Columna Un Nuevo Comienzo
México
reducido al reino de los gansos, me canso ganso.
Alberto
Jiménez Merino
Ex Candidato a Gobernador de
Puebla
Antes estábamos muy bien
pero era mentira, hoy estamos muy mal pero es verdad.
Soy uno de los mexicanos que
apoyó a José Antonio Meade, aunque nunca se acordó, a juzgar por el reciente
proceso de Puebla.
He sido hombre de
convicciones no de ambiciones insanas, ni conveniencias vergonzantes.
Soy uno de los primeros
mexicanos que felicitó públicamente a Andrés Manuel López Obrador cuando ganó
con el voto ciudadano la Presidencia de la República porque creo que si le va
bien al presidente le va bien a México.
Fui el primer poblano que
felicitó públicamente a Luis Miguel Barbosa cuando las tendencias no me
favorecían para gobernador de Puebla, el pasado 2 de junio.
Me alquilo para servir, sin
ser servil, pero no me vendo. No levanto manos fácilmente, sin sustento. Siempre he buscado y promovido la forma de
ayudar a la gente.
Creo que es muy fácil ser el
mejor, cuando tomas lo mejor de los antecesores, cuando revisas la historia,
cuando con humildad reconoces lo que se hizo bien, desechas lo malo e
implementas lo que mejora el estado de las cosas.
Es muy fácil ser el mejor,
cuando no te pones a competir con el antecesor ni con nadie. Cuando das lo
mejor de ti para obtener lo mejor de los demás.
Cuando tienes la capacidad de reconocer que nadie llegó por tonto ni
para hacerse tonto. El campeonato de tonto no se pelea, sólito llega.
Hace unos años leí el libro Reducido al reino de los Pingüinos, de
Bárbara Gallagher Hateley, publicado en el año 2000. Es una fábula que refiere
sobre la compra de una máquina para el reino, venía desarmada en un en un
barco, pero antes de llegar al puerto hubo una tormenta que provocó la pérdida
del manual.
El rey pingüino convocó a
todos los grupos para resolver el problema. Los grupos estaban conformados por
aves. Todos estaban ansiosos de ayudar. Cada uno tenía su estilo, capacidad y
experiencia.
Los loros dijeron que lo
harían en pocos días, pero resultaron ser puro perico. No pudieron hacerlo. Los
gavilanes muy presuntuosos se ofrecieron a ayudar y tampoco pudieron. Los
cisnes muy exquisitos y elegantes entraron al quite y tampoco lo lograron.
La paloma, mesurada y
calculadora, desde el inicio, propuso que se tomara al mejor de cada parvada
para hacer un gran equipo y así resolver el problema. Pero el rey no le hizo
caso como casi siempre pasa. El jefe siempre tiene la razón. Me canso ganso.
Cuando pasaron todas las
parvadas y después de varios fracasos, la paloma siguió insistiendo y
finalmente convenció al rey de formar un equipo con los mejores de cada grupo. Y
así, lograron armar lo que resultó ser un explorador submarino, que identificó
extraordinarios recursos en el mar de las oportunidades.
La conclusión más importante
de esta fábula es que no se puede etiquetar a nadie en función de nacionalidad,
raza, sexo, religión, creencias políticas, posición social o profesión.
En todos los grupos hay muy
buenos, buenos, regulares, malos y muy malos. Y aplica a familias,
organizaciones, pueblos, universidades, empresas, partidos políticos, instituciones,
profesiones. Nadie está exento.
Por eso señor presidente, no
se puede dividir a México entre chairos y fifís, entre el pueblo bueno y el
pueblo malo, entre conservadores, liberales y neo liberales. Sus conceptos están
muy equivocados y más, porque aunque solo votó por usted el 30 por ciento de la
población, asumimos que bajo las reglas actuales es el presidente de todos.
No todos somos corruptos,
pero los que son, castíguelos y no ande espantándolos con el petate del muerto.
Cada quien sabe sus derechos y responsabilidades. Observe, y no sólo vea; escuche,
y no sólo oiga.
La población quiere
resultados. A mí me enseñaron que los recursos del gobierno son para atender
las necesidades de la gente. Y no se trata de ahorrar, lo que se requiere es
aplicar bien los recursos o reorientarlos para ampliar metas. Esto ocurre
cuando el diagnóstico y la planeación son correctas. Mucha gente no pide que le
den, solo quiere que le digan cómo. Pero la capacitación y asesoría son lo más
olvidado por gobiernos electoreros, en todos los partidos.
Señor presidente, ya
olvídese de Peña, de Calderón, de Fox. Bien o mal ellos ya tienen un lugar en
la historia. No diga que le heredaron problemas, nadie es tan generoso para
eso. Haga su propia historia, castigue a los corruptos sean quienes sean, pero
también a los voraces como su correligionario de Baja California que se amplió
su periodo de gobierno. Eso es no tener jefa.



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