Chapingo,
grandes privilegios y altos honores
Alberto Jiménez Merino
Ingresé a la preparatoria de
la Escuela Nacional de Agricultura, en 1975, siendo la generación más numerosa
de la historia con 1,350 alumnos, una iniciativa impulsada por el ingeniero
Aquiles Córdova Morán para que más hijos de campesinos tuvieran oportunidades
de estudio. En 1978, se creó la Universidad Autónoma Chapingo (UACH).
Estudié en Chapingo porque mi
vocación coincidió casualmente y porque tuve la oportunidad de contar con una
beca externa. Si no existiera Chapingo, no habría tenido oportunidad de ser
universitario. Este es un gran
privilegio para los hijos de los campesinos. No obstante las bondades que
nos brindó la universidad, uno no se explica por qué solo egresamos 720. Creo
que la proporción de egresados debe seguir muy semejante. Y no es un problema
de recursos, lo básico para estudiar está garantizado.
Cuando llegamos a Chapingo,
nos preguntaron para qué habíamos venido a estudiar. Mi respuesta y la de
muchos compañeros fue “venimos a prepararnos para luego regresar a nuestras
comunidades a ayudar a los campesinos, a nuestras familias, a salir adelante”.
Pero, la nueva realidad a la
que llegamos a Chapingo, cambia radicalmente los planes. En primer lugar,
porque las condiciones de vida así como los servicios asistenciales recibidos,
hacen todo para no querer volver a vivir las situaciones de precariedad
inherentes a nuestra condición social.
En segundo lugar, porque la
formación recibida en las aulas no permite, por sus contenidos temáticos,
vincular las realidades de nuestras comunidades con las oportunidades
profesionales y el emprendimiento. Los destinos laborales no estuvieron en
nuestros pueblos y no estarán mientras no se incluyan para su atención, al
menos un problema de cada una de nuestras comunidades de origen. La enseñanza y
la investigación, están alejadas de la problemática comunitaria. Visto así, el
privilegio de acceder a Chapingo, se desvanece.
La vida me dio la fortuna de
regresar a hacer algo por mi comunidad y por mi estado. En 1991d, derivado de investigaciones
realizadas en Chapingo, empecé a impulsar la producción de semillas de especies
forrajeras y la siembra de praderas para mejorar la alimentación y
productividad del ganado en la Mixteca Poblana. Eso me permitió llegar a conocer
a importantes actores políticos y tomadores de decisiones que me han dado el Privilegio de Servir a los poblanos.
Pero, antes, Chapingo me dio
varios honores. El primero, formarme
como Ingeniero Agrónomo Zootecnista, egresado en 1982 y, ese mismo año,
incorporarme como Técnico Académico “C”, en un programa de formación de
profesores, cuya actividad más destacada era auxiliar a profesores consagrados
a aligerar sus tareas cotidianas, igual que lo he visto en varias partes. Una
vez titulado, a finales de 1983 tuve el honor de ascender a Profesor-Investigador
de Tiempo Completo, un honor notablemente mayor. En 1984, después de una terapia
sindical para no trabajar más y rechazarla, establecí la Línea de Investigación
sobre Producción de Semillas Forrajeras, uno de los problemas nacionales más
críticos en el área pecuaria. Hubo un Convenio entre la UACH y los Fideicomisos
Instituidos con Relación a la Agricultura en el Banco de México (FIRA), para
trabajar en el trópico seco, en el Centro Demostrativo Ajuchitlán, en Guerrero,
de donde se transfirió tecnología aplicada a la Mixteca Poblana, en 1991.
La investigación realizada en
Chapingo en esta línea de investigación, me permitió dirigir 67 tesis
profesionales para la titulación de 107 pasantes de ingeniero agrónomo, entre los
años de 1984 a 1991. Algunas fueron investigaciones documentales que dieron
soporte a experimentos. No omito decir que la investigación documental se
consideraba relleno en la tendencia dominante de hacer experimentos como
verdadera investigación. Ya desde entonces, el artículo científico y la
publicación en revistas famosas tenía más valor que resolver problemas y
necesidades comunitarias. Ser investigador, asistir a congresos y aplicar
soluciones en mi estado, forma parte de los honores que me dio Chapingo.
En 1988, tuve el honor de
llegar a ser Director de la Facultad de Zootecnia y, el 2 de septiembre de 1990,
fui nombrado Director General Académico de la Universidad Autónoma Chapingo. ¡Grandes
honores en mi vida profesional! El 24 de octubre de ese mismo año, como
Director Académico y Secretario del H. Consejo Universitario de la UACH, recibí
la renuncia intempestiva del rector, Hugo Ramírez Maldonado.
Entonces, convocamos al H.
Consejo Universitario y, el 25 de octubre de 1990, por unanimidad, fui nombrado
Rector Interino de la UACH, hasta el 25 de abril de 1991. Este es uno de los más
altos honores para un universitario. Desde mi primera intervención, comuniqué
mi decisión de no postularme a elección alguna, cumpliría la función de transición
y realizar las nuevas elecciones. Siempre he creído que el interés colectivo
debe estar encima del interés personal.
En 2024, al cumplirse 100 años
de la instalación de la Escuela Nacional de Agricultura, en la Ex Hacienda de
Chapingo, hubo una reunión de Ex Rectores en la que me permití compartir un Decálogo para Chapingo del Futuro. Está
en la memoria de la reunión, espero tenga alguna utilidad.
Mientras tanto, reafirmo la
necesidad de revisar los mecanismos de gobierno universitario para mayor
establidad, mejorar la vinculación con el sector productivo nacional y NO a la
Reelección.



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