lunes, 14 de febrero de 2022

La Inteligencia Emocional de los Gobernantes


 Columna Un Nuevo Comienzo


La Inteligencia Emocional de los Gobernantes


Alberto Jiménez Merino


Enojarse es muy fácil, pero enojarse con la persona correcta, en el lugar correcto,

por el motivo correcto, con la intensidad correcta, eso es muy difícil, según Daniel

Goleman, autor del libro Emotional Intelligence, publicado en 1995.

La emoción es la alteración del ánimo, de manera intensa o pasajera, agradable o

penosa (Alberto Briceño, 2004). La inteligencia emocional, de acuerdo con este

autor, es la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos

propios y ajenos.

En el servicio público y en la vida diaria, ponerse en los zapatos de los otros y

escucharlos con atención, representa más del 90 por ciento del éxito de las

decisiones o acciones resultantes, más aún, cuando no se tiene conocimiento del

problema a atender. Muchas disculpas se pueden evitar, si se piensa unos

segundos antes de hablar.

Es recomendable separar los problemas que no dependen de nosotros y en los

que no podemos influir, de aquellos en los que sí podemos hacer algo. No sudar

una calentura ajena, ni enfermarse por lo que otros comen.

Inteligencia emocional es la capacidad para resistirnos a reaccionar de manera

impulsiva e irreflexiva, actuando en lugar de ello, con receptividad y participando

de esa manera en la promoción de una comunicación sin barreras.

Enseñar a desarrollar la inteligencia emocional en las personas es también una

tarea pendiente del Sistema Educativo Nacional junto a otras tareas también

pendientes que ya hemos señalado como la educación financiera, alimentaria,

ambiental, ética-cívica.

Los mejores resultados en las decisiones personales se obtienen cuando

existe la capacidad para controlar las emociones.

Mantener la calma ante las adversidades es la mayor fortaleza de un ser humano

porque le permite decidir con mayor posibilidad de éxito. Sin olvidar que el valor es

el control del miedo, no su ausencia.

No debemos olvidar que 9 de cada10 personas en el mundo están compitiendo,

unos contra otros, por ser los mejores en los diversos ámbitos y aspectos de la

vida, de acuerdo con Denis Waitley, y desconociendo que todos somos distintos,

por lo que es muy difícil saber quién es mejor que quién, a menos que la

comparación sea para una misma actividad o función.


Y, sin embargo, la vida es una competencia feroz que inicia desde la cuna, entre

los integrantes de la familia, en la escuela, en los deportes, en el trabajo, en la

calle y se hace más evidente en la vida pública, en los distintos órdenes de

gobierno, en y entre los tres poderes y en los partidos políticos.

No hay un solo ser humano que le guste escuchar sus errores y muy pocos tienen

el valor de decirlos para no meterse en problemas. No hay una sola persona que

no tenga la tentación de sentirse importante, porque la motivación y la autoestima

son fundamentales para la vida y el desarrollo personal.

Por eso el poder, los cargos públicos, aún los más modestos, transforman a las

personas y la gente lo nota con el muy común dicho “ya se le subió”

Por la forma como se conducen algunos funcionarios, pareciera que se esfuerzan

en fallar. Resaltar y recordar a cada rato quien es el que manda, solo muestra un

alto nivel de inseguridad interior y convertir el posible respeto existente en temor,

fórmula inequívoca para perderlo, y perder la oportunidad de lograr lo esperado en

el cargo desempeñado.

Echar la culpa a los otros cuando se tiene el poder, y todos los elementos de

decisión y ejecución de acciones que enderecen lo chueco y potencien lo correcto,

es un símbolo claro de inmadurez.

Corregir subordinados en público, mandar mensajes a través de los medios y

querer ser el centro de atención de todo, es una gran muestra de egolatría e

inexperiencia que termina por crear ambientes laborales nocivos para la buena

marcha del gobierno y la buena atención a los ciudadanos.

En el ejercicio del cargo público, saber escuchar es básico. Escuchar a quien trae

un problema o una inquietud. Escuchar a los que saben sobre ese problema.

Escuchar para dar una atención y para aprender un poco más. Muchas personas

de la sociedad, solo buscan ser escuchadas, pero si se puede atender y resolver

su problema, es mejor.

Nos hemos excedido de crítica, pero nos falta mucha autocritica. Y,

fundamentalmente, falta mucha propuesta y acción ciudadana.

En lugar de preguntar qué hace México por mí, tendríamos que estar preguntando

que hacemos nosotros por México.

México, tenemos una opción, vamos a calmarnos y unirnos.

