martes, 14 de abril de 2026

Nuevos Horizontes


 

Un acuerdo laboral incumplido en Chapingo  

                                                                                             Alberto Jiménez Merino

“Y si no has de trabajar con amor más que con disgusto,

es mejor que te sientes a las puertas del templo, a esperar

la limosna de los que trabajan con amor”.

Khalil Gibrán

Hacer un 10% más de lo que te toca, es una filosofía de trabajo centrada en superar las expectativas, impulsar la proactividad y aportar valor agregado a tu persona. Significa no limitarse a cumplir con la descripción del puesto sino buscar soluciones creativas, anticiparse a los problemas y tener iniciativa. (www.miguelmaceira.com)

El 15 de julio de 1982 me di de baja de la Universidad Autónoma Chapingo (UACH), al concluir estudios de Ingeniero Agrónomo Zootecnista y, el 31 de julio del mismo año, me di de alta como Técnico Académico “C” en el Programa Formación de Profesores creado por Roberto Domínguez Castellanos, director de la Facultad de Zootecnia.

Mis tareas eran muy pocas; impartir dos prácticas del curso “Establecimiento y Manejo de Praderas”, dos sesiones de 1.5 horas frente a grupo, y volver a tomar este curso para impartirlo en el siguiente ciclo. En una de estas prácticas, al evaluar la pureza de semilla de alfalfa descubrí con microscopio, un 35% de arena casi del mismo tamaño y color que la semilla. Era una práctica comercial desleal.

Todas las tareas anteriores, en conjunto, eran realmente pocas para el salario percibido. Esta situación la aproveché para revisar una por una las principales revistas del tema forrajero en los últimos 10 años y ubicar también los libros de la materia, haciendo fichas para cuando se ofreciera. 

En abril de 1984, en el pasillo de la entrada principal de la facultad, me encontré con el líder sindical de los 50 académicos que éramos. “Te andaba buscando”, me dijo. “Estás trabajando mucho, te estás viendo muy barbero con la autoridad, te pido que le bajes porque si no, nos van a aumentar las tareas a todos y los compañeros se van a enojar contigo”

“Es que yo estoy acostumbrado a trabajar desde niño, vengo de la cultura del esfuerzo, lo puedo hacer y también necesito este trabajo”, le dije con cierto temor. Y dijo: “mira, esto ha estado así desde siempre y no eres tú el que lo va a cambiar, además, no te van a pagar más. Te vengo a pedir que le bajes si no quieres tener problemas con tus compañeros que ya están molestos”. Sentí presión y temor porque estaba iniciando mi carrera docente y sabía que tener en contra a quien defiende los derechos laborales, podría perjudicarme.

Entonces, le dije que sí, que iba a trabajar menos, pero apenas se dio la vuelta, decidí no acatar ese compromiso, porque no era correcto. Este acuerdo laboral incumplido, deliberadamente, es de mis pocos acuerdos no cumplidos en la vida. No se lo conté a nadie, seguí igual o más activo que antes porque siempre había muchas cosas por hacer, y al hacerlas, yo aprendía y proyectaba una imagen de trabajador que se percibía en la comunidad. Nunca he visto horario, ni calendario en las distintas responsabilidades. Aunque no importa cuánto se trabaje, lo único que cuenta son los resultados.

Hice mucha investigación para compensar mi falta de conocimientos en las materias impartidas: Producción y manejo de praderas, Manejo de pastizales, Climatología agropecuaria, creamos también la Línea de Investigación sobre producción de semillas forrajeras.

Esta Línea fue la base de un convenio de colaboración entre la UACH y los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura en el Banco de México (FIRA), del que se hicieron 45 investigaciones en el campo agrícola experimental de Chapingo y el Centro Demostrativo y de Capacitación Campesina Ajuchitlán, en Guerrero; así como la publicación de mi primer libro La producción de forrajes en México.

