lunes, 28 de marzo de 2022

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN NUESTRAS RELACIONES AFECTIVAS


COLUMNA: ESTAMOS EN CONEXIÓN

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN NUESTRAS RELACIONES AFECTIVAS

Por: Jorge García D.

“La habilidad de hacer una pausa y no actuar por el primer impulso se ha vuelto aprendizaje

crucial en la vida diaria -- Cuando más abiertos estemos a nuestros propios sentimientos,

mejor podremos leer los sentimientos de los demás” -Daniel Goleman-

Todos nosotros hemos experimentado diferentes tipos de emociones a cada momento de

nuestra vida, si no existieran las emociones, el ser humano no tendría la capacidad de sentir,

pensar, disfrutar, padecer, experimentar y vivir un sin número de reacciones y experiencias

que construyen nuestro día a día y nos dan esa emoción que nos puede llevar un éxtasis

indescriptible, donde en tan solo un instante podemos desbordarnos en cumulo de

sensaciones positivas o negativas que dirigen nuestras acciones, pensamientos y actitudes.

Muchas veces las emociones han sido consideradas poco importantes en relación con la

parte racional del hombre. Sin embargo, si miramos nuestra vida a través de ellas

encontramos que nos indican los estados internos de las personas, lo que las motiva,

impulsa, frena o imposibilita, así como sus aspiraciones, sueños, deseos y necesidades, en

muchas ocasiones, hasta sus convicciones, creencias y objetivos.

Las emociones surgen de una parte pequeñísima de nuestro cerebro llamada amígdala

cerebral y que es la responsable de que sintamos miedo, rabia, alegría, además de activar

nuestro sentido de supervivencia y de alerta. Las emociones son vistas como un tipo de

comunicación no verbal ya que sin necesidad de una sola palabra podemos percibir el estado

anímico de una persona a partir de sus gestos, acciones, reacciones o modo de expresión.

Existen un sinfín de emociones las cuales se dividen para su mejor comprensión, en

emociones básicas y secundarias.

Las emociones básicas son las que forman parte del ADN de los seres humanos, afectando la

forma en que sentimos, percibimos e interactuamos con el mundo, y son:

 Ira: descrita como un sentimiento de indignación o enfado al ser ofendido o agraviado.

 Alegría: la cual consiste en un sentimiento de bienestar y satisfacción.

 Asco: sensación de intenso desagrado, condena o repugnancia hacia algo.

 Tristeza: definida como una sensación de infelicidad o desdicha.

 Sorpresa: la cual puede ser un asombro o un malestar ante un suceso inesperado.

 Miedo: forma de aprehensión que suele ser originada por el dolor, peligro o amenaza.

Las emociones secundarias, son el resultado de la combinación de las básicas y varían de

acuerdo a las experiencias aprendidas de cada persona, y son:

 Vergüenza: sensación de malestar por no ser aceptad, unido al temor a quedar en

ridículo.


 Culpa: es una de las emociones más dolorosas con una gran carga de malestar.

 Orgullo: es una emoción adaptativa positiva acerca de lo que uno es o hace, referenciada

a un alto grado de satisfacción, que en exceso produce aislamiento social.

 Placer: emoción muy positiva dentro de un proceso que nos motiva a continuar

haciendo.

 Celos: es un sentimiento de posesión y lucha por no perder aquello que consideramos

como propio; con una alta tendencia a volverse desadaptativa al tener ese sentimiento

en situación incontrolable, se cataloga como una de las emociones más dolorosas por ser

el resultado de dos emociones básicas fuertes, el miedo y el amor.

Por ello es importante decir que la inteligencia emocional es fundamental en todo tipo de

relación interpersonal, sea afectiva, profesional o social. Las personas emocionalmente

inteligentes pueden adaptarse fácilmente a sus entornos, sean los más íntimos, cercanos o

de simple convivencia. Las personas con un bajo nivel de inteligencia emocional podrían

tener dificultades para cultivar relaciones, experimentando frustración, soledad, desinterés,

apatía, estrés o ansiedad, lo que puede provocar agotamiento o conflictos mayores a un

largo tiempo.

La inteligencia emocional se presenta en nuestros días como una herramienta que facilita las

relaciones interpersonales, haciéndonos conscientes de nuestras emociones, diferenciadas

de nuestros sentimientos, ayudándonos a comprender, manejar y utilizarlas de manera

correcta.

Las relaciones interpersonales son un aspecto central de la convivencia y de nuestro vivir.

Aprender a regular y expresar las emociones se considera un indicador de madurez y

equilibrio que tiene efectos positivos sobre la relación con los demás. Por ello es importante

adquirir habilidades para reconocer nuestras emociones e identificarlas hacia los demás, lo

que facilitara la comprensión, regulación y prevención de efectos nocivos representadas

como emociones negativas, desarrollando habilidades que generen emociones y actitudes

positivas.

