Huachicol, un término de
cuño reciente.
Hace algunas décadas dicho
vocablo no existía siquiera en el lenguaje cotidiano de los mexicanos en
general y de los poblanos en lo particular.
Recuerdo como si fuera ayer
cómo un día fui a visitar en una población de Yucatán a una prima lejana de mi
difunto padre.
Corría el año de mil
novecientos setenta y seis y quien esto escribe estaba por cumplir los ocho
años de edad, empero, jamás olvidaré la emoción que me causó conocer a mi tía
porque su esposo tenía fama –bien ganada, por cierto- de “contrabandista”.
Ansiaba ver a aquél hombre
que burlando a las autoridades hacendarias podía ingresar a nuestro país
grandes cantidades de mercancía de “contrabando”.
Es más, todavía tengo
presente cómo se le pidió a aquél tío incómodo por parte de mis progenitores
que les consiguiera un reproductor de tracks (que eran unos casetes enormes que
jamás permearon en el gusto del público) así como un par de vajillas de
porcelana china.
En mi tierna mente infantil conceptualizaba
a aquél personaje como el “capo di tutti capi” o sea, el mafioso más importante de
todos los tiempos.
Sin embargo, en la
actualidad dicho individuo sería considerado como un hombre “decente” comparado
con quienes lideran las organizaciones criminales dedicadas al trasunto de
drogas, a la trata de personas, al secuestro y a la extorsión, entre otros
delitos de alto impacto cuya sola mención conmocionan en lo más profundo a las
buenas conciencias mexicanas.
Y a esa lamentable lista de
delitos hoy por hoy se le suma el robo y tráfico de combustible de Petróleos
Mexicanos (PEMEX), que dejó de ser la empresa paraestatal que era el motor de
la economía nacional para convertirse en un lastimoso lastre que debemos mantener la mayoría de los
habitantes de la República.
Responsables de ese ilícito
lo son tanto quienes desde PEMEX no verifican que la presión en un punto en
particular de la red de oleoductos ha disminuido –síntoma inequívoco de la existencia
de una toma clandestina- así como quienes lo cometen y, sobre todo, quienes los
protegen desde las altas esferas del poder público.
Desgraciadamente, nuestra
amada Entidad Federativa se ha convertido en el paradigma del robo de
combustible a nivel nacional.
El tristemente célebre
“tríangulo rojo” conformado por los municipios de Tepeaca, Amozoc y Quecholac,
es tierra de nadie.
De manera francamente
inexplicable el gobierno que encabezo Rafael Moreno Valle Rosas poco o nada
hizo al respecto, omisión que ha dado pie a graves especulaciones que afirman
que durante el mandato del “Gober Bala” los hhuachicoleros no eran solo
tolerados sino incluso protegidos desde la oficina principal del CIS.
La detención del entonces
director de la Policía Estatal Preventiva así como de algunos mandos medios que
cobijaban descaradamente a los ladrones de combustible robado a Pemex, dejó muy
mal parada la imagen de Puebla y de los poblanos ante el resto de la Unión.
-“Es un asunto de carácter
federal, el Estado no tiene competencia, es la Procuraduría General de la República
la que debe intervenir en este caso” fue el pretexto utilizado durante más de
sesenta meses por parte del otrora “Señor de los Cerros” a guisa de tratar de
justificar su inacción en este asunto tan delicado que pone en riesgo la
seguridad de miles de familias ´poblanas.
Sólo el escándalo mediático
internacional hizo caer al hasta entonces poderoso e intocable Facundo Rosas
como Secretario de Seguridad Pública Estatal.
Vaya, ni el terrible caso de
Chalchihuapan –en el que falleció un menor de edad a manos de las fuerzas
policiacas estatales, ni mella le hizo a don Facundo.
Pero el tema del huachicol
si logró que por fin Moreno Valle ordenara –tardíamente, por cierto- el cambio
del responsable de velar por la seguridad de todos los habitantes del Estado.
Afortunadamente, durante la
gestión del Gobernador José Antonio Gali Fayad se están empezando a ver
resultados en la materia, mismos que nos hacen renacer nuestras esperanzas de
que este ilícito va a ser combatido con todo rigor por parte de las autoridades
poblanas.
Ya lo dijo el General
Cienfuegos, brillante Secretario de Defensa Nacional, que el combate al delito
es UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA entre los tres niveles de gobierno y que
ninguna autoridad puede excusarse bajo el absurdo argumento de que es
“responsabilidad de la federación”.
Los números no mienten, durante la gestión de
Moreno Valle no se combatió el robo de combustible de PEMEX.
Es más, hasta en gasolineras
bien establecidas se vendía combustible robado a bajo costo.
-“Las complicidades son más
fuertes que las amistades”, decía mi abuelita y, como siempre, el tiempo le dio
la razón.
Sinceramente quien esto
escribe tenía dudas del actuar de la nueva administración estatal en la
materia.
La designación del inefable Jesús
Morales como Secretario de Seguridad Pública Estatal dejó mucho que desear.
Aunque dicen los que saben
que quien maneja en realidad la Secretaría en mención en es un alto mando
militar y que “Chuchito” tan sólo aparece en las fotos.
Es pronto para hacer una
afirmación sobre el tema pero los resultados hasta esta data parecen
alentadores.
Sobre todo por el número de
ejecuciones efectuadas por las bandas del crimen organizado que se disputan la
plaza del robo de combustible ya tiene harta a la sociedad poblana.
No queremos más
complicidades en este tema sino un ataque frontal con todo el poder del Estado
para poner fin a este delito que tanto daño hace al tejido colectivo.
Pero, veremos y diremos,
Mientras tanto, yo ya le prendí
un cirio pascual al Santo Niño Huachicolero para solicitar su intervención
divina.
La próxima semana Themis
regresará más perversa que nunca sólo, por supuesto,



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