se ha atendido siempre con despensas y apoyos económicos asistenciales.

Sin asegurar la alimentación de las familias y algunas necesidades básicas, los proyectos productivos van a seguir fracasando porque sus recursos serán ocupados para llenar estos vacíos sin atención.

Los proyectos productivos han fracasado porque no han nacido de la necesidad de la gente, han sido parte de una oferta institucional como única opción que en muchos casos obliga a conjuntar grupos de trabajo como requisito para acceder al apoyo, pero sin un convencimiento real de la necesidad de trabajar en grupo.

Obligar a la gente a trabajar en forma colectiva ha tenido resultados negativos cuando no hay un proyecto surgido de una necesidad real, cuando no tiene un líder autentico, cuando no hay acompañamiento técnico, cuando no hay reglamento interno que regule las relaciones de sus miembros y cuando todos hacen de todo sin tener las capacidades necesarias. 

Un proyecto productivo comunitario funciona, según la experiencia, cuando se define claramente lo colectivo y lo individual. Y está probado que el trabajo y la atención de las unidades productivas deben ser individuales pero, la adquisición de insumos, los servicios técnicos y la comercialización de los productos deben ser, necesariamente colectivos. 

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lunes, 5 de julio de 2021

Políticas del Campo y el Agua contra Sequía y Pobreza en México



Columna Un Nuevo Comienzo

Políticas del Campo y el Agua contra Sequía y Pobreza en México

Alberto Jiménez

Merino


Según datos del INEGI 2021, las tortillas de maíz subieron su precio en promedio

11.3 por ciento en la primera mitad de junio frente a la misma quincena de 2020,

siendo el mayor incremento registrado en los últimos nueve años. El Grupo

Consultor de Mercados Agrícolas vincula el incremento con una menor oferta de

maíz debido a la reducción de la superficie sembrada en Sinaloa y Tamaulipas a

causa de la falta de agua en las principales presas.

De acuerdo con datos de Tláloc Puga, en El Universal, México es el mayor

consumidor de tortillas en el mundo, con un consumo promedio individual anual de

75 kilos. Los precios han variado desde 14.63 pesos por kilo en la Ciudad de

México hasta 27 pesos en Hermosillo, Sonora.

La tortilla es el alimento principal de los mexicanos, especialmente de las familias

más pobres, siendo para estas, en gran medida, su único alimento.

Una larga sequía que ha afectado a dos terceras partes de México, al igual que la

Costa Oeste de Estados Unidos y Canadá, podría empeorar en las próximas

semanas.

Los pronósticos advierten sobre altas temperaturas, daños a los cultivos y escasez

de suministro de agua en varias zonas, incluida la Ciudad de México (FORBES,

2021). La inversión pública en infraestructura disminuyó en 64 por ciento y la

inversión en agua potable 78 por ciento con relación a 2018, según expertos.

De acuerdo con EQUIDE, Investigación de Impacto Social de la Universidad

Iberoamericana, se estima que la pobreza pasó de 52 millones en 2018, a 67

millones de mexicanos a marzo del 2021, casi 15 millones de nuevos pobres

después de la pandemia COVID, y la carencia de acceso a la alimentación se

incrementó de 25.5 a 46.2 millones de personas. Las ayudas sociales no están

cumpliendo su objetivo.

Aunque la sequía podría considerarse normal, ha empeorado debido al cambio

climático que avanza muy rápido a nivel mundial. La falta de maíz es debida a la

reducción de la superficie por escasez de agua y a la falta de apoyos

gubernamentales por una drástica reducción de los presupuestos públicos. Ambos

problemas amenazan la seguridad alimentaria y acrecientan la pobreza de las

familias.


La falta de agua y alimentos son las principales causas de rompimiento de la

convivencia y gobernabilidad de cualquier país. Y no hablamos de intentonas

golpistas internacionales. Son realidades comprobadas muchas veces.

Los principales problemas nacionales son hoy la Pobreza; Inseguridad Pública y

Alimentaria; Salud y falta de Medicinas; Sequía; Falta de Agua y Deterioro

Ambiental; y la gran división que cada día se promueve, desde el poder, entre los

mexicanos.

