Un acuerdo laboral incumplido en Chapingo
Alberto
Jiménez Merino
“Y si no has de trabajar con amor más que con
disgusto,
es mejor que te sientes a las puertas del
templo, a esperar
la limosna de los que trabajan con amor”.
Khalil Gibrán
Hacer
un 10% más de lo que te toca, es una filosofía de trabajo centrada en superar
las expectativas, impulsar la proactividad y aportar valor agregado a tu
persona. Significa no limitarse a cumplir con la descripción del puesto sino
buscar soluciones creativas, anticiparse a los problemas y tener iniciativa. (www.miguelmaceira.com)
El
15 de julio de 1982 me di de baja de la Universidad Autónoma Chapingo (UACH),
al concluir estudios de Ingeniero Agrónomo Zootecnista y, el 31 de julio del
mismo año, me di de alta como Técnico Académico “C” en el Programa Formación de
Profesores creado por Roberto Domínguez Castellanos, director de la Facultad de
Zootecnia.
Mis
tareas eran muy pocas; impartir dos prácticas del curso “Establecimiento y
Manejo de Praderas”, dos sesiones de 1.5 horas frente a grupo, y volver a tomar
este curso para impartirlo en el siguiente ciclo. En una de estas prácticas, al
evaluar la pureza de semilla de alfalfa descubrí con microscopio, un 35% de
arena casi del mismo tamaño y color que la semilla. Era una práctica comercial
desleal.
Todas
las tareas anteriores, en conjunto, eran realmente pocas para el salario percibido.
Esta situación la aproveché para revisar una por una las principales revistas
del tema forrajero en los últimos 10 años y ubicar también los libros de la
materia, haciendo fichas para cuando se ofreciera.
En
abril de 1984, en el pasillo de la entrada principal de la facultad, me
encontré con el líder sindical de los 50 académicos que éramos. “Te andaba
buscando”, me dijo. “Estás trabajando mucho, te estás viendo muy barbero con la
autoridad, te pido que le bajes porque si no, nos van a aumentar las tareas a
todos y los compañeros se van a enojar contigo”
“Es
que yo estoy acostumbrado a trabajar desde niño, vengo de la cultura del
esfuerzo, lo puedo hacer y también necesito este trabajo”, le dije con cierto
temor. Y dijo: “mira, esto ha estado así desde siempre y no eres tú el que lo
va a cambiar, además, no te van a pagar más. Te vengo a pedir que le bajes si
no quieres tener problemas con tus compañeros que ya están molestos”. Sentí
presión y temor porque estaba iniciando mi carrera docente y sabía que tener en
contra a quien defiende los derechos laborales, podría perjudicarme.
Entonces,
le dije que sí, que iba a trabajar menos, pero apenas se dio la vuelta, decidí no
acatar ese compromiso, porque no era correcto. Este acuerdo laboral
incumplido, deliberadamente, es de mis pocos acuerdos no cumplidos en la
vida. No se lo conté a nadie, seguí igual o más activo que antes porque siempre
había muchas cosas por hacer, y al hacerlas, yo aprendía y proyectaba una
imagen de trabajador que se percibía en la comunidad. Nunca he visto horario,
ni calendario en las distintas responsabilidades. Aunque no importa cuánto se
trabaje, lo único que cuenta son los resultados.
Hice
mucha investigación para compensar mi falta de conocimientos en las materias
impartidas: Producción y manejo de praderas, Manejo de pastizales, Climatología
agropecuaria, creamos también la Línea de Investigación sobre producción de semillas
forrajeras.
Esta
Línea fue la base de un convenio de colaboración entre la UACH y los
Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura en el Banco de México (FIRA),
del que se hicieron 45 investigaciones en el campo agrícola experimental de
Chapingo y el Centro Demostrativo y de Capacitación Campesina Ajuchitlán, en Guerrero;
así como la publicación de mi primer libro La producción de forrajes en México.
Solo
4 años después de aquel encuentro con mi líder sindical, un 18 de abril de 1988,
gané la elección para director de la Facultad de Zootecnia, con el 97% de los
votos. Hicimos varios cambios, transformamos la forma de hacer los viajes de
estudio, revisamos los programas académicos y de vincularnos con productores
del campo, razón de ser de nuestra institución.
El
2 de septiembre de 1990, el rector, Hugo Ramírez Maldonado, me nombró director
general académico de la UACH y, ante su renuncia inesperada, el 24 de octubre
del mismo año y hasta el 24 de abril de 1991, fui electo Rector interino de la
UACH, en forma unánime por el H. Consejo Universitario. En esa encomienda, impulsamos
la segunda vuelta electoral para la elección de rector de 1991, con la idea de
unificar el voto ante una gran cantidad de candidatos, opción que luego se
descartó. Me tocó firmar el acuerdo de creación del Centro de Investigaciones
de la Agricultura y la Agroindustria Mundial (CIESTAM), una gran iniciativa
encabezada por Manuel Ángel Gómez Cruz y Manrrubio Muñoz.
Nunca
me imaginé ser rector. Lo que yo quería era ser el mejor profesor –
investigador que atendiera problemas reales del campo, porque al llegar a
Chapingo, en 1975, eso escribí en mi libreta. Mi deseo era prepararme para
regresar a mi comunidad a apoyar a los campesinos.
Al
hacer un recuento de lo realizado en Chapingo entre 1982 y 1991 cuando me
retiré, se cuentan: la impartición de 5 cursos a 1,200 estudiantes; la incorporación
productiva de silos forrajeros ociosos en la granja experimental y en dos
predios ociosos en las instalaciones centrales; la dirección de 67 tesis para
la titulación de 108 ingenieros agrónomos; la creación de una línea de investigación;
asistencia a congresos internacionales en Francia y Estados Unidos; entre
otros.
He
querido compartir con los jóvenes universitarios estas vivencias, esperando que
sean de utilidad para su desarrollo.
Identifiquen
los problemas comunitarios y empiecen a atenderlos. No hay imposibles.



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