Mostrando entradas con la etiqueta Esteban Lizarraga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esteban Lizarraga. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de enero de 2017

Una Caja De Sorpresas Llamada “Aleatorio”. Por Esteban Cruz Lizarraga


No sé si les ha pasado –porque a mi si y mucho– que de repente se cansan de escuchar las mismas canciones en el mismo orden, o quizá a la hora de escuchar tu playlist te la tienes que chutar por orden alfabético, incluso el mismo artista con sus 6 canciones seguidas. El problema es que muchas veces no pasa de la letra “F” o “M” –ósea, ¿para que fregados tardé 1 hora escogiendo mis canciones si no escucho a Shakira, La Trakalosa y Zoé?–.

Pero ¿Cómo podemos hacer que nuestra música nos vuelva a sorprender?

Simple, la respuesta es muy sencilla. Quien le agregó a los dispositivos de reproducción éste maravilloso artilugio le deberían poner una estatua. -¡YA! Deja de hacerte wey y dinos que es–.

Nada más y nada menos que el “Aleatorio” – ¿todo para esa mamada?– sí,  aunque no lo crean poner en “aleatorio” a tus discos, tus listas de reproducción o hasta a tu biblioteca de música, te hará (re)descubrir tu propia música. Canciones olvidadas, viejos recuerdos, o incluso música que no sabías que tenías – ¿de verdad yo bajé “inténtalo” de 3Ball?–.

Porque lo genial de este botón es que como no tiene un orden, no podemos predecir qué es lo que va a continuar después. Si nunca lo has hecho, te sorprenderás en más de una ocasión esperando o hasta cantando la canción que, según tú, seguirá –y cuando continúe otra, te quedarás de “que pedo”–.
 
También pueda que te suceda que dirás: “no ma… tenía un buen sin escuchar esa rola”, “¿Cuándo en mi vida bajé esa canción” o “¿Neta? ¿Yo? ¿Esa canción?”. Porque aunque tu hayas bajado la música, hay un duende de los reproductores que te mete canciones que tu ni enterado – y que pueden o no gustarte–.

Muchas veces he pensado “Ojalá la vida tuviera eso de aleatorio”. Que pulsaramos ese “mágico botón” y nuestra ropa se desacomodara en el closet para que descubriéramos ropa que tiene mucho tiempo que no nos ponemos –y así pareciera que estrenaramos–, que oprimiéramos “aleatorio” en WhatsApp y termináramos platicando con viejos amigos o contactos.

¿Se imaginan poner en aleatorio el sabor de la torta o de la pizza que vamos a elegir? ¿O a cuál película vamos a entrar a ver al cine? Sería una buena experiencia descubrirnos haciendo, viendo o comiendo algo que normalmente no hubiéramos elegido –algo así como las grajeas de todos los sabores de Harry Potter–.

Sin embargo tenemos pequeños aleatorios para hacernos la vida más interesante, como con quien nos tropezamos en la calle, quien estará en la fila del súper o se sentará al lado nuestro en el camión, que darán de comer en nuestra fondita, incluso cómo nos irá en el día.

Así que disfrutemos de esa caja de sorpresas que es el botón “Aleatorio”, hagamos que vuelva a nuestra mente esa canción tan ridícula que nos hizo bailar al ritmo “satánico” de “aserejé de ja de je de jebe tu de jebere seibiunouva majavi an de bugui an de güididípi”, esa primera vez que nos cortaron mientras gritábamos “…no puedo reponerme de tu forma tan cruel de abrazarme, si sabias que no ibas a amarme ¿qué ganabas con besarme?”, o hasta la vez que nuestro crush nos empezó a hacer caso y le decíamos “dime cómo fue que me enamoraste, dime en que momento pasó que llegue a extrañarte…”.

Recordemos cuando “eso” no era un solo, sino la guitarra de Lolo; cuando llegando a la fiesta la vimos besándose con otro –que poca madre–; cuando nos sorprendimos porque de los 9 hijos de  Soruyo el negrito era el único suyo; cuando él nos mintió y nos dijo que nos amaba y no era verdad o cuando fuimos palomas por querer ser gavilanes; cuando por un beso de una flaca que duerme de día, hubiéramos dado lo que fuera; cuando no queríamos que nadie nos mirara porque no traíamos puesto el maquillaje; cuando esas acusaciones eran puras mentiras ya que esa noche no andábamos ahí; o hasta la vez que a nosotros nos gustaba la gasolina –recordar es volver a vivir ¿verdad?–.

Volvamos a sentir todas esas emociones que le pusimos a muchas de nuestras canciones  y que hemos dejado en un rincón de nuestra biblioteca musical.

Por hoy es todo, nos leemos la próxima semana y espero que esta primera columna del 2017 les haya gustado. Hasta la próxima.

Y como dice Willie Colón en Pedro Navajas: “La vida te dá sorpresas, sorpresas te dá la vida”

@lizarraga1221 

lunes, 17 de octubre de 2016

¡Y a mí QUÉ me importa! Por Esteban Cruz Lizarraga


Hola, aquí estoy después de estar ausente unas semanas –sí lo sé, me pasé al dejarlos tanto tiempo solos–, pero bueno, aquí sigo fregando.

¿Y qué creen? ¡Ya salió el CD+DVD del concierto de Jeans celebrando sus 20 años de carrera en el auditorio!Ya me imagine su cara de “¡y a mí qué me importa!”, porque yo un hiper fan de ellas. ¡¡¡VIVA JEANS!!!

Pero ese no es el asunto de esta columna –aunque qué más quisiera que hablar sólo de ellas–. El asunto es que, presumiendo con mis amigos las canciones del disco, me di cuenta de que son muy pocos  los artistas que en realidad la gente conoce más allá de sus “éxitos” de la radio o al menos las “más populares”.

Me acuerdo que cuando le dije a un amigo que Jeans iba a hacer su reencuentro y aparte un concierto en el auditorio me dijo: “Y qué, ¿van a sacar sus 3 canciones en versión banda, remix, cumbia y chachachá? ¿o qué van a cantar para llenar al menos una hora?”. Me dio tanto coraje que le dije que ellas tenián mucho más que 3 canciones, y que le empiezo a enumerar mínimo unas 10 canciones –“Dime que me amas”, “Sólo vivo para ti”, “Enferma de amor”, “La Ilusión del primer amor”, “Pepe”, “Me pongo mis Jeans”, “Estoy por él”, “Corazón confidente”, “Tal Vez”, “Tonta”, etc, etc, etc.–, a lo que me respondió: “Pero quien te dijo que esos fueron éxitos conocidos, tú las conoces porque te encantan”.

Así fue como me cayó el 20, No porque tú seas fan y conozcas tooodas sus canciones, las tienen que conocer los demás, y es más no porque a ti te encante, el mismo artista la va a cantar en sus conciertos, porque para ellos sólo fue una más del disco –aunque llores y me odies, es la verdad –.

Yo recuerdo que la canción “Que vuelvas” de Shakira –que es mi favorita del disco "¿Dónde están los ladrones?"fue tan irrelevante para ella, que en el concierto Unplugged, donde canta únicamente canciones su disco "¿Dónde están los ladrones?", fue la única que no cantó y la remplazó por otra. De verdad aún se me salen las lágrimas de solo acordarme. Y como esa, hay muchas que a nosotros como fans nos encantan pero que ya quedaron en el olvido del propio artista.

Es curioso como cuando pones ese disco o algún amigo metiche –porque todos tenemos ese amigo metiche– se pone a revisar tu música o tus discos te dice: “No manches para qué tienes el disco completo de (aquí es momento de poner el nombre de tu disco o artista favorito) si solo una (o dos o tres, hasta allí, hasta tres canciones) es(son) la(s) chida(s)”.

De verdad, dan ganas de madrearlos –una por metiche y otra por opinar así de tu artista, a él que le importa– ¿Cómo es posible que no puedan admirar ese disco tan hipermega fabuloso? ¿Qué no escuchan esa canción –nada conocida, por cierto– que es lo máximo? Y la que sigue, y la que sigue, y la que sigue… ¿qué no han entendido la letra tan profunda y lo que quiso decir?.

Y es que es para nosotros imposible creer que el resto del mundo que nos rodea no les pueda gustar esas canciones, si están hiperchingonas o ese disco hipergenial. Pero no siempre tiene que ser un artista del cual eres mega fan, también ocurre lo mismo de ese disco que te encanta de un artista que quizá ni te guste tanto. Eso a mí me pasó con el disco de Tiziano Ferro “111”, neta es el único disco que me podría fascinar completo.

Así que ya no luches contra corriente, nadie –a menos que sea otro fan igual que tú– amará el disco igual que tú. Así que lo único que puedes hacer es escucharlo a todo volumen en tu casa mientras te bañas, o limpias tu casa, o aguantarte a las caras de “ya quita tu pinche música fea” cuando la pones en una fiesta y tú eres el DJ en el estéreo o la compu de la fiesta.

Nos leemos la próxima  semana, y como dice Jeans: “Solo vivo para ti, te amo a muerte y no lo sabe nadie”.

@lizarraga1221

lunes, 19 de septiembre de 2016

Tuya, mía, te la presto. Por: Esteban Cruz Lizarraga.



@lizarraga1221

Escuchando la canción “En el Escenario” de Raquel Olmedo (sí, ella canta y muuuuy bien) me llamó la atención una frase que decía: “Ahora ya no soy mía, les pertenezco” y es curioso que me hiciera recordar que muchas veces eso pasa con las canciones.

