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martes, 21 de abril de 2020

Actitudes, Acciones y Sugerencias contra COVID19










Columna Un Nuevo Comienzo

Actitudes, Acciones y Sugerencias contra COVID19

                                                                                               Alberto Jiménez Merino
                                                                              Secretario Ejecutivo del Consejo Técnico
                                                                                                              Nacional Consultivo de la CNC

El 5 de Octubre del 2005, el Huracán Stan tocó tierra en las costas de Veracruz; un fenómeno que llegó hasta la Sierra Norte de Puebla. A las 4.30 de la tarde y durante casi 30 minutos, vivimos su furia en el albergue habilitado en la presidencia municipal de Xicotepec de Juárez.

Después de la tormenta, salimos coordinadamente con la autoridad municipal a revisar afectaciones. Hubo mucha lluvia y viento. Descubrimos el gran daño que nos hacemos al tirar la basura en las barrancas y la obstrucción de alcantarillas que invariablemente genera inundaciones.

Al día siguiente realizamos una visita al municipio de Zihuateutla y encontramos al presidente haciendo faena con un grupo de casi 200 personas. Al amanecer se había dado cuenta que la gente estaba triste y preocupada y decidió convocarla a chapear las orillas de los caminos que llevan hacia los campos. Al final hubo un convivio y los ánimos se restablecieron. Fue una gran enseñanza.

Con Stan hubo techos levantados por el viento, bardas tiradas, casas inundadas, invernaderos caídos. En Cuetzalan del Progreso, el viento arrancó árboles de pimienta. Y en la zona de Hueytamalco, más de mil 200 hectáreas de plátano quedaron literalmente tendidas en el piso. Aquí hubo la decisión de chapear las plantas para su renovación en lugar de la sustitución que la gente quería. A los siete meses reinició la cosecha de plátanos.

Lo anterior viene a la memoria y tiene alguna semejanza con la fuerte pandemia que estamos viviendo. La cuarentena se extendió oficialmente hasta el 30 de mayo. Y las acciones de control son cada vez más estrictas.

Podemos seguir nuestra crítica permanente contra las autoridades o dejar que hagan lo que su responsabilidad, intención y capacidad les permita; o decidir ver sólo positivo y hacer por nuestra cuenta todo aquello que apoye y ayude a resolver este gran problema.

De acuerdo a la fábula del burro, el viejo y el niño, no se puede nunca dejar contentos a todos. Y quedar bien, no deber ser nunca el objetivo. Lo recomendable es hacer lo que se necesite hacer pero siempre pensando en el interés superior de la colectividad, de la sociedad, de las comunidades.

Podemos seguir echando culpas a todos. A los que no hicieron bien su trabajo, a los corruptos que no se ha podido castigar y así consumir los sexenios. Y esperar que, el que venga después siga con el mismo cuento hasta la eternidad.

Pero también podemos decidir cómo asumir nuestras obligaciones como ciudadanos y gobernantes para contribuir a hacer un mejor país sin esperar que alguien lo haga por nosotros. Mientras tanto hay que obedecer las disposiciones y respetar lo establecido oficialmente.

Podemos seguir deseando que nuestro presidente se asuma como líder que hoy no es y aplique todos sus poderes para unir a los mexicanos y atienda por lo menos los problemas más prioritarios. Pero si eso no se puede por lo menos que los escuche y deje de confrontar a los ciudadanos.

Podemos seguir distraídos con el pleito infructuoso y callejero que traen el Gobernador de Puebla con la presidenta Municipal de la capital o ignorarlo por cosas más productivas, pero si exigir que cumplan los compromisos que hicieron a los poblanos.

Podemos desperdiciar esta cuarentena viendo pasar las horas o aprovecharla para  revisar proyectos, asuntos pendientes, reorientar y corregir el rumbo de planes o replantear nuevas metas o nuevos proyectos basados en las oportunidades que todo problema trae consigo.

Prepararnos para tener mayor valor agregado a través de actualizar nuestros conocimientos mediante capacitación y cursos en línea, practicar lo aprendido previamente e integrar nuevos proyectos para ejecutarlos pasando la pandemia.

Podemos propagar el miedo los rumores y los chismes del momento o tomar una actitud positiva que ayude a mantener la sana convivencia y la gobernabilidad.

Podemos prepararnos para la reactivación productiva y económica de cada una de las 199 mil comunidades de México, o esperar a ver para donde soplan los vientos, evadiendo nuestra responsabilidad.

