lunes, 14 de marzo de 2022

Los girasoles de Rusia y la milpa mexicana


Columna Un Nuevo Comienzo

Los girasoles de Rusia y la milpa mexicana

Alberto Jiménez Merino

Rusia sembró 9.6 millones de hectáreas de girasol y Ucrania 6.8 en el ciclo 2020-

2021 de acuerdo con diversas fuentes informativas. La producción de aceite de

girasol ruso alcanza las 6.4 millones de toneladas anuales de las que 3.7 se

destinan a la exportación, la producción total representa aproximadamente el 27

por ciento del volumen mundial. Con mayores rendimientos de grano, Ucrania

aporta el 33 por ciento del girasol del mundo.

Como un importante productor de granos, Ucrania había pronosticado exportar 33

millones de toneladas de maíz, 20 por ciento del volumen mundial, y 23 millones

de toneladas de trigo para el ciclo 2021-2022, según De Ambito.com 2022.

Así también, el mercado mundial de fertilizantes alcanza 100 millones de

toneladas anuales, de las cuales Rusia participa con el 15.6 por ciento del total,

principalmente nitrogenados, según Agrofy News 2021. México es el 28°

productor y el 20° importador de fertilizantes con una ligera tendencia creciente de

importaciones.

Con estos datos, con otros datos o con los de cada quien, lo que quiero decir en

esta columna, para mi único y leal lector, es que derivado de la guerra Rusia-

Ucrania, que muchos lamentamos y deseamos se resuelva pronto, nos

enfrentamos a graves problemas para la seguridad alimentaria y la economía de

los mexicanos.

Rusia y Ucrania han cancelado exportaciones de granos, productos alimenticios,

maquinaria e insumos como los fertilizantes, y eso ha ocasionado una gran

presión hacia un incremento de los precios de varios productos de primera

necesidad como las tortillas y el pan, de manera directa por estas decisiones, sin

dejar de lado el impacto producido por el incremento mundial del precio de los

combustibles derivados del petróleo.

Esta semana conocimos declaraciones del secretario de Agricultura y Desarrollo

Rural del Gobierno de México, Víctor Villalobos. En ellas se refirió a que el

conflicto bélico impacta sobre la volatilidad y la incertidumbre de los mercados

agroalimentarios al mismo tiempo que es una oportunidad y responsabilidad para

aumentar la oferta agropecuaria para este tiempo de crisis política-económica-

militar y para el futuro, por la creciente necesidad de alimentos.

No hemos terminado de salir de la pandemia COVID-19 que en más de 2 años ha

provocado la muerte de alrededor de18 millones de personas en el mundo, ha

afectado la salud, ha alterado la vida de las familias y quebrantado su economía

que tardará varios años en normalizarse.


Nos enfrentamos también a problemas tan graves como el cambio climático,

derivado de un calentamiento progresivo de la tierra que en mucho se debe al

abuso en el aprovechamiento y contaminación de los recursos naturales, por una

cultura extremadamente extractiva de los últimos siglos. Esto se ha traducido en

fenómenos naturales más frecuentes e intensos como sequías, lluvias

torrenciales, huracanes, heladas, granizadas o incremento de plagas y

enfermedades en plantas y animales.

Y si lo anterior fuera poco, nos enfrentamos a un incremento en las necesidades

de agua y alimentos derivado del incremento natural de la población en una época

donde la capacidad productiva de las tierras y los mares está disminuyendo.

Tenemos un grave problema de productividad porque hemos erosionado,

contaminado o sobreexplotado las tierras de cultivo. Actualmente si no se fertiliza

no hay cosechas, porque extrajimos los nutrientes de los suelos sin reponerlos y

las prácticas agroecológicas como la agricultura de conservación para restablecer

el equilibrio de las tierras todavía se ve lejana en su adopción por falta de apoyos

técnicos y económicos.

La oportunidad es incrementar la oferta de alimentos e insumos que por ahora no

vendrán de los países en guerra ni de los otros países productores que, ante la

volatilidad e incertidumbre, primero buscarán cubrir sus necesidades internas.

Tenemos la oportunidad y responsabilidad de producir más maíz, trigo u otros

alimentos básicos como frijol, arroz e insumos pecuarios como maíz amarillo y

soya.