El ser humano es complejo por naturaleza y más cuando hablamos de introspección, y de

nuestros sentimientos y emociones, esto debido a que tenemos la falsa creencia de que al

mostrar lo que sentimos a los demás, incluida nuestra pareja, familiares, amigos, colegas y

sociedad en general, nos ponemos en desventaja frente a ellos.

Y aunque nos conozcamos y sepamos identificar lo que sentimos, desconocemos cuál es la

mejor manera de comunicárselo a los demás o simplemente nos aterra demostrar lo que

sentimos. Sin embargo, esto no es solo nuestra culpa, el expresar nuestros sentimientos es

una habilidad que aprendemos desde la infancia por medio de nuestros padres o de

personas cercanas, pero también influye nuestro sistema de creencias, o nuestro nivel

experiencias malas ante el mostrarnos tal y como somos, expresándonos con naturalidad e

inocencia, lo cual en cierto momento nos colocó en desventaja, haciendo que reprimiéramos


nuestros sentimientos y emociones por miedo a sentirnos defraudados, humillados,

violentados o más.

Una persona que tiene bien desarrollada esta habilidad se le facilita relacionarse mejor con

los demás y sobre todo se siente mejor consigo misma porque cuando expresamos lo que

sentimos nos provoca un efecto liberador, no solo en nosotros sino en el otro, creando lazos

no solo de confianza, sino de unión y amor. El hecho de guardar nuestros sentimientos todo

el tiempo, así como todo lo que deseamos expresar, nos reprime, creando una especie de

frustración que sin lugar a dudas puede desembocar no solo estrés o ansiedad, sino eliminar

o terminar con una relación o experiencia de vida que pudiese ser la mejor y más gratificante

que podamos tener, disminuyendo nuestro bienestar emocional y mejora en la calidad de

nuestras relaciones interpersonales.

Compartir nuestras emociones y sentimientos en nuestras relaciones afectivas, sea pareja,

amigos, familia o colegas y dejar que ellos también lo hagan con nosotros, permitirá que

exista una mayor cercanía y por lo tanto que nuestras relaciones crezcan y se fortalezcan.

“La capacidad para aprender, desarrollar y expresar tus emociones y sentimientos

depende fundamentalmente de ti y de tu actitud”.


#EstamosEnConexión #RadioEnRedes

Todos los Lunes de 17:00 a 19 horas, a través de: www.radioenredes.com

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lunes, 28 de marzo de 2022

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN NUESTRAS RELACIONES AFECTIVAS


COLUMNA: ESTAMOS EN CONEXIÓN

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN NUESTRAS RELACIONES AFECTIVAS

Por: Jorge García D.

“La habilidad de hacer una pausa y no actuar por el primer impulso se ha vuelto aprendizaje

crucial en la vida diaria -- Cuando más abiertos estemos a nuestros propios sentimientos,

mejor podremos leer los sentimientos de los demás” -Daniel Goleman-

Todos nosotros hemos experimentado diferentes tipos de emociones a cada momento de

nuestra vida, si no existieran las emociones, el ser humano no tendría la capacidad de sentir,

pensar, disfrutar, padecer, experimentar y vivir un sin número de reacciones y experiencias

que construyen nuestro día a día y nos dan esa emoción que nos puede llevar un éxtasis

indescriptible, donde en tan solo un instante podemos desbordarnos en cumulo de

sensaciones positivas o negativas que dirigen nuestras acciones, pensamientos y actitudes.

Muchas veces las emociones han sido consideradas poco importantes en relación con la

parte racional del hombre. Sin embargo, si miramos nuestra vida a través de ellas

encontramos que nos indican los estados internos de las personas, lo que las motiva,

impulsa, frena o imposibilita, así como sus aspiraciones, sueños, deseos y necesidades, en

muchas ocasiones, hasta sus convicciones, creencias y objetivos.

Las emociones surgen de una parte pequeñísima de nuestro cerebro llamada amígdala

cerebral y que es la responsable de que sintamos miedo, rabia, alegría, además de activar

nuestro sentido de supervivencia y de alerta. Las emociones son vistas como un tipo de

comunicación no verbal ya que sin necesidad de una sola palabra podemos percibir el estado

anímico de una persona a partir de sus gestos, acciones, reacciones o modo de expresión.

Existen un sinfín de emociones las cuales se dividen para su mejor comprensión, en

emociones básicas y secundarias.

Las emociones básicas son las que forman parte del ADN de los seres humanos, afectando la

forma en que sentimos, percibimos e interactuamos con el mundo, y son:

 Ira: descrita como un sentimiento de indignación o enfado al ser ofendido o agraviado.

 Alegría: la cual consiste en un sentimiento de bienestar y satisfacción.

