Crisis
Mundial del Agua y Congreso Nacional Campesino en México
Alberto Jiménez Merino
Director
del Centro de Innovaciones
Agroalimentarias y Tecnológicas (CIAT) Puebla
Actualmente 17 países en
donde vive un cuarto de la población mundial enfrentan un stress hídrico
extremadamente alto; esto significa que están utilizando toda el agua
disponible, según Somini Sengupta y Weiyi Cai (New York Times, 2019 con datos
del Instituto Mundial de Recursos).
En estos países hay 33
ciudades con una población total de 250 millones de personas, con graves
problemas de escasez hídrica entre las que se encuentran Sao Paulo, Brasil;
Chennai, India y Ciudad del Cabo, Sudáfrica, esta última en 2018 apenas pudo
superar el Día Cero cuando las fuentes se secan por completo.
Más de 2 mil millones de
personas carecen de agua potable y la escasez afecta ya a 4 de cada 10
persona. El 90 por ciento de los
desastres naturales están relacionados con el agua y 80 por ciento de las aguas
residuales se descargan al ecosistema sin ser tratadas o reutilizadas de
acuerdo con un reporte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Agua en 2017.
El agua, la base de la vida
y de toda la actividad económica de los pueblos, está reduciendo rápidamente su
disponibilidad y amenazando el desarrollo de las comunidades, la gobernabilidad
y comprometiendo el futuro de las nuevas generaciones.
Hay muchos estudios, muchos
diagnósticos, muchos avisos y señales de esta gran problemática. Pero nadie les hace caso. Las
prioridades nacionales y las agendas políticas no las incluyen. La mejor prueba
son los presupuestos en los tres órdenes de gobierno, de todos los colores. No
se incluye el problema en las agendas de los partidos, ni siquiera en los
verdes. Sólo el Partido Revolucionario Institucional (PRI), su nueva dirigencia
ya lo trae. Preocupan más las prerrogativas que los problemas nacionales.
Tener ríos y playas limpias
parece hoy sólo una ilusión ante la falta de contenidos educativos que formen
mejores ciudadanos con una nueva cultura
frente al manejo de los residuos sólidos, el cuidado y manejo racional del
agua, el aprovechamiento extractivo de
los recursos forestales, faunísticos y las malas prácticas agrícolas o
ganaderas que han erosionado los suelos, su capacidad productiva y de
almacenamiento de agua para la recarga de los acuíferos.
Por supuesto que todo lo
anterior se hace más crítico por la falta de políticas públicas o de los
presupuestos correspondientes, para atender las necesidades fundamentales.
También por el desconocimiento o falta de voluntad de gobernantes que, buscando
honor y gloria, se han olvidado de las prioridades sociales y ambientales,
empeorando más la situación del sector hídrico.
Es muy, muy cierto que la
seguridad pública, el empleo y el combate a la pobreza ocupan el centro de las
preocupaciones. Pero el agua es el origen mismo de muchas soluciones que
permitan lograr mejores niveles de salud, oportunidades de trabajo y
productividad para generar riqueza.
En el marco del Congreso de
la Confederación Nacional Campesina 2019 me permito presentar algunas
propuestas a la mesa sobre Re definición de la Política Agropecuaria Nacional.
Con estas se busca fortalecer la Seguridad Alimentaria, recuperar los recursos
naturales y elevar la productividad del sector primario. Se requieren acciones
que mejoren el abasto de agua potable en cantidad y calidad para la población, reducir
las pérdidas en la conducción, instalar drenaje y revisar los sistemas de
tratamiento-reúso de aguas residuales que hoy se descargan a ríos sin ningún
rubor.
Promover la reforestación por
semilla de las áreas de captación de lluvia para la recarga de acuíferos,
fortalecimiento de los existentes y recuperación de los agotados. No hay forma
más efectiva para recargar acuíferos que contar con vegetación que en 6 a10
años empiecen a tener efectos significativos en los arroyos. También promover
la jardinería sin riego en áreas verdes, vialidades y parques públicos con
especies resistentes a sequía.
Impulsar acciones de recarga
artificial de acuíferos mediante la captación de la lluvia en las partes altas
de las cuencas e impulsar la agricultura de conservación como estrategia para
aprovechar mejor la lluvia y elevar la productividad en las zonas de temporal.
Apoyar el tratamiento de
aguas residuales con rehúso definido previamente como una fuente de retorno de inversiones,
concretando ciclos productivos específicos además de revisar la normatividad
que motive al tratamiento de las aguas más que su extracción del subsuelo.
Entubamiento de presas y tecnificación
del riego agrícola que facilite la organización de productores, el trabajo
colectivo, mejore la productividad y libere volúmenes para uso público urbano a
fin de atender las necesidades más urgentes de la población.
La crisis del agua es la
crisis más grave de la humanidad.



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