El caso de la desaparición y asesinato de Karla López Albert ha desatado desde la indignación, hasta el oportunismo político y mediático, en esta, nuestra sociedad poblana tan acostumbrada a hacer como que no pasa nada.
El caso de Karla es el tercero en el año 2014.
Se suma a los casi 4 mensuales que hubo el año pasado.
Medios que nunca han hablado sobre el tema seriamente, hoy se rasgan las vestiduras.
Laura Bozzo, como fiscal televisiva de la peor calaña, dicta sentencia: Fue el novio y el lunes nadie se pierda mi show porque presentaré a otra víctima de este chacal.
Y en medio del circo, nosotros los ciudadanos.
Quiero hacer algunas puntualizaciones para la discusión del tema, si se abre el debate, bienvenido sea, porque es mejor discutir que estar pasmados ante el dictamen de la fiscal de la tele.
En 2013, según datos del Odesyr AC, hubo 50 asesinatos de mujeres en Puebla. Sumados a los 395 que se acumulan de 2005 a 2012, según datos del Comité Contra el Feminicidio en Puebla.
Tenemos un Código Penal revuelto e inútil, también en el Odesyr AC se hizo el análisis comparativo sobre la reforma al mismoque incluye al feminicidio y las agravantes del delito de homicidio. ¿A cuál debe recurrir un agente investigador entonces, si las dos se contraponen y no se complementan? ¿Le importa esto a los legisladores?
¿Hay en el estado alguna política pública con indicadores confiables de impacto sobre prevención de la violencia contra las mujeres y de la violencia de género? Si bien no todos los asesinatos de mujeres son feminicidios en términos de las motivaciones (los delitos culposos, por ejemplo), éstos son la expresión más acabada, más brutal de la violencia contra las mujeres. Ante ello, podemos argumentar que el procurador es un inepto y no ha hecho su trabajo, pero el trabajo del procurador es resolver crímenes de manera eficaz, lo cual es imposible por las condiciones de violencia, impunidad y corrupción. El escritorio del Ministerio Público debiera ser el último lugar al que alguien deba llegar a resolver sus problemas. Ese es el asunto, que queremos acceso a la justicia cuando el delito ocurre, pero no hay acciones afirmativas para no llegar ahí.
El asunto a largo plazo es la prevención. ¿Dónde está el secretario de Seguridad Pública hablando de este tema, dónde el gobernador?
El presupuesto para el Instituto Poblano de las Mujeres para este año fue menor que el del año anterior (2013 fue de 15 544 447.03), sólo de 15 233 804. 00. Para la Estrella de Puebla se invirtieron alrededor de 400 millones, sólo por citar un ejemplo sobado, pero vigente e indignante. ¿Dónde están pues, las prioridades? ¿Le importa a este gobierno la vida de las mujeres?
Uno de los problemas sociales del feminicidio, es sin duda, la percepción de que se trata de un asunto personal. De que el criminal feminicida es un hombre (no siempre lo es) motivado por los celos y las bajas pasiones que se desquicia y asesina a “su” mujer, a “su” pareja. Pero no es un asunto personal, es un problema del sistema y de las estructuras sociales y del Estado que toleran y moldean desde la violencia, las relaciones de género y que educa, vaya que educa, de manera informal pero eficaz (a través de los modelos religiosos, los medios, los programas como el de Laura Bozzo, las canciones populares, el cine, las revistas, las relaciones laborales, la educación familiar y un largo etcétera) y de manera formal a través de sus propias instituciones (la procuración de justicia, los programas sociales, la salud, la educación, la seguridad pública).
¿Dónde está pues el espacio interinstitucional para discutir estos temas? ¿O piensan que con cumplir suficientemente el Modelo de Equidad de Género del Inmujeres ya la hicimos? Porque no, no la estamos haciendo.
¿Dónde está pues la voluntad de comenzar a transformar la situación de la violencia de género y contra las mujeres en Puebla?
Insisto en hablar de acciones con indicadores, porque cada acción se debe evaluar y seguir: ¿de qué sirve ir a una comunidad a dar una plática una vez cada 3 años, si el sistema de justicia no funciona ahí, si los problemas sociales como el alcoholismo no se atienden, si la impunidad y el abuso privan en la vida familiar?
¿Por qué hay hombres que piensan que las mujeres son de su propiedad y pueden terminar con su vida? Porque alguien les mostró que eso es una relación amorosa, que la violencia es una manera legítima de resolver conflictos y que por tener pene se goza de privilegios para ser el reyezuelo del hogar. Y ese alguien somos todos. Ojo con lo que les enseña a sus hijos e hijas sobre el amor, la entrega, la sumisión y la obediencia. Ojo, con cómo se resuelven en el ámbito escolar los casos de acoso sexual, sexting, explotación sexual o abuso dentro de las familias.
Ojo con la vulneración y la responsabilidad de la violencia del otro puesta sobre las mujeres (“ya sabes cómo es él, mejor ni le busques”), ojo con los sistemas de mediación donde se pone a la víctima en igualdad de condiciones que su victimario. Ojo con sus políticas, señor empresario, de trato desigual dependiendo del género y la capacidad reproductiva. Ojo con no aplicar la Ley para el Acceso de las Mujeres a una vida libre de Violencia, señor funcionario público.
Ojo con el sistema, pues.
¿Se puede cambiar? Se puede. ¿Va a ser largo el camino? Lo es.
Pero en la mesa están las vidas de las mujeres, aquellas que son explotables por los medios sin escrúpulos y aquellas que pasan desapercibidas por ser de comunidades rurales o pobres y no tener presencia en redes sociales. La vida de todas las mujeres y la de los varones también, porque este sistema desigual y violento también nos cuesta a nosotros. Pero ese es tema aparte.
Al final es un asunto de sensibilidad y voluntad. Ya sé que no somos el Edomex o Chihuahua. Pero somos Puebla, y una sola muerte nos debería mover a la indignación absoluta y a la exigencia de NI UNA MÁS. No sólo en el feis y el tuíter, también y sobre todo, en la calle, en el Congreso, con los funcionarios públicos, en nuestro entorno escolar, laboral y familiar.
La muerte de Karla no debe quedar impune, al igual que la muerte de las 444 mujeres restantes. Cuatrocientas cuarentaycinco en total. Al día de hoy, 10 de febrero de 2014. ¿Cuántas muertas son muchas muertas para Puebla y sus habitantes?
Hay que indignarse sí, y actuar. Hacerse cargo. Laura Bozzo y los oportunistas abandonarán el tema por uno más rentable cuando los días pasen. Usted y yo no deberíamos hacer lo mismo, ese es el punto.
Brahim Zamora Salazar es ciudadano y trabaja como director de Comunicación, Planeación y Capacitación del Odesyr AC (Observatorio Ciudadano de Derechos Sexuales y Reproductivos AC) @elinterno16



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