NO HAY PLEITO, SÍ JERARQUÍAS
¿Hasta dónde llega la jerarquía de un gobernador de Puebla y
un presidente municipal de la capital?
¿Cuál es la categoría de ambos?
Habría que estudiarlo y comprenderlo antes de emitir una
opinión.
Algo es cierto: la jerarquía de un gobernador es superior a
la de un alcalde.
El mandatario del estado es el jefe político y el
responsable de los destinos de los 217 municipios y el interlocutor directo con
el ejecutivo federal.
La coordinación y el respeto entre los eslabones citados es
inobjetable; sin embargo, esto no soslaya la permisibilidad del mandatario
estatal de exigir el cumplimiento de obligaciones en obras, programas y
proyectos que redunden en beneficio de la gente.
A través de los años he visto confrontaciones extremas entre
un gobernador y un alcalde de Puebla, que ha ido en detrimento del progreso del
estado y el municipio, jugando un papel fundamental el grupo político que rodea
a los protagonistas.
En lo personal me consta, porque lo viví de cerca: la de
Guillermo Jiménez Morales y Victoriano Álvarez García; la de Mariano Piña Olaya
y Guillermo Pacheco Pulido que, incluso previamente, le pudo costar al segundo
la candidatura a presidente municipal en 1987; la de Manuel Bartlett Díaz y
Gabriel Hinojosa Rivero; la de Melquiades Morales Flores y Mario Marín Torres,
que quiso aprovechar Germán Sierra Sánchez; la del propio Marín y Enrique Doger
Guerrero, con las secuelas consabidas; la de Rafael Moreno Valle Rosas y
Eduardo Rivera Pérez; la de Miguel Barbosa Huerta y Eduardo Rivera Pérez,
terminando en reconciliación.
En los momentos actuales no hay pleito entre el gobernador
Alejandro Armenta y el edil José Chedraui, como argumentan algunos rijosos, a
pesar de haberse hecho pública la exigencia del primero al segundo en cumplir
los programas de seguridad, educación, salud, arreglo de calles y construcción
de avenidas, rubros fundamentales en una sociedad que crece a pasos acelerados.
Ni tampoco lo hubo durante las campañas electorales de 2024,
reconociendo propios y extraños que Armenta fue factor en el triunfo de
Chedraui.
Creo que los poblanos y los funcionarios en general no están
acostumbrados al discurso directo de Armenta, sin rodeos. Este no es un estilo,
es su forma de ser que ha venido moldeando desde su niñez, juventud y adultez.
Quizá no guste a aquellos acostumbrados a dialogar o negociar en lo oscurito,
olvidando que siempre es mejor la transparencia, buscando la verdad antes que
utilizar la mentira como conducción permanente.
No se olvide la observación pública que hizo el gobernador
Armenta al alcalde de Xicotepec Carlos Barragán Amador por pavimentar una calle
a un costo exagerado, contraviniendo las políticas de austeridad y coordinación
que existen desde el gobierno federal.
Algunos medios hablaron de reprimenda y otros de maltrato.
Nada de eso. Solo fue una exigencia rigurosa que de ninguna manera violenta la
autonomía del ayuntamiento, por el contrario, vela por el interés de la
población y cuida los dineros del erario.
No pasamos por alto que la relación entre un gobernador y un
alcalde puede ser complicada, muchas veces alentada por intereses ambiciosos
que buscan rivalidades y conflictos. La historia lo marca puntualmente.
Hasta el momento no hay tal confrontación entre Armenta y
Chedraui.
No le busquen ruido al chicharrón.
POSDATA: No existen gobiernos perfectos, sí perfectibles.
POSDATA 2: Es preferible un gobernador que hable de frente y
encare la realidad; que luche por la aplicación de la ley para la impartición
de justicia.
Nada ni nadie debe estar por encima de esta premisa.
Quien delinca, sea quien sea, sin importar nombres y
apellidos, debe pagar.



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