Por eso sorprende que la prioridad nacional hoy sea una consulta para juzgar a los

expresidentes cuando no hay tortillas para las familias, no hay agua, no hay

medicinas y no hay seguridad pública. La aplicación de la Ley no puede ser motivo

de consulta. Se aplica y ya.

Lo que urge es la búsqueda de soluciones a los problemas nacionales a través de

la implementación de políticas públicas, programas y proyectos que atiendan las

verdaderas necesidades de la población, los programas y ayudas sociales

contienen la pobreza, pero no la resuelven si no se acompañan del fomento

productivo y económico.

Con motivo del inicio de la LXV Legislatura Federal, de varias legislaturas

estatales y de administraciones municipales, en el PRI seguimos comprometidos

con el desarrollo nacional, regional, estatal y municipal. Trabajamos en una

Agenda del Campo y el Agua para identificar, integrar y proponer las Políticas

Públicas que requiere la sociedad mexicana, misma que habrá de concretarse

escuchando a quienes tienen el conocimiento y las soluciones más viables.

Una Agenda Política del Campo y el Agua que considere programas y

presupuestos para fortalecer la Seguridad Alimentaria en Granos Básicos, Leche,

Huevo y Carne, así como el apoyo a la agroindustria.

Políticas de apoyo a los pequeños productores de autoconsumo y desarrollo

integral de las cadenas productivas, desarrollo regional, capacitación y asesoría,

centrales de maquinaria y servicios técnicos, servicios sanitarios y de inocuidad,

financiamiento, comercialización y desarrollo de nuevos mercados.

Asimismo, apoyo a la agricultura de conservación para recuperar el suelo y agua,

agricultura protegida para reducir los impactos del clima y agricultura orgánica

para fortalecer la sanidad de alimentos y cuidado del ambiente, seguros para la

protección de las cosechas y fortalecimiento de la ganadería, pesca y acuacultura,

para una mayor productividad.

Destinar mayores inversiones para el abasto, tratamiento y reúso de aguas

residuales. Fortalecer el uso de energía solar para el bombeo de agua, que

resuelva el problema de las altas tarifas existentes que hoy asfixian

financieramente a los sistemas municipales y a las sociedades de riego agrícola.


Además, se debe vincular la Reforestación con la protección de los acuíferos y

mejorar su recarga. Aplicar programas de recarga artificial de acuíferos que

reviertan la sobreexplotación y recuperen los volúmenes perdidos de agua de los

pozos y manantiales. Recuperar el apoyo para tecnificación del riego agrícola,

mejorar la productividad agroalimentaria y liberar volúmenes para uso público en

centros de población, entre otros.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Formación de Líderes contra la Pobreza en México


Columna Un Nuevo Comienzo

Formación de Líderes contra la Pobreza en México

                                                                                               Alberto Jiménez Merino

                                                                                         Secretario Ejecutivo del Consejo

                                                                                                Técnico Nacional Consultivo de la CNC

De acuerdo con Stephen Covey, en su libro El Líder Interior, solo tenemos una oportunidad de formar a nuestros jóvenes para un futuro incierto que nadie puede predecir. Y se pregunta ¿qué estamos haciendo con esa oportunidad?

Según registros oficiales, la matrícula total del Sistema Educativo Mexicano en el ciclo escolar 2019-2020 es de 36.6 millones de estudiantes, atendidos en 265 mil escuelas por 2.1 millones de profesores.

Aproximadamente, 222 mil 350 son escuelas de educación básica, 5 mil 660 son escuelas de capacitación para el trabajo, 14 mil 103 son de educación media superior y 4 mil 228 son escuelas de educación superior. Del total de estas, más de 20 mil están ubicadas en el medio rural con su respectiva parcela escolar.

El Sistema Nacional de Investigadores (SIN), dependiente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), cuenta con más de 14 mil investigadores, cifra a la que hay que restar aquellos que se dedican a la biotecnología, porque por estos días es posible que se elimine esa área al no ser considerada prioritaria para el país por la 4t.

