lunes, 13 de octubre de 2025

MI VOZ



A UN AÑO DE LA EDIFICACIÓN DEL SEGUNDO PISO DE LA CUARTA TRANSFORMACIÓN


Con un Zócalo capitalino abarrotado, entre miles de personas que esperaban ansiosas poder contemplar —aunque fuera de lejos— a la lideresa que con mano firme conduce los destinos de nuestra gran nación, me encontraba yo, entre nervioso y alegre, por ser testigo de este acontecimiento inédito en la historia de México.

 

Más allá de las cifras oficiales y de los múltiples mensajes políticos —que los hubo y de sobra—, nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum se mostró dueña de ese escenario multitudinario, con la certeza de quien sabe que tiene en sus manos los hilos que mueven al país.

 

Atrás quedaron las diatribas reaccionarias que auguraban que ella solo obedecería órdenes de alguien más. Lejos están también las dudas de quienes pensaban que bajo su mando el país continuaría en la espiral de violencia heredada de los regímenes neoliberales.

 

Con firmeza y contundencia ha dejado claro que el combate al crimen organizado va en serio, apoyada para ello en su Secretario de Seguridad Pública Federal, Omar García Harfuch, sin duda uno de los colaboradores más leales y capaces con los que cuenta la Presidenta.

 

Además, con la aprehensión de los involucrados en el huachicol fiscal, ha reiterado que en México nadie está por encima de la ley, trátese de quien se trate.

 

Sin embargo, lo que más me llamó la atención durante este primer informe regional —realizado en la capital de la República con motivo de su primer año de gobierno— fue la actitud del pueblo ahí reunido.

 

Todos los presentes —incluyéndome— mirábamos esperanzados a una gran mujer a quien, a través de nuestro voto, confiamos no solo el destino del país, sino también el de nuestros hogares, nuestras familias y nuestros hijos. Escuchar de su propia voz cómo esa confianza ha sido retribuida con creces, transformándola en acciones concretas en favor de más de 130 millones de mexicanos, dentro y fuera del territorio nacional, fue verdaderamente alentador.

 

Al observar la emoción de hombres, mujeres y niños al escucharla, comprendí que todo gran líder —o lideresa— siempre está cobijado por su pueblo. Porque los mexicanos, en una inmensa mayoría, estamos del lado de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum. Ella no está, ni estará, sola.

 

Los miles y miles de mexicanos que votamos por ella y que seguimos creyendo firmemente en su proyecto, la acompañamos con convicción en este devenir histórico.

 

Decían algunos, con la mirada anclada en el pasado, que México era un país demasiado machista; que los hombres de esta nación jamás permitirían ser gobernados por una mujer. Ambas afirmaciones se derrumbaron ante el contundente triunfo de Claudia Sheinbaum y ante su eficiente y eficaz gestión gubernamental, reconocida incluso por la Casa Blanca, donde gobierna —con el hígado— un neocolonialista color naranja.

 

Fue un privilegio escucharla en el corazón de la Ciudad de México.

Por supuesto que hay retos y problemas por enfrentar, algunos de ellos perfectamente identificados y, simbólicamente, ubicados detrás de la valla metálica que separaba a los gobernadores del pueblo. Pero aun así seguiremos adelante, porque nuestra Presidenta cuenta con el respaldo del pueblo de México, que la acompaña en la edificación del segundo piso de la Cuarta Transformación, mientras una oposición desdibujada observa, desde las sombras, cómo los mexicanos le entregan su confianza y su corazón a su gran lideresa.

 

Y aún falta mucho por hacer y por decir.

Sin duda, lo mejor está por venir.

 

Veremos y diremos.


0 comentarios:

Publicar un comentario

lunes, 13 de octubre de 2025

MI VOZ



A UN AÑO DE LA EDIFICACIÓN DEL SEGUNDO PISO DE LA CUARTA TRANSFORMACIÓN


Con un Zócalo capitalino abarrotado, entre miles de personas que esperaban ansiosas poder contemplar —aunque fuera de lejos— a la lideresa que con mano firme conduce los destinos de nuestra gran nación, me encontraba yo, entre nervioso y alegre, por ser testigo de este acontecimiento inédito en la historia de México.

 

Más allá de las cifras oficiales y de los múltiples mensajes políticos —que los hubo y de sobra—, nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum se mostró dueña de ese escenario multitudinario, con la certeza de quien sabe que tiene en sus manos los hilos que mueven al país.

 

Atrás quedaron las diatribas reaccionarias que auguraban que ella solo obedecería órdenes de alguien más. Lejos están también las dudas de quienes pensaban que bajo su mando el país continuaría en la espiral de violencia heredada de los regímenes neoliberales.

 

Con firmeza y contundencia ha dejado claro que el combate al crimen organizado va en serio, apoyada para ello en su Secretario de Seguridad Pública Federal, Omar García Harfuch, sin duda uno de los colaboradores más leales y capaces con los que cuenta la Presidenta.

 

Además, con la aprehensión de los involucrados en el huachicol fiscal, ha reiterado que en México nadie está por encima de la ley, trátese de quien se trate.

 

Sin embargo, lo que más me llamó la atención durante este primer informe regional —realizado en la capital de la República con motivo de su primer año de gobierno— fue la actitud del pueblo ahí reunido.

 

Todos los presentes —incluyéndome— mirábamos esperanzados a una gran mujer a quien, a través de nuestro voto, confiamos no solo el destino del país, sino también el de nuestros hogares, nuestras familias y nuestros hijos. Escuchar de su propia voz cómo esa confianza ha sido retribuida con creces, transformándola en acciones concretas en favor de más de 130 millones de mexicanos, dentro y fuera del territorio nacional, fue verdaderamente alentador.

 

Al observar la emoción de hombres, mujeres y niños al escucharla, comprendí que todo gran líder —o lideresa— siempre está cobijado por su pueblo. Porque los mexicanos, en una inmensa mayoría, estamos del lado de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum. Ella no está, ni estará, sola.

 

Los miles y miles de mexicanos que votamos por ella y que seguimos creyendo firmemente en su proyecto, la acompañamos con convicción en este devenir histórico.

 

Decían algunos, con la mirada anclada en el pasado, que México era un país demasiado machista; que los hombres de esta nación jamás permitirían ser gobernados por una mujer. Ambas afirmaciones se derrumbaron ante el contundente triunfo de Claudia Sheinbaum y ante su eficiente y eficaz gestión gubernamental, reconocida incluso por la Casa Blanca, donde gobierna —con el hígado— un neocolonialista color naranja.

 

Fue un privilegio escucharla en el corazón de la Ciudad de México.

Por supuesto que hay retos y problemas por enfrentar, algunos de ellos perfectamente identificados y, simbólicamente, ubicados detrás de la valla metálica que separaba a los gobernadores del pueblo. Pero aun así seguiremos adelante, porque nuestra Presidenta cuenta con el respaldo del pueblo de México, que la acompaña en la edificación del segundo piso de la Cuarta Transformación, mientras una oposición desdibujada observa, desde las sombras, cómo los mexicanos le entregan su confianza y su corazón a su gran lideresa.

 

Y aún falta mucho por hacer y por decir.

Sin duda, lo mejor está por venir.

 

Veremos y diremos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario