MENSAJES DEL PRIMER GRITO DE INDEPENDENCIA DE LA PRESIDENTA
CLAUDIA SHEINBAUM
Hace cuatro décadas, quien esto escribe soñaba con ingresar
al Heroico Colegio Militar.
Al admirar su gallardía, su sincronización en la marcha y su
gran porte, imaginaba poder ser parte de ese cuerpo de élite de las fuerzas
armadas de nuestro país.
Desafortunadamente, mi baja estatura, mi vista de topo y el
pie plano me lo impidieron.
Aun así, participé con orgullo en cada desfile
cívico–militar con motivo de la conmemoración de la Batalla de Puebla del 5 de
mayo, fecha en la que —según las palabras del general Ignacio Zaragoza— “las
armas nacionales se cubrieron de gloria”. Todo ello como parte del estudiantado
del Centro Escolar “Niños Héroes de Chapultepec”, al que le debo, entre otras
muchas cosas, una formación liberal que contrastaba con la educación
mayoritariamente religiosa de aquella época.
Todos esos recuerdos acudieron a mi mente al presenciar la
ceremonia del CCXV aniversario del inicio de nuestra independencia, encabezada
por la presidenta de México, doctora Claudia Sheinbaum. Con gallardía
inigualable, condujo el acto protocolario y recibió la bandera nacional de
manos de una escolta conformada exclusivamente por cadetes mujeres del Heroico
Colegio Militar.
Claudia Sheinbaum es la primera mujer en más de dos siglos
en encabezar una ceremonia de Independencia. Y lo hizo con sobriedad,
elegancia, congruencia y rigor histórico, dejando boquiabiertos a propios y
extraños.
Muchas señales envió de lo que será México en los próximos
cinco años que restan a su mandato. Para empezar, reafirmó que es tiempo de
mujeres, al recibir la bandera nacional de una escolta íntegramente femenina.
Además, el hecho de referirse a doña Josefa Ortiz por su
apellido de soltera, Téllez Girón, y no como “de Domínguez”, dejó claro que
para la titular del Poder Ejecutivo las mujeres merecen respeto pleno, sin
posesión ni pertenencia a nadie, dejando atrás prácticas machistas que tanto
daño causaron a México.
También resaltó el valor de la familia, al estar acompañada
de su esposo, quien con prudencia, mesura y discreción se comportó a la altura
de las circunstancias.
Asimismo, la Presidenta recordó a heroínas como Gertrudis
Bocanegra, nacida el 11 de abril de 1765 en Pátzcuaro, capturada, torturada y
fusilada por los realistas sin delatar jamás a sus compañeros insurgentes; o
Manuela Medina, “la Capitana”, quien al servicio de José María Morelos y Pavón encabezó
la toma de Acapulco el 13 de abril de 1813, ganándose a pulso su rango militar.
Pero hubo más: al rendir homenaje a nuestros hermanos
migrantes, Sheinbaum recordó que a una mexicana o un mexicano se le respeta,
incluso allende de nuestras fronteras, lanzando un mensaje contra el racismo y
la xenofobia.
Y, por supuesto, al vitorear a un México libre,
independiente y soberano, envió un contundente mensaje a los nuevos
colonialistas de color naranja que pretenden agraviar a nuestra patria.
Claudia Sheinbaum lanzó su primer grito de Independencia.
Un grito de dignidad.
Un grito que contiene también una advertencia clara a todas
las potencias del orbe:
A México se le respeta.
Hoy, México tiene a una gran Presidenta.
Y a la Presidenta la respaldan más de 130 millones de
connacionales, dentro y fuera de nuestras fronteras.
¡Que viva México!
¡Y que viva nuestra Presidenta, Claudia Sheinbaum!
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