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miércoles, 25 de noviembre de 2020

Más de 100 mil muertos por Covid y viene una segunda oleada

Más de 100 mil muertos por Covid y viene una segunda oleada

Por: Fernando Manzanilla Prieto


Hace unos días superamos las 100 mil muertes por Covid y el millón de personas contagiadas. Ya somos el cuarto país con más muertes por Covid en el mundo, solo superados Estados Unidos, Brasil e India. Tenemos un índice de positividad del 40%, cuando la Organización Mundial de la Salud recomienda mantener la tasa cercana a 5%, y desafortunadamente somos el país con el mayor número de fallecidos del sector salud a nivel global.

 

Pero lo más graves es que, de acuerdo con datos de la Johns Hopkins University, ya somos el país con la mayor tasa de letalidad por Covid en el mundo: 9.8 muertes por cada 100 casos confirmados. Todo esto sin contar que la máxima autoridad sanitaria del país ha aceptado que los datos están subestimados, hasta 8 veces en el caso del número de contagios y hasta 2.7 veces en el caso de los fallecidos.

 

Este panorama desalentador ocurre en la víspera de una segunda oleada de contagios. Ya son varios estados de la República que han regresado o están a punto de regresar a semáforo rojo y otra vez estamos viendo hospitales saturados. Varias encuestas realizadas durante noviembre (Buendía&Laredo, Reforma, El Financiero) muestran una marcada división entre los que aprueban la estrategia adoptada para enfrentar la pandemia y quienes la desaprueban. Creo que esta aprobación está más relacionada con el apoyo al Presidente que con el manejo de la pandemia ya que la mayoría coincide en que el gobierno ha perdido control de la situación y que se deberían hacer ajustes a la estrategia.

 

En cuanto al uso del cubrebocas, la mayoría opina que se debería decretar como obligatorio en espacios públicos y multar a quienes desobedezcan esta disposición. Finalmente, respecto a las pruebas de diagnóstico, la mayoría piensa que se deberían realizar pruebas masivas para detectar casos de coronavirus y que se debería rastrear a personas que estuvieron en contacto con quienes se han contagiado del virus.

 

Todos los expertos coinciden en que diciembre y enero serán meses clave si es que queremos detener el nuevo avance del virus. El problema es que son meses cargados de celebraciones y convivencia familiar. Por eso creo que ha llegado la hora de reforzar las medidas sanitarias. Debemos evitar las peregrinaciones y posadas, e instar a los jóvenes a evitar fiestas y festejos durante las fiestas decembrinas. En esta oleada ellos son los principales propagadores del virus. En España, el gobierno recomienda limitar reuniones familiares a 6 personas máximo, en navidad y año nuevo. Entiendo la dificultad que esto implica para nuestra cultura y tradiciones. Sin embargo, tengamos en cuenta que, en el mejor escenario, será hasta marzo que se comience a aplicar de manera masiva la vacuna y que su aplicación podría durar meses.

 

Como sociedad y como gobierno, tenemos que actuar responsablemente y poner orden en temas básicos de prevención como el uso del cubrebocas y la restricción de fiestas y celebraciones multitudinarias. Si llegamos a las fiestas decembrinas pensando que la vacuna nos va a salvar y seguimos viendo como normal la realización de reuniones familiares, no podremos evitar que esta nueva oleada nos rebase y haya muchas más muertes. Creo que vale más la pena llevarla tranquila este fin de año y desquitarnos festejando la vida una vez superada la emergencia.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Estados Unidos: la tragedia de ser una democracia próspera pero dividida



Estados Unidos: la tragedia de ser una democracia próspera pero dividida 

 

Por: Fernando Manzanilla Prieto 

 

A raíz del resultado tan cerrado de la elección norteamericana, ha surgido un interesante debate sobre el grado de división la peligrosa polarización entre el electorado de aquel país.  

 

De acuerdo a números recientesel candidato demócrata Joe Biden habría obtenido 76.4 millones de votos populares, contra 71.5 millones de Trump. El problema es que en Estados Unidos no gana el candidato que obtiene el mayor número de votos populares. Recordemos que allá prevalece un sistema de democracia indirecta en el que los ciudadanos no eligen directamente a su Presidente, sino que votan para elegir una lista de “electores”.  

 

Cada uno de los 50 estados de la Unión Americana tiene un número determinado de electores en función del tamaño de su población. Por ejemplo, California tiene 55 electoresTexas tiene 38 y Florida 29en cambio Nuevo México tiene 5, Alaska solo tiene 3, igual que MontanaWyoming. La suma de todos los votos electores es de 538.  