La actitud es la mayor de las libertades humanas. Es una decisión propia. Tomemos la mejor y busquemos que a todos les vaya muy bien.

martes, 4 de febrero de 2020

Comunidades Agrarias Productivas para el Desarrollo Regional


Columna Un Nuevo Comienzo

Comunidades Agrarias Productivas para el Desarrollo Regional

                                                                                               Alberto Jiménez Merino
                                                                  Director Centro de Innovaciones Agroalimentarias         
                                                                                                               y Tecnológicas (CIAT) Puebla


La producción de bienes, la obtención de productos o la prestación de servicios, es lo único que garantiza  ingresos lícitos para las familias y sus comunidades. Ante la ausencia de éstos, son los apoyos públicos lo que hace esta función, en algunos casos, hasta por el 90 por ciento de los mismos.

Lamentablemente, las políticas públicas han sido muy limitadas o han estado ausentes del fomento productivo, porque hay tanta necesidad social que los presupuestos nunca alcanzan para cubrir todas las necesidades y menos, cuando éstos se orientan principalmente a programas asistenciales.

El fomento productivo requiere del conocimiento básico de las actividades económicas que realizan las comunidades, muchas de las cuales se han hecho por décadas o siglos. Saber qué hace la gente en sus comunidades, qué recursos naturales tiene, qué problemas productivos y ambientales existen y cuáles son sus necesidades, es indispensable.

Este es el ejercicio de planeación más elemental que se requiere. No puede suponerse ni inventarse. Cuando se conoce, es más fácil decidir cómo apoyar. Es la planeación de abajo hacia arriba de la que todos hablan y casi nadie hace.

En Xocoyolo, una de las 164 comunidades de Cuetzalan, Puebla, al hacer una asamblea de planeación con 80 asistentes se encontró que el 90 por ciento  de las personas se dedicaban a producir maíz y el 70 por ciento a producir frijol y maíz. Otros se dedicaban a 10 actividades productivas adicionales.

La diversidad ambiental, social y productiva de México es muy grande. Por eso no deben hacerse programas de carácter general. Municipios como Tehuitzingo, Puebla, en donde hay 28 comunidades; 7 están a la orilla del Rio Atoyac, 7 a la base de cerros, 13 se localizan en el valle y una cuenta con una presa para riego que beneficia a la cabecera y dos comunidades más.

Los recursos públicos destinados a la producción son insuficientes, inoportunos y desarticulados. Predominan los apoyos individuales sobre los de carácter público. El gobierno hace mal lo que los campesinos ya hacen bien, como la dotación de insumos, y no hace, lo que éstos no pueden hacer, como adquirir infraestructura productiva, de acopio, transformación o acceder a mercados.

Atender demanda campesina o imponer programas y apoyos desde los escritorios han sido prácticas muy arraigadas por muchos gobernantes. Privilegiar apoyos materiales sobre apoyos técnicos ha sido un cuento de nunca acabar, que trascenderá hasta la eternidad.

El descuido en la vinculación regional de las instituciones educativas, la ausencia de los problemas de las familias y sectores productivos en los contenidos educativos, la falta de apoyo a la capacitación y la asesoría en los programas de fomento, siguen siendo notorias.

Después de conocer lo que hacen en una comunidad, sus problemas y sus necesidades ya se puede integrar un plan de trabajo que invariablemente siempre empieza por la capacitación y la asesoría, para hacer mejor lo que ya hacen aprovechando al máximo lo que ya tienen.

Llevar apoyos cuando no se sabe lo que necesitan las personas ha sido un grave error. Ignorar lo que la gente requiere porque no hay programas para eso, es aún más grave. Fortalecer lo que ya está funcionando con una evaluación objetiva, sin importar quien lo propuso sería muy conveniente, corregir lo que no ha funcionado es lo más inteligente.

No podrá haber desarrollo de las comunidades si no se forman los líderes que conduzcan y guíen esta gran tarea, principalmente jóvenes con visión que tengan ganas de ser alguien y que sean conscientes de la gran responsabilidad social que tenemos aquellos que pudimos estudiar.

Una Comunidad Agraria Productiva Agroalimentaria,  requiere de un gran esfuerzo organizativo en torno a un proyecto identificado desde el interior de la misma. Debe ser una decisión de la gente. La primera necesidad es de acompañamiento técnico, insumos, maquinaria, infraestructura, financiamiento y acceso a mercados que definen el producto. Sólo debe producirse lo que se requiere para consumo local y lo que tiene mercado.

Por lo anterior y para ser consecuentes con lo mencionado, junto con productores de Tehuitzingo, Acatzingo, Los Reyes de Juárez, Quecholac y Tepeaca, en el estado de Puebla  y con la participación de un amplio grupo de emprendedores, nos hemos comprometido a desarrollar comunidades agroalimentarias para desarrollar regiones a través de la producción y comercialización de productos agropecuarios en alianza con mercados nacionales y de Norteamérica.

Preparar jóvenes en Israel, Perú, Costa Rica, Canadá, Estados Unidos y Chile, es algo que ya está en proceso.

