1ª. parte
Alberto Jiménez Merino
Ex Rector de la
Universidad Autónoma Chapingo
La pirámide productiva agroalimentaria
de México tiene una base de 85 por ciento de productores de autoconsumo, solo
15 por ciento producen excedentes y
únicamente un 5 por ciento son exportadores. La base, generalmente ha estado
olvidada por la educación, la investigación y las políticas públicas.
En México, el campo es la
principal fuente de alimentos, empleo e ingreso para la población rural, y de
agua para los centros de población urbana. Es aún la fuente inexplorada más
importante de riqueza y es el origen de la mayoría de los alimentos y materias primas para la
industria.
En las 750 microrregiones
del país, la Agricultura Nacional incluye 850 productos que se recolectan, cultivan o
cazan y se agrupan en cerca de 50 cadenas productivas y de valor, no siempre
integradas o desarrolladas en las distintas regiones o estados del país.
Existen 31 mil 500 ejidos,
con 3 millones 100 mil sujetos agrarios que poseen 103 millones de hectáreas, es
decir, el 52 por ciento del territorio nacional. México cuenta con más de 5
millones de unidades productivas rurales (UPR), pero 2.5 millones tienen superficies
menores a dos hectáreas.
La problemática del campo
mexicano se caracteriza por la avanzada edad de los campesinos con escolaridad
menor a 4 años, parcelas pequeñas,
predominancia de temporal, escaso riego y de forma tradicional, con
incipiente integración productiva, en donde todos hacen de todo por carecer de
servicios técnicos especializados.
No hay un suficiente
desarrollo organizacional y empresarial
en el sector, lo cual ha dificultado la
obtención de mejores rendimientos y volúmenes mínimos suficientes para acceder
a los mercados.
El cambio climático y el avanzado
deterioro ambiental que hemos permitido han provocado la pérdida de la mitad
del agua disponible para cada mexicano desde 1950. Se ha perdido el 90 por
ciento de la pesca ribereña, el 80 por ciento de la materia orgánica del suelo
y el 50 por ciento de las especies de mamíferos terrestres.
La cobertura de agua potable
es cercana al 92 por ciento, el alcantarillado de 90 por ciento y la
infraestructura de tratamiento de aguas residuales es tan solo de 63 por
ciento, pero la mitad de la infraestructura de tratamiento instalada no
funciona por problemas presupuestales. En el caso de las aguas residuales,
el 37 por ciento se descargan a
barrancas y ríos sin ningún tratamiento.
En nuestro país predomina la
comercialización de materias primas con escaso valor agregado, alto grado de
intermediación, llegando a ser ésta hasta de 5 manos antes de llegar al
consumidor.
También se pierden 540
millones de toneladas de suelo y 600 mil hectáreas de áreas forestales cada
año. Se estima que cada kilogramo de maíz producido cuesta cerca de 13 kg de
suelo.
Las importaciones
alimentarias superan el 50 por ciento de las necesidades nacionales anuales;
tan solo en maíz se importan más de 11 millones de toneladas, lo que representa
el 33 por ciento de nuestro consumo.
Asimismo, se importa el 50
por ciento de la carne de bovino, el 65
del trigo, el 75 del arroz y el 98 de soya.
En 21 mil ejidos de los 31
mil 500 existentes en México, los jóvenes ya no se están incorporando al campo
según datos de la Encuesta Nacional Agropecuaria.
Las necesidades de los
pobres no se encuentran en los contenidos del sistema educativo nacional; no se
enseña el conocimiento de los recursos naturales, no se capacita para la vida y
el trabajo y, no se está enseñando independencia financiera a los jóvenes.
Por falta de capacitación y
asistencia técnica en el campo mexicano,
se estima una pérdida anual de 20 mil
millones de pesos, monto mayor a lo que se destina para el PROAGRO, en insumos
de más y trabajo innecesario.
Lamentablemente, casi
siempre, al campo se le ha visto como una carga presupuestal y su atención es
marginal con apoyos materiales predominantemente asistencialistas,
desarticulados e insuficientes y con un gran menosprecio a los apoyos
intelectuales; capacitación, asesoría técnica e innovación por lo que ha sido
muy difícil desarrollarlo.
Una de las principales tareas
del nuevo Gobierno de la República será el tema del campo, mejorar la
productividad, el ingreso de los productores rurales y el de sus familias
aprovechando, de manera sustentable, los recursos naturales, las capacidades
innovadoras de las instituciones educativas y de investigación y, de los
actores productivos, con el apoyo de políticas públicas establecidas.
A invitación de los
organizadores del Congreso Nacional sobre Políticas, Programas y Apoyos para el
Rescate del Campo Mexicano, que se realiza del 5 al 7 noviembre de 2018, en la
Universidad Autónoma Chapingo, me permito compartir con mis amables lectores algunas
propuestas las cuales publicaré en la siguiente entrega.



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