Solo 4 años después de aquel encuentro con mi líder sindical, un 18 de abril de 1988, gané la elección para director de la Facultad de Zootecnia, con el 97% de los votos. Hicimos varios cambios, transformamos la forma de hacer los viajes de estudio, revisamos los programas académicos y de vincularnos con productores del campo, razón de ser de nuestra institución.

El 2 de septiembre de 1990, el rector, Hugo Ramírez Maldonado, me nombró director general académico de la UACH y, ante su renuncia inesperada, el 24 de octubre del mismo año y hasta el 24 de abril de 1991, fui electo Rector interino de la UACH, en forma unánime por el H. Consejo Universitario. En esa encomienda, impulsamos la segunda vuelta electoral para la elección de rector de 1991, con la idea de unificar el voto ante una gran cantidad de candidatos, opción que luego se descartó. Me tocó firmar el acuerdo de creación del Centro de Investigaciones de la Agricultura y la Agroindustria Mundial (CIESTAM), una gran iniciativa encabezada por Manuel Ángel Gómez Cruz y Manrrubio Muñoz. 

Nunca me imaginé ser rector. Lo que yo quería era ser el mejor profesor – investigador que atendiera problemas reales del campo, porque al llegar a Chapingo, en 1975, eso escribí en mi libreta. Mi deseo era prepararme para regresar a mi comunidad a apoyar a los campesinos.

Al hacer un recuento de lo realizado en Chapingo entre 1982 y 1991 cuando me retiré, se cuentan: la impartición de 5 cursos a 1,200 estudiantes; la incorporación productiva de silos forrajeros ociosos en la granja experimental y en dos predios ociosos en las instalaciones centrales; la dirección de 67 tesis para la titulación de 108 ingenieros agrónomos; la creación de una línea de investigación; asistencia a congresos internacionales en Francia y Estados Unidos; entre otros.

He querido compartir con los jóvenes universitarios estas vivencias, esperando que sean de utilidad para su desarrollo.

Identifiquen los problemas comunitarios y empiecen a atenderlos. No hay imposibles.


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Un acuerdo laboral incumplido en Chapingo  

                                                                                             Alberto Jiménez Merino

“Y si no has de trabajar con amor más que con disgusto,

es mejor que te sientes a las puertas del templo, a esperar

la limosna de los que trabajan con amor”.

Khalil Gibrán

Hacer un 10% más de lo que te toca, es una filosofía de trabajo centrada en superar las expectativas, impulsar la proactividad y aportar valor agregado a tu persona. Significa no limitarse a cumplir con la descripción del puesto sino buscar soluciones creativas, anticiparse a los problemas y tener iniciativa. (www.miguelmaceira.com)

El 15 de julio de 1982 me di de baja de la Universidad Autónoma Chapingo (UACH), al concluir estudios de Ingeniero Agrónomo Zootecnista y, el 31 de julio del mismo año, me di de alta como Técnico Académico “C” en el Programa Formación de Profesores creado por Roberto Domínguez Castellanos, director de la Facultad de Zootecnia.

Mis tareas eran muy pocas; impartir dos prácticas del curso “Establecimiento y Manejo de Praderas”, dos sesiones de 1.5 horas frente a grupo, y volver a tomar este curso para impartirlo en el siguiente ciclo. En una de estas prácticas, al evaluar la pureza de semilla de alfalfa descubrí con microscopio, un 35% de arena casi del mismo tamaño y color que la semilla. Era una práctica comercial desleal.

Todas las tareas anteriores, en conjunto, eran realmente pocas para el salario percibido. Esta situación la aproveché para revisar una por una las principales revistas del tema forrajero en los últimos 10 años y ubicar también los libros de la materia, haciendo fichas para cuando se ofreciera. 