“¡A chingá! ¿cómo es eso?” se preguntarán, pues muy fácil. Hay canciones que quedaron tanto en nuestra mente o que son parte de nosotros, que nos atrevemos a cambiarle, quitarle o agregarle algo a la letra original. Pero de verdad, se vuelve taaaaan generalizado o taaaan común que los mismos artistas terminan cediendo a estos cambios hechos por todos en algún concierto.
No me creen ¿verdad?

A ver si les refresco la memoria, si yo les digo “Llegando a la fiesta, te veo besándote con otro…”, ustedes contestan –espacio para pensar – sí, “¡qué poca madre!” y esta pequeña frasecita no existe, no existió, jamás se escucha en el disco, ni estaba pensada por quien escribió esta canción tan famosa –y one hit wonder – del grupo Rostros Ocultos que se llama “El Final”sí, el final, no “llegando a la fiesta” como muchos creíamos – pero es tan común que cualquier grupo que la canta deja el espacio y  apunta el micrófono para que la gente cante la “parte que le toca”.

Otro muy claro es la canción de Cristian Castro “Es mejor así” –esa canción que ponen para sacarte del antro –, donde aquí no se agregó, sino que se terminó modificando una parte del coro: originalmente era “ya no quiero de ti nada, no puedo creerte nada…” y ahora es “ya no quiero de ti nada, vete mucho a la chingada…”. Para mi gusto quedó mucho mejor –pues así se nota más el dolor de eres una pinche mentirosa – y creo que lo pensamos todos, porque incluso el propio Cristian la canta ya así en el dueto que hace con Reik de esta canción.

O qué me van a decir de esta canción tan desgarradora, sólo porque el wey te engañaba, tú, para vengarte le pones el cuerno también; pero resulta que con quien lo haces resultó un pen…sante en la cama –obvio saben a qué me refería pero hay pensar en los niños que leerán esto, uno como quiera, pero ellos son criaturas – bueno, esa era la idea de “la Guzmán” cuando escribió esa poesía hecha canción “Hacer el Amor con Otro”, ahora terminó en una mega orgía o un gang bang – si no saben que es, investíguenlo pero por favor no le pongan en imágenes – que disfrutas, pues “quise engañarte con 6” y pues hay que “hacer el amor con 8, sí, sí, sí”

Y como ese ejemplo hay muchos más. Yo creo que la razón de que esto suceda es que las canciones no son estáticas, más bien se van transformando y es una forma de hacerlas nuestras, de ponerle nuestro granito de arena para “mejorarla” o para “hacerla más divertida”. Porque si se dan cuenta la mayoría de los cambios son muy jocosos, parte de la picardía mexicana –sí, así se llamaba un programa que de hecho tenía este formato, cambiar canciones de manera chistosa –.

Porque todos tenemos nuestra autoría en alguna canción, que quizá no sea taaaan general, pero que nosotros ya no podemos concebir esa canción sin nuestro cambio. Yo por ejemplo, ya no puedo escuchar “Con todos menos conmigo” sin cantar el “no me llames jamás ni por error, no te pongas así que no soy el papá”, otros amigos cantan el “todos mi miran, me miran, me miran, porque sé que soy vestida, porque todos me admiran. Y todos me miran, me miran, me miran porque cobro lo que pocos pueden pagar…”

Y neta que somos “rechingones” para que nuestro cambio quede justo con la melodía, que Facundo Cabral ni que la chingada; Armando Manzanero, Agustín Lara o Roberto Cantoral nos la pelan. Así que piensen en cuál es la canción que ya la hicieron suya, díganselo a sus amigos, compartanla, cantenla a todo pulmón. En una de esas la terminan escuchando en un unplugged.

Nos leemos la próxima semana y como dice Silvio Rodríguez: “Estoy buscando melodías para tener como llamarte ¿Quién fuera ruiseñor? ¿Quién fuera Lennon y McCrtney, Sindo Garay, Violeta, Chico Bauarque?”

lunes, 5 de septiembre de 2016

A salir del closet por Esteban Cruz Lizarraga


Y con “salir del closet” no me refiero a música gay o canciones joteras –de eso ya hablaremos en otra ocasión-  más bien me refiero a esas canciones que nos encantan pero ocultamos en lo más recóndito de nuestro ser –o de nuestro playlist-.

Si, ese disco que te da pena que tus amigos, tu novia o novio, o tu familia sepa que guardas y escuchas a escondidas; esa canción que solo te permites disfrutarla con audífonos. Y que si alguien lo descubre, pones cara de “ni idea, creo que es de mi ex y se le olvidó llevárselo, ni idea que estaba aquí” “jajaja ¿Cómo crees? A mí ni me gusta (__ poner el nombre de su artista o canción de closet), te volteas mientras se te salen dos lágrimas, no sabes si porque acabas de ser descubierto o porque negaste a ese disco que tantas alegrías te ha dado y la canción con la que bailas mientras te bañas o la que cantas a todo pulmón.

Porque todos tenemos esa música de closet y le llamo “de closet” porque en la música también existe, tontamente, estereotipos. Es gracioso como al mirarte, las demás personas creen saber cuál es la música que te debe gustar. Si eres hombre no te puede gustar Britney, o Lady Gaga, o One Direction –porque esa música es para mujeres- o si eres una “niña bien", no te puede gustar la banda o el rock –porque esa es música de “nacos”-.

Y así vivimos de acuerdo al género que creemos que más nos representa, dejando en la obscuridad o enterrando en una caja fuerte nuestro pequeño secreto. Porque si, todos tenemos ese closet musical. Ese roquero de tu novio, en secreto ama esa canción de Abba que dice “Mamma mia, here I go again, my my, how can I resist you?”; tu amiga la “fresa”, canta a todo pulmón con “Tu a mí me quieres y yo te quiero, la puerta negra sale sobrandoo”; ese chavo intelectual y filosófico, que se la pasa leyendo a  Nietzsche –salud-, baila frente a su espejo la de “cho-cho-chofer pare el taxi, cho-cho-chofer pare el taxi”; tu super amigo gay, que se sabe toda la coreografía de Fey o Jeans, es un adicto del “We don't need no education… Hey techer leaves them kids alone”.

Yo he de confesar –y miren que me cuesta trabajo- que soy amante de al menos 5 canciones de Cartel de Santa. Sii, confieso ante ustedes hermanos que me gustan algunas canciones de cartel de santa. Siempre he creído que esa música es nefasta, hablando de drogas, con cuántas mujeres se acuestan, que son chingones y la policía se las pela. De verdad la odio, pero aun así coreo y rapeo “extasis”, “la pelotona”, “el arte del engaño” y “bombos y tarolas” –no, al igual que ustedes, yo tampoco lo puedo creer-, tanto así tengo mi gusto metido en el closet, que ni siquiera las tengo en mi biblioteca musical y cuando me dan ganas de escucharlas las pongo en spotify o youtube.

Y es que por más que lo queramos mantener en el closet, ese gusto se nos escapa. Es más pareciera que nos sigue, y por unos segundos dejamos sacar a flote la emoción que nos da escuchar esa canción. Si no me creen, cuando vayan a un karaoke vean las canciones que la gente canta y corea. O la cara de algunos cuando suena banda o cumbias en un antro “nice”.

Y mi pregunta a todo esto es ¿por qué tenemos que vivir escondiendo ese gusto que tanto nos encanta?. Simple, por qué le tememos a ser juzgados y que se burlen de nosotros por esa música que nos hace felices que simple y sencillamente no encaja en nuestro entorno. Por eso los invito a salir de ese closet, que el mundo se entere que bailas al son de “demasiado piki piki piki piki piki”, que le dedicas a tu ex “asi no te amará jamás”, que te sabes la coreografía de “oops I did it again”, que coreas una de RBD, que no te mueres por sacar a bailar a alguien al son de “estúpido” o “17 años”, que quieres cantar a todo pulmón “Háblame de ti” o Solo con verte. Y deja de preocuparte por el que dirán, recuerda que quien se burle de ti, también tiene su closet musical. Así que mejor trata de descubrirlo y chantajéalo con eso -hahaha no es cierto- o ríanse juntos de “cómo es posible que eso nos guste tanto”

Y ustedes, piensen cual es la música que han tenido arrinconada en ese closet, creo que ya es hora de sacarla, de sentir orgullo por esa canción o ese artista que nos hace diferentes, únicos y especiales. Nos leemos la próxima semana.

Y como dice Fangoria: “Si al final todo se sabe y cada jaula tiene su llave, ¿qué secreto quieres ocultar? ¿en qué cárcel lo vas a encerrar?”

lunes, 29 de agosto de 2016

Adiós amor, te vas. Good Bye My Love, Good Bye… Por Esteban Cruz Lizarraga


Pues ayer fue un día muy sorpresivo para muchos, veíamos en redes sociales la noticia “Murió Juan Gabriel”. L primero que algunos dijimos “Jajaja otra vez mataron a otro artista, que se los crea su abuela” y de repente se empezaron a subir notas de periódicos importantes del país. Y entonces nos quedamos de “ah chingá, a ver esto ya no es broma”

Hasta que se confirmó, partió el “Divo de Juárez” de este mundo.

Como es lógico en estos casos, pues vimos el face y el twitter lleno de memes, frases de canciones, pésames, despedidas y hasta una que otra broma. Otros con sus típicos “Ahora si todos son fans de Juan Gabriel” o el “ya basta con sus cosas de juanga”, etc, etc, etc.

