El 19
de septiembre, los magistrados del TEPJF ordenaron el recuento de la totalidad
de los votos de la elección para gobernador en Puebla. El recuento de los votos
de las 7,174 casillas instaladas en la entidad comenzó ésta semana y debería
concluir, calculan los que saben, dentro de los próximos diez días. En su fallo
histórico, el TEPJF le corrigió plana al TEEP y al IEE. El tribunal federal
afirma que las autoridades locales fueron “deficientes” y que su actuación “afectó
los principios de certeza, imparcialidad, independencia, legalidad, máxima
publicidad y objetividad”. La decisión del TEPJF derivará el proceso
legal-electoral por dos vías que tarde o temprano se cruzaran: una,
cuantitativa, el recuento, la cual esclarecerá los números de la elección y
otra, cualitativa, la impugnación presentada por MORENA, la cual determinará si
la elección fue o no legal.
El
recuento, sin dudas, confirmará que Martha Erika Alonso de Moreno Valle obtuvo más votos que Luis Miguel Barbosa.
Alonso de Moreno Valle confía en que su resultado la legitimará y Barbosa
critica que será una falacia pues los votos que se están recontando serían
producto de un fraude operado antes y durante la jornada electoral, mediante la
compra y la coacción del voto, y después, mediante la alteración de los
resultados. Numeritos en mano, ella recuperará el momentum y algo de crédito para seguir
negociando la gubernatura y él deberá volver al estribillo fijo de no reconocer
la derrota, muy gastado después de lo del MM Grand Hotel. En esa lógica se
entienden los mensajes erráticos de los protagonistas de la mêlée postelectoral: la esposa del
(ex)gobernador, celebrando la decisión de recontar los votos: —Con ésta resolución se tendrá plena y absoluta certeza de nuestro
triunfo —tuiteó.
El exsocio del mismo (ex)gobernador, casi curándose en salud: —La cadena de custodia del material electoral y el principio de
certeza están perdidos —tuiteó,
por su parte.
Entendiendo
que el recuento debería reforzar su posición en lo tocante a la impugnación de
la elección, los abogados de Barbosa se leen más optimistas. El ejercicio,
afirman, debería despejar el camino hacia la anulación de la elección porque
evidenciaría otras irregularidades además de las que nos han traído a éste
punto, probando irrefutablemente que no fue una elección “libre y auténtica” como
obliga el Artículo 41 constitucional —a la sazón, se habla de casillas que
registraron más votos que votantes, de casillas que registraron cero votos, de
actas faltantes, ilegibles o incorrectas; además de la violencia generalizada
que resultó en el robo de algunas urnas—. Esto, claro, suponiendo que el
material electoral, el cual ha permanecido casi tres meses resguardado por “los
mismos pillos [del TEEP y del IEE]”, y bajo mínimas medidas de seguridad, no
haya sido manipulado con fines antisépticos. ¿No debería —pregunta seria— ser
causa suficiente para la anulación que las boletas electorales hayan estado
todo ese tiempo al alcance de cualquiera con una escalera?
Antes
de conocerse la decisión del TEPJF, el abogado Barbosa [sic, por la anomalía académica]
lanzaba un alegato justiciero a la Hercules Poirot, quien en cada novela nos
demuestra que no existe el crimen perfecto, que el criminal siempre es
descubierto y siempre recibe su merecido. Siguiendo las huellas de los mapaches
morenovallistas, Barbosa ha encontrado pruebas en el lugar equivocado: la
investigación titulada Inconsistencias graves en la elección para gobernador en Puebla y
firmada por investigadores de la Universidad Iberoamericana. La investigación
concluye, según el aspirante en su última entrega literaria, que “hubo una intención fraudulenta de violentar la voluntad popular”.
Tal conclusión, empero, está basada en una muestra de solo el 12.1% de las
casillas y que no fue seleccionada de manera aleatoria sino arbitraria,
escogida de entre aquellas que registraron “más datos discrepantes”, es decir,
aquellas donde hubo mayor voto diferenciado. Un estudio creíble, a medias…
Mutis.
Por ahora, Andrés Manuel López Obrador no vendrá a Puebla. No queriendo que sus
acciones u omisiones pudieran interpretarse como mensajes encriptados dirigidos
a los magistrados TEPJF, aplicó la salomónica: ni la foto con José Antonio Gali
ni el abrazo con Luis Miguel Barbosa.
Los
1,754,596 poblanos que votamos por él deberemos conformarnos con un tedeum virtual.



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