En la Inglaterra victoriana, hacer
sombreros era una profesión peligrosa. La exposición prolongada a los vapores
del nitrato de mercurio utilizado para la fabricación del fieltro, a menudo, en
talleres mal ventilados y sin medidas de seguridad, provocaba alteraciones en
el sistema nervioso de los artesanos. De ahí la frase Mad as a hatter,
Loco como un sombrerero. Tarrant Hightopp, El Sombrerero de Alicia en el país
de las maravillas, versión Tim Burton, estaba chiflado como una liebre de
marzo. —No estoy loco —se disculpaba —es sólo que mi realidad es diferente a la
tuya…
Hace tiempo que Enrique Peña Nieto saltó
de la silla del águila y se dejó caer por la madriguera del conejo por la que
antes cayó Alicia. Tocó fondo —¡cataplum! —en un medio sujeto a las leyes de la
subjetividad, no de la objetividad, donde la pobreza, la desigualdad, la
corrupción, la violencia, los rubros que dan cuenta del estado de salud de los
países se miden según el cristal con el que se mira. ¿Crisis? ¡La que tienen en su
mente! La
locura de Peña Nieto, no obstante, no es accidental sino deliberada. El
presidente está construyendo y creyéndose una realidad artificial que se ajusta
a su proyecto político. En el marco del foro ¿Por qué persiste la pobreza y la
desigualdad en México?, organizado por la Universidad Iberoamericana, en
Puebla, Julio Boltvinik señalaba la tergiversación de la realidad con fines
políticos: —Es una maniobra gigantesca para
ganar en el papel lo que no han podido ganar en la realidad —dijo, sobre la
manipulación de los indicadores para la medición de la pobreza. —¡Si el PRI
admitiera que hay más pobres, no podría revalidar la presidencia!
Mareado por los vapores mercuriales del
poder, Peña Nieto ha marcado una distancia insalvable entre su fantasía y
la realidad. La gran tragedia del sexenio peñista, el común denominador de
todas sus tragedias, es su falta de sensibilidad política y social. Ésta falta
de tacto conduce a la torpeza, a la equivocación, al deterioro de la
investidura presidencial, a la pérdida de confianza en las instituciones del
Estado; aumenta el enojo social. Si la crisis integral mexicana fuera un tema
de percepción, como afirma el presidente, una buena estrategia de comunicación
podría orientar la opinión pública en un sentido más favorable. Los expertos a
sueldo de la presidencia, no obstante, han fallado en establecer sus puntos de
vista en las redes sociales, la plaza pública de nuestros tiempos, donde se
juzga y se condena en tiempo real. El mandatario ha cedido su derecho de
réplica a los peñabots. Sin diálogo, el presidente
parlotea solo…
—Conozco un lugar como ninguno; un lugar
lleno de maravilla, misterio y peligro —contaba Tarrant Hightopp. —Para
sobrevivir ahí, tienes que estar tan loco como un sombrerero. ¡Afortunadamente,
yo lo estoy!
Enrique Peña Nieto nos invita a
conocer un mundo no menos incierto que el de El Sombrerero, nos invita a
conocer su realidad. ¡El presidente nos propone volvernos
locos todos!



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