Y es que, como su sobre nombre lo dice, se fue como un  “Divo”. Sin estar en cama, sin enfermedades largas ni dolorosas, estando vigente, después de un concierto. Casi, casi despidiéndose de su público con sus canciones, echando desmadre como sólo él sabía hacerlo.

Murió cuando quiso, despacio, sin anunciar nada. Tan tranquilo, pero aun así moviendo a todo un país con una noticia tan impactante.

Leí un meme que decía “Todo mexicano crece aprendiéndose 3 canciones de memoria: El himno nacional, las mañanitas y una de Juan Gabriel”. ¡¡¡Y TIENE TODA LA RAZÓN!!! Porque todos –y digo TODOS- hemos reído, bailado, dedicado, llorado o emborracharnos con una canción de Juan Gabriel.

Así con nuestro querido Juanga, porque ya es nuestro, ya nos pertenece, ya dejó de ser una persona propia para ocupar el  lugar de los privilegiados en la historia musical mexicana donde vivirá por siempre.

Pr lo tanto yo estoy en desacuerdo, no murió Juan Gabriel. El que murió fue Alberto Aguilera Valadez. Él fue el que se fue. Porque Juanga vivirá siempre que alguien le cante a su conquiste “Me gustas mucho, me gustas mucho tu… Tarde o temprano seré tuyo y mía tú serás” o mientras alguien llore con el “fue un placer conocerte y tenerte unos meses, aunque esos meses fueron el principio y el fin de un amor tan bonito”

Porque insisto, sus canciones ya no son suyas, el las escribió y se las regaló al pueblo mexicano, Porque díganme un funeral o un 10 de mayo sin “Amor Eterno”, díganme un mariachi que no cante “La diferencia” –sí, esa que tiene la frase de rogón taaaaaan encantadora “que yo en tu lugar si te amaría”- ¿ven? Nuestro Juanga nos dejó frases que sirven para cualquiera ocasión

¿Quieres decirle a tu ex que tú eres quien tiene el control?  “Cuando yo quiera has de volver”: no serás tú quien lo decida, cuando la gana a mí me dé, tu volverás cuando yo diga… y si no has vuelto es porque, yo no he querido todavía.

¿Quieres decirle a ese ex que se la pela y que no volverás?  “Juro que nunca volveré”: Podría volver, pero no vuelvo por orgullo simplemente, si te jure nunca volver debes creerme que cumpliré y mi promesa es no volver.

¿Quién no se ha sentido mal y ha pensado que “yo no nací para amar, nadie nació para mí. Mis sueños nunca se volvieran realidad”?

¿Te dejó tu ex y después regresa? “Así fue”: Soy honesto con ella y contigo, a ella la quiero y a ti te he olvidado, si tú quieres seremos amigos, yo te ayudo a olvidar el pasado no te aferres…

Y es que su música no tiene género, puede ser cantada por un hombre o una mujer y están tan perfectamente escritas que se pueden cambiar los géneros sin que afecte ni se escuche rara la estrofa o muy forzada. Y es que Juanga cambió los géneros, él nos permitió a los hombres acercarnos a nuestro lado femenino, permitiéndonos ‘jotear’ porque mientras que sea con “Querida” o el “Noa-Noa” podemos únicamente reírnos del tío que lo imita y hasta dejamos que el mariachi nos cante “si nosotros nos hubiéramos casado… me dejaste por una vieja que es muy rica” incluso los más valientes, dejan que se les siente en las piernas.

Y tenía razón quien dijo “Juan Gabriel pisoteó la homofobia, la hizo lentejuelas, se las pegó a un chaleco y cantó en Bellas Artes”, con su “Lo que se ve no se juzga” dejó en claro porque se le dice el “Divo de Juárez”. Siendo todo un Showman, decidió darse por completo a su público. Porque cada concierto era único, con esos trajes estrafalarios, con esos pasos de baile –que hasta lo hicieron caerse del escenario-, con esos cambios pequeños en sus canciones –que las hacían únicas aunque ya la hubiéramos escuchado 20 veces antes-, con esas 3 horas de concierto porque le piden otro, otra, otra –que seamos honestos, como todos se sabían sus canciones, en sus conciertos ya las horas extras solo cantaba el principio y dejaba que todo el público coreara todo lo demás-.

Y bueno con esto me despido, que descanse en paz  Alberto Aguilera Valadez. Porque Juan Gabriel no murió, él vivirá por siempre porque ya es inmortal mientras se sigan cantando sus canciones.

Y como dice mi preferida de Juanga “Pero que necesidad, para que tanto problema. No hay como la libertad de ser, de estar, de ir, de amar, de hacer, de hablar, de andar así sin penas”

Comentarios
@lizarraga1221

lunes, 22 de agosto de 2016

Échele sabor ‘mijo por Esteban Cruz Lizarraga


Hace unos días me tocó ir a uno de estos salones de baile, ya saben esos que abren como desde las 3 de la tarde y hay música en vivo. Es decir, el antro para los mayores de 40, que al otro día tienen que trabajar o tienen que llegar temprano a casa porque el hijo se va de “party” a las 10 de la noche.

Bueno, pues andaba yo allí siendo de los pocos jóvenes del lugar - ahora sé cómo se sienten los “chavo-rucos” en un antro cuando todos los jóvenes se le quedan viendo- y me di cuenta cómo la pista de baile sólo se vaciaba cuando el grupo terminaba la canción y se ponía de acuerdo para la que sigue, porque por si no lo han notado, las mezclas de salsa duran como 10 min – peor que canción electrónica -, o también cuando la canción no estaba tan buena y solo quedaban 1 o 2 parejitas –el típico wey que no se sienta para nada porque los pasos “le salen bien chingones”- y entonces me di a la tarea de analizar la “música cumbianchera” (aclaremos que llamaremos “música cumbianchera” a la salsa, cumbia y merengue para futuras menciones – hay wey, pinche frase dominguera-).

Digo, ¿Quién no ha escuchado una canción cumbianchera? Todos – y reafirmo- TODOS tienen su favorita, y no es que la traigamos en nuestro playlist -porque esa música no se escucha se baila- pero hay una que siempre nos hace mover el pie o decirle a la comadre, al sobrino o sobrina, al amigo o a quien sea “ándale vamos a bailar esta” aunque bailemos como gusanos con sal o nos sepamos dos pasos – bueno yo no, porque  bailo chingón, no sé ustedes – y ahí nos vez peleando un por poco de pista y chocando con las parejitas salidas de “Bailando por un sueño” o “Dancing with the stars”, esas parejitas de concurso que al wey sólo le falta aventarla al techo y cargarla con una mano, esas que se lucen con sus mejores pasos pa’que vean quién es la estrella; y nosotros medio moviéndonos porque “sólo me sé dos pasos” o a nuestra pareja – la única que se atrevió a bailar con nosotros- pues el baile no se le da, es decir, baila de la chingada .

Pero a decir verdad, que sea nuestra favorita no tiene nada que ver con la letra, sino más bien con el ritmo que lleva la canción. Porque el ritmo lo es todo en este tipo de canciones. (Ahh verdad, no lo habían analizado)

El ritmo cumbianchero puede hacer que una canción que pasó casi desapercibida en pop, o en balada, o en cualquier otro ritmo, pase a ser todo un mega éxito. Un ejemplo claro es la canción de “Mi Bombón” de Cabas - ¿Quién chingados es Cabas? El que la cantó primero, así dejémoslo- pasó a ser un mega éxito en las bodas y XV años cuando la empezó a cantar Margarita “la Diosa de la cumbia”, o la canción “¿Qué de mí?”, que pasó hiper desapercibida - como balada para para cortarse las venas - entre tantos éxitos de Rocío Dúrcal, pero se volvió una de las preferidas cuando se cambió al “lado cumbianchero”. Porque una vez que se pasen al lado cumbianchero y se vuelven éxito, no hay marcha atrás, quedará en el olvido quién es el cantante original de esas canciones; y si alguna vez la escuchan siempre dirán “Yo la prefiero en cumbianchera”.

No solo eso, también sirve para que una canción sin sentido, tonta y estúpida nos haga mover todo el esqueleto, ¿no me creen? Y que me dicen de “la vaca (muu), la misma vaca (muu), la otra vaca (muu), donde está mi vaca (muu), se murió la vaca (muu)” – ok, le invéntelo último pero ni quien se haya dado cuenta – o que tal “el baile del beeper” con una letra tan complicada que dice: el beeper, el beeper, el beeper, el beeper por 5:18 minutos – wow que profundidad – y bien que la bailamos hasta abajo. Y que me pueden decir de todas las de Chicoche, el clásico de clásicos en las fiestas de vecinales – esas que cierran calles, ponen lonas y el súper grupo en tarima y con mega bocinas, sí esa a la que has ido enfrente de tu casa – con letras tan geniales como “¿quen pompó esas cositas? ¿ quen pompó?” o “Uyuyui que miedo, uyuyui que miedo, mira como tiemblo, que bailar casi no puedo” y que tal “camarón pelao tú quieres, camarón pelao te doy” – ya me agarraron desprevenido – todos las conocemos, nos la sabemos, hacemos la típica víbora por toda la pista.