Es tiempo de hacer esfuerzos para aumentar la producción nacional de

fertilizantes nitrogenados, potásicos y fosfóricos. Es el momento de impulsar la

producción y adopción de abonos orgánicos y biológicos para que, en una

combinación ya comprobada de 50:50 con los fertilizantes químicos, podamos

elevar rendimientos y bajar costos de producción en forma sustentable.

Es momento de promover la adopción de la agricultura de conservación en las

zonas de temporal y la tecnificación de las áreas de riego.

Es momento de revisar la ganadería altamente dependiente de granos que no

tenemos, para transitar a una ganadería con base en praderas, pastizales y

cultivos forrajeros. La siembra de praderas, la resiembra de pastizales, la

inseminación artificial y el trasplante de embriones, son estrategias que han

esperado mejores tiempos en las políticas y presupuestos nacionales.

Los girasoles de Rusia y Ucrania pueden ser una gran opción para la alimentación

del ganado en forma de ensilados, con características productivas similares al

maíz, según estudios de los Fideicomisos Instituidos en Relación con la

Agricultura en el Banco de México (FIRA), permitiendo hasta tres ciclos

productivos al año, especialmente para la ganadería lechera de las zonas

templadas, semicálidas y frías.

Es tiempo para que la Milpa Mexicana, la asociación de maíz-frijol-calabaza tenga

un papel estelar desde la política pública, con apoyos específicos para alcanzar la

seguridad alimentaria de los pequeños productores de autoconsumo a partir de

sus maíces nativos y las semillas locales de su dieta cotidiana. Es tiempo también

de la agricultura tecnificada, protegida, orgánica y de precisión, con mercado

asegurado, integrando las cadenas productivas y de suministro hacia la

productividad sustentable.

Es tiempo de unidad nacional, revisar lo avanzado, corregir equivocaciones,

reconocer logros y replantear metas para la seguridad alimentaria y el desarrollo

económico de todos los mexicanos.

Finalmente, deseo mucho éxito al secretario de la SADER, Víctor Villalobos

Arámbula, a la presidenta María de Jesús Aguirre Maldonado y a los Integrantes

de la Comisión de Desarrollo y Conservación Rural y Autosuficiencia Alimentaria

de la Cámara de Diputados, que esta semana se reúnen para tratar asuntos

relacionados al campo mexicano.

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lunes, 14 de marzo de 2022

Los girasoles de Rusia y la milpa mexicana


Columna Un Nuevo Comienzo

Los girasoles de Rusia y la milpa mexicana

Alberto Jiménez Merino

Rusia sembró 9.6 millones de hectáreas de girasol y Ucrania 6.8 en el ciclo 2020-

2021 de acuerdo con diversas fuentes informativas. La producción de aceite de

girasol ruso alcanza las 6.4 millones de toneladas anuales de las que 3.7 se

destinan a la exportación, la producción total representa aproximadamente el 27

por ciento del volumen mundial. Con mayores rendimientos de grano, Ucrania

aporta el 33 por ciento del girasol del mundo.

Como un importante productor de granos, Ucrania había pronosticado exportar 33

millones de toneladas de maíz, 20 por ciento del volumen mundial, y 23 millones

de toneladas de trigo para el ciclo 2021-2022, según De Ambito.com 2022.

Así también, el mercado mundial de fertilizantes alcanza 100 millones de

toneladas anuales, de las cuales Rusia participa con el 15.6 por ciento del total,

principalmente nitrogenados, según Agrofy News 2021. México es el 28°

productor y el 20° importador de fertilizantes con una ligera tendencia creciente de

importaciones.

Con estos datos, con otros datos o con los de cada quien, lo que quiero decir en

esta columna, para mi único y leal lector, es que derivado de la guerra Rusia-

Ucrania, que muchos lamentamos y deseamos se resuelva pronto, nos

enfrentamos a graves problemas para la seguridad alimentaria y la economía de

los mexicanos.

Rusia y Ucrania han cancelado exportaciones de granos, productos alimenticios,

maquinaria e insumos como los fertilizantes, y eso ha ocasionado una gran

presión hacia un incremento de los precios de varios productos de primera

necesidad como las tortillas y el pan, de manera directa por estas decisiones, sin

dejar de lado el impacto producido por el incremento mundial del precio de los

combustibles derivados del petróleo.