No obstante, esta gran riqueza humana, infraestructura, biodiversidad y cuantiosos recursos del presupuesto nacional a la educación, los principales problemas nacionales siguen siendo la pobreza, la baja productividad de las actividades económicas, la desnutrición, la obesidad, el sobrepeso, el deterioro de los recursos naturales, la contaminación ambiental, la inseguridad pública y ciertamente la corrupción de anteriores y actuales gobiernos.

Hoy, la pandemia de COVID-19, además de la lamentable pérdida de vidas humanas que hoy supera ya la cifra de 75 mil mexicanos, está dejando grandes pérdidas a la economía que ya, desde antes de su inicio, estaba muy mermada.

La pobreza, según los expertos, se ha duplicado en México al pasar de 5 millones de familias a más de 10 millones.

Tradicionalmente, la política pública nacional ha estado orientada hacia la implementación de programas asistenciales, hacia la atención del bienestar de la población para cubrir necesidades y deseos de corto plazo con una lógica francamente electoral de propios y ajenos. Muy lejos ha quedado la atención al fomento productivo generador de riqueza duradera. Una transición gradual y equilibrada en este aspecto se ve casi imposible actualmente.

La Cámara de Diputados, encargada de aprobar el presupuesto nacional a propuesta del ejecutivo federal, no cuenta con un modelo definido porque se abandonó la planeación hace ya varias décadas. Aquella frase de que “el ejecutivo propone y el legislativo dispone” es solo una falsa ilusión, más ahora donde el ejecutivo propone y dispone. 

En el ámbito educativo, ya hemos comentado las tareas pendientes que la escuela tiene. No hay educación alimentaria, financiera, ambiental ni educación para la vida y el trabajo no obstante las más de 5 mil 660 escuelas existentes.

No existe una relación entre los problemas nacionales y los contenidos educativos; los problemas de las familias más pobres y de los sectores productivos micro, pequeños y medianos no están incluidos en la currícula educativa nacional. La formación agronómica no considera al minifundio ni las áreas de temporal que son más del 80 por ciento del sector agropecuario mexicano.

Más grave aún es que nos hemos esforzado en formar profesionistas y no en la formación de líderes. Se le ha dado mucha importancia a los contenidos teóricos y muy reducida atención a la práctica, porque esta última requiere de mayores inversiones, trabajo y experiencia de los profesores.

En 1940 se instituyó la Parcela Escolar como una política nacional y, a partir de ese año, se formalizó la práctica, esto es, que las escuelas rurales contaran con una parcela que se destinara para la enseñanza de las actividades agrícolas y contribuyera con las necesidades materiales de la escuela. Hoy, esta política es letra muerta que a nadie importa en las más de 20 mil escuelas rurales del país.

Las parcelas escolares, los proyectos demostrativos internos o externos a la escuela, los casos comunitarios de éxito y su socialización entre los alumnos, son el camino para formar líderes en lugar de solo profesionistas.

La vinculación y atención de los problemas de las comunidades de origen por los estudiantes, son fundamentales para luego resolver los problemas del mundo. Esta vinculación no es mucho pedir, solo hay que orientar al estudiante y darle las facilidades básicas.

El Sistema Educativo Nacional tiene en las aulas a 36 millones de potenciales líderes mexicanos. Junto con el Sistema Nacional de Investigadores tiene ante sí la gran responsabilidad de resolver los principales problemas nacionales o por lo menos de formar a los líderes que puedan lograrlo.

Y, sin amargura, hay que reconocer que nuestras generaciones no han podido o querido hacerlo porque nos han faltado líderes.

lunes, 27 de enero de 2020

Seguridad Alimentaria y Proyectos Comunitarios contra la Pobreza.


Columna Un Nuevo Comienzo

Seguridad Alimentaria y Proyectos Comunitarios contra la Pobreza.