Y ya por último en este análisis profundo y exhaustivo de la “música cumbianchera” es que el ritmo tiene algo que nuestro cerebro evita que analicemos la letra que quizá con otra música nos haría pensar o las canciones para cortarse las venas no nos parece taaaaaaan triste. De verdad, la música cumbianchera – no toda aclaro – llega a ser misógina, sexosa, e incluso con temas que nos harían pensar si es tan correcto que nuestros hijos la escucharan. Pero como es “cumbianchera” pues no importa.

Hasta tu vecina, la de en frente, de la “vela perpetua” o tu vecinos “híper cristianos” – esos que cuando los miras a los ojos parecieran que pudieran leer todos tus pecados más profundos – los vez moviendo el bote con “he mojado mis sábanas blancas recordándote… en mi cama nadie es como tú… ven devórame otra vez” (¡¡¡WTF!!!) o que tal “el orgullo puede esperar, ven o me arrepiento, en el piso o donde sea, tómame”. Y como esos ejemplos podemos hablar de todas esas canciones con temas obscuros como “acabo de darme cuenta que eres virgen pero no me importa vamos a coger”, - ¿Qué? Ninguna canción dice eso – “Es tu primera vez, ya me di cuenta, ya no llores, ya temas. Eso no es todo en el amor… Ahora entrégate, si lloro o tiemblo es por ti amor, es que Dios me mandó para ti”, y que me dicen de “No tiene talento pero es muy buena moza, tiene buen cuerpo y es otra cosa muy poderosa en televisión, tiene un trasero que causa sensación” o el enamorarte de una niña de 17 años. Ven como les digo en cuanto se escuchan los primeros trompetazos la gente se para baila y le vale gorro de que hable la bendita canción “mientras se escuche chingona para bailar”.

Y bueno aquí termino esta columna y espero ahora no haberles arruinado sus fiestas porque ahora se pondrán a analizar las letras.

Nos leemos la próxima semana. Y como dice Willie Colón “No te quejes Andrés, no te quejes por nada. Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada”.

Comentarios
@lizarraga1221

lunes, 15 de agosto de 2016

Hola soy Esteban… y soy melómano por Esteban Cruz Lizarraga











[@lizarraga1221]

Estando navegando por la web encontré una imagen que decía:

“Cuando te esté llevando la chingada, pon algo de música… Te seguirá llevando, pero con ritmo”

Me sentí tan identificado con esa frase que de pronto lo entendí, haga lo que haga siempre tengo que escuchar algo de música, por lo que puedo decirlo sin temor a equivocarme: SOY UN MELÓMANO.

Vivo dentro de ese “estilo de vida” en el cual todo gira en torno a la música -de verdad, no estoy bromeando-. La música me ha acompañado en los mejores y peores momentos, ha dicho muchas cosas por mi cuando no tengo palabras o no sé cómo decir algunas cosas, también ha sido mi cómplice en amores y desamores, incluso en mi completa y absoluta “huevez”.

Así que decidí escribir de ella, de todo lo que me pasa con esa compañera incondicional que siempre sabrá que decirme con las palabras adecuadas y en el momento preciso,  como dijera Andrea Bocelli: “Vivo por ella… ella se llama música”.

Pero bueno, ¿cómo sé que soy un melómano? Por estas sencillas razones - y a ver cuántos se sienten identificados o conocen a alguien con esa descripción-:


  1. ¿Silencio? ¿Qué es eso?: Esto es muuuuuy cierto, jamás de los jamases puedo hacer algo sin poner algo de música: ir al baño, comer, limpiar, bañarme, cocinar, no importa cuál sea la actividad. Incluso el sólo estar acostado sin hacer nada, es motivo de estar escuchando música, porque la música es mi compañera ideal. No hay mejor compañera en cualquier lado que la música. Siempre que tengo visitas saben que estoy en casa porque desde la calle se escucha la bocina a todo volumen. Siempre me verán en la calle con  audífonos y moviendo los labios e inclusive caminando con ritmo o moviendo alguna parte del cuerpo al ritmo de alguna melodía.
  2. Espera, deja las escojo: Como ya les dije, no puedo estar sin música, pero es divertido -y a veces frustrante- ver el tiempo que invierto en escoger el playlist adecuado para cada ocasión. Porque obviamente es pasar por una biblioteca de millón y medio de canciones que tengo que pasar una por una para ver si se adecua al momento, pasando por unos interminables “quizá” que terminan en la lista. Y ustedes me dirán ¿Por qué no hace listas de reproducciones y ya no pierde tiempo?, pues NO, he intentado hacer miles de listas o acomodar la música por carpetas, ¡¡¡PERO NO PUEDO!!! Porque una misma canción puede estar en “mujeres solistas en español” o “para llorar” e incluso “ochenteras de corazón”, o sea, ¿dónde carajos la meto? Por eso decidí dejar esa misión por la paz y gastarme ¾ de hora en escoger cada vez la música que se me antojo escuchar en ese día porque “hoy amanecí con esa canción en la cabeza… mira, ésta ya tiene un buen que no la escucho… ni ésta… ni ésta… ni ésta… ni ésta… y esta tampoco…”
  3. El escenario es todo mío: No importa cuánto se tarda una persona normal en realizar una actividad sencilla, para mí esa actividad durará el doble o el triple. Porque no solo estoy barriendo, trapeando, lavando, cocinando o bañándome. ¡No!, también estoy realizando un concierto masivo ante miles de espectadores o en un escenario sencillo tipo “primera fila” o “concierto acústico” y por lo tanto, lo que tenga a la mano se convertirá automáticamente en el micrófono ideal. Si escucho la canción perfecta dejaré de hacer lo que estaba haciendo para hacer un playback digno de cualquier escenario o me convierto en el nuevo bailarín de la gira. Inclusive la escoba o el trapeador se transforman en la mejor pareja de baile. Mi espejo se ha convertido en mi mayor espectador y fan, cómplice de muchísimas actuaciones sin cansarse e incluso pidiendo las clásicas “otra, otra, otra, otra” y ni modo de no complacer a mi fan número 1, por lo que si estoy de buenas llego a cantarle hasta 4 canciones seguidas. ¡¡¡Que buen artista soy!!!
  4. Dímelo cantando: Como han leído -si es que han llegado hasta este punto- la música es parte esencial de mi vida – sí, eso ya quedó más que claro- sin embargo no sólo es mi compañera, sino que también reflejan mi estado de ánimo; si estoy triste, escucharé todas esas canciones para cortarse las venas; si estoy enamorado, todas esas canciones melosas; si algo bueno pasa, las de ánimo o para bailar, que según yo, reflejan cómo me siento, porque el autor de las letras, y el cantante, sabían que en un futuro lo iba a necesitar, porque vivió lo mismo que yo estoy viviendo en este momento. Y lo mejor es que cada canción refleja mi estado de ánimo más que la anterior.  Pero no sólo se limita a eso, sino que verán en mis redes sociales frases de canciones que digan cómo me va en el día o incluso motivadoras, también toda la vida me escucharán dar consejos en base a las letras de canciones: “como dice Juanga…”, “como dice Adele…”, “como dicen los cardenales de Nuevo León…” y así sucesivamente y muchas veces de cantantes y de canciones que mis amigos ni puta idea de quien chingados es, ni en la vida las han escuchado.
  5. Wey, esta canción es lo máximo: Es un hecho científico – ok bueno no taaan científicamente pero entienden el punto ¿no?-  que todo melómano, que se respete así mismo de serlo, no tendrá una canción, un artista o un género favorito. En mi playlist encontrarán canciones de todo tipo, porque aparte siempre –SIEMPRE- lo pongo en aleatorio, porque así puedo escuchar todas las canciones sin llevar un orden determinado; así pues, terminaré escuchando una de Britney, después una de la Arrolladora, pasando por Caifanes o Sex Pistols, y terminando con la Sonora Santanera y Lupita D’alessio. Es una caja de sorpresas que no se ni qué terminaré escuchando después. Pero ahí no para el asunto, cada que empiece una nueva melodía me escucharán decir frases como “esta es mi canción”, “no ma… amo esta rola”, “wow, tenía un buen que no la escuchaba y me encanta”. No importa de que canción se trate ni de que género, mi música es tan universal.
  6. Tienes que escuchar esta rola: Si me tienen cerca y les toca escuchar música conmigo -y aparte yo soy el dj- prepárense para saber los datos más curiosos de la canción o del artista en cuestión que a nadie le interesan. Creo que sé más de música que de historia universal -hahaha aquí si me la mame yo solo- cuando se compuso, para que película se ocupó, quien la iba cantar primero, cual es el tema en que se inspiró, qué estaba haciendo el autor de la melodía o incluso por que se llama así un grupo o artista, no importa si es cierto o no, si lo escuche de alguien ya es una verdad absoluta para mí “¿sabías que los tlaconetes de chalco fueron telonistas del tlacuache chiapaneco?” “¿Cómo? ¿No has escuchado a los tlaconetes de chalco? No mames, tienen una canción hiper buenísima, escúchala” Por lo que a todos mis amigos les pongo canciones que en la vida alguien conoce. Y no solo queda ahí, tengo una misma canción en 30 versiones diferentes: la original, versión concierto, versión acústica, versión en dúo, cover en español o inglés, versión remix, con la sonora o la filarmónica, versión Wendy sulca, etc, etc, etc. 


Bueno hasta aquí los dejo descansar de estas “confesiones de un melómano”.Nos leemos la próxima semana.

No duden en mandarme todos sus comentarios y como dice el Tri: “mientras tanto cuídense y que me los bendiga Dios. No hagan nada malo que no hiciera yo”.