Esta semana conocimos declaraciones del secretario de Agricultura y Desarrollo

Rural del Gobierno de México, Víctor Villalobos. En ellas se refirió a que el

conflicto bélico impacta sobre la volatilidad y la incertidumbre de los mercados

agroalimentarios al mismo tiempo que es una oportunidad y responsabilidad para

aumentar la oferta agropecuaria para este tiempo de crisis política-económica-

militar y para el futuro, por la creciente necesidad de alimentos.

No hemos terminado de salir de la pandemia COVID-19 que en más de 2 años ha

provocado la muerte de alrededor de18 millones de personas en el mundo, ha

afectado la salud, ha alterado la vida de las familias y quebrantado su economía

que tardará varios años en normalizarse.


Nos enfrentamos también a problemas tan graves como el cambio climático,

derivado de un calentamiento progresivo de la tierra que en mucho se debe al

abuso en el aprovechamiento y contaminación de los recursos naturales, por una

cultura extremadamente extractiva de los últimos siglos. Esto se ha traducido en

fenómenos naturales más frecuentes e intensos como sequías, lluvias

torrenciales, huracanes, heladas, granizadas o incremento de plagas y

enfermedades en plantas y animales.

Y si lo anterior fuera poco, nos enfrentamos a un incremento en las necesidades

de agua y alimentos derivado del incremento natural de la población en una época

donde la capacidad productiva de las tierras y los mares está disminuyendo.

Tenemos un grave problema de productividad porque hemos erosionado,

contaminado o sobreexplotado las tierras de cultivo. Actualmente si no se fertiliza

no hay cosechas, porque extrajimos los nutrientes de los suelos sin reponerlos y

las prácticas agroecológicas como la agricultura de conservación para restablecer

el equilibrio de las tierras todavía se ve lejana en su adopción por falta de apoyos

técnicos y económicos.

La oportunidad es incrementar la oferta de alimentos e insumos que por ahora no

vendrán de los países en guerra ni de los otros países productores que, ante la

volatilidad e incertidumbre, primero buscarán cubrir sus necesidades internas.

Tenemos la oportunidad y responsabilidad de producir más maíz, trigo u otros

alimentos básicos como frijol, arroz e insumos pecuarios como maíz amarillo y

soya.

Es tiempo de hacer esfuerzos para aumentar la producción nacional de

fertilizantes nitrogenados, potásicos y fosfóricos. Es el momento de impulsar la

producción y adopción de abonos orgánicos y biológicos para que, en una

combinación ya comprobada de 50:50 con los fertilizantes químicos, podamos

elevar rendimientos y bajar costos de producción en forma sustentable.

Es momento de promover la adopción de la agricultura de conservación en las

zonas de temporal y la tecnificación de las áreas de riego.

Es momento de revisar la ganadería altamente dependiente de granos que no

tenemos, para transitar a una ganadería con base en praderas, pastizales y

cultivos forrajeros. La siembra de praderas, la resiembra de pastizales, la

inseminación artificial y el trasplante de embriones, son estrategias que han

esperado mejores tiempos en las políticas y presupuestos nacionales.

Los girasoles de Rusia y Ucrania pueden ser una gran opción para la alimentación

del ganado en forma de ensilados, con características productivas similares al

maíz, según estudios de los Fideicomisos Instituidos en Relación con la

Agricultura en el Banco de México (FIRA), permitiendo hasta tres ciclos

productivos al año, especialmente para la ganadería lechera de las zonas

templadas, semicálidas y frías.

Es tiempo para que la Milpa Mexicana, la asociación de maíz-frijol-calabaza tenga

un papel estelar desde la política pública, con apoyos específicos para alcanzar la

seguridad alimentaria de los pequeños productores de autoconsumo a partir de

sus maíces nativos y las semillas locales de su dieta cotidiana. Es tiempo también

de la agricultura tecnificada, protegida, orgánica y de precisión, con mercado

asegurado, integrando las cadenas productivas y de suministro hacia la

productividad sustentable.

Es tiempo de unidad nacional, revisar lo avanzado, corregir equivocaciones,

reconocer logros y replantear metas para la seguridad alimentaria y el desarrollo

económico de todos los mexicanos.

Finalmente, deseo mucho éxito al secretario de la SADER, Víctor Villalobos

Arámbula, a la presidenta María de Jesús Aguirre Maldonado y a los Integrantes

de la Comisión de Desarrollo y Conservación Rural y Autosuficiencia Alimentaria

de la Cámara de Diputados, que esta semana se reúnen para tratar asuntos

relacionados al campo mexicano.

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