LA DAMA DEL LUTO ETERNO
MI VOZ
POR: ENRIQUE ROMERO RAZO
Un 14 de febrero de 1879 murió quien ha sido llamada por
muchos la heroína más grande de México: Agustina Ramírez.
Nacida en Mocorito, Sinaloa, en el seno de una familia
humilde —como tantas de ascendencia indígena— contrajo matrimonio con Severiano
Rodríguez, con quien procreó trece hijos.
Su vida, marcada por la precariedad, transcurrió sin mayores
sobresaltos hasta el estallido de la Guerra de Reforma, cuando su esposo se
enlistó en la milicia leal al presidente Benito Juárez. Desafortunadamente,
Rodríguez murió en combate durante la toma de Mazatlán el 3 de abril de 1859.
A pesar del dolor implícito en la viudez, Agustina Ramírez
condujo a sus trece hijos ante el general encargado de la plaza para ofrecerlos
como soldados al servicio de la nación, ante la invasión que sufría el país por
parte de las tropas francesas de Napoleón III, incorporándose ella misma a las
fuerzas republicanas como enfermera.
—Se los doy a usted —dijo al oficial—, porque cuando la
patria está en peligro, los hijos no pertenecen a los padres.
Así, perdió a sus hijos uno tras otro. Nunca se despojaba de
su vestido negro como señal de luto permanente: no había terminado de enterrar
a uno cuando ya le habían arrebatado a otro en el campo de batalla.
Se cuenta incluso que uno de sus hijos desertó del Ejército
juarista, y que ella misma fue a buscarlo para presentarlo ante el comandante
en jefe, solicitando su reincorporación, pues no podía permitir que la deshonra
viniera a sumarse a su tragedia.
De sus trece hijos, sólo uno sobrevivió al conflicto bélico.
Al término del mismo, Agustina recibió una raquítica pensión de treinta pesos
mensuales, que poco después le fue retirada, viéndose obligada a trabajar como
sirvienta para subsistir.
Murió así, olvidada por todos menos por la pobreza, después
de haber entregado cuanto tenía en defensa del suelo que la vio nacer frente a
los invasores que osaron mancillarlo.
Años más tarde, el Congreso del Estado de Sinaloa declaró a
Agustina Ramírez heroína de la entidad, colocándola al nivel de otros próceres
como Ignacio Ramírez, El Nigromante. Actualmente, el propio Congreso entrega
anualmente la Medalla al Mérito “Agustina Ramírez” a mujeres destacadas por su
labor social.
Sin lugar a dudas, una mexicana cuyo nombre debe ser
inscrito en letras de oro para la posteridad, y cuya vida debe servir de
ejemplo en el México contemporáneo, donde aún existen voces que, bajo distintos
pretextos, invocan injerencias externas que comprometerían nuestra soberanía
nacional.



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