Mostrando entradas con la etiqueta Esteban Lizarraga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esteban Lizarraga. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de enero de 2017

Una Caja De Sorpresas Llamada “Aleatorio”. Por Esteban Cruz Lizarraga


No sé si les ha pasado –porque a mi si y mucho– que de repente se cansan de escuchar las mismas canciones en el mismo orden, o quizá a la hora de escuchar tu playlist te la tienes que chutar por orden alfabético, incluso el mismo artista con sus 6 canciones seguidas. El problema es que muchas veces no pasa de la letra “F” o “M” –ósea, ¿para que fregados tardé 1 hora escogiendo mis canciones si no escucho a Shakira, La Trakalosa y Zoé?–.

Pero ¿Cómo podemos hacer que nuestra música nos vuelva a sorprender?

Simple, la respuesta es muy sencilla. Quien le agregó a los dispositivos de reproducción éste maravilloso artilugio le deberían poner una estatua. -¡YA! Deja de hacerte wey y dinos que es–.

Nada más y nada menos que el “Aleatorio” – ¿todo para esa mamada?– sí,  aunque no lo crean poner en “aleatorio” a tus discos, tus listas de reproducción o hasta a tu biblioteca de música, te hará (re)descubrir tu propia música. Canciones olvidadas, viejos recuerdos, o incluso música que no sabías que tenías – ¿de verdad yo bajé “inténtalo” de 3Ball?–.

Porque lo genial de este botón es que como no tiene un orden, no podemos predecir qué es lo que va a continuar después. Si nunca lo has hecho, te sorprenderás en más de una ocasión esperando o hasta cantando la canción que, según tú, seguirá –y cuando continúe otra, te quedarás de “que pedo”–.
 
También pueda que te suceda que dirás: “no ma… tenía un buen sin escuchar esa rola”, “¿Cuándo en mi vida bajé esa canción” o “¿Neta? ¿Yo? ¿Esa canción?”. Porque aunque tu hayas bajado la música, hay un duende de los reproductores que te mete canciones que tu ni enterado – y que pueden o no gustarte–.

Muchas veces he pensado “Ojalá la vida tuviera eso de aleatorio”. Que pulsaramos ese “mágico botón” y nuestra ropa se desacomodara en el closet para que descubriéramos ropa que tiene mucho tiempo que no nos ponemos –y así pareciera que estrenaramos–, que oprimiéramos “aleatorio” en WhatsApp y termináramos platicando con viejos amigos o contactos.

¿Se imaginan poner en aleatorio el sabor de la torta o de la pizza que vamos a elegir? ¿O a cuál película vamos a entrar a ver al cine? Sería una buena experiencia descubrirnos haciendo, viendo o comiendo algo que normalmente no hubiéramos elegido –algo así como las grajeas de todos los sabores de Harry Potter–.

Sin embargo tenemos pequeños aleatorios para hacernos la vida más interesante, como con quien nos tropezamos en la calle, quien estará en la fila del súper o se sentará al lado nuestro en el camión, que darán de comer en nuestra fondita, incluso cómo nos irá en el día.

Así que disfrutemos de esa caja de sorpresas que es el botón “Aleatorio”, hagamos que vuelva a nuestra mente esa canción tan ridícula que nos hizo bailar al ritmo “satánico” de “aserejé de ja de je de jebe tu de jebere seibiunouva majavi an de bugui an de güididípi”, esa primera vez que nos cortaron mientras gritábamos “…no puedo reponerme de tu forma tan cruel de abrazarme, si sabias que no ibas a amarme ¿qué ganabas con besarme?”, o hasta la vez que nuestro crush nos empezó a hacer caso y le decíamos “dime cómo fue que me enamoraste, dime en que momento pasó que llegue a extrañarte…”.

Recordemos cuando “eso” no era un solo, sino la guitarra de Lolo; cuando llegando a la fiesta la vimos besándose con otro –que poca madre–; cuando nos sorprendimos porque de los 9 hijos de  Soruyo el negrito era el único suyo; cuando él nos mintió y nos dijo que nos amaba y no era verdad o cuando fuimos palomas por querer ser gavilanes; cuando por un beso de una flaca que duerme de día, hubiéramos dado lo que fuera; cuando no queríamos que nadie nos mirara porque no traíamos puesto el maquillaje; cuando esas acusaciones eran puras mentiras ya que esa noche no andábamos ahí; o hasta la vez que a nosotros nos gustaba la gasolina –recordar es volver a vivir ¿verdad?–.

Volvamos a sentir todas esas emociones que le pusimos a muchas de nuestras canciones  y que hemos dejado en un rincón de nuestra biblioteca musical.

Por hoy es todo, nos leemos la próxima semana y espero que esta primera columna del 2017 les haya gustado. Hasta la próxima.

Y como dice Willie Colón en Pedro Navajas: “La vida te dá sorpresas, sorpresas te dá la vida”

@lizarraga1221 

lunes, 17 de octubre de 2016

¡Y a mí QUÉ me importa! Por Esteban Cruz Lizarraga


Hola, aquí estoy después de estar ausente unas semanas –sí lo sé, me pasé al dejarlos tanto tiempo solos–, pero bueno, aquí sigo fregando.

¿Y qué creen? ¡Ya salió el CD+DVD del concierto de Jeans celebrando sus 20 años de carrera en el auditorio!Ya me imagine su cara de “¡y a mí qué me importa!”, porque yo un hiper fan de ellas. ¡¡¡VIVA JEANS!!!

Pero ese no es el asunto de esta columna –aunque qué más quisiera que hablar sólo de ellas–. El asunto es que, presumiendo con mis amigos las canciones del disco, me di cuenta de que son muy pocos  los artistas que en realidad la gente conoce más allá de sus “éxitos” de la radio o al menos las “más populares”.

Me acuerdo que cuando le dije a un amigo que Jeans iba a hacer su reencuentro y aparte un concierto en el auditorio me dijo: “Y qué, ¿van a sacar sus 3 canciones en versión banda, remix, cumbia y chachachá? ¿o qué van a cantar para llenar al menos una hora?”. Me dio tanto coraje que le dije que ellas tenián mucho más que 3 canciones, y que le empiezo a enumerar mínimo unas 10 canciones –“Dime que me amas”, “Sólo vivo para ti”, “Enferma de amor”, “La Ilusión del primer amor”, “Pepe”, “Me pongo mis Jeans”, “Estoy por él”, “Corazón confidente”, “Tal Vez”, “Tonta”, etc, etc, etc.–, a lo que me respondió: “Pero quien te dijo que esos fueron éxitos conocidos, tú las conoces porque te encantan”.

Así fue como me cayó el 20, No porque tú seas fan y conozcas tooodas sus canciones, las tienen que conocer los demás, y es más no porque a ti te encante, el mismo artista la va a cantar en sus conciertos, porque para ellos sólo fue una más del disco –aunque llores y me odies, es la verdad –.

Yo recuerdo que la canción “Que vuelvas” de Shakira –que es mi favorita del disco "¿Dónde están los ladrones?"fue tan irrelevante para ella, que en el concierto Unplugged, donde canta únicamente canciones su disco "¿Dónde están los ladrones?", fue la única que no cantó y la remplazó por otra. De verdad aún se me salen las lágrimas de solo acordarme. Y como esa, hay muchas que a nosotros como fans nos encantan pero que ya quedaron en el olvido del propio artista.

Es curioso como cuando pones ese disco o algún amigo metiche –porque todos tenemos ese amigo metiche– se pone a revisar tu música o tus discos te dice: “No manches para qué tienes el disco completo de (aquí es momento de poner el nombre de tu disco o artista favorito) si solo una (o dos o tres, hasta allí, hasta tres canciones) es(son) la(s) chida(s)”.

De verdad, dan ganas de madrearlos –una por metiche y otra por opinar así de tu artista, a él que le importa– ¿Cómo es posible que no puedan admirar ese disco tan hipermega fabuloso? ¿Qué no escuchan esa canción –nada conocida, por cierto– que es lo máximo? Y la que sigue, y la que sigue, y la que sigue… ¿qué no han entendido la letra tan profunda y lo que quiso decir?.

Y es que es para nosotros imposible creer que el resto del mundo que nos rodea no les pueda gustar esas canciones, si están hiperchingonas o ese disco hipergenial. Pero no siempre tiene que ser un artista del cual eres mega fan, también ocurre lo mismo de ese disco que te encanta de un artista que quizá ni te guste tanto. Eso a mí me pasó con el disco de Tiziano Ferro “111”, neta es el único disco que me podría fascinar completo.

Así que ya no luches contra corriente, nadie –a menos que sea otro fan igual que tú– amará el disco igual que tú. Así que lo único que puedes hacer es escucharlo a todo volumen en tu casa mientras te bañas, o limpias tu casa, o aguantarte a las caras de “ya quita tu pinche música fea” cuando la pones en una fiesta y tú eres el DJ en el estéreo o la compu de la fiesta.

Nos leemos la próxima  semana, y como dice Jeans: “Solo vivo para ti, te amo a muerte y no lo sabe nadie”.

@lizarraga1221

lunes, 19 de septiembre de 2016

Tuya, mía, te la presto. Por: Esteban Cruz Lizarraga.



@lizarraga1221

Escuchando la canción “En el Escenario” de Raquel Olmedo (sí, ella canta y muuuuy bien) me llamó la atención una frase que decía: “Ahora ya no soy mía, les pertenezco” y es curioso que me hiciera recordar que muchas veces eso pasa con las canciones.