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martes, 21 de abril de 2020

Actitudes, Acciones y Sugerencias contra COVID19










Columna Un Nuevo Comienzo

Actitudes, Acciones y Sugerencias contra COVID19

                                                                                               Alberto Jiménez Merino
                                                                              Secretario Ejecutivo del Consejo Técnico
                                                                                                              Nacional Consultivo de la CNC

El 5 de Octubre del 2005, el Huracán Stan tocó tierra en las costas de Veracruz; un fenómeno que llegó hasta la Sierra Norte de Puebla. A las 4.30 de la tarde y durante casi 30 minutos, vivimos su furia en el albergue habilitado en la presidencia municipal de Xicotepec de Juárez.

Después de la tormenta, salimos coordinadamente con la autoridad municipal a revisar afectaciones. Hubo mucha lluvia y viento. Descubrimos el gran daño que nos hacemos al tirar la basura en las barrancas y la obstrucción de alcantarillas que invariablemente genera inundaciones.

Al día siguiente realizamos una visita al municipio de Zihuateutla y encontramos al presidente haciendo faena con un grupo de casi 200 personas. Al amanecer se había dado cuenta que la gente estaba triste y preocupada y decidió convocarla a chapear las orillas de los caminos que llevan hacia los campos. Al final hubo un convivio y los ánimos se restablecieron. Fue una gran enseñanza.

Con Stan hubo techos levantados por el viento, bardas tiradas, casas inundadas, invernaderos caídos. En Cuetzalan del Progreso, el viento arrancó árboles de pimienta. Y en la zona de Hueytamalco, más de mil 200 hectáreas de plátano quedaron literalmente tendidas en el piso. Aquí hubo la decisión de chapear las plantas para su renovación en lugar de la sustitución que la gente quería. A los siete meses reinició la cosecha de plátanos.

Lo anterior viene a la memoria y tiene alguna semejanza con la fuerte pandemia que estamos viviendo. La cuarentena se extendió oficialmente hasta el 30 de mayo. Y las acciones de control son cada vez más estrictas.

Podemos seguir nuestra crítica permanente contra las autoridades o dejar que hagan lo que su responsabilidad, intención y capacidad les permita; o decidir ver sólo positivo y hacer por nuestra cuenta todo aquello que apoye y ayude a resolver este gran problema.

De acuerdo a la fábula del burro, el viejo y el niño, no se puede nunca dejar contentos a todos. Y quedar bien, no deber ser nunca el objetivo. Lo recomendable es hacer lo que se necesite hacer pero siempre pensando en el interés superior de la colectividad, de la sociedad, de las comunidades.

Podemos seguir echando culpas a todos. A los que no hicieron bien su trabajo, a los corruptos que no se ha podido castigar y así consumir los sexenios. Y esperar que, el que venga después siga con el mismo cuento hasta la eternidad.

Pero también podemos decidir cómo asumir nuestras obligaciones como ciudadanos y gobernantes para contribuir a hacer un mejor país sin esperar que alguien lo haga por nosotros. Mientras tanto hay que obedecer las disposiciones y respetar lo establecido oficialmente.

Podemos seguir deseando que nuestro presidente se asuma como líder que hoy no es y aplique todos sus poderes para unir a los mexicanos y atienda por lo menos los problemas más prioritarios. Pero si eso no se puede por lo menos que los escuche y deje de confrontar a los ciudadanos.

Podemos seguir distraídos con el pleito infructuoso y callejero que traen el Gobernador de Puebla con la presidenta Municipal de la capital o ignorarlo por cosas más productivas, pero si exigir que cumplan los compromisos que hicieron a los poblanos.

Podemos desperdiciar esta cuarentena viendo pasar las horas o aprovecharla para  revisar proyectos, asuntos pendientes, reorientar y corregir el rumbo de planes o replantear nuevas metas o nuevos proyectos basados en las oportunidades que todo problema trae consigo.

Prepararnos para tener mayor valor agregado a través de actualizar nuestros conocimientos mediante capacitación y cursos en línea, practicar lo aprendido previamente e integrar nuevos proyectos para ejecutarlos pasando la pandemia.

Podemos propagar el miedo los rumores y los chismes del momento o tomar una actitud positiva que ayude a mantener la sana convivencia y la gobernabilidad.

Podemos prepararnos para la reactivación productiva y económica de cada una de las 199 mil comunidades de México, o esperar a ver para donde soplan los vientos, evadiendo nuestra responsabilidad.