 Asco: sensación de intenso desagrado, condena o repugnancia hacia algo.

 Tristeza: definida como una sensación de infelicidad o desdicha.

 Sorpresa: la cual puede ser un asombro o un malestar ante un suceso inesperado.

 Miedo: forma de aprehensión que suele ser originada por el dolor, peligro o amenaza.

Las emociones secundarias, son el resultado de la combinación de las básicas y varían de

acuerdo a las experiencias aprendidas de cada persona, y son:

 Vergüenza: sensación de malestar por no ser aceptad, unido al temor a quedar en

ridículo.


 Culpa: es una de las emociones más dolorosas con una gran carga de malestar.

 Orgullo: es una emoción adaptativa positiva acerca de lo que uno es o hace, referenciada

a un alto grado de satisfacción, que en exceso produce aislamiento social.

 Placer: emoción muy positiva dentro de un proceso que nos motiva a continuar

haciendo.

 Celos: es un sentimiento de posesión y lucha por no perder aquello que consideramos

como propio; con una alta tendencia a volverse desadaptativa al tener ese sentimiento

en situación incontrolable, se cataloga como una de las emociones más dolorosas por ser

el resultado de dos emociones básicas fuertes, el miedo y el amor.

Por ello es importante decir que la inteligencia emocional es fundamental en todo tipo de

relación interpersonal, sea afectiva, profesional o social. Las personas emocionalmente

inteligentes pueden adaptarse fácilmente a sus entornos, sean los más íntimos, cercanos o

de simple convivencia. Las personas con un bajo nivel de inteligencia emocional podrían

tener dificultades para cultivar relaciones, experimentando frustración, soledad, desinterés,

apatía, estrés o ansiedad, lo que puede provocar agotamiento o conflictos mayores a un

largo tiempo.

La inteligencia emocional se presenta en nuestros días como una herramienta que facilita las

relaciones interpersonales, haciéndonos conscientes de nuestras emociones, diferenciadas

de nuestros sentimientos, ayudándonos a comprender, manejar y utilizarlas de manera

correcta.

Las relaciones interpersonales son un aspecto central de la convivencia y de nuestro vivir.

Aprender a regular y expresar las emociones se considera un indicador de madurez y

equilibrio que tiene efectos positivos sobre la relación con los demás. Por ello es importante

adquirir habilidades para reconocer nuestras emociones e identificarlas hacia los demás, lo

que facilitara la comprensión, regulación y prevención de efectos nocivos representadas

como emociones negativas, desarrollando habilidades que generen emociones y actitudes

positivas.

El ser humano es complejo por naturaleza y más cuando hablamos de introspección, y de

nuestros sentimientos y emociones, esto debido a que tenemos la falsa creencia de que al

mostrar lo que sentimos a los demás, incluida nuestra pareja, familiares, amigos, colegas y

sociedad en general, nos ponemos en desventaja frente a ellos.

Y aunque nos conozcamos y sepamos identificar lo que sentimos, desconocemos cuál es la

mejor manera de comunicárselo a los demás o simplemente nos aterra demostrar lo que

sentimos. Sin embargo, esto no es solo nuestra culpa, el expresar nuestros sentimientos es

una habilidad que aprendemos desde la infancia por medio de nuestros padres o de

personas cercanas, pero también influye nuestro sistema de creencias, o nuestro nivel

experiencias malas ante el mostrarnos tal y como somos, expresándonos con naturalidad e

inocencia, lo cual en cierto momento nos colocó en desventaja, haciendo que reprimiéramos


nuestros sentimientos y emociones por miedo a sentirnos defraudados, humillados,

violentados o más.

Una persona que tiene bien desarrollada esta habilidad se le facilita relacionarse mejor con

los demás y sobre todo se siente mejor consigo misma porque cuando expresamos lo que

sentimos nos provoca un efecto liberador, no solo en nosotros sino en el otro, creando lazos

no solo de confianza, sino de unión y amor. El hecho de guardar nuestros sentimientos todo

el tiempo, así como todo lo que deseamos expresar, nos reprime, creando una especie de

frustración que sin lugar a dudas puede desembocar no solo estrés o ansiedad, sino eliminar

o terminar con una relación o experiencia de vida que pudiese ser la mejor y más gratificante

que podamos tener, disminuyendo nuestro bienestar emocional y mejora en la calidad de

nuestras relaciones interpersonales.

Compartir nuestras emociones y sentimientos en nuestras relaciones afectivas, sea pareja,

amigos, familia o colegas y dejar que ellos también lo hagan con nosotros, permitirá que

exista una mayor cercanía y por lo tanto que nuestras relaciones crezcan y se fortalezcan.

“La capacidad para aprender, desarrollar y expresar tus emociones y sentimientos

depende fundamentalmente de ti y de tu actitud”.


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