 

En cada Estado de la Unión el electorado vota por el candidato de su preferencia y el que obtiene la mayoría de votos populares gana el total de votos electorales de la lista que le corresponden a cada estado. El candidato que acumule 270 votos electorales gana la elección presidencial. 

 

Según los recuentos al día de hoy, Donald Trump habría ganado un total de 204 votos electorales, mientras que Joe Biden habría alcanzado 290, superando los 270 votos suficientes para ser el ganador. Este triunfo se habría derivado del resultado en estados llamados “columpio” como Wisconsin (con 10 votos electorales), Michigan (16) y Pennsylvania (20); y otros como Arizona (11) y Nevada (6) que dieron la sorpresa.  

 

El tema es que en esta ocasión, estos estados clave se inclinaron a favor de Biden, aunque por un margen muy reducido. El equipo de campaña del Presidente argumenta que en esos y otros estados hubo anomalías en el conteo de votos y, aunque no ha exhibido pruebas contundentes de ello, exige un recuento y una exhaustiva investigación de todo el proceso. 

 

Recordemos que en Estados Unidos no hay un Instituto Nacional Electoral como aquí, encargado de realizar el conteo de todo el país y cantar un ganador de la elección. Allá, cada estado tiene sus propias reglas para emitir y contar los votos. Esto ha abierto un largo compás de espera ante la posibilidad de que el candidato republicano logre obtener legalmente la aprobación para un recuento de votos estado por estado y condado por condado, primero ante un juez estatal y, en caso de negativo, ante la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos. 

 

Esta situación, desde mi punto de vista, ha puesto en tela de juicio la confianza centenaria en las instituciones democráticas norteamericanas y puede ser muestra de que el sistema político de aquel país ha llegado a su límite.  

 

Independientemente del resultado final, es claro que la sociedad norteamericana y su democracia, quedarán muy lastimadas y divididas. Creo que ha llegado el momento de hacer ajustes al sistema de partidos norteamericano y, por supuesto, al esquema de votación indirectaYa han sido varias elecciones en las que el candidato demócrata obtiene la mayoría de los votos populares y, sin embargo, pierde la elección en el colegio electoral. Si esto no cambia pronto, no habrá manera de impedir la decadencia de la democracia estadounidense que por más de 200 años ha sido ejemplo a seguir a nivel global. 

 

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miércoles, 25 de noviembre de 2020

Más de 100 mil muertos por Covid y viene una segunda oleada

Más de 100 mil muertos por Covid y viene una segunda oleada

Por: Fernando Manzanilla Prieto


Hace unos días superamos las 100 mil muertes por Covid y el millón de personas contagiadas. Ya somos el cuarto país con más muertes por Covid en el mundo, solo superados Estados Unidos, Brasil e India. Tenemos un índice de positividad del 40%, cuando la Organización Mundial de la Salud recomienda mantener la tasa cercana a 5%, y desafortunadamente somos el país con el mayor número de fallecidos del sector salud a nivel global.

 

Pero lo más graves es que, de acuerdo con datos de la Johns Hopkins University, ya somos el país con la mayor tasa de letalidad por Covid en el mundo: 9.8 muertes por cada 100 casos confirmados. Todo esto sin contar que la máxima autoridad sanitaria del país ha aceptado que los datos están subestimados, hasta 8 veces en el caso del número de contagios y hasta 2.7 veces en el caso de los fallecidos.

 

Este panorama desalentador ocurre en la víspera de una segunda oleada de contagios. Ya son varios estados de la República que han regresado o están a punto de regresar a semáforo rojo y otra vez estamos viendo hospitales saturados. Varias encuestas realizadas durante noviembre (Buendía&Laredo, Reforma, El Financiero) muestran una marcada división entre los que aprueban la estrategia adoptada para enfrentar la pandemia y quienes la desaprueban. Creo que esta aprobación está más relacionada con el apoyo al Presidente que con el manejo de la pandemia ya que la mayoría coincide en que el gobierno ha perdido control de la situación y que se deberían hacer ajustes a la estrategia.

 

En cuanto al uso del cubrebocas, la mayoría opina que se debería decretar como obligatorio en espacios públicos y multar a quienes desobedezcan esta disposición. Finalmente, respecto a las pruebas de diagnóstico, la mayoría piensa que se deberían realizar pruebas masivas para detectar casos de coronavirus y que se debería rastrear a personas que estuvieron en contacto con quienes se han contagiado del virus.