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lunes, 14 de febrero de 2022

La Inteligencia Emocional de los Gobernantes


 Columna Un Nuevo Comienzo


La Inteligencia Emocional de los Gobernantes


Alberto Jiménez Merino


Enojarse es muy fácil, pero enojarse con la persona correcta, en el lugar correcto,

por el motivo correcto, con la intensidad correcta, eso es muy difícil, según Daniel

Goleman, autor del libro Emotional Intelligence, publicado en 1995.

La emoción es la alteración del ánimo, de manera intensa o pasajera, agradable o

penosa (Alberto Briceño, 2004). La inteligencia emocional, de acuerdo con este

autor, es la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos

propios y ajenos.

En el servicio público y en la vida diaria, ponerse en los zapatos de los otros y

escucharlos con atención, representa más del 90 por ciento del éxito de las

decisiones o acciones resultantes, más aún, cuando no se tiene conocimiento del

problema a atender. Muchas disculpas se pueden evitar, si se piensa unos

segundos antes de hablar.

Es recomendable separar los problemas que no dependen de nosotros y en los

que no podemos influir, de aquellos en los que sí podemos hacer algo. No sudar

una calentura ajena, ni enfermarse por lo que otros comen.

Inteligencia emocional es la capacidad para resistirnos a reaccionar de manera

impulsiva e irreflexiva, actuando en lugar de ello, con receptividad y participando

de esa manera en la promoción de una comunicación sin barreras.

Enseñar a desarrollar la inteligencia emocional en las personas es también una

tarea pendiente del Sistema Educativo Nacional junto a otras tareas también

pendientes que ya hemos señalado como la educación financiera, alimentaria,

ambiental, ética-cívica.

Los mejores resultados en las decisiones personales se obtienen cuando

existe la capacidad para controlar las emociones.

Mantener la calma ante las adversidades es la mayor fortaleza de un ser humano

porque le permite decidir con mayor posibilidad de éxito. Sin olvidar que el valor es

el control del miedo, no su ausencia.

No debemos olvidar que 9 de cada10 personas en el mundo están compitiendo,

unos contra otros, por ser los mejores en los diversos ámbitos y aspectos de la

vida, de acuerdo con Denis Waitley, y desconociendo que todos somos distintos,

por lo que es muy difícil saber quién es mejor que quién, a menos que la

comparación sea para una misma actividad o función.


Y, sin embargo, la vida es una competencia feroz que inicia desde la cuna, entre

los integrantes de la familia, en la escuela, en los deportes, en el trabajo, en la

calle y se hace más evidente en la vida pública, en los distintos órdenes de

gobierno, en y entre los tres poderes y en los partidos políticos.

No hay un solo ser humano que le guste escuchar sus errores y muy pocos tienen

el valor de decirlos para no meterse en problemas. No hay una sola persona que

no tenga la tentación de sentirse importante, porque la motivación y la autoestima

son fundamentales para la vida y el desarrollo personal.

Por eso el poder, los cargos públicos, aún los más modestos, transforman a las

personas y la gente lo nota con el muy común dicho “ya se le subió”

Por la forma como se conducen algunos funcionarios, pareciera que se esfuerzan

en fallar. Resaltar y recordar a cada rato quien es el que manda, solo muestra un

alto nivel de inseguridad interior y convertir el posible respeto existente en temor,

fórmula inequívoca para perderlo, y perder la oportunidad de lograr lo esperado en

el cargo desempeñado.

Echar la culpa a los otros cuando se tiene el poder, y todos los elementos de

decisión y ejecución de acciones que enderecen lo chueco y potencien lo correcto,

es un símbolo claro de inmadurez.

Corregir subordinados en público, mandar mensajes a través de los medios y

querer ser el centro de atención de todo, es una gran muestra de egolatría e

inexperiencia que termina por crear ambientes laborales nocivos para la buena

marcha del gobierno y la buena atención a los ciudadanos.

En el ejercicio del cargo público, saber escuchar es básico. Escuchar a quien trae

un problema o una inquietud. Escuchar a los que saben sobre ese problema.

Escuchar para dar una atención y para aprender un poco más. Muchas personas

de la sociedad, solo buscan ser escuchadas, pero si se puede atender y resolver

su problema, es mejor.

Nos hemos excedido de crítica, pero nos falta mucha autocritica. Y,

fundamentalmente, falta mucha propuesta y acción ciudadana.

En lugar de preguntar qué hace México por mí, tendríamos que estar preguntando

que hacemos nosotros por México.

México, tenemos una opción, vamos a calmarnos y unirnos.

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