“¡A chingá! ¿cómo es eso?” se preguntarán, pues muy fácil. Hay canciones que quedaron tanto en nuestra mente o que son parte de nosotros, que nos atrevemos a cambiarle, quitarle o agregarle algo a la letra original. Pero de verdad, se vuelve taaaaan generalizado o taaaan común que los mismos artistas terminan cediendo a estos cambios hechos por todos en algún concierto.
No me creen ¿verdad?

A ver si les refresco la memoria, si yo les digo “Llegando a la fiesta, te veo besándote con otro…”, ustedes contestan –espacio para pensar – sí, “¡qué poca madre!” y esta pequeña frasecita no existe, no existió, jamás se escucha en el disco, ni estaba pensada por quien escribió esta canción tan famosa –y one hit wonder – del grupo Rostros Ocultos que se llama “El Final”sí, el final, no “llegando a la fiesta” como muchos creíamos – pero es tan común que cualquier grupo que la canta deja el espacio y  apunta el micrófono para que la gente cante la “parte que le toca”.

Otro muy claro es la canción de Cristian Castro “Es mejor así” –esa canción que ponen para sacarte del antro –, donde aquí no se agregó, sino que se terminó modificando una parte del coro: originalmente era “ya no quiero de ti nada, no puedo creerte nada…” y ahora es “ya no quiero de ti nada, vete mucho a la chingada…”. Para mi gusto quedó mucho mejor –pues así se nota más el dolor de eres una pinche mentirosa – y creo que lo pensamos todos, porque incluso el propio Cristian la canta ya así en el dueto que hace con Reik de esta canción.

O qué me van a decir de esta canción tan desgarradora, sólo porque el wey te engañaba, tú, para vengarte le pones el cuerno también; pero resulta que con quien lo haces resultó un pen…sante en la cama –obvio saben a qué me refería pero hay pensar en los niños que leerán esto, uno como quiera, pero ellos son criaturas – bueno, esa era la idea de “la Guzmán” cuando escribió esa poesía hecha canción “Hacer el Amor con Otro”, ahora terminó en una mega orgía o un gang bang – si no saben que es, investíguenlo pero por favor no le pongan en imágenes – que disfrutas, pues “quise engañarte con 6” y pues hay que “hacer el amor con 8, sí, sí, sí”

Y como ese ejemplo hay muchos más. Yo creo que la razón de que esto suceda es que las canciones no son estáticas, más bien se van transformando y es una forma de hacerlas nuestras, de ponerle nuestro granito de arena para “mejorarla” o para “hacerla más divertida”. Porque si se dan cuenta la mayoría de los cambios son muy jocosos, parte de la picardía mexicana –sí, así se llamaba un programa que de hecho tenía este formato, cambiar canciones de manera chistosa –.

Porque todos tenemos nuestra autoría en alguna canción, que quizá no sea taaaan general, pero que nosotros ya no podemos concebir esa canción sin nuestro cambio. Yo por ejemplo, ya no puedo escuchar “Con todos menos conmigo” sin cantar el “no me llames jamás ni por error, no te pongas así que no soy el papá”, otros amigos cantan el “todos mi miran, me miran, me miran, porque sé que soy vestida, porque todos me admiran. Y todos me miran, me miran, me miran porque cobro lo que pocos pueden pagar…”

Y neta que somos “rechingones” para que nuestro cambio quede justo con la melodía, que Facundo Cabral ni que la chingada; Armando Manzanero, Agustín Lara o Roberto Cantoral nos la pelan. Así que piensen en cuál es la canción que ya la hicieron suya, díganselo a sus amigos, compartanla, cantenla a todo pulmón. En una de esas la terminan escuchando en un unplugged.

Nos leemos la próxima semana y como dice Silvio Rodríguez: “Estoy buscando melodías para tener como llamarte ¿Quién fuera ruiseñor? ¿Quién fuera Lennon y McCrtney, Sindo Garay, Violeta, Chico Bauarque?”

lunes, 5 de septiembre de 2016

A salir del closet por Esteban Cruz Lizarraga


Y con “salir del closet” no me refiero a música gay o canciones joteras –de eso ya hablaremos en otra ocasión-  más bien me refiero a esas canciones que nos encantan pero ocultamos en lo más recóndito de nuestro ser –o de nuestro playlist-.

Si, ese disco que te da pena que tus amigos, tu novia o novio, o tu familia sepa que guardas y escuchas a escondidas; esa canción que solo te permites disfrutarla con audífonos. Y que si alguien lo descubre, pones cara de “ni idea, creo que es de mi ex y se le olvidó llevárselo, ni idea que estaba aquí” “jajaja ¿Cómo crees? A mí ni me gusta (__ poner el nombre de su artista o canción de closet), te volteas mientras se te salen dos lágrimas, no sabes si porque acabas de ser descubierto o porque negaste a ese disco que tantas alegrías te ha dado y la canción con la que bailas mientras te bañas o la que cantas a todo pulmón.

Porque todos tenemos esa música de closet y le llamo “de closet” porque en la música también existe, tontamente, estereotipos. Es gracioso como al mirarte, las demás personas creen saber cuál es la música que te debe gustar. Si eres hombre no te puede gustar Britney, o Lady Gaga, o One Direction –porque esa música es para mujeres- o si eres una “niña bien", no te puede gustar la banda o el rock –porque esa es música de “nacos”-.

Y así vivimos de acuerdo al género que creemos que más nos representa, dejando en la obscuridad o enterrando en una caja fuerte nuestro pequeño secreto. Porque si, todos tenemos ese closet musical. Ese roquero de tu novio, en secreto ama esa canción de Abba que dice “Mamma mia, here I go again, my my, how can I resist you?”; tu amiga la “fresa”, canta a todo pulmón con “Tu a mí me quieres y yo te quiero, la puerta negra sale sobrandoo”; ese chavo intelectual y filosófico, que se la pasa leyendo a  Nietzsche –salud-, baila frente a su espejo la de “cho-cho-chofer pare el taxi, cho-cho-chofer pare el taxi”; tu super amigo gay, que se sabe toda la coreografía de Fey o Jeans, es un adicto del “We don't need no education… Hey techer leaves them kids alone”.

Yo he de confesar –y miren que me cuesta trabajo- que soy amante de al menos 5 canciones de Cartel de Santa. Sii, confieso ante ustedes hermanos que me gustan algunas canciones de cartel de santa. Siempre he creído que esa música es nefasta, hablando de drogas, con cuántas mujeres se acuestan, que son chingones y la policía se las pela. De verdad la odio, pero aun así coreo y rapeo “extasis”, “la pelotona”, “el arte del engaño” y “bombos y tarolas” –no, al igual que ustedes, yo tampoco lo puedo creer-, tanto así tengo mi gusto metido en el closet, que ni siquiera las tengo en mi biblioteca musical y cuando me dan ganas de escucharlas las pongo en spotify o youtube.

Y es que por más que lo queramos mantener en el closet, ese gusto se nos escapa. Es más pareciera que nos sigue, y por unos segundos dejamos sacar a flote la emoción que nos da escuchar esa canción. Si no me creen, cuando vayan a un karaoke vean las canciones que la gente canta y corea. O la cara de algunos cuando suena banda o cumbias en un antro “nice”.

Y mi pregunta a todo esto es ¿por qué tenemos que vivir escondiendo ese gusto que tanto nos encanta?. Simple, por qué le tememos a ser juzgados y que se burlen de nosotros por esa música que nos hace felices que simple y sencillamente no encaja en nuestro entorno. Por eso los invito a salir de ese closet, que el mundo se entere que bailas al son de “demasiado piki piki piki piki piki”, que le dedicas a tu ex “asi no te amará jamás”, que te sabes la coreografía de “oops I did it again”, que coreas una de RBD, que no te mueres por sacar a bailar a alguien al son de “estúpido” o “17 años”, que quieres cantar a todo pulmón “Háblame de ti” o Solo con verte. Y deja de preocuparte por el que dirán, recuerda que quien se burle de ti, también tiene su closet musical. Así que mejor trata de descubrirlo y chantajéalo con eso -hahaha no es cierto- o ríanse juntos de “cómo es posible que eso nos guste tanto”

Y ustedes, piensen cual es la música que han tenido arrinconada en ese closet, creo que ya es hora de sacarla, de sentir orgullo por esa canción o ese artista que nos hace diferentes, únicos y especiales. Nos leemos la próxima semana.

Y como dice Fangoria: “Si al final todo se sabe y cada jaula tiene su llave, ¿qué secreto quieres ocultar? ¿en qué cárcel lo vas a encerrar?”

lunes, 29 de agosto de 2016

Adiós amor, te vas. Good Bye My Love, Good Bye… Por Esteban Cruz Lizarraga


Pues ayer fue un día muy sorpresivo para muchos, veíamos en redes sociales la noticia “Murió Juan Gabriel”. L primero que algunos dijimos “Jajaja otra vez mataron a otro artista, que se los crea su abuela” y de repente se empezaron a subir notas de periódicos importantes del país. Y entonces nos quedamos de “ah chingá, a ver esto ya no es broma”

Hasta que se confirmó, partió el “Divo de Juárez” de este mundo.

Como es lógico en estos casos, pues vimos el face y el twitter lleno de memes, frases de canciones, pésames, despedidas y hasta una que otra broma. Otros con sus típicos “Ahora si todos son fans de Juan Gabriel” o el “ya basta con sus cosas de juanga”, etc, etc, etc.

