México 2046, Día Internacional de la Educación
Alberto
Jiménez Merino
El
6 de diciembre de 2018, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU),
proclamó el 24 de enero Día Internacional de la Educación, debido a la
importancia que ésta tiene en la paz y el desarrollo. Es actualmente, la mejor
declaración transformadora del mundo, que este 2046 llegó a 9 mil 500 millones
de habitantes.
La
educación, el proceso de adquirir conocimientos, habilidades, valores y
hábitos, es un derecho fundamental para alcanzar la equidad de género y
romper los ciclos de pobreza que deja rezagados a millones de niños, jóvenes y
adultos, a nivel mundial.
Entre
todas las proclamas de la ONU, esta ha sido de las más efectivas en la
reorientación de políticas públicas para la transformación social en México porque
no se ha quedado en discursos, recuerdos, conferencias, eventos o buenas
intenciones.
Es
por eso que este 24 de enero de 2046, después de 27 años de cambios
educativos, arribamos a esta conmemoración, con una sociedad transformada,
guiada ahora por líderes que han entendido plenamente las responsabilidades de
su tiempo.
Todo
empezó cuando en 2019, los niños que entonces tenían 6 años empezaron a recibir
una educación muy distinta a la que recibieron las generaciones anteriores. En
solo 16 años de escolaridad y terminando la vida de la escuela a los 22 con
licenciatura, estos jóvenes han tenido una formación integral, preparados para
la vida y el trabajo con los mejores valores cívicos para la toma de decisiones.
Desde el inicio de su formación se empezaron a ver cambios en sus familias y
comunidades, los niños fueron educando a sus padres y vecinos con el ejemplo
derivado de los aprendizajes de la escuela.
La
transformación lograda en México, a punto de llegar a la mitad del Siglo XXI,
adoptó íntegramente la sentencia de Pitágoras: “Educad a los niños, y no
será necesario castigar a los hombres”; y, la definición de John Ruskin: “Educar
a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien
que no existía”.
El
Gobierno de México comprendió que la única acción transformadora del ser humano
es la educación y actuó en consecuencia, como no se había visto desde la
fundación de la República en 1824.
Se
adoptaron estrategias educativas que incluían una verdadera orientación
vocacional más allá de solo informar las carreras y escuelas que existen.
Se inculcaron valores cívicos como respeto, cooperación, solidaridad,
honestidad, orgullo de pertenencia y amor a los símbolos patrios. Hacer el
mayor bien posible, si algo no es tuyo es de alguien, mandatos directos al
subconsciente. Así, en pocos años la delincuencia disminuyó, al igual que el
gasto para seguridad pública.
Se
incluyó educación ambiental, conocimiento de los recursos naturales
existentes en su entorno, recomendaciones básicas para su aprovechamiento y
manejo racional que no ponga en riesgo a las futuras generaciones; cuidar el
agua, el suelo, la vegetación y la fauna. Con ello, la gente se arraigó a sus
comunidades, los jóvenes dejaron de emigrar, el deterioro ambiental se detuvo.
Se limpiaron los ríos, se recuperaron los acuíferos, ya no falta el agua.
Hoy nadie tira la basura en calles o barrancas, todo se recolecta, clasifica y
recicla.
Se
incluyó educación financiera, educación alimentaria y nutricional.
Hoy todos saben cómo emprender, tener ingresos, cómo gastar, ahorrar e invertir.
Se previene la obesidad y desnutrición, la gente sabe qué y cuánto comer, y como
producir parte de sus alimentos en el medio rural y periurbano. Se incorporó el
estudio obligatorio de un segundo idioma y se multiplicaron los
intercambios académicos para conocer experiencias y avances de otros países. Se
vincularon las necesidades de las familias y los contenidos educativos.
Hoy
los jóvenes reciben apoyo para identificar sus talentos, entre 14 y 16 años se
hacen pruebas científicas para conocerlos. Eligen su destino, sus estudios
profesionales u oficios de acuerdo con sus vocaciones, no porque lo digan los
adultos, evitando así la deserción escolar y la frustración personal. Se apoyó
a los jóvenes a crear su visión personal, se redujo la teoría y se aumentó la
práctica para empezar a crear la experiencia laboral. Se eliminó la tesis como
vía de titulación profesional y en su lugar se pidió la atención y solución de
un problema comunitario o regional, empezando por las necesidades familiares.
Se
infundió el interés y gusto por la política como el arte de unir voluntades,
capacidades y fuerza para el logro de objetivos comunes. Se recalcó la
necesidad de estar en posiciones de poder para influir en la toma de decisiones
como actores principales, auxiliares o cercanos. Se les dijo siempre lo que
podrían llegar a ser o lograr en la vida.
Muchos
se hicieron regidores y presidentes municipales, diputados locales, diputados
federales, senadores y muchos tienen ya un perfil para ser presidentes de la
república. Se recuperó la convivencia y la gobernabilidad. Ya no hay pugnas por
cuestiones ideológicas o políticas.
Estas
generaciones, a los 18 años tuvieron más herramientas cognitivas para tomar
mejores decisiones. Incursionaron en la política, en la empresa, en la
investigación e impulsaron acciones que empezaron a hacer una gran
transformación de México. Al inicio del 2046 la pobreza disminuyó a menos de
10%, el crecimiento económico es de 5% anual sostenido.
Ahora,
en el 2046, la educación es el motor transformador de la sociedad mexicana.



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