lunes, 10 de abril de 2023

Ley de Agricultura Familiar contra Pobreza Alimentaria


 Columna Nuevos Horizontes


Ley de Agricultura Familiar contra Pobreza Alimentaria


Alberto Jiménez

Merino

La Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados aprobó este 29 de marzo, el

dictamen de la iniciativa con proyecto de decreto que expide la Ley de Agricultura Familiar

en México, promovida por los diputados Ismael Hernández Deras, María de Jesús Aguirre

Maldonado y Claudia Tello Espinosa. Este hecho es un gran paso contra la pobreza

alimentaria en nuestro país.

Todavía falta su aprobación en el Pleno de la Asamblea y aun su creación no es garantía

de aplicación por parte del estado mexicano que tiene grandes necesidades que atender,

pero la existencia de un marco legal en la materia, es un gran avance por la obligatoriedad

que esto implica para el gobierno en la atención de la seguridad alimentaria y la pobreza,

nuestros más grandes problemas sociales.

Estudios de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación

(SAGARPA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación

(FAO) 2016, señalan que en México el 80 por ciento de los productores del campo solo lo

hacen para el autoconsumo y no logran cubrir ni sus necesidades familiares anuales.

Según Paul Polack, la población rural mexicana es de 25 millones de personas, con 5

millones de unidades productivas agropecuarias, de las cuales, 2 millones 174 mil 931 son

menores de dos hectáreas y representan el 49 por ciento del total nacional. A estos

números hay que agregar que un 50 por ciento de estas unidades productivas

corresponden a propiedad social, es decir, ejidos y comunidades agrarias sin acceso a

créditos, y el 85 por ciento de la superficie agropecuaria nacional solo depende de las

lluvias como fuente de agua.

No obstante lo anterior, la agricultura familiar y de pequeños productores no ha tenido un

lugar en las políticas públicas educativas, ni de investigación, ni de desarrollo tecnológico,

ni de fomento productivo, por lo que quienes la practican tienen graves limitaciones para

acceder a apoyos técnicos de capacitación y asesoría, insumos básicos, equipos,

maquinaria, tecnología, crédito, acopio, transformación o acceso a mercados, todos

diseñados para superficies mínimas de una hectárea.

Esta iniciativa de ley es necesaria, porque el mundo avanza en la dirección equivocada

para acabar con el hambre en 2030. La pandemia COVID19, la crisis climática y el conflicto

Ucrania-Rusia impiden avanzar hacia el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible

(ODS2), según el Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2022,

publicado por la FAO.

La FAO describe que el hambre y la inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe

afecta a 131 millones de personas, y se han incrementado desde 2014, alcanzando su nivel

más alto durante la pandemia COVID19, pero el sobrepeso y la obesidad también han

aumentado en las últimas dos décadas.

La misma fuente indica, que la prevalencia del hambre en la región aumentó de 5.8 por

ciento en 2015 a 8.6 por ciento en el 2021 y, aun siendo menor al promedio mundial de 9:8


por ciento en el 2021, la proporción de personas que padecieron hambre durante la

pandemia fue mayor que el incremento a nivel mundial: en la región hubo un incremento del

28 por ciento contra 23 a nivel mundial. Las mujeres, niños y niñas fueron quienes se vieron

más afectadas

No existe peor condición humana que aquella en la que no hay capacidad para acceder a

los alimentos, como acurre a 33 millones de mexicanos que padecen algún grado de

inseguridad alimentaria debido al aumento de los precios, de acuerdo con Uberto Salgado

Nieto, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en INFOBAE

2022.

El panorama alimentario mexicano es complicado porque la sequía ya lleva casi 4 años,

estimándose nuevamente crítica para este 2023 en el que, los precios de los alimentos

siguen elevados. Esto lleva a la disminución de siembras, reducción de rendimientos, a la

pérdida de ganado y a una consecuente disminución de la producción de alimentos, lo que

ha ocasionado un aumento significativo de las importaciones que ya supera los 17 millones

de toneladas de granos. Por su parte, la migración de mexicanos hacia Estados Unidos se

estima como la más alta de todos los años a juzgar por las detenciones en la frontera, las

cuales se calculan cercanas a 900 mil al final del año 2022.

Asimismo, los suelos agrícolas mexicanos se han erosionado, perdido fertilidad, reducido su

capacidad para retener humedad y con bajos niveles de materia orgánica cercanos a 1 por

ciento. Los principales problemas de la ganadería aún son la falta de alimento durante la

época de secas, la dependencia de granos, la baja calidad genética y la escasa

infraestructura para el manejo pecuario. Hemos perdido más del 90 por ciento de la

pesca ribereña de ríos y mares.

Los productores de autoconsumo, con pequeñas unidades productivas, tienen una gran

tendencia al trabajo individual, dificultades para el trabajo colectivo y escasa visión

empresarial, producto de su baja escolaridad que no supera los 4 años así como edades

superiores a 50 años con una total ausencia de educación financiera, alimentaria y

ambiental; no cuentan con los medios para almacenar lo poco que producen, pierden casi

un 30 por ciento de lo obtenido y el valor agregado es algo desconocido.

La pobreza ha derivado en el deterioro de recursos naturales para la sobrevivencia,

traducida en la extracción excesiva de leña, material de construcción, madera y carbón,

pastizales para el ganado, pesca incontrolada en ríos, lagos y lagunas. Solo se han

destinado apoyos al ingreso y programas sociales vía transferencias monetarias,

acompañamiento técnico y fertilizantes

La agricultura familiar de autoconsumo requiere ser incluida en el sistema educativo,

retomar las parcelas escolares, en la investigación y en las políticas de fomento. Necesita

de centros de servicios técnicos y apoyos logísticos más allá de la entrega de semillas,

pollitos o conejos. Los huertos, granjas y cultivos básicos familiares requieren de

proveedores con apoyo del gobierno, para acceder a insumos, semillas, plántulas, crías,

tecnologías, equipos y maquinaria, con gran claridad de lo que debe ser trabajo individual y

colectivo.

Con base en lo anterior, es necesario que las familias aseguren su gran sueño de producir

alimentos suficientes para cubrir sus necesidades y luego produzcan excedentes

intercambiables.


Para ello, hacen falta políticas y recursos presupuestales que no se tienen o no se han

querido destinar, y mientras, los apoyos asistenciales atenúan y contienen la pobreza, pero

no la resuelven.

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lunes, 10 de abril de 2023

Ley de Agricultura Familiar contra Pobreza Alimentaria


 Columna Nuevos Horizontes


Ley de Agricultura Familiar contra Pobreza Alimentaria


Alberto Jiménez

Merino

La Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados aprobó este 29 de marzo, el

dictamen de la iniciativa con proyecto de decreto que expide la Ley de Agricultura Familiar

en México, promovida por los diputados Ismael Hernández Deras, María de Jesús Aguirre

Maldonado y Claudia Tello Espinosa. Este hecho es un gran paso contra la pobreza

alimentaria en nuestro país.

Todavía falta su aprobación en el Pleno de la Asamblea y aun su creación no es garantía

de aplicación por parte del estado mexicano que tiene grandes necesidades que atender,

pero la existencia de un marco legal en la materia, es un gran avance por la obligatoriedad

que esto implica para el gobierno en la atención de la seguridad alimentaria y la pobreza,

nuestros más grandes problemas sociales.

Estudios de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación

(SAGARPA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación

(FAO) 2016, señalan que en México el 80 por ciento de los productores del campo solo lo

hacen para el autoconsumo y no logran cubrir ni sus necesidades familiares anuales.

Según Paul Polack, la población rural mexicana es de 25 millones de personas, con 5

millones de unidades productivas agropecuarias, de las cuales, 2 millones 174 mil 931 son

menores de dos hectáreas y representan el 49 por ciento del total nacional. A estos

números hay que agregar que un 50 por ciento de estas unidades productivas

corresponden a propiedad social, es decir, ejidos y comunidades agrarias sin acceso a

créditos, y el 85 por ciento de la superficie agropecuaria nacional solo depende de las

lluvias como fuente de agua.

No obstante lo anterior, la agricultura familiar y de pequeños productores no ha tenido un

lugar en las políticas públicas educativas, ni de investigación, ni de desarrollo tecnológico,

ni de fomento productivo, por lo que quienes la practican tienen graves limitaciones para

acceder a apoyos técnicos de capacitación y asesoría, insumos básicos, equipos,

maquinaria, tecnología, crédito, acopio, transformación o acceso a mercados, todos

diseñados para superficies mínimas de una hectárea.

