miércoles, 5 de abril de 2017

Locura presidencial Por Francisco Baeza

Francisco Baeza [@paco_baeza_] . 4 de abril de 2017.

En la Inglaterra victoriana, hacer sombreros era una profesión peligrosa. La exposición prolongada a los vapores del nitrato de mercurio utilizado para la fabricación del fieltro, a menudo, en talleres mal ventilados y sin medidas de seguridad, provocaba alteraciones en el sistema nervioso de los artesanos. De ahí la frase Mad as a hatter, Loco como un sombrerero. Tarrant Hightopp, El Sombrerero de Alicia en el país de las maravillas, versión Tim Burton, estaba chiflado como una liebre de marzo. —No estoy loco —se disculpaba —es sólo que mi realidad es diferente a la tuya…

Hace tiempo que Enrique Peña Nieto saltó de la silla del águila y se dejó caer por la madriguera del conejo por la que antes cayó Alicia. Tocó fondo —¡cataplum! —en un medio sujeto a las leyes de la subjetividad, no de la objetividad, donde la pobreza, la desigualdad, la corrupción, la violencia, los rubros que dan cuenta del estado de salud de los países se miden según el cristal con el que se mira. ¿Crisis? ¡La que tienen en su mente! La locura de Peña Nieto, no obstante, no es accidental sino deliberada. El presidente está construyendo y creyéndose una realidad artificial que se ajusta a su proyecto político. En el marco del foro ¿Por qué persiste la pobreza y la desigualdad en México?, organizado por la Universidad Iberoamericana, en Puebla, Julio Boltvinik señalaba la tergiversación de la realidad con fines políticos: —Es una maniobra gigantesca para ganar en el papel lo que no han podido ganar en la realidad —dijo, sobre la manipulación de los indicadores para la medición de la pobreza. —¡Si el PRI admitiera que hay más pobres, no podría revalidar la presidencia!

Mareado por los vapores mercuriales del poder, Peña Nieto ha marcado una distancia insalvable entre su fantasía y la realidad. La gran tragedia del sexenio peñista, el común denominador de todas sus tragedias, es su falta de sensibilidad política y social. Ésta falta de tacto conduce a la torpeza, a la equivocación, al deterioro de la investidura presidencial, a la pérdida de confianza en las instituciones del Estado; aumenta el enojo social. Si la crisis integral mexicana fuera un tema de percepción, como afirma el presidente, una buena estrategia de comunicación podría orientar la opinión pública en un sentido más favorable. Los expertos a sueldo de la presidencia, no obstante, han fallado en establecer sus puntos de vista en las redes sociales, la plaza pública de nuestros tiempos, donde se juzga y se condena en tiempo real. El mandatario ha cedido su derecho de réplica a los peñabots. Sin diálogo, el presidente parlotea solo…

—Conozco un lugar como ninguno; un lugar lleno de maravilla, misterio y peligro —contaba Tarrant Hightopp. —Para sobrevivir ahí, tienes que estar tan loco como un sombrerero. ¡Afortunadamente, yo lo estoy!


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miércoles, 5 de abril de 2017

Locura presidencial Por Francisco Baeza

Francisco Baeza [@paco_baeza_] . 4 de abril de 2017.

En la Inglaterra victoriana, hacer sombreros era una profesión peligrosa. La exposición prolongada a los vapores del nitrato de mercurio utilizado para la fabricación del fieltro, a menudo, en talleres mal ventilados y sin medidas de seguridad, provocaba alteraciones en el sistema nervioso de los artesanos. De ahí la frase Mad as a hatter, Loco como un sombrerero. Tarrant Hightopp, El Sombrerero de Alicia en el país de las maravillas, versión Tim Burton, estaba chiflado como una liebre de marzo. —No estoy loco —se disculpaba —es sólo que mi realidad es diferente a la tuya…

Hace tiempo que Enrique Peña Nieto saltó de la silla del águila y se dejó caer por la madriguera del conejo por la que antes cayó Alicia. Tocó fondo —¡cataplum! —en un medio sujeto a las leyes de la subjetividad, no de la objetividad, donde la pobreza, la desigualdad, la corrupción, la violencia, los rubros que dan cuenta del estado de salud de los países se miden según el cristal con el que se mira. ¿Crisis? ¡La que tienen en su mente! La locura de Peña Nieto, no obstante, no es accidental sino deliberada. El presidente está construyendo y creyéndose una realidad artificial que se ajusta a su proyecto político. En el marco del foro ¿Por qué persiste la pobreza y la desigualdad en México?, organizado por la Universidad Iberoamericana, en Puebla, Julio Boltvinik señalaba la tergiversación de la realidad con fines políticos: —Es una maniobra gigantesca para ganar en el papel lo que no han podido ganar en la realidad —dijo, sobre la manipulación de los indicadores para la medición de la pobreza. —¡Si el PRI admitiera que hay más pobres, no podría revalidar la presidencia!

Mareado por los vapores mercuriales del poder, Peña Nieto ha marcado una distancia insalvable entre su fantasía y la realidad. La gran tragedia del sexenio peñista, el común denominador de todas sus tragedias, es su falta de sensibilidad política y social. Ésta falta de tacto conduce a la torpeza, a la equivocación, al deterioro de la investidura presidencial, a la pérdida de confianza en las instituciones del Estado; aumenta el enojo social. Si la crisis integral mexicana fuera un tema de percepción, como afirma el presidente, una buena estrategia de comunicación podría orientar la opinión pública en un sentido más favorable. Los expertos a sueldo de la presidencia, no obstante, han fallado en establecer sus puntos de vista en las redes sociales, la plaza pública de nuestros tiempos, donde se juzga y se condena en tiempo real. El mandatario ha cedido su derecho de réplica a los peñabots. Sin diálogo, el presidente parlotea solo…

—Conozco un lugar como ninguno; un lugar lleno de maravilla, misterio y peligro —contaba Tarrant Hightopp. —Para sobrevivir ahí, tienes que estar tan loco como un sombrerero. ¡Afortunadamente, yo lo estoy!


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