En abril de 1984, en el pasillo de la entrada principal de la facultad, me encontré con el líder sindical de los 50 académicos que éramos. “Te andaba buscando”, me dijo. “Estás trabajando mucho, te estás viendo muy barbero con la autoridad, te pido que le bajes porque si no, nos van a aumentar las tareas a todos y los compañeros se van a enojar contigo”

“Es que yo estoy acostumbrado a trabajar desde niño, vengo de la cultura del esfuerzo, lo puedo hacer y también necesito este trabajo”, le dije con cierto temor. Y dijo: “mira, esto ha estado así desde siempre y no eres tú el que lo va a cambiar, además, no te van a pagar más. Te vengo a pedir que le bajes si no quieres tener problemas con tus compañeros que ya están molestos”. Sentí presión y temor porque estaba iniciando mi carrera docente y sabía que tener en contra a quien defiende los derechos laborales, podría perjudicarme.

Entonces, le dije que sí, que iba a trabajar menos, pero apenas se dio la vuelta, decidí no acatar ese compromiso, porque no era correcto. Este acuerdo laboral incumplido, deliberadamente, es de mis pocos acuerdos no cumplidos en la vida. No se lo conté a nadie, seguí igual o más activo que antes porque siempre había muchas cosas por hacer, y al hacerlas, yo aprendía y proyectaba una imagen de trabajador que se percibía en la comunidad. Nunca he visto horario, ni calendario en las distintas responsabilidades. Aunque no importa cuánto se trabaje, lo único que cuenta son los resultados.

Hice mucha investigación para compensar mi falta de conocimientos en las materias impartidas: Producción y manejo de praderas, Manejo de pastizales, Climatología agropecuaria, creamos también la Línea de Investigación sobre producción de semillas forrajeras.

Esta Línea fue la base de un convenio de colaboración entre la UACH y los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura en el Banco de México (FIRA), del que se hicieron 45 investigaciones en el campo agrícola experimental de Chapingo y el Centro Demostrativo y de Capacitación Campesina Ajuchitlán, en Guerrero; así como la publicación de mi primer libro La producción de forrajes en México.

Solo 4 años después de aquel encuentro con mi líder sindical, un 18 de abril de 1988, gané la elección para director de la Facultad de Zootecnia, con el 97% de los votos. Hicimos varios cambios, transformamos la forma de hacer los viajes de estudio, revisamos los programas académicos y de vincularnos con productores del campo, razón de ser de nuestra institución.

El 2 de septiembre de 1990, el rector, Hugo Ramírez Maldonado, me nombró director general académico de la UACH y, ante su renuncia inesperada, el 24 de octubre del mismo año y hasta el 24 de abril de 1991, fui electo Rector interino de la UACH, en forma unánime por el H. Consejo Universitario. En esa encomienda, impulsamos la segunda vuelta electoral para la elección de rector de 1991, con la idea de unificar el voto ante una gran cantidad de candidatos, opción que luego se descartó. Me tocó firmar el acuerdo de creación del Centro de Investigaciones de la Agricultura y la Agroindustria Mundial (CIESTAM), una gran iniciativa encabezada por Manuel Ángel Gómez Cruz y Manrrubio Muñoz. 

Nunca me imaginé ser rector. Lo que yo quería era ser el mejor profesor – investigador que atendiera problemas reales del campo, porque al llegar a Chapingo, en 1975, eso escribí en mi libreta. Mi deseo era prepararme para regresar a mi comunidad a apoyar a los campesinos.

Al hacer un recuento de lo realizado en Chapingo entre 1982 y 1991 cuando me retiré, se cuentan: la impartición de 5 cursos a 1,200 estudiantes; la incorporación productiva de silos forrajeros ociosos en la granja experimental y en dos predios ociosos en las instalaciones centrales; la dirección de 67 tesis para la titulación de 108 ingenieros agrónomos; la creación de una línea de investigación; asistencia a congresos internacionales en Francia y Estados Unidos; entre otros.

He querido compartir con los jóvenes universitarios estas vivencias, esperando que sean de utilidad para su desarrollo.

Identifiquen los problemas comunitarios y empiecen a atenderlos. No hay imposibles.


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