Y es que, como su sobre nombre lo dice, se fue como un  “Divo”. Sin estar en cama, sin enfermedades largas ni dolorosas, estando vigente, después de un concierto. Casi, casi despidiéndose de su público con sus canciones, echando desmadre como sólo él sabía hacerlo.

Murió cuando quiso, despacio, sin anunciar nada. Tan tranquilo, pero aun así moviendo a todo un país con una noticia tan impactante.

Leí un meme que decía “Todo mexicano crece aprendiéndose 3 canciones de memoria: El himno nacional, las mañanitas y una de Juan Gabriel”. ¡¡¡Y TIENE TODA LA RAZÓN!!! Porque todos –y digo TODOS- hemos reído, bailado, dedicado, llorado o emborracharnos con una canción de Juan Gabriel.

Así con nuestro querido Juanga, porque ya es nuestro, ya nos pertenece, ya dejó de ser una persona propia para ocupar el  lugar de los privilegiados en la historia musical mexicana donde vivirá por siempre.

Pr lo tanto yo estoy en desacuerdo, no murió Juan Gabriel. El que murió fue Alberto Aguilera Valadez. Él fue el que se fue. Porque Juanga vivirá siempre que alguien le cante a su conquiste “Me gustas mucho, me gustas mucho tu… Tarde o temprano seré tuyo y mía tú serás” o mientras alguien llore con el “fue un placer conocerte y tenerte unos meses, aunque esos meses fueron el principio y el fin de un amor tan bonito”

Porque insisto, sus canciones ya no son suyas, el las escribió y se las regaló al pueblo mexicano, Porque díganme un funeral o un 10 de mayo sin “Amor Eterno”, díganme un mariachi que no cante “La diferencia” –sí, esa que tiene la frase de rogón taaaaaan encantadora “que yo en tu lugar si te amaría”- ¿ven? Nuestro Juanga nos dejó frases que sirven para cualquiera ocasión

¿Quieres decirle a tu ex que tú eres quien tiene el control?  “Cuando yo quiera has de volver”: no serás tú quien lo decida, cuando la gana a mí me dé, tu volverás cuando yo diga… y si no has vuelto es porque, yo no he querido todavía.

¿Quieres decirle a ese ex que se la pela y que no volverás?  “Juro que nunca volveré”: Podría volver, pero no vuelvo por orgullo simplemente, si te jure nunca volver debes creerme que cumpliré y mi promesa es no volver.

¿Quién no se ha sentido mal y ha pensado que “yo no nací para amar, nadie nació para mí. Mis sueños nunca se volvieran realidad”?

¿Te dejó tu ex y después regresa? “Así fue”: Soy honesto con ella y contigo, a ella la quiero y a ti te he olvidado, si tú quieres seremos amigos, yo te ayudo a olvidar el pasado no te aferres…

Y es que su música no tiene género, puede ser cantada por un hombre o una mujer y están tan perfectamente escritas que se pueden cambiar los géneros sin que afecte ni se escuche rara la estrofa o muy forzada. Y es que Juanga cambió los géneros, él nos permitió a los hombres acercarnos a nuestro lado femenino, permitiéndonos ‘jotear’ porque mientras que sea con “Querida” o el “Noa-Noa” podemos únicamente reírnos del tío que lo imita y hasta dejamos que el mariachi nos cante “si nosotros nos hubiéramos casado… me dejaste por una vieja que es muy rica” incluso los más valientes, dejan que se les siente en las piernas.

Y tenía razón quien dijo “Juan Gabriel pisoteó la homofobia, la hizo lentejuelas, se las pegó a un chaleco y cantó en Bellas Artes”, con su “Lo que se ve no se juzga” dejó en claro porque se le dice el “Divo de Juárez”. Siendo todo un Showman, decidió darse por completo a su público. Porque cada concierto era único, con esos trajes estrafalarios, con esos pasos de baile –que hasta lo hicieron caerse del escenario-, con esos cambios pequeños en sus canciones –que las hacían únicas aunque ya la hubiéramos escuchado 20 veces antes-, con esas 3 horas de concierto porque le piden otro, otra, otra –que seamos honestos, como todos se sabían sus canciones, en sus conciertos ya las horas extras solo cantaba el principio y dejaba que todo el público coreara todo lo demás-.

Y bueno con esto me despido, que descanse en paz  Alberto Aguilera Valadez. Porque Juan Gabriel no murió, él vivirá por siempre porque ya es inmortal mientras se sigan cantando sus canciones.

Y como dice mi preferida de Juanga “Pero que necesidad, para que tanto problema. No hay como la libertad de ser, de estar, de ir, de amar, de hacer, de hablar, de andar así sin penas”

Comentarios
@lizarraga1221

lunes, 22 de agosto de 2016

Échele sabor ‘mijo por Esteban Cruz Lizarraga


Hace unos días me tocó ir a uno de estos salones de baile, ya saben esos que abren como desde las 3 de la tarde y hay música en vivo. Es decir, el antro para los mayores de 40, que al otro día tienen que trabajar o tienen que llegar temprano a casa porque el hijo se va de “party” a las 10 de la noche.

Bueno, pues andaba yo allí siendo de los pocos jóvenes del lugar - ahora sé cómo se sienten los “chavo-rucos” en un antro cuando todos los jóvenes se le quedan viendo- y me di cuenta cómo la pista de baile sólo se vaciaba cuando el grupo terminaba la canción y se ponía de acuerdo para la que sigue, porque por si no lo han notado, las mezclas de salsa duran como 10 min – peor que canción electrónica -, o también cuando la canción no estaba tan buena y solo quedaban 1 o 2 parejitas –el típico wey que no se sienta para nada porque los pasos “le salen bien chingones”- y entonces me di a la tarea de analizar la “música cumbianchera” (aclaremos que llamaremos “música cumbianchera” a la salsa, cumbia y merengue para futuras menciones – hay wey, pinche frase dominguera-).

Digo, ¿Quién no ha escuchado una canción cumbianchera? Todos – y reafirmo- TODOS tienen su favorita, y no es que la traigamos en nuestro playlist -porque esa música no se escucha se baila- pero hay una que siempre nos hace mover el pie o decirle a la comadre, al sobrino o sobrina, al amigo o a quien sea “ándale vamos a bailar esta” aunque bailemos como gusanos con sal o nos sepamos dos pasos – bueno yo no, porque  bailo chingón, no sé ustedes – y ahí nos vez peleando un por poco de pista y chocando con las parejitas salidas de “Bailando por un sueño” o “Dancing with the stars”, esas parejitas de concurso que al wey sólo le falta aventarla al techo y cargarla con una mano, esas que se lucen con sus mejores pasos pa’que vean quién es la estrella; y nosotros medio moviéndonos porque “sólo me sé dos pasos” o a nuestra pareja – la única que se atrevió a bailar con nosotros- pues el baile no se le da, es decir, baila de la chingada .

Pero a decir verdad, que sea nuestra favorita no tiene nada que ver con la letra, sino más bien con el ritmo que lleva la canción. Porque el ritmo lo es todo en este tipo de canciones. (Ahh verdad, no lo habían analizado)

El ritmo cumbianchero puede hacer que una canción que pasó casi desapercibida en pop, o en balada, o en cualquier otro ritmo, pase a ser todo un mega éxito. Un ejemplo claro es la canción de “Mi Bombón” de Cabas - ¿Quién chingados es Cabas? El que la cantó primero, así dejémoslo- pasó a ser un mega éxito en las bodas y XV años cuando la empezó a cantar Margarita “la Diosa de la cumbia”, o la canción “¿Qué de mí?”, que pasó hiper desapercibida - como balada para para cortarse las venas - entre tantos éxitos de Rocío Dúrcal, pero se volvió una de las preferidas cuando se cambió al “lado cumbianchero”. Porque una vez que se pasen al lado cumbianchero y se vuelven éxito, no hay marcha atrás, quedará en el olvido quién es el cantante original de esas canciones; y si alguna vez la escuchan siempre dirán “Yo la prefiero en cumbianchera”.

No solo eso, también sirve para que una canción sin sentido, tonta y estúpida nos haga mover todo el esqueleto, ¿no me creen? Y que me dicen de “la vaca (muu), la misma vaca (muu), la otra vaca (muu), donde está mi vaca (muu), se murió la vaca (muu)” – ok, le invéntelo último pero ni quien se haya dado cuenta – o que tal “el baile del beeper” con una letra tan complicada que dice: el beeper, el beeper, el beeper, el beeper por 5:18 minutos – wow que profundidad – y bien que la bailamos hasta abajo. Y que me pueden decir de todas las de Chicoche, el clásico de clásicos en las fiestas de vecinales – esas que cierran calles, ponen lonas y el súper grupo en tarima y con mega bocinas, sí esa a la que has ido enfrente de tu casa – con letras tan geniales como “¿quen pompó esas cositas? ¿ quen pompó?” o “Uyuyui que miedo, uyuyui que miedo, mira como tiemblo, que bailar casi no puedo” y que tal “camarón pelao tú quieres, camarón pelao te doy” – ya me agarraron desprevenido – todos las conocemos, nos la sabemos, hacemos la típica víbora por toda la pista.

Y ya por último en este análisis profundo y exhaustivo de la “música cumbianchera” es que el ritmo tiene algo que nuestro cerebro evita que analicemos la letra que quizá con otra música nos haría pensar o las canciones para cortarse las venas no nos parece taaaaaaan triste. De verdad, la música cumbianchera – no toda aclaro – llega a ser misógina, sexosa, e incluso con temas que nos harían pensar si es tan correcto que nuestros hijos la escucharan. Pero como es “cumbianchera” pues no importa.

Hasta tu vecina, la de en frente, de la “vela perpetua” o tu vecinos “híper cristianos” – esos que cuando los miras a los ojos parecieran que pudieran leer todos tus pecados más profundos – los vez moviendo el bote con “he mojado mis sábanas blancas recordándote… en mi cama nadie es como tú… ven devórame otra vez” (¡¡¡WTF!!!) o que tal “el orgullo puede esperar, ven o me arrepiento, en el piso o donde sea, tómame”. Y como esos ejemplos podemos hablar de todas esas canciones con temas obscuros como “acabo de darme cuenta que eres virgen pero no me importa vamos a coger”, - ¿Qué? Ninguna canción dice eso – “Es tu primera vez, ya me di cuenta, ya no llores, ya temas. Eso no es todo en el amor… Ahora entrégate, si lloro o tiemblo es por ti amor, es que Dios me mandó para ti”, y que me dicen de “No tiene talento pero es muy buena moza, tiene buen cuerpo y es otra cosa muy poderosa en televisión, tiene un trasero que causa sensación” o el enamorarte de una niña de 17 años. Ven como les digo en cuanto se escuchan los primeros trompetazos la gente se para baila y le vale gorro de que hable la bendita canción “mientras se escuche chingona para bailar”.

Y bueno aquí termino esta columna y espero ahora no haberles arruinado sus fiestas porque ahora se pondrán a analizar las letras.

Nos leemos la próxima semana. Y como dice Willie Colón “No te quejes Andrés, no te quejes por nada. Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada”.

Comentarios
@lizarraga1221

lunes, 15 de agosto de 2016

Hola soy Esteban… y soy melómano por Esteban Cruz Lizarraga











[@lizarraga1221]

Estando navegando por la web encontré una imagen que decía:

“Cuando te esté llevando la chingada, pon algo de música… Te seguirá llevando, pero con ritmo”

Me sentí tan identificado con esa frase que de pronto lo entendí, haga lo que haga siempre tengo que escuchar algo de música, por lo que puedo decirlo sin temor a equivocarme: SOY UN MELÓMANO.

Vivo dentro de ese “estilo de vida” en el cual todo gira en torno a la música -de verdad, no estoy bromeando-. La música me ha acompañado en los mejores y peores momentos, ha dicho muchas cosas por mi cuando no tengo palabras o no sé cómo decir algunas cosas, también ha sido mi cómplice en amores y desamores, incluso en mi completa y absoluta “huevez”.

Así que decidí escribir de ella, de todo lo que me pasa con esa compañera incondicional que siempre sabrá que decirme con las palabras adecuadas y en el momento preciso,  como dijera Andrea Bocelli: “Vivo por ella… ella se llama música”.

Pero bueno, ¿cómo sé que soy un melómano? Por estas sencillas razones - y a ver cuántos se sienten identificados o conocen a alguien con esa descripción-:


  1. ¿Silencio? ¿Qué es eso?: Esto es muuuuuy cierto, jamás de los jamases puedo hacer algo sin poner algo de música: ir al baño, comer, limpiar, bañarme, cocinar, no importa cuál sea la actividad. Incluso el sólo estar acostado sin hacer nada, es motivo de estar escuchando música, porque la música es mi compañera ideal. No hay mejor compañera en cualquier lado que la música. Siempre que tengo visitas saben que estoy en casa porque desde la calle se escucha la bocina a todo volumen. Siempre me verán en la calle con  audífonos y moviendo los labios e inclusive caminando con ritmo o moviendo alguna parte del cuerpo al ritmo de alguna melodía.
  2. Espera, deja las escojo: Como ya les dije, no puedo estar sin música, pero es divertido -y a veces frustrante- ver el tiempo que invierto en escoger el playlist adecuado para cada ocasión. Porque obviamente es pasar por una biblioteca de millón y medio de canciones que tengo que pasar una por una para ver si se adecua al momento, pasando por unos interminables “quizá” que terminan en la lista. Y ustedes me dirán ¿Por qué no hace listas de reproducciones y ya no pierde tiempo?, pues NO, he intentado hacer miles de listas o acomodar la música por carpetas, ¡¡¡PERO NO PUEDO!!! Porque una misma canción puede estar en “mujeres solistas en español” o “para llorar” e incluso “ochenteras de corazón”, o sea, ¿dónde carajos la meto? Por eso decidí dejar esa misión por la paz y gastarme ¾ de hora en escoger cada vez la música que se me antojo escuchar en ese día porque “hoy amanecí con esa canción en la cabeza… mira, ésta ya tiene un buen que no la escucho… ni ésta… ni ésta… ni ésta… ni ésta… y esta tampoco…”
  3. El escenario es todo mío: No importa cuánto se tarda una persona normal en realizar una actividad sencilla, para mí esa actividad durará el doble o el triple. Porque no solo estoy barriendo, trapeando, lavando, cocinando o bañándome. ¡No!, también estoy realizando un concierto masivo ante miles de espectadores o en un escenario sencillo tipo “primera fila” o “concierto acústico” y por lo tanto, lo que tenga a la mano se convertirá automáticamente en el micrófono ideal. Si escucho la canción perfecta dejaré de hacer lo que estaba haciendo para hacer un playback digno de cualquier escenario o me convierto en el nuevo bailarín de la gira. Inclusive la escoba o el trapeador se transforman en la mejor pareja de baile. Mi espejo se ha convertido en mi mayor espectador y fan, cómplice de muchísimas actuaciones sin cansarse e incluso pidiendo las clásicas “otra, otra, otra, otra” y ni modo de no complacer a mi fan número 1, por lo que si estoy de buenas llego a cantarle hasta 4 canciones seguidas. ¡¡¡Que buen artista soy!!!
  4. Dímelo cantando: Como han leído -si es que han llegado hasta este punto- la música es parte esencial de mi vida – sí, eso ya quedó más que claro- sin embargo no sólo es mi compañera, sino que también reflejan mi estado de ánimo; si estoy triste, escucharé todas esas canciones para cortarse las venas; si estoy enamorado, todas esas canciones melosas; si algo bueno pasa, las de ánimo o para bailar, que según yo, reflejan cómo me siento, porque el autor de las letras, y el cantante, sabían que en un futuro lo iba a necesitar, porque vivió lo mismo que yo estoy viviendo en este momento. Y lo mejor es que cada canción refleja mi estado de ánimo más que la anterior.  Pero no sólo se limita a eso, sino que verán en mis redes sociales frases de canciones que digan cómo me va en el día o incluso motivadoras, también toda la vida me escucharán dar consejos en base a las letras de canciones: “como dice Juanga…”, “como dice Adele…”, “como dicen los cardenales de Nuevo León…” y así sucesivamente y muchas veces de cantantes y de canciones que mis amigos ni puta idea de quien chingados es, ni en la vida las han escuchado.
  5. Wey, esta canción es lo máximo: Es un hecho científico – ok bueno no taaan científicamente pero entienden el punto ¿no?-  que todo melómano, que se respete así mismo de serlo, no tendrá una canción, un artista o un género favorito. En mi playlist encontrarán canciones de todo tipo, porque aparte siempre –SIEMPRE- lo pongo en aleatorio, porque así puedo escuchar todas las canciones sin llevar un orden determinado; así pues, terminaré escuchando una de Britney, después una de la Arrolladora, pasando por Caifanes o Sex Pistols, y terminando con la Sonora Santanera y Lupita D’alessio. Es una caja de sorpresas que no se ni qué terminaré escuchando después. Pero ahí no para el asunto, cada que empiece una nueva melodía me escucharán decir frases como “esta es mi canción”, “no ma… amo esta rola”, “wow, tenía un buen que no la escuchaba y me encanta”. No importa de que canción se trate ni de que género, mi música es tan universal.
  6. Tienes que escuchar esta rola: Si me tienen cerca y les toca escuchar música conmigo -y aparte yo soy el dj- prepárense para saber los datos más curiosos de la canción o del artista en cuestión que a nadie le interesan. Creo que sé más de música que de historia universal -hahaha aquí si me la mame yo solo- cuando se compuso, para que película se ocupó, quien la iba cantar primero, cual es el tema en que se inspiró, qué estaba haciendo el autor de la melodía o incluso por que se llama así un grupo o artista, no importa si es cierto o no, si lo escuche de alguien ya es una verdad absoluta para mí “¿sabías que los tlaconetes de chalco fueron telonistas del tlacuache chiapaneco?” “¿Cómo? ¿No has escuchado a los tlaconetes de chalco? No mames, tienen una canción hiper buenísima, escúchala” Por lo que a todos mis amigos les pongo canciones que en la vida alguien conoce. Y no solo queda ahí, tengo una misma canción en 30 versiones diferentes: la original, versión concierto, versión acústica, versión en dúo, cover en español o inglés, versión remix, con la sonora o la filarmónica, versión Wendy sulca, etc, etc, etc. 


Bueno hasta aquí los dejo descansar de estas “confesiones de un melómano”.Nos leemos la próxima semana.

No duden en mandarme todos sus comentarios y como dice el Tri: “mientras tanto cuídense y que me los bendiga Dios. No hagan nada malo que no hiciera yo”.