lunes, 30 de marzo de 2026

Nuevos Horizontes


 

El niño poblano que no llegaría lejos

                                                                                             Alberto Jiménez Merino

“Encuentra tu voz y ayuda a otros a encontrar la suya”.

Stephen R. Covey

Con un triciclo como trasporte, inició una aventura empresarial que, 42 años después cuenta con 47 sucursales en los estados de Hidalgo, Tlaxcala, Puebla y Estado de México. Tiene 500 trabajadores y más de 100 vehículos. Cuando empezó a ganar dinero tuvo miedo de las tentaciones humanas.

Salió de Nicolás Bravo, Puebla, hacia la Ciudad de México a vivir en la casa de su hermana. Tuvo un año de ocio, hasta que su hermana Alfonsa le “cortó la rama y lo obligó a volar” (El halcón que no volaba, Daniel Colombo). Lo mandó a vender cloro, hipoclorito de sodio con agua, muy utilizado para lavar la ropa, asear la casa y diversos usos en limpieza. Supo que no hay que estar desocupados ni parados en la vía pública porque ahí es donde nacen los delitos. Practicó con intensidad la lectura para sumar conocimientos y agregar valor a su vida. Todo sobre la vida ya está escrito, pero disperso en diferentes libros.

Dominó el síndrome de Hubris, el control de todos los egos cuando aparecen los triunfos o logros personales. Doña Julieta y Don Aristeo Duarte y la familia Granillo lo ayudaron mucho en sus inicios. El apoyo de su esposa y ahora de sus hijos ha sido fundamental. Aplica cotidianamente preceptos de la biblia como “hagan por los demás todo lo que les gustaría que hicieran por ustedes”. En el proceso de emprendimiento empresarial, la misión debe ser generar riqueza.

Después del libro El Profeta de Jalil Gibrán que habla sobre más de 30 aspectos de la vida con precisión inmejorable, ahora sale El niño que no llegaría lejos, historia de una de vida improbable, del empresario poblano, originario del municipio de Nicolás Bravo, en Puebla, de Alberto Ginez Altamirano (Innovación Editorial Lagares, México), como un gran compendio de lecciones de vida, fáciles de asimilar para alcanzar el éxito.

Habiendo nacido en las condiciones más extremas imaginadas de escasez, viviendo su infancia basada en vender leña, sin estudios formales, el autor de esta extraordinaria biografía nos muestra como la lectura, el trabajo, la imaginación y la audacia, lo han llevado a niveles de abundancia que nunca soñó y que lo convierten en uno de los ejemplos más destacados que ha producido la cultura del máximo esfuerzo. Una editorial lo rechazó aludiendo exageración en la historia.

Esta obra de gran valor para el desarrollo humano se plantea orientar y ayudar a los jóvenes a definir su vocación y a construir su visión personal para elegir su destino, invitándolos a imaginar cómo se quieren ver y dónde quieren estar en el futuro. En forma muy sencilla se relata una de las más brillantes historias personales vivientes con las que me he encontrado en la vida.  

Alberto Ginez Altamirano, descubrió a los 14 años que vender era su vocación y mayor habilidad. Hoy es la mejor prueba conocida de que el ambiente adverso en el que se nace no es obstáculo ni límite para tener éxito, sepultando las creencias predominantes que origen es destino, que no podemos, que nadie nos quiere ni ayuda y que no podemos.

Muchas de sus decisiones nacieron y crecieron al ser consciente de la pobreza material que lo rodeaba, de la riqueza intelectual que poseía, de la identificación de una necesidad del mundo y de su habilidad natural para vender cloro y productos de limpieza a domicilio.

Perder el miedo es una de las lecciones más sobresalientes de esta historia y de la vida en general. Perder el miedo o controlarlo, es seguramente la base principal de la valentía, la audacia y el éxito humano. Alberto Ginez Altamirano, perdió el miedo desde los siete años, después de un severo castigo, extremadamente injustificado, que le dieron sus padres por una falta, a mi juicio muy menor.