 

Todos los expertos coinciden en que diciembre y enero serán meses clave si es que queremos detener el nuevo avance del virus. El problema es que son meses cargados de celebraciones y convivencia familiar. Por eso creo que ha llegado la hora de reforzar las medidas sanitarias. Debemos evitar las peregrinaciones y posadas, e instar a los jóvenes a evitar fiestas y festejos durante las fiestas decembrinas. En esta oleada ellos son los principales propagadores del virus. En España, el gobierno recomienda limitar reuniones familiares a 6 personas máximo, en navidad y año nuevo. Entiendo la dificultad que esto implica para nuestra cultura y tradiciones. Sin embargo, tengamos en cuenta que, en el mejor escenario, será hasta marzo que se comience a aplicar de manera masiva la vacuna y que su aplicación podría durar meses.

 

Como sociedad y como gobierno, tenemos que actuar responsablemente y poner orden en temas básicos de prevención como el uso del cubrebocas y la restricción de fiestas y celebraciones multitudinarias. Si llegamos a las fiestas decembrinas pensando que la vacuna nos va a salvar y seguimos viendo como normal la realización de reuniones familiares, no podremos evitar que esta nueva oleada nos rebase y haya muchas más muertes. Creo que vale más la pena llevarla tranquila este fin de año y desquitarnos festejando la vida una vez superada la emergencia.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Estados Unidos: la tragedia de ser una democracia próspera pero dividida



Estados Unidos: la tragedia de ser una democracia próspera pero dividida 

 

Por: Fernando Manzanilla Prieto 

 

A raíz del resultado tan cerrado de la elección norteamericana, ha surgido un interesante debate sobre el grado de división la peligrosa polarización entre el electorado de aquel país.  

 

De acuerdo a números recientesel candidato demócrata Joe Biden habría obtenido 76.4 millones de votos populares, contra 71.5 millones de Trump. El problema es que en Estados Unidos no gana el candidato que obtiene el mayor número de votos populares. Recordemos que allá prevalece un sistema de democracia indirecta en el que los ciudadanos no eligen directamente a su Presidente, sino que votan para elegir una lista de “electores”.  

 

Cada uno de los 50 estados de la Unión Americana tiene un número determinado de electores en función del tamaño de su población. Por ejemplo, California tiene 55 electoresTexas tiene 38 y Florida 29en cambio Nuevo México tiene 5, Alaska solo tiene 3, igual que MontanaWyoming. La suma de todos los votos electores es de 538.  

 

En cada Estado de la Unión el electorado vota por el candidato de su preferencia y el que obtiene la mayoría de votos populares gana el total de votos electorales de la lista que le corresponden a cada estado. El candidato que acumule 270 votos electorales gana la elección presidencial. 

 

Según los recuentos al día de hoy, Donald Trump habría ganado un total de 204 votos electorales, mientras que Joe Biden habría alcanzado 290, superando los 270 votos suficientes para ser el ganador. Este triunfo se habría derivado del resultado en estados llamados “columpio” como Wisconsin (con 10 votos electorales), Michigan (16) y Pennsylvania (20); y otros como Arizona (11) y Nevada (6) que dieron la sorpresa.  

 

El tema es que en esta ocasión, estos estados clave se inclinaron a favor de Biden, aunque por un margen muy reducido. El equipo de campaña del Presidente argumenta que en esos y otros estados hubo anomalías en el conteo de votos y, aunque no ha exhibido pruebas contundentes de ello, exige un recuento y una exhaustiva investigación de todo el proceso. 

 

Recordemos que en Estados Unidos no hay un Instituto Nacional Electoral como aquí, encargado de realizar el conteo de todo el país y cantar un ganador de la elección. Allá, cada estado tiene sus propias reglas para emitir y contar los votos. Esto ha abierto un largo compás de espera ante la posibilidad de que el candidato republicano logre obtener legalmente la aprobación para un recuento de votos estado por estado y condado por condado, primero ante un juez estatal y, en caso de negativo, ante la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos. 

 

Esta situación, desde mi punto de vista, ha puesto en tela de juicio la confianza centenaria en las instituciones democráticas norteamericanas y puede ser muestra de que el sistema político de aquel país ha llegado a su límite.  

 

Independientemente del resultado final, es claro que la sociedad norteamericana y su democracia, quedarán muy lastimadas y divididas. Creo que ha llegado el momento de hacer ajustes al sistema de partidos norteamericano y, por supuesto, al esquema de votación indirectaYa han sido varias elecciones en las que el candidato demócrata obtiene la mayoría de los votos populares y, sin embargo, pierde la elección en el colegio electoral. Si esto no cambia pronto, no habrá manera de impedir la decadencia de la democracia estadounidense que por más de 200 años ha sido ejemplo a seguir a nivel global.