lunes, 14 de febrero de 2022

Honrar el amor, cuando se pierde a nuestra pareja de vida.

 

ESTAMOS EN CONEXIÓN / EL AMOR Y LA VIUDEZ


Honrar el amor, cuando se pierde a nuestra pareja de vida.

Por: Jorge García D.


La “Tanatología” tiene su origen en los vocablos griegos: thanatos que significa muerte y logos que

se refiere al estudio o tratado, concibiendo a esta disciplina profesional, como el estudio

interdisciplinario de la muerte, su manejo, el duelo, la perdida en general, que de manera más

concreta es “el estudio de la vida que incluye a la muerte”, es decir tránsito de la vida hacia el fin

de nuestra existencia.

La tanatología concibe a todo ser humano como una unidad biopsicosocial, con una espiritualidad

que le permite trascender más allá de la mente y el cuerpo, conectando con la verdadera esencia

del Ser: siendo esta responsable del modo cómo se vive y de la forma de cómo se interactua con la

familia humana, es decir con los demás.

Para la tanatología, la espiritualidad se percibe como un componente afectivo, que se distingue

por el bienestar emocional que éste aporta a la vida del ser humano, y que condiciona las formas

de pensar, relacionarse y desenvolverse acerca del pensamiento que se tiene de uno mismo, de

los demás y del mundo ante la muerte, así como de los presentes y los ausentes, de los que

permanecen en nuestro día a día y de los que ya no están, debido a diferentes circunstancias,

entre ellas, la muerte.

La espiritualidad puede considerarse entre muchas otras cualidades, como esa asistencia natural,

de la que hacemos uso ante los que atraviesan duelos por la pérdida de sus seres queridos,

logrando una mayor comprensión del sentido de la vida y la percepción de la muerte, la perdida y

la ausencia; permitiendo transitar por los diversos procesos o etapas del duelo, que son: negación,

ira, enojo, dolor, confusión, culpa, tristeza, depresión, negociación, hasta llegar a la aceptación.

Hablar de la perdida de una pareja, es hablar de un mundo de posibilidades, situaciones o un sinfín

de circunstancias.

Se dice que una relación de pareja, es hablar del proceso en el que esta unión transita a través del

amor; el amor de pareja es aquel sentimiento que comparten dos personas que se conocen,

coinciden, aceptan, respetan, valoran y entregan lo mejor de sí mismos en función del bienestar y

equilibrio de su relación.

El amor, es un sentimiento universal que todos los seres humanos somos capaces de sentir y

experimentar hacia otro individuo igual o diferente a nosotros; hacia un animal, una cosa o un

estado de bienestar, que nos proporciona una tranquilidad, estabilidad emocional y salud mental.

El amor de pareja es la relación afectiva que comparten dos personas. Es la decisión afectiva y

emocional de contar con el privilegio de tener un compañero, una persona con la que se ha

elegido compartir la vida, el tiempo, las diversas circunstancias, los afectos; sin embargo, la

manera en que concebimos el amor, se verá plasmada en nuestras relaciones por la forma en que

vemos y entendemos el amor desde la educación que hemos recibido, el ámbito cultural en el que

nos hemos desarrollado, nuestros valores, nuestras creencias y hasta nuestra personalidad.


Por ello, una relación de pareja se compone de muchos factores y requiere de una mirada y una

comprensión de sí mismos, para poder entonces concebir el nosotros y la relación con el otro, o

los demás.

Por ello, aun en nuestro tiempo, el amor de pareja sigue siendo el principal protagonista de

diversas historias de amor, desamor, encuentros, desencuentros, donde dos o más protagonistas

deciden formar un vínculo donde existe un compromiso incondicional.

A través del tiempo, la historia, la cultura, escritura, música y el arte, la muerte y el amor se han

asociado de diversas maneras, siempre íntimamente relacionadas; esto debido nuestras creencias

inculcadas desde pequeños por nuestros padres y entorno, la concepción de generar vida siempre

está unida y vinculada al amor, por ello, vida, muerte y amor están íntimamente asociadas de

muchas maneras.

Es por este motivo que los rompimientos amorosos se vinculan inconscientemente a la muerte,

por ser la viva representación de una pérdida, es así que muchas personas dicen sentirse morir, al

perder una relación amorosa, debido al sentimiento y cumulo de emociones que se ligan a ese

desconectarse o desvincularse completamente de la otra persona a la que eligieron; al sufrir la

partida, y el dolor frente a la perdida de la pareja, muchas personas dicen sentirse extraviados, o

mutilados, debido a la ausencia de esa parte de quien fue durante algún corto o largo tiempo su

compañero o compañera de vida.