Ya sin miedo, liberado de este sentimiento que paraliza a las personas, Ginez pudo avanzar sin temor a construir y escribir su gran historia. La recomendación es, entonces, perder el miedo que en el 95% de los casos son solo creencias inventadas por la mente. Tenemos miedo a perder, a ganar, a pedir, al qué dirán, a lograr intenciones y propósitos.

El niño que no llegaría lejos nos demuestra que, contrario a las creencias comunes, no sirve de mucho soñar o imaginar, si no se crean las condiciones o se hacen las acciones correspondientes a lo deseado. Demuestra que no importa cuánto sabes sino cuánto de lo que sabes se puede aplicar. También comprueba, que nunca hay circunstancias favorables y que siempre se tienen que crear. Empieza donde estás, usa lo que tienes y haz lo que puedas (J. Grau y J. M. Sotomayor, 2008)

Aplicando una máxima del emprendimiento: identificar una necesidad básica de la gente y atenderla, Alberto creó Grupo Ginez, en 2017, hoy un emporio nacional en productos de limpieza. En la vida todo se ensucia y hay que limpiarlo, aunque él nunca se ensució en ningún aspecto. La honestidad, la congruencia y la integridad, la calidad de producto son sellos que destacan en su historia personal y empresarial.

Aprendió educación financiera por sí solo, cómo tener ingresos, gastar, ahorrar e invertir. Hacer cuentas, calcular costos, tiempos y definir precios, hizo las cuentas diarias de la vida que pocos saben.   Tuvo ingresos, ahorró y conoció el crédito, el cual abandonó muy pronto. Abrazó la religión, creyó en algo y sus creencias divergentes fueron motivo para desprenderse del seno familiar con gran dolor para los suyos. A muy corta edad aprendió a tomar decisiones sobre su vida, no sin equivocarse, y a construir un destino elegido en el mundo empresarial.

¡Muchas gracias, Alberto Ginez Altamirano, por compartir tu historia con el mundo!


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El niño poblano que no llegaría lejos

                                                                                             Alberto Jiménez Merino

“Encuentra tu voz y ayuda a otros a encontrar la suya”.

Stephen R. Covey

Con un triciclo como trasporte, inició una aventura empresarial que, 42 años después cuenta con 47 sucursales en los estados de Hidalgo, Tlaxcala, Puebla y Estado de México. Tiene 500 trabajadores y más de 100 vehículos. Cuando empezó a ganar dinero tuvo miedo de las tentaciones humanas.

Salió de Nicolás Bravo, Puebla, hacia la Ciudad de México a vivir en la casa de su hermana. Tuvo un año de ocio, hasta que su hermana Alfonsa le “cortó la rama y lo obligó a volar” (El halcón que no volaba, Daniel Colombo). Lo mandó a vender cloro, hipoclorito de sodio con agua, muy utilizado para lavar la ropa, asear la casa y diversos usos en limpieza. Supo que no hay que estar desocupados ni parados en la vía pública porque ahí es donde nacen los delitos. Practicó con intensidad la lectura para sumar conocimientos y agregar valor a su vida. Todo sobre la vida ya está escrito, pero disperso en diferentes libros.

Dominó el síndrome de Hubris, el control de todos los egos cuando aparecen los triunfos o logros personales. Doña Julieta y Don Aristeo Duarte y la familia Granillo lo ayudaron mucho en sus inicios. El apoyo de su esposa y ahora de sus hijos ha sido fundamental. Aplica cotidianamente preceptos de la biblia como “hagan por los demás todo lo que les gustaría que hicieran por ustedes”. En el proceso de emprendimiento empresarial, la misión debe ser generar riqueza.

Después del libro El Profeta de Jalil Gibrán que habla sobre más de 30 aspectos de la vida con precisión inmejorable, ahora sale El niño que no llegaría lejos, historia de una de vida improbable, del empresario poblano, originario del municipio de Nicolás Bravo, en Puebla, de Alberto Ginez Altamirano (Innovación Editorial Lagares, México), como un gran compendio de lecciones de vida, fáciles de asimilar para alcanzar el éxito.