Alberto Jiménez Merino
                                        Director Centro de Innovaciones Agroalimentarias
                                                                        y Tecnológicas (CIAT) Puebla

Diversos estudios indican que en México,  80 de cada 100 personas que se dedican a la agricultura y ganadería lo hacen sólo para el autoconsumo y no alcanzan a cubrir sus necesidades anuales, debiendo comprar parte de los alimentos a precios más altos que como los vendieron durante la época de cosecha.

Los campesinos de autoconsumo venden una parte importante de su producción, muchas veces antes de cosecharla, por una grave descapitalización que los ha agobiado siempre y no ha tenido respuesta.

No existe un sistema de micro financiamiento, microcréditos para los pequeños productores, artesanos, comerciantes y todas aquellas actividades económicas de la microeconomía, tan menospreciada por gobiernos conservadores como liberales.

Este vacío es cubierto por la los usureros de las comunidades rurales y urbanas, y por aquellos que prestan para pagar en abonos chiquitos, que terminan siendo súper abonos que asfixian la economía de las familias. Los intereses promedian el 10 por ciento mensual en los pueblos. A la banca privada nunca le ha interesado el microcrédito.

Los campesinos venden también parte de la cosecha porque no aprendieron a hacer las cuentas de la vida y no saben planear sus necesidades anuales. Pero más grave aún es que venden, porque no tienen donde almacenar lo cosechado.

Al carecer de infraestructura para almacenar las escasas cosechas, los pequeños productores pierden hasta el 40 por ciento de lo obtenido, por problemas de plagas, con lo que se agrava aún más el problema de la seguridad alimentaria familiar.

La educación agropecuaria y la investigación han contribuido al agravamiento de la falta de alimentos para las familias más pobres en la medida que no tienen una vinculación real, no han incorporado estas necesidades de las familias a sus contenidos educativos, preparan profesionistas sólo para trabajar en condiciones favorables y continúa con la formación  fragmentada y teórica de los egresados.

La capacitación y la asesoría son lo más menospreciado de los apoyos técnicos, superados notoriamente por los apoyos materiales. La capacitación ha carecido de apoyo con medios de producción que permitan su aplicación por los receptores de conocimientos. 

La falta de tecnología y servicios logísticos para la agricultura familiar ha limitado que quienes la practican, puedan continuar cuando los apoyos gubernamentales se terminan. La gente ya no sabe qué hacer después porque no se desarrolló la siguiente etapa.

Hay un problema de pobreza y de inseguridad alimentaria que afecta a casi dos tercios de la población nacional misma que ha derivado en otros problemas mayores como la inseguridad pública que ya agobia a 9 de cada 10 mexicanos según diversas fuentes, aceptado o no oficialmente.

Y todavía vemos  que muchos gobernantes y legisladores traen como fórmula para resolver la pobreza el destinar apoyos a proyectos productivos, olvidando que hay un escalón faltante en la escalera del desarrollo que es garantizar la alimentación de las familias, lo que se ha atendido siempre con despensas y apoyos económicos asistenciales.

Sin asegurar la alimentación de las familias y algunas necesidades básicas, los proyectos productivos van a seguir fracasando porque sus recursos serán ocupados para llenar estos vacíos sin atención.

Los proyectos productivos han fracasado porque no han nacido de la necesidad de la gente, han sido parte de una oferta institucional como única opción que en muchos casos obliga a conjuntar grupos de trabajo como requisito para acceder al apoyo, pero sin un convencimiento real de la necesidad de trabajar en grupo.

Obligar a la gente a trabajar en forma colectiva ha tenido resultados negativos cuando no hay un proyecto surgido de una necesidad real, cuando no tiene un líder autentico, cuando no hay acompañamiento técnico, cuando no hay reglamento interno que regule las relaciones de sus miembros y cuando todos hacen de todo sin tener las capacidades necesarias. 

Un proyecto productivo comunitario funciona, según la experiencia, cuando se define claramente lo colectivo y lo individual. Y está probado que el trabajo y la atención de las unidades productivas deben ser individuales pero, la adquisición de insumos, los servicios técnicos y la comercialización de los productos deben ser, necesariamente colectivos.