En otros casos, cuando se habla de malas relaciones, estas se relacionan a un amor moribundo, en

decadencia o muerte, por esto, aunque dos personas continúan unidas o compartiendo el mismo

espacio, este amor comienza a extinguirse debido a que todo lo que da vida al amor entre ellos, no

existe ya más entre ambos, y no hay una conexión más allá de un simplemente estar juntos.

De manera sustantiva hablar de viudez puede relacionarse, desde el sentido común, a la condición

social de una persona a partir de la muerte de su pareja, ligada a la existencia previa de una vida

compartida entre dos personas, donde una de ellas fallece por diversas circunstancias, y donde la

muerte al hacerse presente de manera sorpresiva nos cambia la concepción de realidad que

tenemos.

Cuando un cónyuge o pareja muere, el mundo cambia, el deudo está de luto, siente dolor y pena

por la pérdida, puede sentirse aturdido, agobiado, atemorizado, extraviado, y en algunos casos se

dice que su vida pierde sentido por el dolor tan profundo de haber perdido a quien fuera su

compañero de vida, haciendo sentir culpable por ser el que todavía le sobrevive.

En algún momento, es posible que hasta se sienta enojado con su cónyuge por haberlo dejado, por

no aferrarse a la vida, por dejarse morir y no seguir luchando; y todo esto es normal, partiendo de

nuestras creencias, del cómo fuimos educados frente la muerte, y cómo nos enseñaron a

sobrellevar la perdida y las ausencias. Todos estos sentimientos son normales. No hay reglas sobre

cómo uno debe sentirse. No hay una formula correcta o incorrecta de estar y vivir un duelo.

El duelo ante la viudez, no es una tarea fácil, es lidiar con los sentimientos de pérdida, con los

recuerdos, los aromas, las palabras, dichas, no dichas y aquellas que no escucharemos jamás, con

los espacios, con esos comportamientos y convivencia que en nuestro cotidiano se nos hace de lo


más normal y hasta monótono, pero cuando ya no lo tenemos más, sufrimos la ausencia de ello, y

es ahí cuando cuesta poner en orden nuestra vida.

Desde que muere la pareja, el que le sobrevive tiene que empezar una nueva vida solo o sola,

algunas personas pueden sentirse mejor antes de lo que esperaban, mientras que otras pueden

tomar más tiempo, el dolor ante la pérdida de una pareja o compañero de vida no es fácil, sin

embargo, es una tarea personal y de todos.

Si tiene hijos, recuerde que ellos también están sufriendo la pérdida. Tomará tiempo para que

toda la familia se adapte a la vida sin el cónyuge. Es posible que descubra que la relación con sus

hijos y las relaciones entre ellos han cambiado, es importante mantener una comunicación

abierta, asertiva y honesta, aprendiendo a reconocer en el otro su estado anímico y su propio

dolor.

Otro aspecto importante a señalar es como lidiar con la culpa, que es uno de los aspectos que

suelen ser más difíciles para los viudos, sobre todo por ese sentimiento de creer dentro de

nosotros que ya no nos importan, que ya no los amamos con la misma intensidad, con el mismo

compromiso y hasta pensar que pasan a ser solo parte de nuestro recuerdo, sumándole el carácter

social del que somos presa fácil, por el que dirán, por el juicio o el morbo de los demás, haciendo

este proceso de duelo aún más complicado.

Precisamente el tiempo es nuestro mejor aleado para mantener y sobre llevar nuestro duelo, sea

difícil, profundo o pasajero, cada persona es un mundo, y ese mundo tiene su propia e individual

manera de sobrevivir al dolor, sobre llevar el duelo y aceptar la perdida.

Por tal motivo, la aceptación significa ver y asimilar las cosas tal y como son en nuestro tiempo

presente, significa reconocer nuestra realidad tal cual es, una actitud salvadora y sanadora que

viene junto con la voluntad de ver lo que es, lo que fue, y aprender a vivir y estar en nuestro

momento presente, con quienes nos sobreviven.

El duelo no es una tarea fácil, siempre debemos estar abiertos a pedir ayuda de alguien cercano a

nosotros, de un terapeuta o de un especialista. El ser humano está preparado para afrontar estos

episodios gracias a la resiliencia, una fortaleza psicológica intrínseca que poseemos y que se define

como la capacidad de recuperarse frente a todas las adversidades, sin embargo, existen

profesionales que nos pueden ayudar a sobrellevar nuestra perdida y duelo.

Ciertamente “no podemos volver a tener a la persona amada entre nosotros o al lado nuestro,

pero sí podemos cambiar la actitud para sentirnos mejor con la perdida, debemos honrar a

nuestros muertos, en amor y aprender a vivir con nuestras ausencias”.

#EstamosEnConexión #RadioEnRedes

Todos los lunes de 17:00 a 19 horas, a través de www.radioenredes.com

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lunes, 14 de febrero de 2022

Honrar el amor, cuando se pierde a nuestra pareja de vida.

 

ESTAMOS EN CONEXIÓN / EL AMOR Y LA VIUDEZ


Honrar el amor, cuando se pierde a nuestra pareja de vida.

Por: Jorge García D.


La “Tanatología” tiene su origen en los vocablos griegos: thanatos que significa muerte y logos que

se refiere al estudio o tratado, concibiendo a esta disciplina profesional, como el estudio

interdisciplinario de la muerte, su manejo, el duelo, la perdida en general, que de manera más

concreta es “el estudio de la vida que incluye a la muerte”, es decir tránsito de la vida hacia el fin

de nuestra existencia.

La tanatología concibe a todo ser humano como una unidad biopsicosocial, con una espiritualidad

que le permite trascender más allá de la mente y el cuerpo, conectando con la verdadera esencia

del Ser: siendo esta responsable del modo cómo se vive y de la forma de cómo se interactua con la

familia humana, es decir con los demás.

Para la tanatología, la espiritualidad se percibe como un componente afectivo, que se distingue

por el bienestar emocional que éste aporta a la vida del ser humano, y que condiciona las formas

de pensar, relacionarse y desenvolverse acerca del pensamiento que se tiene de uno mismo, de

los demás y del mundo ante la muerte, así como de los presentes y los ausentes, de los que

permanecen en nuestro día a día y de los que ya no están, debido a diferentes circunstancias,

entre ellas, la muerte.

La espiritualidad puede considerarse entre muchas otras cualidades, como esa asistencia natural,

de la que hacemos uso ante los que atraviesan duelos por la pérdida de sus seres queridos,

logrando una mayor comprensión del sentido de la vida y la percepción de la muerte, la perdida y

la ausencia; permitiendo transitar por los diversos procesos o etapas del duelo, que son: negación,

ira, enojo, dolor, confusión, culpa, tristeza, depresión, negociación, hasta llegar a la aceptación.

Hablar de la perdida de una pareja, es hablar de un mundo de posibilidades, situaciones o un sinfín

de circunstancias.

Se dice que una relación de pareja, es hablar del proceso en el que esta unión transita a través del

amor; el amor de pareja es aquel sentimiento que comparten dos personas que se conocen,

coinciden, aceptan, respetan, valoran y entregan lo mejor de sí mismos en función del bienestar y

equilibrio de su relación.

El amor, es un sentimiento universal que todos los seres humanos somos capaces de sentir y

experimentar hacia otro individuo igual o diferente a nosotros; hacia un animal, una cosa o un

estado de bienestar, que nos proporciona una tranquilidad, estabilidad emocional y salud mental.

El amor de pareja es la relación afectiva que comparten dos personas. Es la decisión afectiva y

emocional de contar con el privilegio de tener un compañero, una persona con la que se ha

elegido compartir la vida, el tiempo, las diversas circunstancias, los afectos; sin embargo, la

manera en que concebimos el amor, se verá plasmada en nuestras relaciones por la forma en que

vemos y entendemos el amor desde la educación que hemos recibido, el ámbito cultural en el que

nos hemos desarrollado, nuestros valores, nuestras creencias y hasta nuestra personalidad.


Por ello, una relación de pareja se compone de muchos factores y requiere de una mirada y una

comprensión de sí mismos, para poder entonces concebir el nosotros y la relación con el otro, o

los demás.

Por ello, aun en nuestro tiempo, el amor de pareja sigue siendo el principal protagonista de

diversas historias de amor, desamor, encuentros, desencuentros, donde dos o más protagonistas

deciden formar un vínculo donde existe un compromiso incondicional.

A través del tiempo, la historia, la cultura, escritura, música y el arte, la muerte y el amor se han

asociado de diversas maneras, siempre íntimamente relacionadas; esto debido nuestras creencias

inculcadas desde pequeños por nuestros padres y entorno, la concepción de generar vida siempre

está unida y vinculada al amor, por ello, vida, muerte y amor están íntimamente asociadas de

muchas maneras.

Es por este motivo que los rompimientos amorosos se vinculan inconscientemente a la muerte,

por ser la viva representación de una pérdida, es así que muchas personas dicen sentirse morir, al

perder una relación amorosa, debido al sentimiento y cumulo de emociones que se ligan a ese

desconectarse o desvincularse completamente de la otra persona a la que eligieron; al sufrir la

partida, y el dolor frente a la perdida de la pareja, muchas personas dicen sentirse extraviados, o

mutilados, debido a la ausencia de esa parte de quien fue durante algún corto o largo tiempo su

compañero o compañera de vida.

En otros casos, cuando se habla de malas relaciones, estas se relacionan a un amor moribundo, en

decadencia o muerte, por esto, aunque dos personas continúan unidas o compartiendo el mismo

espacio, este amor comienza a extinguirse debido a que todo lo que da vida al amor entre ellos, no

existe ya más entre ambos, y no hay una conexión más allá de un simplemente estar juntos.

De manera sustantiva hablar de viudez puede relacionarse, desde el sentido común, a la condición

social de una persona a partir de la muerte de su pareja, ligada a la existencia previa de una vida

compartida entre dos personas, donde una de ellas fallece por diversas circunstancias, y donde la

muerte al hacerse presente de manera sorpresiva nos cambia la concepción de realidad que

tenemos.

Cuando un cónyuge o pareja muere, el mundo cambia, el deudo está de luto, siente dolor y pena

por la pérdida, puede sentirse aturdido, agobiado, atemorizado, extraviado, y en algunos casos se

dice que su vida pierde sentido por el dolor tan profundo de haber perdido a quien fuera su

compañero de vida, haciendo sentir culpable por ser el que todavía le sobrevive.

En algún momento, es posible que hasta se sienta enojado con su cónyuge por haberlo dejado, por

no aferrarse a la vida, por dejarse morir y no seguir luchando; y todo esto es normal, partiendo de

nuestras creencias, del cómo fuimos educados frente la muerte, y cómo nos enseñaron a

sobrellevar la perdida y las ausencias. Todos estos sentimientos son normales. No hay reglas sobre

cómo uno debe sentirse. No hay una formula correcta o incorrecta de estar y vivir un duelo.

El duelo ante la viudez, no es una tarea fácil, es lidiar con los sentimientos de pérdida, con los

recuerdos, los aromas, las palabras, dichas, no dichas y aquellas que no escucharemos jamás, con

los espacios, con esos comportamientos y convivencia que en nuestro cotidiano se nos hace de lo


más normal y hasta monótono, pero cuando ya no lo tenemos más, sufrimos la ausencia de ello, y

es ahí cuando cuesta poner en orden nuestra vida.

Desde que muere la pareja, el que le sobrevive tiene que empezar una nueva vida solo o sola,

algunas personas pueden sentirse mejor antes de lo que esperaban, mientras que otras pueden

tomar más tiempo, el dolor ante la pérdida de una pareja o compañero de vida no es fácil, sin

embargo, es una tarea personal y de todos.

Si tiene hijos, recuerde que ellos también están sufriendo la pérdida. Tomará tiempo para que

toda la familia se adapte a la vida sin el cónyuge. Es posible que descubra que la relación con sus

hijos y las relaciones entre ellos han cambiado, es importante mantener una comunicación

abierta, asertiva y honesta, aprendiendo a reconocer en el otro su estado anímico y su propio

dolor.

Otro aspecto importante a señalar es como lidiar con la culpa, que es uno de los aspectos que

suelen ser más difíciles para los viudos, sobre todo por ese sentimiento de creer dentro de

nosotros que ya no nos importan, que ya no los amamos con la misma intensidad, con el mismo

compromiso y hasta pensar que pasan a ser solo parte de nuestro recuerdo, sumándole el carácter

social del que somos presa fácil, por el que dirán, por el juicio o el morbo de los demás, haciendo

este proceso de duelo aún más complicado.

Precisamente el tiempo es nuestro mejor aleado para mantener y sobre llevar nuestro duelo, sea

difícil, profundo o pasajero, cada persona es un mundo, y ese mundo tiene su propia e individual

manera de sobrevivir al dolor, sobre llevar el duelo y aceptar la perdida.

Por tal motivo, la aceptación significa ver y asimilar las cosas tal y como son en nuestro tiempo

presente, significa reconocer nuestra realidad tal cual es, una actitud salvadora y sanadora que

viene junto con la voluntad de ver lo que es, lo que fue, y aprender a vivir y estar en nuestro

momento presente, con quienes nos sobreviven.

El duelo no es una tarea fácil, siempre debemos estar abiertos a pedir ayuda de alguien cercano a

nosotros, de un terapeuta o de un especialista. El ser humano está preparado para afrontar estos

episodios gracias a la resiliencia, una fortaleza psicológica intrínseca que poseemos y que se define

como la capacidad de recuperarse frente a todas las adversidades, sin embargo, existen

profesionales que nos pueden ayudar a sobrellevar nuestra perdida y duelo.

Ciertamente “no podemos volver a tener a la persona amada entre nosotros o al lado nuestro,

pero sí podemos cambiar la actitud para sentirnos mejor con la perdida, debemos honrar a

nuestros muertos, en amor y aprender a vivir con nuestras ausencias”.

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