Esta iniciativa de ley es necesaria, porque el mundo avanza en la dirección equivocada

para acabar con el hambre en 2030. La pandemia COVID19, la crisis climática y el conflicto

Ucrania-Rusia impiden avanzar hacia el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible

(ODS2), según el Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2022,

publicado por la FAO.

La FAO describe que el hambre y la inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe

afecta a 131 millones de personas, y se han incrementado desde 2014, alcanzando su nivel

más alto durante la pandemia COVID19, pero el sobrepeso y la obesidad también han

aumentado en las últimas dos décadas.

La misma fuente indica, que la prevalencia del hambre en la región aumentó de 5.8 por

ciento en 2015 a 8.6 por ciento en el 2021 y, aun siendo menor al promedio mundial de 9:8


por ciento en el 2021, la proporción de personas que padecieron hambre durante la

pandemia fue mayor que el incremento a nivel mundial: en la región hubo un incremento del

28 por ciento contra 23 a nivel mundial. Las mujeres, niños y niñas fueron quienes se vieron

más afectadas

No existe peor condición humana que aquella en la que no hay capacidad para acceder a

los alimentos, como acurre a 33 millones de mexicanos que padecen algún grado de

inseguridad alimentaria debido al aumento de los precios, de acuerdo con Uberto Salgado

Nieto, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en INFOBAE

2022.

El panorama alimentario mexicano es complicado porque la sequía ya lleva casi 4 años,

estimándose nuevamente crítica para este 2023 en el que, los precios de los alimentos

siguen elevados. Esto lleva a la disminución de siembras, reducción de rendimientos, a la

pérdida de ganado y a una consecuente disminución de la producción de alimentos, lo que

ha ocasionado un aumento significativo de las importaciones que ya supera los 17 millones

de toneladas de granos. Por su parte, la migración de mexicanos hacia Estados Unidos se

estima como la más alta de todos los años a juzgar por las detenciones en la frontera, las

cuales se calculan cercanas a 900 mil al final del año 2022.

Asimismo, los suelos agrícolas mexicanos se han erosionado, perdido fertilidad, reducido su

capacidad para retener humedad y con bajos niveles de materia orgánica cercanos a 1 por

ciento. Los principales problemas de la ganadería aún son la falta de alimento durante la

época de secas, la dependencia de granos, la baja calidad genética y la escasa

infraestructura para el manejo pecuario. Hemos perdido más del 90 por ciento de la

pesca ribereña de ríos y mares.

Los productores de autoconsumo, con pequeñas unidades productivas, tienen una gran

tendencia al trabajo individual, dificultades para el trabajo colectivo y escasa visión

empresarial, producto de su baja escolaridad que no supera los 4 años así como edades

superiores a 50 años con una total ausencia de educación financiera, alimentaria y

ambiental; no cuentan con los medios para almacenar lo poco que producen, pierden casi

un 30 por ciento de lo obtenido y el valor agregado es algo desconocido.

La pobreza ha derivado en el deterioro de recursos naturales para la sobrevivencia,

traducida en la extracción excesiva de leña, material de construcción, madera y carbón,

pastizales para el ganado, pesca incontrolada en ríos, lagos y lagunas. Solo se han

destinado apoyos al ingreso y programas sociales vía transferencias monetarias,

acompañamiento técnico y fertilizantes

La agricultura familiar de autoconsumo requiere ser incluida en el sistema educativo,

retomar las parcelas escolares, en la investigación y en las políticas de fomento. Necesita

de centros de servicios técnicos y apoyos logísticos más allá de la entrega de semillas,

pollitos o conejos. Los huertos, granjas y cultivos básicos familiares requieren de

proveedores con apoyo del gobierno, para acceder a insumos, semillas, plántulas, crías,

tecnologías, equipos y maquinaria, con gran claridad de lo que debe ser trabajo individual y

colectivo.

Con base en lo anterior, es necesario que las familias aseguren su gran sueño de producir

alimentos suficientes para cubrir sus necesidades y luego produzcan excedentes

intercambiables.


Para ello, hacen falta políticas y recursos presupuestales que no se tienen o no se han

querido destinar, y mientras, los apoyos asistenciales atenúan y contienen la pobreza, pero

no la resuelven.

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