Habiendo nacido en las condiciones más extremas imaginadas de escasez, viviendo su infancia basada en vender leña, sin estudios formales, el autor de esta extraordinaria biografía nos muestra como la lectura, el trabajo, la imaginación y la audacia, lo han llevado a niveles de abundancia que nunca soñó y que lo convierten en uno de los ejemplos más destacados que ha producido la cultura del máximo esfuerzo. Una editorial lo rechazó aludiendo exageración en la historia.

Esta obra de gran valor para el desarrollo humano se plantea orientar y ayudar a los jóvenes a definir su vocación y a construir su visión personal para elegir su destino, invitándolos a imaginar cómo se quieren ver y dónde quieren estar en el futuro. En forma muy sencilla se relata una de las más brillantes historias personales vivientes con las que me he encontrado en la vida.  

Alberto Ginez Altamirano, descubrió a los 14 años que vender era su vocación y mayor habilidad. Hoy es la mejor prueba conocida de que el ambiente adverso en el que se nace no es obstáculo ni límite para tener éxito, sepultando las creencias predominantes que origen es destino, que no podemos, que nadie nos quiere ni ayuda y que no podemos.

Muchas de sus decisiones nacieron y crecieron al ser consciente de la pobreza material que lo rodeaba, de la riqueza intelectual que poseía, de la identificación de una necesidad del mundo y de su habilidad natural para vender cloro y productos de limpieza a domicilio.

Perder el miedo es una de las lecciones más sobresalientes de esta historia y de la vida en general. Perder el miedo o controlarlo, es seguramente la base principal de la valentía, la audacia y el éxito humano. Alberto Ginez Altamirano, perdió el miedo desde los siete años, después de un severo castigo, extremadamente injustificado, que le dieron sus padres por una falta, a mi juicio muy menor.

Ya sin miedo, liberado de este sentimiento que paraliza a las personas, Ginez pudo avanzar sin temor a construir y escribir su gran historia. La recomendación es, entonces, perder el miedo que en el 95% de los casos son solo creencias inventadas por la mente. Tenemos miedo a perder, a ganar, a pedir, al qué dirán, a lograr intenciones y propósitos.

El niño que no llegaría lejos nos demuestra que, contrario a las creencias comunes, no sirve de mucho soñar o imaginar, si no se crean las condiciones o se hacen las acciones correspondientes a lo deseado. Demuestra que no importa cuánto sabes sino cuánto de lo que sabes se puede aplicar. También comprueba, que nunca hay circunstancias favorables y que siempre se tienen que crear. Empieza donde estás, usa lo que tienes y haz lo que puedas (J. Grau y J. M. Sotomayor, 2008)

Aplicando una máxima del emprendimiento: identificar una necesidad básica de la gente y atenderla, Alberto creó Grupo Ginez, en 2017, hoy un emporio nacional en productos de limpieza. En la vida todo se ensucia y hay que limpiarlo, aunque él nunca se ensució en ningún aspecto. La honestidad, la congruencia y la integridad, la calidad de producto son sellos que destacan en su historia personal y empresarial.

Aprendió educación financiera por sí solo, cómo tener ingresos, gastar, ahorrar e invertir. Hacer cuentas, calcular costos, tiempos y definir precios, hizo las cuentas diarias de la vida que pocos saben.   Tuvo ingresos, ahorró y conoció el crédito, el cual abandonó muy pronto. Abrazó la religión, creyó en algo y sus creencias divergentes fueron motivo para desprenderse del seno familiar con gran dolor para los suyos. A muy corta edad aprendió a tomar decisiones sobre su vida, no sin equivocarse, y a construir un destino elegido en el mundo empresarial.

¡Muchas gracias, Alberto Ginez Altamirano, por compartir tu historia con el mundo!


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