miércoles, 4 de diciembre de 2013

El Potrero, un mundo diferente III Josué Ortiz


Con el fin de 90 intensos minutos, los equipos se dirigen a sus bancas, o más correcto hacia la tribuna (si esta existe), orilla del campo o cualquier sitio donde hayan colocado sus cosas.


Tras las primeras palabras de aliento por el resultado o en su defecto las primeras miradas de enojo por parte del entrenador, no tarda en aparecer algún niño entusiasta, que a lo lejos, se puede ver su esfuerzo por balancearse, ante el peso que lleva en sus manos; el cartón de cheves.
Este cuadro que más bien es un rectángulo de 10 (si es medio), 20 o 24 cervezas (si lo trae completo) es colocado alrededor del equipo; y es sigilosamente comenzado a repartir entre los exhaustos jugadores.
Pocos son lo que se atreven a negarse a este refrescante privilegio; y los que lo hacen, se debe, en gran parte, a algún tipo de convenio que realizaron frente a su santo, virgen o creencia favorita, por sus anteriores excesos y parrandas; o definitivamente son los nuevos jugadores, los más jóvenes, los que aún se cuidan y aspiran a jugar en el circuito profesional.
Tras un par de cervezas, la discusión entre jugadores y cuerpo técnico, sobre lo que se debió realizar dentro del campo, sea cual sea el resultado, inicia.
Nunca falta quien empieza a arremeter contra el mal accionar del juez central, o por supuesto, el claro error que pudo haber inclinado la balanza, tanto para uno como para otro conjunto.
Otros temas importantes, y que no quedan al margen de la plática, son la buena actuación de este o de aquel jugador, o la manera que se contuvo el accionar, o lo pesado que fue el campo.
Al calor de los primeros cascos (envases) terminados, el ambiente tenso se disipa; las risas y las bromas hacen su aparición y todo es armonía dentro del grupo.
Uno a uno, comienzan a retirarse; algunos presionados por las llamadas de sus seres queridos (llámese novia o esposa, padres, madres e hijos); otros, porque no quieren continuar la parranda; no obstante, algunos entusiastas permanecen en pie de lucha y dejando ya el ánimo deportivo, comienzan a planear dónde comenzar la parranda.

0 comentarios:

Publicar un comentario

miércoles, 4 de diciembre de 2013

El Potrero, un mundo diferente III Josué Ortiz


Con el fin de 90 intensos minutos, los equipos se dirigen a sus bancas, o más correcto hacia la tribuna (si esta existe), orilla del campo o cualquier sitio donde hayan colocado sus cosas.


Tras las primeras palabras de aliento por el resultado o en su defecto las primeras miradas de enojo por parte del entrenador, no tarda en aparecer algún niño entusiasta, que a lo lejos, se puede ver su esfuerzo por balancearse, ante el peso que lleva en sus manos; el cartón de cheves.
Este cuadro que más bien es un rectángulo de 10 (si es medio), 20 o 24 cervezas (si lo trae completo) es colocado alrededor del equipo; y es sigilosamente comenzado a repartir entre los exhaustos jugadores.
Pocos son lo que se atreven a negarse a este refrescante privilegio; y los que lo hacen, se debe, en gran parte, a algún tipo de convenio que realizaron frente a su santo, virgen o creencia favorita, por sus anteriores excesos y parrandas; o definitivamente son los nuevos jugadores, los más jóvenes, los que aún se cuidan y aspiran a jugar en el circuito profesional.
Tras un par de cervezas, la discusión entre jugadores y cuerpo técnico, sobre lo que se debió realizar dentro del campo, sea cual sea el resultado, inicia.
Nunca falta quien empieza a arremeter contra el mal accionar del juez central, o por supuesto, el claro error que pudo haber inclinado la balanza, tanto para uno como para otro conjunto.
Otros temas importantes, y que no quedan al margen de la plática, son la buena actuación de este o de aquel jugador, o la manera que se contuvo el accionar, o lo pesado que fue el campo.
Al calor de los primeros cascos (envases) terminados, el ambiente tenso se disipa; las risas y las bromas hacen su aparición y todo es armonía dentro del grupo.
Uno a uno, comienzan a retirarse; algunos presionados por las llamadas de sus seres queridos (llámese novia o esposa, padres, madres e hijos); otros, porque no quieren continuar la parranda; no obstante, algunos entusiastas permanecen en pie de lucha y dejando ya el ánimo deportivo, comienzan a planear dónde comenzar la parranda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario