A UN AÑO DE LA EDIFICACIÓN DEL SEGUNDO PISO DE LA CUARTA
TRANSFORMACIÓN
Con un Zócalo capitalino abarrotado, entre miles de personas que esperaban ansiosas poder contemplar —aunque fuera de lejos— a la lideresa que con mano firme conduce los destinos de nuestra gran nación, me encontraba yo, entre nervioso y alegre, por ser testigo de este acontecimiento inédito en la historia de México.
Más allá de las cifras oficiales y de los múltiples mensajes
políticos —que los hubo y de sobra—, nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum se
mostró dueña de ese escenario multitudinario, con la certeza de quien sabe que
tiene en sus manos los hilos que mueven al país.
Atrás quedaron las diatribas reaccionarias que auguraban que
ella solo obedecería órdenes de alguien más. Lejos están también las dudas de
quienes pensaban que bajo su mando el país continuaría en la espiral de
violencia heredada de los regímenes neoliberales.
Con firmeza y contundencia ha dejado claro que el combate al
crimen organizado va en serio, apoyada para ello en su Secretario de Seguridad
Pública Federal, Omar García Harfuch, sin duda uno de los colaboradores más
leales y capaces con los que cuenta la Presidenta.
Además, con la aprehensión de los involucrados en el
huachicol fiscal, ha reiterado que en México nadie está por encima de la ley,
trátese de quien se trate.
Sin embargo, lo que más me llamó la atención durante este
primer informe regional —realizado en la capital de la República con motivo de
su primer año de gobierno— fue la actitud del pueblo ahí reunido.
Todos los presentes —incluyéndome— mirábamos esperanzados a
una gran mujer a quien, a través de nuestro voto, confiamos no solo el destino
del país, sino también el de nuestros hogares, nuestras familias y nuestros
hijos. Escuchar de su propia voz cómo esa confianza ha sido retribuida con
creces, transformándola en acciones concretas en favor de más de 130 millones
de mexicanos, dentro y fuera del territorio nacional, fue verdaderamente
alentador.
Al observar la emoción de hombres, mujeres y niños al
escucharla, comprendí que todo gran líder —o lideresa— siempre está cobijado
por su pueblo. Porque los mexicanos, en una inmensa mayoría, estamos del lado
de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum. Ella no está, ni estará, sola.
Los miles y miles de mexicanos que votamos por ella y que
seguimos creyendo firmemente en su proyecto, la acompañamos con convicción en
este devenir histórico.
Decían algunos, con la mirada anclada en el pasado, que
México era un país demasiado machista; que los hombres de esta nación jamás
permitirían ser gobernados por una mujer. Ambas afirmaciones se derrumbaron
ante el contundente triunfo de Claudia Sheinbaum y ante su eficiente y eficaz
gestión gubernamental, reconocida incluso por la Casa Blanca, donde gobierna
—con el hígado— un neocolonialista color naranja.
Fue un privilegio escucharla en el corazón de la Ciudad de
México.
Por supuesto que hay retos y problemas por enfrentar,
algunos de ellos perfectamente identificados y, simbólicamente, ubicados detrás
de la valla metálica que separaba a los gobernadores del pueblo. Pero aun así
seguiremos adelante, porque nuestra Presidenta cuenta con el respaldo del
pueblo de México, que la acompaña en la edificación del segundo piso de la
Cuarta Transformación, mientras una oposición desdibujada observa, desde las
sombras, cómo los mexicanos le entregan su confianza y su corazón a su gran
lideresa.
Y aún falta mucho por hacer y por decir.
Sin duda, lo mejor está por venir.
Veremos y diremos.



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