Sheinbaum,
Jornada Nacional de Reforestación 2026
Alberto Jiménez Merino
“...Siembro robles, pinos y
sicomoros, quiero llenar de frondas estas laderas, quiero que otros disfruten
de los tesoros, que darán estas plantas cuando yo muera”
R. Blanco Belmonte.
El excesivo aprovechamiento de recursos
naturales para satisfacer las necesidades humanas como vivienda, alimentación,
vestido, agua, energía, entre otras, sin la debida reposición, ha provocado
ruptura de ciclos ecológicos que afecta directamente a la vegetación, el suelo,
los manantiales, y la fauna terrestre y acuícola.
Al perderse la vegetación, se
pierde el suelo y con éste, se disminuye la capacidad de retención de la lluvia
y la capacidad productiva de bosques y áreas agrícolas. Luego, desaparecen los
manantiales y fuentes de agua, los animales silvestres, los peces de los ríos y
los cuerpos de agua.
No existe en México una
cultura ambiental que permita aprovechar racionalmente los recursos naturales,
porque el sistema educativo nacional no lo incluye de manera suficiente en los
contenidos curriculares y tampoco existen políticas públicas al respecto.
La reforestación, que se
reconoce como una de las mejores vías para la recarga natural de acuíferos y amortiguar
los efectos climáticos, no ha pasado de verse por los gobiernos y la sociedad
como la simple plantación de arbolitos. Los árboles urbanos pueden reducir
entre 2 y 3°C la temperatura de las ciudades, y la diferencia entre sol directo
y sombra puede ser entre 7 y 10 °C. El bióxido de carbono que absorben, y el
oxígeno que liberan los árboles, es esencial para la vida.
La reforestación en México,
como muchas necesidades, requiere de conocimiento y voluntad política. Por
ello, como mexicano destaco y felicito la iniciativa y voluntad política de la presidenta
de la república, Claudia Sheinbaum Pardo, para encabezar en Puebla este 9 de
agosto, junto con el gobernador ambientalista, Alejandro Armenta Mier, la Primera Jornada Nacional de Reforestación
2026, en la que participan todos los gobernadores del país y en la que se
proyecta plantar 6.5 millones de árboles.
Para recuperar las áreas
forestales hay varias estrategias como establecer áreas de exclusión, para evitar los efectos del pastoreo
incontrolado, y la adopción de siembra por semilla recubierta en forma manual o
con métodos masivos aéreos en áreas que son inaccesibles para la gente. San
Pedro Yeloixtlahuaca, Puebla, tiene un área de exclusión de 40 hectáreas.
En tanto, Japón, Canadá y
Australia han logrado plantar vía semilla, usando drones, entre 40 mil y 50 mil
plantas por día. Esto es de gran beneficio para recuperar más rápido áreas
afectadas por incendios forestales, así como también, para la resiembra de
pastizales y praderas deterioradas para mejorar la alimentación del ganado y la
recarga de manantiales.
KISIKI
Hai o Tocón vivo, es una innovación de Tanzania que consiste en
aprovechar los mejores brotes de los tocones de árboles cortados, para
reforestar sin volver a plantar; y, Daisugi
es una técnica japonesa de poda de árboles para tener varias cosechas de madera
de la misma planta y poder producir madera hasta por 700 años.
En Puebla no había árboles de
navidad antes del año 2000. Para 2001, se apoyaron los primeros proyectos en
Teotlalcingo, Chiautzingo, Tlahuapan, Chignahuapan y Aquixtla, lo que permitió
realizar en 2006 la primera Feria del Árbol de navidad y la esfera en el estado
de Puebla.
La producción de maderas finas
de cedro rojo y caoba fue impulsada por Teresa Arriaga Mora, con un grupo de
emprendedores de Jonotla, Tenampulco, Acateno y Hueytamalco que, en el año 2000,
establecieron plantaciones en 650 hectáreas. Para el 2016, empezaron a cosechar
sus árboles maduros. En solo 16 años los cedros y caobas tenían un grosor de 30
a 40 centímetros de diámetro para la cosecha de madera. Los árboles de vivero
de 2 años de edad, tuvieron hasta un tercio menos de grosor del tallo que los
nacidos por semilla directa. Este es un
gran ejemplo de proyectos a largo plazo que poco se apoyan en las políticas
públicas.
Por otra parte, la
reforestación con bambú tuvo su origen en la colonia Morelos, en Tenampulco,
Puebla, en el año 2000, como consecuencia del desbordamiento del río Apulco en
1999. Aquí, se puso la primera barrera de bambú para proteger a la comunidad. Más
de 1,000 hectáreas existen hoy en Puebla, con varios talleres de procesamiento
de sus derivados, un proyecto de 350 hectáreas impulsado por Volkswagen de
México, en Hueytamalco, como compensación ecológica por la fabricación de la
camioneta Tiguán, y un gran abasto de vara para tutores agrícolas de cultivo de
vid en Sonora y el norte del país.
Amado Martínez, fue el primer
plantador comercial de bambú en la Sierra Nororiente, y, Ana María Peña, la
primera mujer plantadora y promotora de cabañas turísticas de bambú. La
organización Tosepan, de Cuetzalan, construyó el primer hotel de Bambú en el
año 2007, y Ciro Medina, las primeras cabañas en Ayotoxco, a la orilla del Río
Metzonate. Asimismo, Domingo de la Rosa Martínez, es el creador del primer
bosque de Bambú en la Mixteca Poblana, plantado en la ribera del Río Huehuetlán
Grande en el año 2008.
Finalmente, la reforestación
con lichi, una fruta asiática de gran valor, inicio con 25 hectáreas en
comunidades de Tenampulco en el año 2000, impulsada por Moisés Pérez Luna,
buscando diversificarse ante los bajos precios del café. Entre 2001 y 2002, se
plantaron 100 hectáreas más de lichi en Nanacatepec, Metzonapa, Nopales y La
Unión, Ayotoxco. Actualmente, solo entre
Ayotoxco y Tenampulco, existen más de 300 hectáreas, y se han desarrollado
centros de acopio y empaque que generan empleo para cientos de poblanos.



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