Columna Un Nuevo Comienzo
Lecciones
de desarrollo y economía, cuando yo tenía otros datos
Alberto
Jiménez Merino
Director
Centro de Innovaciones Agroalimentarias
y Tecnológicas (CIAT) Puebla
Una mujer humilde de 70 años
caminaba descalza entre el contingente que me acompañaba durante la campaña
para gobernador de Puebla, en el municipio de Atzitzintla. Había decidido darle
un apoyo para unos zapatos y alguien, casi al mismo tiempo también me lo
sugirió.
Me acerqué con discreción y
le pregunté, ¿le puedo ayudar para unos zapatos? Y me dijo “no”, nunca he usado.
¿Le puedo ayudar en algo?, me dijo “sí, no tengo para ir al médico, siento un fuerte
dolor en un costado”.
Hace varios años leí el libro
de Paul Pollack, Como eliminar la pobreza. De todo lo revisado hasta ahora,
creo que es lo mejor que he visto. Propone aprovechar los recursos disponibles
y adoptar tecnologías de bajo costo para ir creando soluciones productivas en
forma gradual.
Pero lo más importante que
propone Paul Pollack, es que si en verdad quieres ayudar a alguien, pregúntale
cómo. No adivines. No creas que lo sabes. No supongas. Por eso pregunté en el caso que menciono.
Siendo ingeniero agrónomo
tuve, al igual que la mayoría de profesionistas, la ilusión de que en verdad
iba a enseñarles algo a las personas. Es una falsa ilusión. Muy pocas cosas
pueden ser enseñadas. Todo es un aprendizaje conjunto. Todos aprendemos de
todos, todos los días.
Una vez llegué a casa a
saludar a mi familia. Uno de mis hermanos me dijo, ya tenemos luz, agua potable
y drenaje, ya estamos mejor. Ahora lo que nos falta es con qué pagar el recibo.
El gobierno bien o mal se ha preocupado por el bienestar. Pero casi no se ha
preocupado por generar riqueza ni por el desarrollo humano.
Los presupuestos públicos requieren
considerar las necesidades básicas de bienestar; servicios públicos, apoyos
alimentarios, educación, seguridad pública, vivienda y salud.
Pero deben incluir también
estímulos para la generación de empleo, desarrollo de infraestructura pública,
y fomento productivo que permita la obtención de recursos económicos para
sostener el bienestar y promover el desarrollo de las familias hacia mejores
condiciones de vida.
Para el fomento productivo es
fundamental contar servicios técnicos, capacitación, asesoría y estímulos
económicos directos, acceso a tecnología, financiamiento y apoyos a
comercialización. Esta es la pata de la mesa que ha permanecido corta por falta
de voluntad de los gobiernos.
En otra ocasión y con el
propósito de ayudar a mis hermanos, nos reunimos y les propuse desarrollar un
proyecto. Lo pusimos en marcha y al poco tiempo se tuvo que cancelar porque no
estaba funcionando. Así pasó con otros tres proyectos más.
Unos años después, en una
reunión revisamos qué había sucedido con los proyectos. Uno de los reclamos más
grandes fue “es que siempre has venido a decir lo que hay que hacer, no nos has
preguntado que queremos. Tú lo sabes porque eres ingeniero agrónomo, pero
nosotros no”.
El que ayuda no quiere
perder la tentación de poner condiciones, pero muchas veces se equivoca porque
supone o quiere jugar al adivino. Se equivocan los que apoyan porque no
preguntan y generalmente no conocen las necesidades de la gente.
Entre mis mayores errores
profesionales iniciales se cuentan el querer impresionar a los oyentes o
lectores con conceptos e información abundante que poco aportaban a su interés.
También ha sido un error,
suponer que todos saben, ven o tienen lo mismo que tú. Sin saber que todos
somos diferentes. Un error garrafal es olvidar la escolaridad de la gente y, por
ello la demostración y el ejemplo son de mayor impacto cuando se trata de
cambiar actitudes y aptitudes.
Simplificar el lenguaje,
explicar con mayor paciencia y ponerse en los zapatos de los otros ha sido algo
que cuando lo puse en práctica tuve mejores resultados en lo que buscaba.
Ayudar a los jóvenes a
fortalecer su estima, su carácter, su capacidad y orientarlos para elegir su
destino diciéndoles lo que pueden llegar a ser, es algo que no puede faltar en
la orientación vocacional.
Comparto estos conceptos
porque considero que a mi único y leal lector puede serle útil. Son lecciones
que he recibido en mi quehacer diario y no las he visto en libros ni escuchado
en aulas. Tampoco pretendo ofender la
inteligencia de nadie, sé que muchos saben esto y más.



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