La actitud es la mayor de las libertades humanas. Es una decisión propia. Tomemos la mejor y busquemos que a todos les vaya muy bien.

martes, 4 de febrero de 2020

Comunidades Agrarias Productivas para el Desarrollo Regional


Columna Un Nuevo Comienzo

Comunidades Agrarias Productivas para el Desarrollo Regional

                                                                                               Alberto Jiménez Merino
                                                                  Director Centro de Innovaciones Agroalimentarias         
                                                                                                               y Tecnológicas (CIAT) Puebla


La producción de bienes, la obtención de productos o la prestación de servicios, es lo único que garantiza  ingresos lícitos para las familias y sus comunidades. Ante la ausencia de éstos, son los apoyos públicos lo que hace esta función, en algunos casos, hasta por el 90 por ciento de los mismos.

Lamentablemente, las políticas públicas han sido muy limitadas o han estado ausentes del fomento productivo, porque hay tanta necesidad social que los presupuestos nunca alcanzan para cubrir todas las necesidades y menos, cuando éstos se orientan principalmente a programas asistenciales.

El fomento productivo requiere del conocimiento básico de las actividades económicas que realizan las comunidades, muchas de las cuales se han hecho por décadas o siglos. Saber qué hace la gente en sus comunidades, qué recursos naturales tiene, qué problemas productivos y ambientales existen y cuáles son sus necesidades, es indispensable.

Este es el ejercicio de planeación más elemental que se requiere. No puede suponerse ni inventarse. Cuando se conoce, es más fácil decidir cómo apoyar. Es la planeación de abajo hacia arriba de la que todos hablan y casi nadie hace.

En Xocoyolo, una de las 164 comunidades de Cuetzalan, Puebla, al hacer una asamblea de planeación con 80 asistentes se encontró que el 90 por ciento  de las personas se dedicaban a producir maíz y el 70 por ciento a producir frijol y maíz. Otros se dedicaban a 10 actividades productivas adicionales.

La diversidad ambiental, social y productiva de México es muy grande. Por eso no deben hacerse programas de carácter general. Municipios como Tehuitzingo, Puebla, en donde hay 28 comunidades; 7 están a la orilla del Rio Atoyac, 7 a la base de cerros, 13 se localizan en el valle y una cuenta con una presa para riego que beneficia a la cabecera y dos comunidades más.

Los recursos públicos destinados a la producción son insuficientes, inoportunos y desarticulados. Predominan los apoyos individuales sobre los de carácter público. El gobierno hace mal lo que los campesinos ya hacen bien, como la dotación de insumos, y no hace, lo que éstos no pueden hacer, como adquirir infraestructura productiva, de acopio, transformación o acceder a mercados.

Atender demanda campesina o imponer programas y apoyos desde los escritorios han sido prácticas muy arraigadas por muchos gobernantes. Privilegiar apoyos materiales sobre apoyos técnicos ha sido un cuento de nunca acabar, que trascenderá hasta la eternidad.

El descuido en la vinculación regional de las instituciones educativas, la ausencia de los problemas de las familias y sectores productivos en los contenidos educativos, la falta de apoyo a la capacitación y la asesoría en los programas de fomento, siguen siendo notorias.

Después de conocer lo que hacen en una comunidad, sus problemas y sus necesidades ya se puede integrar un plan de trabajo que invariablemente siempre empieza por la capacitación y la asesoría, para hacer mejor lo que ya hacen aprovechando al máximo lo que ya tienen.

Llevar apoyos cuando no se sabe lo que necesitan las personas ha sido un grave error. Ignorar lo que la gente requiere porque no hay programas para eso, es aún más grave. Fortalecer lo que ya está funcionando con una evaluación objetiva, sin importar quien lo propuso sería muy conveniente, corregir lo que no ha funcionado es lo más inteligente.

No podrá haber desarrollo de las comunidades si no se forman los líderes que conduzcan y guíen esta gran tarea, principalmente jóvenes con visión que tengan ganas de ser alguien y que sean conscientes de la gran responsabilidad social que tenemos aquellos que pudimos estudiar.

Una Comunidad Agraria Productiva Agroalimentaria,  requiere de un gran esfuerzo organizativo en torno a un proyecto identificado desde el interior de la misma. Debe ser una decisión de la gente. La primera necesidad es de acompañamiento técnico, insumos, maquinaria, infraestructura, financiamiento y acceso a mercados que definen el producto. Sólo debe producirse lo que se requiere para consumo local y lo que tiene mercado.

Por lo anterior y para ser consecuentes con lo mencionado, junto con productores de Tehuitzingo, Acatzingo, Los Reyes de Juárez, Quecholac y Tepeaca, en el estado de Puebla  y con la participación de un amplio grupo de emprendedores, nos hemos comprometido a desarrollar comunidades agroalimentarias para desarrollar regiones a través de la producción y comercialización de productos agropecuarios en alianza con mercados nacionales y de Norteamérica.

Preparar jóvenes en Israel, Perú, Costa Rica, Canadá, Estados Unidos y Chile, es algo que ya está en proceso.